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La soledad

Drama Cronica de la vida de dos mujeres. Adela (Sonia Almarcha) es una madre soltera que se traslada con su niño desde un pequeño pueblo a Madrid. Allí encuentra trabajo y entabla nuevas amistades, pero, de repente, sucede algo perturbador. Antonia (Petra Martínez) es la proprietaria de un pequeño supermercado de barrio, cuya sosegada vida se ve alterada por los problemas de sus hijas. (FILMAFFINITY)
Críticas 150
Críticas ordenadas por utilidad
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6
21 de febrero de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Porque en realidad se llama Pablo, y no reaccionaría al intentar llamarle por otro nombre. Si coloco una silla frente al largo pasillo y me siento a observar la penumbra que le suele acompañar cuando no hay nadie en su interior, descubriré que la soledad te puede devorar como si necesitase interrumpir tu vida y dejarte sin el aliento que necesitas para llegar a la habitación contigua y comprobar que hay más gente cerca que mira otros pasillos.

No hay conexión entre estas dos posibilidades. Existe la contemplación de actos involuntarios que suceden sin más, que quedan anónimos porque nadie más puede ver lo que sucede. Y aparecen en la película. Existen las historias que pueden unir estos hechos, la tristeza, el aburrimiento, la propia soledad como palabra y como melancólica sensación que alarga los días sin límites expuestos. Aquí aparecen también.

Pero cuando Pablo no contesta, generando así el hilo conductor (porque todos se preguntan qué le ocurre a Andrés), no consigo que le corresponda la imagen de un largo camino sin luz ni compañía, y precisamente esto ocurrió con La Soledad. Percibo imágenes que llaman mi atención, que muestran el vacío más absoluto, la desidia y el silencio. Pero algunas pequeñas historias conexionan estas imágenes singulares y entonces historia e imagen no reaccionan del mismo modo, a un mismo ritmo, desestructuran un significado que ya daban por sí mismas esas imágenes, pero que no completan una película y que tampoco parece que se apoyen en sus solitarios personajes. Así se muestra una película cotidiana y triste con algún paréntesis para la experimentación misma del sentimiento más antiguo capaz de padecer cualquier humano inquieto en su interior.
La perra soledad mordió a Pablo pensando que era Andrés en un pasillo sin bombillas encendidas y nunca lo llegamos a ver, porque alguien olvidó avisarnos para que miráramos en ese momento, quedando la silla vacía al final del escenario y el espectador confuso tras la pantalla al ver el charco de sangre.
7
29 de diciembre de 2008 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fue la gran sorpresa del año y gracias al respaldo de la crítica (Goyas incluidos) fue rescatada del olvido y de los circuitos minoritarios, siendo calificada incluso de obra maestra en algunos casos.
Rosales divide la pantalla en dos y nos cuenta con una sencillez absoluta historias comunes de gente común. Pura en su naturalismo, hiperrealista y encantada de su propio y sobrio minimalismo (influencias de Erice, Guerín, Kiarostami), es un homenaje a la contemplación, que trata temas como la fatiga diaria, la soledad, la falta de aliento, el seguir adelante a pesar del hartazgo y los obstáculos.
No creo que sea una obra maestra ni ejemplar, pero sí un film arriesgado, diferente, muy particular, con un director y unos intérpretes y un equipo técnico que destilan una notable y muy apetecible simbiosis. Rara pero que engancha sin apasionarte.
8
12 de enero de 2010 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Salen los créditos y me descurbo con la boca abierta (y algo reseca, no sé si llevaría mucho rato así). No sólo tiene una cadencia hipnótica y magnética, sino que las 'actuaciones' son las más naturales que he visto en mi vida (ojo, que no he dicho mejores). El montaje es cuanto menos original, pero si me lo permitís, diría que crea una obra de arte. La cámara se/te va colocando en distintos lugares del escenario y te permite ver y oir las cosas que pasan desde distintos ángulos, o sólo oir lo que hablan en otras partes de la casa como lo oirías desde ese sitio, con el eco y la lejanía normales. Te convierte en testigo de este maravilloso drama. Desde la discusión durante la partida de mus, he estado con el estómago encogido el resto de la película; pura violencia contenida, sugerida, sufrida. Y lo mejor es que no necesita ni un montaje trepidante ni una música estridente; los efectismos se van y se quedan las cosas que de verdad tienen efecto. Y el final es el que tenía que tener, el que tiene el día a día.
PD: a quien no le haya gustado: no le diré que no tiene ni puta idea de cine ni nada del estilo. Ni soy yo un experto ni creo que haya que estudiar para disfrutar de este arte (ni de ningún otro). A quien le haya gustado tanto como a mí: felicidades por haber encontrado una joya tan singular.
8
30 de septiembre de 2015 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay que ver 'La soledad' e indignarse. Llamar a Rosales lento, soso. También pelmazo y brasas. Asegurar con total certeza que "no cuenta nada", y bromear sutil y originalmente con que su película induce al sueño. Llamarle lento y soso una vez más, esta vez gritando. Sentenciarle con la etiqueta "moderno"; o, si se quiere ser especialmente cruel, su diminutivo: "modernito".

...

¿De qué trata la película? 'La soledad' es una historia sobre gente en problemas.

Los hechos que se narran son mundanos, dramas de a pie, pero Rosales orquesta una, como denominaría Béla Tarr, "reacción cinematográfica", contra dicha realidad. No le interesa calcar. Va a eliminar los resortes melodramáticos típicos de la ficción y va a amplificar la resonancia dramática de lo que narra mediante el diáfano poder del montaje.

Consigue algo de una pureza que puede remitir a cosas de Carl Theodor Dreyer, Robert Bresson o a las películas más austeras de Ingmar Bergman.
...

Los resultados emocionales de las aparentemente sencillas soluciones formales de Rosales asombran.

Los planos son fijos, y una gran parte de la acción ocurre en el interior de los hogares. La sombra del genio de Ozu es alargada. No obstante, percibo a Rosales con una mayor asfixia, allí donde el japonés irradiaba algo más similar a la melancolía. En ese aspecto, es probable que le venga a uno a la cabeza el Michael Haneke de 'Caché' o 'La pianista'.

Adela llega a casa con su bebé. Aparentemente feliz, habla al crío en tono meloso y animado. Sin embargo, una división de pantalla hace que dicha escena comparta encuadre con un espacio vacío, que enfoca el interior de la casa desde una ventana cercana. Un espacio inerte, justo al lado de uno que rebosa alegría. La soledad aguarda; acecha en los espacios.

Las dos hijas de Antonia discuten sobre la venta de la casa de su madre. No comparten plano. La pantalla las separa, no sólo dividiendo la imagen, sino que las separa emocionalmente. Hablan desde planos distintos e irreconciliables. Qué sutil forma de plasmar la incomunicación.
Adela es invitada por un chico a un viaje. Ella, renuente, sentada frente a él, evade la proposición; primero, cortés; luego, agresiva. La cámara, entonces, se sitúa detrás de ella, en un espacio perpendicular a donde se halla sentada. La voz de él sigue sonando, pero ya no podemos verle. Ella está triste; en realidad, no habla con nadie. No con alguien a quien sienta en su misma habitación.

Una bellísima, portentosa, elipsis. ¿Quién puede no recordar la de Stanley Kubrick en 'Barry Lyndon'?

[Hay más ejemplos de brillantez y respeto a la sensibilidad del espectador, similares a los que he propuesto como ejemplos. Y rescato un fragmento de crítica cuya autoría es del compañero Archilupo: "Ningún movimiento brusco, ninguno veloz. Nada subrayado, ni en cursiva ni en negrita: letra pulcra, igual, homogénea". Cierto, la mano que escribe no tiembla ni titubea; no cae en el énfasis, y tampoco languidece".

...
Rosales tiene personalidad narrativa, mentalidad creadora, y eso, hoy día y en estos lares, ofende al espectador ávido de carnaza pirotécnica y films subrayaditos. Intentar expresar algo valioso se paga con insultos, menosprecios iracundos y jactanciosos bostezos. No obstante, esta película, sorprendentemente, fue premiada con un Goya, premio banal, pero cuya concesión en este caso me hace creer que hay momentos en que la mano del Arte emerge de entre el fango de la mediocridad donde se halla enterrado... y alguien parece reconocerlo.

Gracias.
1
3 de noviembre de 2007
16 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película lenta lentísima. Está hecha a base de escenas en las que se muestran los detalles menos importantes de la vida de la gente. Para hablar sobre lo que vamos a comer hoy y pasar 5 minutos (que parecen 30) con esa conversación, para eso ya tengo mi casa y a mi familia. Es una película plana sin ningún punto de inflexión (aunque parezca que se produce uno), aburrida a más no poder y encima dura dos horas y cuarto.

A destacar también la total falta de música a lo largo de toda la película (incluso en los créditos), algo que ayuda y mucho a agotar la paciencia del espectador mientras admira una plancha en una habitación durante dos largos minutos.

Parece ser que le ha gustado a mucha gente, a mi me parece la peor película que he visto en mi vida. Lo siento por su director, pero como siga haciendo este tipo de películas, me da que va a tener que seguir sobreviviendo a base de subvenciones.

El otro día perdí 5 euros y si alguien los ha encontrado ya habrán sido mejor invertidos que los que pagué por esta película.
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