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Drama
Galicia, 1936. Daniel Da Barca es un joven médico e intelectual republicano encarcelado por sus ideas. Su novia, Marisa Mallo, hija de un conocido reaccionario, lucha por devolverle la libertad. El testigo de su amor es Herbal, un apocado carcelero que asiste entre atónito y furioso a las conversaciones que mantienen los presos para hacer más llevadera su condena. En plena Guerra Civil (1936-1939), se cometen toda clase de desmanes: ... [+]
10 de abril de 2013
10 de abril de 2013
13 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
O si no, ¿cómo se explica que Herbal (Luis Tosar) se pase tres cuartas partes de la película con el lápiz puesto detrás de la oreja, además sin ningún motivo, ni razón? Dicho esto, su personaje es de largo lo único interesante en esta película que aunque empieza más o menos bien acaba siendo bastante aburrida e insustancial y lo que es peor, un mero ejercicio de propaganda, a veces fina, otras veces ridícula, pero siempre machaconamente constante. El catálogo de tópicos absolutamente maniqueos que despliega Antón Reixa en esta versión cinematográfica de la novela homónima de Manuel Rivas es de vergüenza ajena. A ver, si yo fuera de izquierdas me sentiría ofendido por este retrato caricaturesco y monstruoso de mis rivales y la idealización más pueril de los míos. En este caso, me pregunto que ya es casualidad que con los miles de asesinatos que cometieron los republicanos, siempre salgan que son poetas, músicos, maestros o médicos, de los que nunca han hecho daño a nadie y que sólo son perseguidos "por sus ideas". Estoy esperando que el "héroe" sea por una vez un chequista, un comisario político, un terrorista o un partidario de la "dictadura del proletariado".
Me toca bastante las narices ese megalómano ejercicio de mentira, propaganda y descaro con el que se adornan las izquierdas setenta años más tarde. Por ejemplo, esos coristas que mezclan ser libertario y humanista o el comunismo y el amor dan tanta rabia como pena. Estos falsarios se creen sus propios embustes. Nada hay más antitético que mezclar esas ideologías políticas con cualquier clase de sentimentalismo. Sólo los muy sectarios pueden tragarse semejante bola. Dicho esto, el resto de clichés casi que resultan casi indiferentes: los falangistas muy malos, el franquista maltratador, la hija del ricachón enamorada del revolucionario, etc. Ahora bien, uno sí que es más curioso: el de los progres con pasta. Y si al principio es pobre, se hace rico mediante un buen braguetazo. De hecho el falangista llega a denunciar a los señoritos como de izquierdas y a reclamar una verdadera revolución social que acabe con su dominio ancestral, cosa que deberían predicar los más progresistas. Lo que pasa es que por hipocresía, cobardía y pérdida de fe en el marxismo estos se han convertido en firmes defensores del dinero y la burgesía.
Me toca bastante las narices ese megalómano ejercicio de mentira, propaganda y descaro con el que se adornan las izquierdas setenta años más tarde. Por ejemplo, esos coristas que mezclan ser libertario y humanista o el comunismo y el amor dan tanta rabia como pena. Estos falsarios se creen sus propios embustes. Nada hay más antitético que mezclar esas ideologías políticas con cualquier clase de sentimentalismo. Sólo los muy sectarios pueden tragarse semejante bola. Dicho esto, el resto de clichés casi que resultan casi indiferentes: los falangistas muy malos, el franquista maltratador, la hija del ricachón enamorada del revolucionario, etc. Ahora bien, uno sí que es más curioso: el de los progres con pasta. Y si al principio es pobre, se hace rico mediante un buen braguetazo. De hecho el falangista llega a denunciar a los señoritos como de izquierdas y a reclamar una verdadera revolución social que acabe con su dominio ancestral, cosa que deberían predicar los más progresistas. Lo que pasa es que por hipocresía, cobardía y pérdida de fe en el marxismo estos se han convertido en firmes defensores del dinero y la burgesía.
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