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Críticas de Kyrios
Ordenadas por:
1,129 críticas
1
29 de diciembre de 2009
942 de 1469 usuarios han encontrado esta crítica útil
No sé por donde empezar….voy a tirar de tópicos (no, aún no estoy hablando de la película) y decir que la clavada del rollo 3d aún me duele.

El 3D ha de ser un acompañamiento para la historia nunca puede situarse por delante de los personajes y el guión (como bien hacia Cameron con Terminator 2). Y si lo hace que no le llamen película y mucho menos obra maestra (de qué? Del cine? JA). Y lo digo por varias escenas que están totalmente metidas con calzador para empalmar con el 3D*. Hasta la narración se la pasa por donde él sabe, sólo con tal de enseñar la innovación de los Fx.

Cameron no se ha arriesgado lo más mínimo, ha hecho una película para toda la familia: historia cutre de amor (que aún estoy buscando las razones por las cuales se enamora Worthington de la bicha azul), escenas de acción para empalmados, pero totalmente impersonales, grabadas como si fuera un videojuego y ambientes fabulosos para los niños. Evidentemente todo esto de manera muy superficial.

La historia (o como le llamen a esto) es totalmente inexistente. Está muy claro que los personajes a Cameron le importan un pimiento. Pero es que parecen caricaturas…tenemos al general malo maloso que sólo le faltaba comentar lo del Napalm por la mañana, al Sam Worthington que pone cara de empanado (sigo buscando motivos) a Sigourney Weaver en una caricatura de ella misma.

No me importa que la historia este muy vista, pero sí que siempre me la cuenten igual. Los malos son muy malos y los buenos son muy buenos, maniqueísmo al máximo. Cada vez que moría una persona humana en la pantalla me preguntaba si no tendría alguna historia detrás (que estamos enseñando a los niños?). Innovación?

Puede ser entretenida? No lo niego, pero esto no es sinónimo de calidad. Que entretenga no significa que sea una obra maestra. Yo al menos no considero a Cristiano Ronaldo o alguno de estos un artista.

Esto no es ningún avance para el cine, cuando la historia importa menos que los personajes es que algo estamos haciendo mal. Como otros ya han comentado, la historia es un refrito de otras películas. Menos mal que aún queda gente como Javier Ocaña (un bravo por él) que tiene opinión propia.

12 años esperando la tecnología para luego meter una historia tan cutre? Espero que tarde lo mismo para la próxima, que esta vez no vuelvo a picar.
Menos mal que al llegar a casa pude ver una de Chaplin para compensar que si no....

Y ahora ya puedes darle al no (Si aún no le has dado).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kyrios
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2
6 de enero de 2015
78 de 105 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fury (Corazones de Acero, 2014) es exactamente lo que promete el Tráiler. Un filme de propaganda norteamericana más. La Historia Anglosajona sigue en su línea de tergiversación, aunque hay una secuencia tremendamente nauseabunda en el filme, que destaca por encima de todas y supera la de otros panfletos como podrían ser Pearl Harbor (Pearl Harbor, 2001) del nefasto Michael Bay. No extraña viniendo de un director como David Ayer, que ya en el año 2012 había realizado una auténtica oda a la policía de los Estados Unidos, con el filme End of Watch (Sin tregua, 2012)

Y es que poca gente lo sabe, pero cuando se produjo el desembarco de Normandía y los aliados entraron en el continente europeo, centenares de miles (algunos Historiadores llegan más allá alzando la cifra hasta los Aproximadamente cuatro Millones) de mujeres fueron violadas por las tropas Aliadas. Algo que siempre se ha tratado de ocultar, como el que uno de los bombardeos más destructivos de la segunda guerra mundial se produjera sobre una ciudad Alemana, como es Dresde. Pero es que además en Corazones de Acero, nos encontramos con una secuencia que trata de enturbiar este vomitivo hecho. La Violación aparece presentada en una secuencia del filme como un simple flirteo entre un joven y apuesto soldado norteamericano y una muchacha alemana que se rinde en cuestión de segundos a sus brazos (algo totalmente absurdo, porque después de que entren soldados a tu casa y uno de ellos se quite la camisa en tu cara, lo mínimo que coges es miedo). Aún más caricaturesco resulta ver a Brad Pitt contemplar la escena y comentar en voz alta que “Cosas de la vida, son jóvenes y estamos en guerra”.

Y eso que el filme no inicia mal su andandura. De hecho, hay dos películas en Corazones de Acero La primera nos la encontramos con la presentación de personajes y los primeros escarceos bélicos. La segunda llega hasta la comentada escena y pasa por un final totalmente delirante, que habría firmado el hijo secreto de John Wayne o Kissinger.

Situémonos. Último año de guerra, los aliados ya han desembarcado y se dedican a conquistar las últimas ciudades alemanas. Un joven americano, interpretado por Logan Lerman, que no tiene ningún contacto con el ejército (en realidad trabaja como tipógrafo) es mandando a combatir en un tanque que lidera el personaje principal de Brad Pitt. En esta primera parte del filme nos encontramos con una buena producción y ambientación (en honor a la verdad pocos filmes muestran mejor la experiencia de la guerra) y con secuencias que pretenden demostrarnos la auténtica cara del conflicto. Muerte y desolación, sin tiempo para heroísmos (algo que se contradirá con el posterior metraje).

En la segunda parte del filme, el disparate alcanza cotas surrealistas. Nuestro comandante, que en un principio era presentado como un cruel y despiadado oficial, acaba adquiriendo tintes cordiales y dulces. La película parece querer justificar las primeras secuencias del filme, desarrollando que la dureza que el personaje de Brad Pitt le presenta al inexperto recluta como algo inevitable dentro de la guerra. Es decir, Corazones de Acero acaba por seguir la tesis de “La Guerra es dura, pero es la guerra” e incluso no condenar actos como el disparo por la espalda ante un soldado alemán ya rendido, acto criminal sea del bando que sea y que nos muestra el filme en los primeros compases.

Y todo acaba girando en un combate demencial que no tiene ningún tipo de sentido. El tanque de nuestros protagonistas pisa una mina y queda inhabilitado. Se enteran de que un centenar de Nazis se dirigen hacía ellos, pero a Brad Pitt se le va la olla y decide quedarse en el tanque y combatir hasta la muerte. Una orden que le habría costado el puesto en la realidad (por exponer inútilmente a los soldados de su pelotón) pero que aún adquiere más cotas de locura cuando David Ayer nos muestra el desarrollo del combate. Los soldados alemanes se abalanzan sobre bárbaros hacía el tanque, sin tener en cuenta que este les dispara decenas de balas. Un ejército que había conseguido victorias militares ante medio mundo queda ridiculizado por cinco soldados norteamericanos. La Épica está servida.

Por si fuera poco, el diseño de los combates resulta totalmente antihistórico. La película propone el combate de Panzers cara a cara, como si estuviéramos ante una película más de la saga Star Wars. Inclusive, Por seguir el modelo de George Lucas, el director del filme nos diferencia los disparos de un bando y otro, infografiándolos de colores diferentes, con el resultado de que el espectador parece presenciar una batalla de Rayos láseres en toda regla.

http://neokunst.wordpress.com/2015/01/0 ... erro-2014/
Kyrios
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6
31 de marzo de 2013
40 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin duda Room 237, documental estrenado en 2012, se ha hecho un hueco entre los admiradores de la obra de Kubrick (ya sea para alabarla, degustarla o denostarla). Ahora bien, también hay que decir que la película es cuanto menos una curiosa obra que se sale de los esquemas habituales de los documentales al uso. En cuanto a contenido, claro.

Porque el formato deja bastante que desear, no nos vayamos a engañar. Mientras se utiliza las imágenes de las películas de Kubrick, evidentemente la palma se las lleva “El Resplendor” por ser la protagonista del documental, se cuentan las peculiares interpretaciones de los diferentes personajes. Y ni más ni menos en eso consiste Room 237, documentales con mejor tratamiento de la imagen y de la estética, los hay a patadas por televisión. Así que lo mejor que podemos hacer es olvidar el formato y centrarnos en lo que nos cuenta la obra. Porque es pensar en los momentos en que se utiliza de manera reiterativa la secuencia de Tom Cruise en “Eyes Wide Shut” y uno se empieza a ponerse malo.

Es tan cierto que se trata de un documental manipulador (y pese a todo nos lo avisa de primeras mediante un rótulo, estamos ante un documental subjetivo, las teorías expuestas no dejan de ser opiniones sin intención de sentar cátedra) como de que uno no va a volver la película sin tenerle aún más respeto, porque si algo consigue el documental, entre majadería y majadería es meternos un poquito del miedo que nos ofrecía la película original.Y eso ya es decir mucho.

Y veremos lo que queramos ver, ahí reside la gracia de la película, mil y una teorías que especulan sobre cualquier posible significado de la película y que tratan de darle más dimensiones de vida a la película. Es lo que sucede cuando las grandes películas (u obras de arte) logran hacerse un hueco propio y conseguir diferentes niveles de interpretación. Podemos poner como ejemplo el mítico cuadro de La primavera de Boticelli, cuyos temas iconográficos sigue siendo tema de debate ente múltiples personalidades del mundo del arte.

Por otra parte, hay detalles muy interesantes y que a uno se le pasan por la cabeza cuando ve la película. Sillas que desaparecen entre plano y contraplano, árboles que tienen una mida imposible y no deberían salir en el encuadre o hojas que se mueven solas. Sin duda estos pequeños detalles, que Kubrick buscaba de manera intencionada, son lo mejor del documental, porque es obvio que una silla no desaparece entre plano y contraplano sino hay una intención detrás del director (o un descuido monumental, pero recordemos que durante esta misma película Kubrick llegó a repetir la toma de la escalera más de veinte veces con tal de conseguir la máxima perfección posible). Ahora bien, hay otras anécdotas y vías que resultan un poco más ridículas.

Paso a repasar brevemente las teorías expuestas.

1-La casa tiene parte de fantasmas que se esconden debajo de todo, pues está construida en un cementerio indio. Teoría que se sustenta mediante un recuadro de un indio navajo que aparece al principio de la película, un bote de comida con la imagen de un indio y la secuencia del ascensor donde brota sangre.

2-Holocausto nazi. Según esta vía, la película recoge pequeñas señas en las que Kubrick hace referencia al holocausto nazi. Se vuelven a citar las puertas del ascensor, el número 42 (el año en que se empieza la solución final y que aparece en la camiseta de Danny) y diferentes águilas que aparecen por la película (el águila era un símbolo nazi)

3-Revisión del mito del Minotauro. Seguramente la teoría más alocada de todas, con apenas un poster y poco más (el laberinto). La experta de la teoría asegura la locura de que nos encontramos ante una revisión del mito griego.

4-Construcciones imposibles. No es que sea una teoría en sí, pero el documental nos muestra como la arquitectura que plantea Kubrick no se corresponde con la que tendría que ser en realidad, es decir, construye un escenario totalmente irreal. Es uno de los momentos más interesantes del documental, porque más que especular libremente se ofrecen ideas sólidas y mapas que corroboran la idea.

5-La ida de olla total, cuando se nos presenta como de manaera simbolica que el final de la película y el principio van cuadrando de cierta manera, es decir que la cinta se puede ver al revés y que cuadra en algunos momentos. Sin duda la teoría más floja que le deja a uno con cara de bobalicón.

6-Alusión al montaje ficticio de la luna, Room n237 (moon, el número releva el estudio donde se grabó el alunizaje). También la camiseta de Danny donde vemos el Apolo., el cohete que aterrizó en la luna

Pero entre estas teorías se muestran algunos detalles, como los ya citados, que resultan muy interesantes y que relevan detalles de los que uno se da cuenta a primera vista. Evidentemente las diferentes teorías están expuestas por gente más amante de la paranoia que verdaderos cinéfilos. Aún así resulta muy útil para los amantes de la película, para darse cuenta de los detalles más nimios que a uno se le pasa y por reírse un poco de algunas de las teorías más alocadas que se presentan.

Siento haber desglosado las teorías para realizar la crítica, pero es la única manera de entender la idiosincrasia del documental.

http://neokunst.wordpress.com/2013/03/31/ciclo-kubrick-room-237/
Kyrios
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3
15 de agosto de 2013
22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película maldita que nos ocupa hoy es la cinta filmada en el 1956, titulada en español como el Conqusistador de Mongolia y en su idioma original, el inglés, como The Conqueror. La película la dirigió Dick Powell, un hombre que apenas había realizado unas cuantas películas, pero el empeño del productor, el multimillonario Howard Huges era muy grande, y tenía una ambición desmesurada para con el film, esperando que fuera un auténtico bombazo en taquilla. Como el propio nombre indica, el conquistador de Mongolia es un film que trata en su argumento sobre el mítico Gengis Khan y se trata pues de una película de género histórico que tan de moda estaban por aquella época. No había nada en el argumento que hiciera pensar que estábamos ante una película que de alguna manera iba a cambiar el cine. La película tiene también una anécdota detrás de la producción, y es que fue la penúltima película producida por la RKO, una de las grandes productoras de la historia del cine. Estamos hablando de la productora que produjo películas de la talla de Ciudadano Kane (1941).

Uno de los actores que protagonizaba la película era ni más ni menos que John Wayne, uno de los más grandes actores que ha dado Hollywood e ilustre miembro que ha protagonizado películas como La diligencia (1939) o el Hombre que mató a Liberty Balance (1962). Wayne leyó el guión del Conquistador de Mongolia y decidió que aquel papel había de ser suyo, así que se hizo con el personaje principal. El reparto fue completado por Susan Hayward, Pedro Armendáriz y Agnes Moorehead.

Howard Huges quería que su producción fuera tremendamente efectiva, así que no optó por rodar la historia en un estudio o en una localización al uso, sino que decidió rodar la película en el desierto de Escalante, por el obvio parecido que había entre el desierto real y el que había detrás de la película. El Escalante es un lugar ubicado en Nevada, Utah, es decir, en los Estados Unidos. El problema es que dicho lugar había sido utilizado por el propio gobierno como lugar de prueba para las bombas atómicas, y toda la zona estaba absolutamente impregnada de radiación nuclear. Gran parte del personal lo sabía, incluyendo el actor, John Wayne, pero se desconocían en aquel momento los efectos que la radiación podía hacer en el cuerpo humano, así que subestimaron tales efectos. De hecho se cuenta que hay una foto en la que aparece el mítico actor con ni más ni menos que un contador Geiger en las manos.

Se dice que la radiación eran tan potente que durante las noches, el polvo del desierto brillaba con un color rojizo. Para más Inri el propio productor, Howard Huges, se trajo grandes toneladas de aquella arena hacia Hollywood, con lo que la radiación se vendría seguramente con aquellas dunas.

La película fue un auténtico desastre de crítica y de público. No se pudo rescatar absolutamente nada y al productor, Howard Huges, el resultado le llegó a enloquecer. Se dice que intento hacerse con todas las copias para que la película no volviera a ver la luz después de su estrepitoso estreno y el caso verídico es que no se estreno en televisión hasta el 1974, mucho tiempo después de que se rodara. La leyenda cuenta que el multimillonario se quedó en los últimos días de su vida enclaustrado en su mansión, mientras se consumía viendo una y otra vez la película que había producido, y que tantos quebraderos de cabeza había traído a más de uno.

Pero lo que está fuera de toda leyenda son los resultados que la radiación provocó en los miembros del rodaje. Los números oficiales nos cuentan que de los 220 integrantes de la película, 91 morirían de cáncer. No murieron de un día para otro evidentemente, pero la enfermedad les cortó seriamente la existencia. El propio John Wayne, así como el director de la película, Dick Powell, acabarían falleciendo por la enfermedad. Pero no sólo ellos, sino también Susan Hayward, Agnes Moorehead…Incluso Pedro Armendáriz, que al enterarse de que había desarrollado una enfermedad terminal, se suicidó. Pero estas eran las estrellas más visibles. Los extras que se utilizaron para la película (muchos de ellos eran nativos, es decir, indios, que se utilizaron para completar las secuencias de batallas) no se cuentan dentro de esta fatídica estadística, pero seguramente la radiación también traería consecuencias nefastas para todos ellos.

La historia del conquistador de Mongolia es más que escalofriante. Parece una de aquellas leyendas que uno nunca quiere aceptar porque su naturaleza parece muy distante de la nuestra. Pero el caso es que la historia está ahí. En el 1980 en una revista titulada People, se podía leer un pequeño artículo enviado por los muchachos del pentágono, en el que pedían perdón a Dios, por haber matado a John Wayne.

http://neokunst.wordpress.com/2013/08/15/peliculas-malditas-el-conquistador-de-mongolia/
Kyrios
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2
25 de diciembre de 2014
46 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Última pataleta pseudointelectual de Kevin Smith se titula Tusk (Tusk, 2014), un filme demencial que no hace más que atestiguar la caída artística de un director que si bien en los años noventa se pensaba de él que regeneraría el cine alternativo o Indie de los Estados Unidos con películas como Clerks (Clerks 1994), se encuentra en una caída en picado imparable.

Al igual que Red State (Red State, 2011), película por cierto mucho más inteligente, Tusk supone un giro tremendo (por lo menos aparentemente) en la carrera del cineasta. Habituado nos tenía a la comedia juvenil, con dejes de humor ácido pero sobre todo lleno de referencias Freaks a otros filmes míticos como la saga Star Wars O la de El Señor de los Anillos…¿En qué género se inscribe Tusk? comedia cínica? ¿Terror? Lo que parece es que Kevin Smith se ha retado con algún amiguete suyo con una frase parecida a la de “A que no hay huevos a…” y el director, que para chulo él, ha aceptado hacer el filme, aunque sea algo tan absurdo como lo es reconstruir una morsa a partir de un ser humano mediante un experimento digno del doctor Mengele. Sí, más o menos lo que ya anunciaba la bizarra The Human Centipede (The Human Centipede, 2009) del holandés Tom Six.

El argumento es el siguiente: Justin Long interpreta a un auténtico gilipollas que trabaja como Podcaster (un locutor de radio virtual). Decide realizar un viaje a Canadá para explotar un fenómeno Freak que está triunfando en la red, aunque cuando llega se entera de que ha fallecido. Para no gastar el viaje en vano, el personaje entrevista a un anciano con el que se encuentra por casualidad, que interpreta Michael Parks. Sin embargo, hay algo realmente oscuro en este personaje…

La Pregunta principal es ¿Qué pretendías Kevin Smith, con esta película? Aparte de asco, poco más nos ofrece Tusk. Como comedia fracasa estrepitosamente y los puntos cómicos son mínimos. Como filme de terror resulta nauseabunda pero poco terrorífica. Lo peor de todo es el discurso subyacente que encontramos en Tusk. A pesar de lo inmoral que resulta todo en el filme, el cineasta no se molesta lo más mínimo en justificar las acciones de su protagonista. Simplemente se divierte con una bizarra transformación, como sí el hecho inhumano que exhibe el filme (y Smith se recrea bastante en las imágenes grotescas de nuestro personaje siendo torturado) fuera gracioso por sí mismo. Pero no, no lo es, y la sensación que da la película es que trata de causar polémica aunque no haya ningún sustento detrás. Es cierto que las películas de Kevin Smith siempre se habían caracterizado por su inane trasfondo, por su oda a la banalidad y a la frugalidad de la vida, pero Tusk realiza un paso más allá, un paso extremo, convirtiéndose en una película totalmente nihilista.

No sé puede salvar nada de Tusk. Quizá la interpretación de Michael Parks, el único motivo por el que filme no se encuentra en el ranking de peores películas del año. Sin embargo, su interpretación queda contrastada con la de Justin Long, actor que sobreactúa de tal manera que estropea en parte el filme.

Además no hace falta ser muy listo para ver que hay multitud de secuencias que simplemente están incluidas en la película para alargar el metraje (si no fuera por estas secuencias seguramente no se llegaría ni a la hora de duración). Desde algún que otro flashback, pero sobre todo las sangrantes escenas en las que aparece el personaje interpretado por Johny Deep. No sólo es que su importancia en el filme sea totalmente nula, sino que su personaje provoca cualquier sentimiento contrario al que Smith busca con él (puede que sea un efecto cómico).

Sí que es cierto que hay algunas señas del cineasta reconocibles en el filme (lo que nos demuestra que las diferencias del filme con otras del cineasta no están en su esencia sino en la calidad de esta), como el diálogo que encontramos en el aeropuerto, cien por cien Kevin Smith, aunque sea una secuencia que demuestra un humor totalmente deslucido e insulso. Algunas gotas de humor negro perdidas en un mar que no pueden disipar la tremenda tortura que es ver Tusk.

Por cierto, una pequeña pregunta, ¿Por qué si estás encerrado con un psicópata que te ha amputado a una pierna y tienes poco tiempo para llamar malgastas tu tiempo en avisar a tu novia y a tu compañero, pero no a la policía?

http://neokunst.wordpress.com/2014/12/25/tusk-2014/
Kyrios
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