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Voto de Antón03:
7
Voto de Antón03:
7
Terror. Thriller El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) se ve envuelto en una nueva y sorprendente relación, cuyas consecuencias podrían cambiar el mundo tal y como se conoce,. Por otra parte, el encuentro de Spike (Alfie Williams) con Jimmy Crystal (Jack O'Connell) se convierte en una pesadilla de la que el chico no puede escapar. En este mundo, los infectados ya no son la mayor amenaza para la supervivencia, ya que la inhumanidad de los supervivientes puede ... [+]
22 de enero de 2026
11 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
(7'5/10)

28 años después: El templo de los huesos (2026) se erige como una corrección notable de los errores que sumieron la primera entrega en la anodinidad más absoluta. Donde aquella se percibía como un ejercicio contenido, complaciente e inofensivo, esta segunda parte abraza con mayor convicción el universo que plantea, apostando por la coherencia, la crueldad y el entretenimiento de verdad.

El mayor salto cualitativo de la cinta reside en su guion. Alex Garland parece haber encontrado la brújula dramática que perdió en la entrega anterior. Este nos ofrece una historia más sólida, con menos concesiones y con una progresión dramática creíble. La película logra administrar con inteligencia las dosis de información para generar interés y que los conflictos importen. En ese sentido, las relaciones entre personajes están mejor planteadas, cumpliendo una función clara sin sentirse impostadas o vacías de propósito.

Otro de los grandes aciertos que se corrigen con respecto a su predecesora son esos drugos de Kubrick que aparecieron de forma abrupta y poco inspirada. Aquí, su representación es mucho más efectiva tan solo con los primeros cinco minutos de metraje. La dinámica construida con el niño protagonista es funcional, encontrando su fuerza en uno de estos fanáticos, el cual aporta carisma y una energía renovada que eleva la totalidad de las escenas en las que participa.
No ocurre lo mismo con el propio niño, que sigue lastrando el conjunto de la cinta. Su escritura parece estar diseñada para generar frustración, y su falta de evolución, teniendo en cuenta todo lo vivido, resulta exasperante. La insistencia en mantenerlo en una ingenuidad forzada no solo debilita su arco, sino que no resulta coherente con la crudeza y pérdida de inocencia de todo el filme.

Donde El templo de los huesos (2026) recupera su ADN es en el tratamiento de la violencia y la atmósfera. La brutalidad regresa de la mano de una fisicidad sucia, incómoda y mucho más consecuente con el universo que habita. La cinta se aleja de la estilización y del tono lúdico de una primera parte para el olvido.

En ese contexto, el personaje interpretado por Ralph Fiennes vuelve a convertirse en el eje emocional y simbólico de la película. Este consigue transmitir locura, magnetismo y densidad, especialmente en una secuencia donde lo visual se une a lo sonoro para crear una escena memorable. Junto a uno de esos fanáticos, Fiennes sostiene la cinta a pesar de la ya mencionada planitud del niño.
Formalmente, la dirección de Nia DaCosta demuestra ambición visual sin querer sentirse protagonista. Mientras que Danny Boyle pretendía ser la estrella de la película aun estando detrás de cámaras, la estadounidense demuestra que menos es más. La película gana textura, color y presencia; existe conciencia en la colocación de la cámara más allá del lucimiento banal.

En definitiva, 28 años después: El templo de los huesos (2026) logra destacar por lo que consigue corregir. No es una obra perfecta ni está exenta de conveniencias o problemas narrativos, pero sí se siente una película más viva, más consciente de su propia identidad y, sobre todo, más comprometida con su propio universo. DaCosta deja una sensación de satisfacción que se intuía difícil de conseguir, pero lo más importante es que despierta interés genuino por el cierre de la trilogía.
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