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Argentina Argentina · Lomas de Zamora
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Voto de Repoman:
4
Voto de Repoman:
4
Comedia. Fantástico Un universo paralelo inspirado en la historia reciente de Chile. Augusto Pinochet, símbolo del fascismo mundial, es un vampiro que vive escondido en una mansión en ruinas en el frío extremo sur del continente. Alimentando su apetito por el mal para sostener su existencia. Después de doscientos cincuenta años de vida, Pinochet ha decidido dejar de beber sangre y abandonar el privilegio de la vida eterna. Ya no puede soportar que el mundo ... [+]
18 de septiembre de 2023
32 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
"...vamos por partes...", dijo El Descuartizador de Barracas, mientras despojaba de extremidades un torso tibio. Siguiendo esa inteligencia, hago la primera y más importante división: esto es cine de autor, arte y ensayo; y para nada pueden suponer que la temática vampírica o el tono satírico hacen de ésta una película de género, sea comedia o terror.

Más cerca de Buñuel que de William Lusting o Larry Cohen, El Conde plantea un absurdo con tintes metafóricos (Pinochet no muere, sigue vivo vampirizando a Chile a través de sus desfalcos), a partir del cual se plantean divagues filosófico sobre la historia reciente de Chile. Un absurdo, al mismo tiempo horroroso y tragicómico, para abordar las heridas sangrantes de la post dictadura o transición democrática. Y perdonen que le encuentre el pelo al huevo (de la serpiente), pero me parece que este dictador presentado como un monstruo no humano, aislado de la sociedad, es una narrativa que sirve de tapadera para todos sus secuaces y beneficiarios: básicamente, la clase alta chilena, el empresariado, la oligarquía, la clase dirigente de aquellos años oscuros... en otras palabras, a la propia familia Larraín, allegados y amigos. Acá tenemos al talentoso Pablito, rasgándose las vestiduras: "¡pero qué monstruo ese Pinochet!, ¿cómo pudo hacernos esto?" Si te vas a meter con ciertos temas, contá la verdad Pablo.
En fin, como dice El Chavo en referencia a su jugo de limón, que en realidad es de jamaica pero sabe a tamarindo: esto parece una denuncia o sátira política, pero está hecho de tapadera cómplice y sabe a trasgresión módica.

Lo más sorprendente es que, aún con esas imágenes muy resultonas del dictador sobrevolando Santiago de Chile en busca de corazones frescos para comer; el hermoso y sombrío blanco y negro; o la divertida aparición de personajes históricos que no sería justo espoilear, la película entusiasma cinco minutos y aburre una hora.

Una vez que terminó, me quedé pensando en artistas chilenos que me gustan. Me acordé de esa gran canción que dice:

"Quiero que recuerdes
que tu protesta sólo vale si desprecias
Si la sobreabundancia
a ca para da
provoca
la justa arcada.

Mírame a los ojos,
no sea cosa que hayas estado fingiendo
Que no es tu anhelo ver el
tro no que ar de
y en cambio
quieres sentarte

No... nunca pierdas la... capacidad... de despreciaaar".

PD: todas las películas de Larraín esconden la misma trampa: envase de izquierdas, contenido de derechas.
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