arrow
You must be a loged user to know your affinity with Gerardo HC Corssen
/
Voto de Gerardo HC Corssen:
9
Voto de Gerardo HC Corssen:
9
Thriller. Comedia. Drama La historia sigue a un hombre de mediana edad llamado Man-su que se embarca decidido en una búsqueda de trabajo tras ser despedido inesperadamente de la compañía de papel en la que trabajó durante 25 años. 'Si no hay una vacante para mí, tendré que crear una para que me contraten. No hay otra opción'. Adaptación de la novela 'The Ax' de Donald E. Westlake, que ya fue llevada al cine en la película 'Arcadia', dirigida por Costa-Gavras en 2005. (FILMAFFINITY) [+]
19 de enero de 2026
33 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Park Chan-wook es un cineasta cuya obra se distingue por la excelencia, no solo por la originalidad de sus premisas, sino por su capacidad para transformar ideas complejas en cine puro, construido desde la imagen, el ritmo y la puesta en escena.

No Other Choice sigue a Yoo Man-su, interpretado por un extraordinario Lee Byung-hun, despedido tras años de lealtad a una empresa papelera que incluso lo había premiado como “el mejor hombre de la industria”. Su respuesta es tan absurda como lógica dentro del universo de la película: idear un plan para ser recontratado, eliminando literalmente a la competencia. A partir de ahí, Park construye una comedia negra que funciona tanto por la torpeza del protagonista como por la frialdad con la que el sistema que lo expulsó observa su caída.

Park se mueve con soltura en esa mezcla incómoda de humor negro, tragedia y absurdo que inevitablemente remite a Parasite de Bong Joon-ho, aunque aquí la mirada es más obsesiva y cruda. Bajo la superficie cómica se despliega una crítica feroz al sistema corporativo capitalista, visto como un modelo que obliga a los de abajo a devorarse entre sí para tranquilidad (o simple indiferencia) de quienes están arriba, protegidos y ajenos al costo humano de esa competencia.
La película se vuelve todavía más rica cuando observa el impacto de esa decisión en lo íntimo. A los despedidos se les pide serenidad (“en tres meses habrá otro trabajo, sus familias los apoyarán”). Park desmonta esa promesa mostrando personajes atrapados en empleos para los que están brutalmente sobrecalificados, mientras el desgaste económico se transforma en desgaste emocional. En uno de los rivales de Yoo Man-su, el reproche de su esposa es por la falta de empleo y por la resignación y la pérdida de estatus, casi de masculinidad. El fracaso profesional se convierte en fracaso moral de sus individuos y matrimonios. El contraste con el matrimonio de Yoo Man-su (donde la duda y la desconfianza también se filtran) permite a la película cuestionar hasta qué punto las parejas son un refugio ante la adversidad o, por el contrario, otro espacio contaminado por el materialismo y la lógica del éxito.

Reaparece también un tema recurrente en el cine coreano contemporáneo: la renuncia forzada al sueño. Estos personajes parecen creer genuinamente en su trabajo y en su oficio. Es precisamente eso lo que los paraliza cuando el sistema los expulsa. De ahí la frase que se repite como mantra y excusa (“no hay otra opción”). Park juega con esa ambigüedad. ¿Realmente no la hay o el sistema ha logrado que los personajes se convenzan de ello? Tanto para quienes cortan cabezas en las empresas, como para los que no logran volver a un empleo y, especialmente, para el mismo Yoo Man-su y su excéntrico plan.
Sin mencionar directamente la inteligencia artificial, la película dialoga con un miedo muy actual: la reemplazabilidad del ser humano. En un plano poderoso, las máquinas ocupan el lugar del trabajador con una naturalidad inquietante. Parece que la precarización no es un accidente de la revolución tecnológica e, incluso, parte del diseño.

Park introduce además una subtrama que roza el cine de asesinos seriales. Mientras que la metodología de Yoo Man-su se vuelve casi artesanal, repetitiva, la investigación policial que intenta atraparlo, deriva hacia el absurdo, con detectives más cercanos a la incompetencia que al genio atormentado. Es un guiño irónico que dialoga, por contraste, con Memories of Murder o Mother de Bong Joon-ho; aquí al servicio de la sátira.

Todo esto sería suficiente, pero No Other Choice destaca, además, por su forma. Park explota el lenguaje cinematográfico con una libertad envidiable, con un montaje que confunde y aclara a la vez, imágenes que se transforman (una muela extraída convertida en lodo), zooms inversos, puntos de vista inesperados (incluso caninos), superposiciones temporales y visuales que revelan estados mentales sin necesidad de señalarlo verbalmente. El enfrentamiento entre Yoo Man-su y su primer competidor condensa esta maestría en un caos de malentendidos y reproches conyugales donde Yoo Man-su intenta liquidar a su rival; éste, en su propia esfera, cree que lo van a matar por la infidelidad de su esposa; y ésta entonces aprovecha el momento para reprocharle a su esposo. Tres personajes coexistiendo en un mar de reproches y violencia, cada una tan dispar y desconectada de la del otro. La tensión explota en forma de violencia al ritmo ensordecedor de Red Pepper Dragonfly, donde la música alegre aumenta la inquietud en vez de relajarla.

No Other Choice confirma que el cine de Park Chan-wook sigue siendo uno de los espacios más estimulantes del cine contemporáneo: incómodo, divertido y formalmente inteligente, cine en estado puro. Una película que expone un sistema y lo filma hasta volverlo absurdo. Otro recordatorio de por qué el cine coreano, desde hace años, sigue marcando tendencias.
arrow