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España España · Madrid
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Voto de Charles:
10
Voto de Charles:
10
Intriga. Terror. Fantástico Una extraña puerta aparece en el sótano de una tienda de muebles. Cuando el paciente de una terapeuta desaparece en una dimensión más allá de la realidad, ella deberá adentrarse en lo desconocido para intentar rescatarlo. Adaptación de un cortometraje del propio Kane Parsons. (FILMAFFINITY) Existe una versión extendida "Backrooms: Liquidación total" (en inglés "Backrooms: Everything Must Go Edition") que Incluye 16 minutos de metraje ... [+]
5 de junio de 2026
90 de 120 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo inherente al concepto de Backrooms es que no han sido creados para atraer un público, basados en estudios de mercado o pensados como decorado cinematográfico.

Surgieron de un post aleatorio que engendró otros, que fascinó otras mentes, que post a post, vídeo VHS mediante, fueron revelándose.

Casi como si quisieran conjurarse ellos solos, como si los estuviéramos buscando.

La película, como piedra angular de "oficializarlos" en el imaginario colectivo, refleja ese proceso: los Backrooms surgen como extensión oculta en el "imperio del mueble" de Clark, un nervioso jefe de tienda en lucha contra los patrones repetidos que le impiden avanzar, y en última instancia como eco para Mary, psicóloga del primero, a quien le recuerda la masa uniforme que llegó a ser su hogar.

El mundo de ambos fuera del espacio liminal titular es intencionalmente plano, desangelado, poblado de grabaciones a baja calidad e imágenes rayadas a fuerza de repetirse; un limbo color apagado donde la apatía se estanca sin opción a explotar en alivio o simple, pura, ira.
Renate Reinsve
Los Backrooms surgen en sus respectivas vidas como elemento de extrañeza, aparente peligro, pero poco a poco se transforman en algo más, un escape de la rutina, algo que todavía se siente seguro en su familiaridad, pero que, en sus esquinas oscuras, activa esa parte de nuestro cerebro adormecida que pide... "algo más".

Es imposible no leer ese "algo más" en el contexto fuera de esos años 90 que impone la película, y pensar en la IA generativa repitiéndose, añadiendo cada vez más dedos porque sí, creando caras que casi son pero no, mientras al otro lado de la pantalla o la cámara le buscamos explicación, lo mapeamos y nos aventuramos, una y otra vez, buscando que esta vez nos salga algo distinto en aquel otro pasillo.
La realidad es que, al igual que invocamos a los Backrooms como necesidad, su utilidad parece estar limitada a lo que queremos que sean: un desorden ordenado, donde estar en paz, sin quedarnos pensando que queremos algo más, teniéndolo todo sin que a la vez nada pueda ocupar espacio de verdad.
Renate Reinsve
Sorprende la velada respuesta, a la pregunta: ¿por qué la fascinación, de Clark, y del público que mira, con los Backrooms?
Porque son una salvación.

En un mundo cada vez más caótico e inexplicable, que te pide explicaciones a tus traumas y responsabilidades que te mantienen despierto de madrugada, los Backrooms no exigen.

Son también caóticos e inexplicables, pero solo... son.
Registran.
Permanecen.
Guardan, si se puede o quiere decir.

Existe un consuelo, en pensar que en alguna parte, seguimos existiendo porque un espacio lo quiso así.

Donde se amontonan nuestras impresiones de infancia, donde nunca envejeció la habitación que nos acogió.

Donde todo es libre, infinito... y no perfecto, pero no importa.
Lo intenta, ¿lo será?

Y, en un mundo cada vez más vacuo y pasajero... permanecerá.

Diría Clark, que los Backrooms serán imperfectos, pero los conjuramos porque necesitábamos un sitio que llamar hogar.
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