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Voto de winstonsmith:
3
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Thriller Un exmarine se enfrenta a la corrupción en una pequeña ciudad cuando la policía local le confisca, de forma injusta, la bolsa de dinero que necesita para la fianza de su primo.
14 de octubre de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Sin ningún tipo de pudor, Netflix te presenta esta película en su catálogo bajo la categoría de «Películas simplemente increíbles» y te la plantan justo incrustada entre títulos como El club de la lucha y Kill Bill, y se quedan tan anchos.

La culpa es mía también, por entrar al trapo. La película es mala, el guion es un pastiche, las interpretaciones mediocres y la emoción nula.

Siento esto que voy a decir, pero el protagonista, Aaron Pierre, me parece un actor generado con IA. No dejé de pensarlo durante todo el metraje: es una especie de perfección sin alma. Guapo a rabiar, pero no hay poros en esa piel, su expresividad es nula. Mueve todos los músculos de su cuerpo, menos los de la cara. No se le arruga una sola facción, ni siquiera para llorar la muerte de su primo.

Por lo demás, la película es otro panfleto ideológico más de Netflix. Una película que podría llevar una marca de agua, ya que parece sacada de un banco de imágenes, cuyo objetivo no es otro que el de seguir lobotomizando a los espectadores con el mismo ideario una y otra vez. «Ponga aquí su título» y añádalo al catálogo de sus productos.
Personajes simplones metidos en una historia previsible. Todos los perfiles psicológicos están dibujados con un rodillo. Recuerda mucho a Acorralado (Rambo), que en esencia es la misma historia calcada. Pero esta versión añade a la coctelera todo el repertorio completo de normas ISO del cine actual. A saber:

- Negros buenos, blancos malos. En su afán por ser una película antirracista, el resultado final es racista a más no poder. Darle la vuelta al calcetín es más de lo mismo. La igualdad es otra cosa.

- Mujeres buenas, listas y sensibles. Hombres malos y estúpidos. La mujer policía negra se lleva todos los premios a mejor persona del mundo. Para sorpresa de nadie.

- Cero atracción física entre los protagonistas. Ni un beso ni nada. Los sentimientos, una vez más, son extirpados de la narración. Y más aún al tratarse de una posible relación heterosexual, algo perseguido en estos tiempos como si fuera la peste.

- Violencia light. Lo más delirante y sonrojante de este filme. El protagonista es violento, pero con una violencia sostenible, friendly y biodegradable, en una suerte de «canibalismo vegano» que es para partirse de la risa, la verdad. El prota se va ventilando a todos los polis solo con sus manos, dos bengalas, cuatro petardos y una metralleta que dispara flores. Además se desplaza en bicicleta, para contaminar a sus adversarios lo menos posible.
Y, para rematarlo, ves que la mayoría de críticos profesionales ponen buena nota a este engendro cinematográfico. Serán críticos de otra cosa, porque sus valoraciones parecen reseñas de Amazon y evalúan la película como si fuera un producto más, sometido a las reglas del juego del marketing.

Me preocupa que la gente no sea consciente de los panfletos que se traga. Pero me preocupa más aún que a un producto como este pretendan llamarlo cine.
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