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Voto de Nuño:
8
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8
6.3
6,791
Drama
Cronica de la vida de dos mujeres. Adela (Sonia Almarcha) es una madre soltera que se traslada con su niño desde un pequeño pueblo a Madrid. Allí encuentra trabajo y entabla nuevas amistades, pero, de repente, sucede algo perturbador. Antonia (Petra Martínez) es la proprietaria de un pequeño supermercado de barrio, cuya sosegada vida se ve alterada por los problemas de sus hijas. (FILMAFFINITY)
30 de septiembre de 2015
30 de septiembre de 2015
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay que ver 'La soledad' e indignarse. Llamar a Rosales lento, soso. También pelmazo y brasas. Asegurar con total certeza que "no cuenta nada", y bromear sutil y originalmente con que su película induce al sueño. Llamarle lento y soso una vez más, esta vez gritando. Sentenciarle con la etiqueta "moderno"; o, si se quiere ser especialmente cruel, su diminutivo: "modernito".
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¿De qué trata la película? 'La soledad' es una historia sobre gente en problemas.
Los hechos que se narran son mundanos, dramas de a pie, pero Rosales orquesta una, como denominaría Béla Tarr, "reacción cinematográfica", contra dicha realidad. No le interesa calcar. Va a eliminar los resortes melodramáticos típicos de la ficción y va a amplificar la resonancia dramática de lo que narra mediante el diáfano poder del montaje.
Consigue algo de una pureza que puede remitir a cosas de Carl Theodor Dreyer, Robert Bresson o a las películas más austeras de Ingmar Bergman.
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¿De qué trata la película? 'La soledad' es una historia sobre gente en problemas.
Los hechos que se narran son mundanos, dramas de a pie, pero Rosales orquesta una, como denominaría Béla Tarr, "reacción cinematográfica", contra dicha realidad. No le interesa calcar. Va a eliminar los resortes melodramáticos típicos de la ficción y va a amplificar la resonancia dramática de lo que narra mediante el diáfano poder del montaje.
Consigue algo de una pureza que puede remitir a cosas de Carl Theodor Dreyer, Robert Bresson o a las películas más austeras de Ingmar Bergman.

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Los resultados emocionales de las aparentemente sencillas soluciones formales de Rosales asombran.
Los planos son fijos, y una gran parte de la acción ocurre en el interior de los hogares. La sombra del genio de Ozu es alargada. No obstante, percibo a Rosales con una mayor asfixia, allí donde el japonés irradiaba algo más similar a la melancolía. En ese aspecto, es probable que le venga a uno a la cabeza el Michael Haneke de 'Caché' o 'La pianista'.
Adela llega a casa con su bebé. Aparentemente feliz, habla al crío en tono meloso y animado. Sin embargo, una división de pantalla hace que dicha escena comparta encuadre con un espacio vacío, que enfoca el interior de la casa desde una ventana cercana. Un espacio inerte, justo al lado de uno que rebosa alegría. La soledad aguarda; acecha en los espacios.
Las dos hijas de Antonia discuten sobre la venta de la casa de su madre. No comparten plano. La pantalla las separa, no sólo dividiendo la imagen, sino que las separa emocionalmente. Hablan desde planos distintos e irreconciliables. Qué sutil forma de plasmar la incomunicación.
Los resultados emocionales de las aparentemente sencillas soluciones formales de Rosales asombran.
Los planos son fijos, y una gran parte de la acción ocurre en el interior de los hogares. La sombra del genio de Ozu es alargada. No obstante, percibo a Rosales con una mayor asfixia, allí donde el japonés irradiaba algo más similar a la melancolía. En ese aspecto, es probable que le venga a uno a la cabeza el Michael Haneke de 'Caché' o 'La pianista'.
Adela llega a casa con su bebé. Aparentemente feliz, habla al crío en tono meloso y animado. Sin embargo, una división de pantalla hace que dicha escena comparta encuadre con un espacio vacío, que enfoca el interior de la casa desde una ventana cercana. Un espacio inerte, justo al lado de uno que rebosa alegría. La soledad aguarda; acecha en los espacios.
Las dos hijas de Antonia discuten sobre la venta de la casa de su madre. No comparten plano. La pantalla las separa, no sólo dividiendo la imagen, sino que las separa emocionalmente. Hablan desde planos distintos e irreconciliables. Qué sutil forma de plasmar la incomunicación.

Adela es invitada por un chico a un viaje. Ella, renuente, sentada frente a él, evade la proposición; primero, cortés; luego, agresiva. La cámara, entonces, se sitúa detrás de ella, en un espacio perpendicular a donde se halla sentada. La voz de él sigue sonando, pero ya no podemos verle. Ella está triste; en realidad, no habla con nadie. No con alguien a quien sienta en su misma habitación.
Una bellísima, portentosa, elipsis. ¿Quién puede no recordar la de Stanley Kubrick en 'Barry Lyndon'?
[Hay más ejemplos de brillantez y respeto a la sensibilidad del espectador, similares a los que he propuesto como ejemplos. Y rescato un fragmento de crítica cuya autoría es del compañero Archilupo: "Ningún movimiento brusco, ninguno veloz. Nada subrayado, ni en cursiva ni en negrita: letra pulcra, igual, homogénea". Cierto, la mano que escribe no tiembla ni titubea; no cae en el énfasis, y tampoco languidece".
...
Rosales tiene personalidad narrativa, mentalidad creadora, y eso, hoy día y en estos lares, ofende al espectador ávido de carnaza pirotécnica y films subrayaditos. Intentar expresar algo valioso se paga con insultos, menosprecios iracundos y jactanciosos bostezos. No obstante, esta película, sorprendentemente, fue premiada con un Goya, premio banal, pero cuya concesión en este caso me hace creer que hay momentos en que la mano del Arte emerge de entre el fango de la mediocridad donde se halla enterrado... y alguien parece reconocerlo.
Gracias.
Una bellísima, portentosa, elipsis. ¿Quién puede no recordar la de Stanley Kubrick en 'Barry Lyndon'?
[Hay más ejemplos de brillantez y respeto a la sensibilidad del espectador, similares a los que he propuesto como ejemplos. Y rescato un fragmento de crítica cuya autoría es del compañero Archilupo: "Ningún movimiento brusco, ninguno veloz. Nada subrayado, ni en cursiva ni en negrita: letra pulcra, igual, homogénea". Cierto, la mano que escribe no tiembla ni titubea; no cae en el énfasis, y tampoco languidece".
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Rosales tiene personalidad narrativa, mentalidad creadora, y eso, hoy día y en estos lares, ofende al espectador ávido de carnaza pirotécnica y films subrayaditos. Intentar expresar algo valioso se paga con insultos, menosprecios iracundos y jactanciosos bostezos. No obstante, esta película, sorprendentemente, fue premiada con un Goya, premio banal, pero cuya concesión en este caso me hace creer que hay momentos en que la mano del Arte emerge de entre el fango de la mediocridad donde se halla enterrado... y alguien parece reconocerlo.
Gracias.
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CortometrajeDocumental
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