Sonatine
6.9
5,157
Drama. Comedia. Thriller
Murakawa no es solamente un gángster, sino uno especialmente violento y agresivo. Es todo lo imprudente que uno puede esperarse de un yakuza o incluso más, y ha conseguido buenas influencias. Pero empieza a estar cansado de su estilo de vida, quiere cambiar. Varios yakuzas de Tokio son enviados a Okinawa para ayudar a terminar una guerra entre gángsters. El conflicto se intensificará y Murakawa se convertirá en una pieza fundamental. (FILMAFFINITY) [+]
26 de enero de 2009
26 de enero de 2009
3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sonatine es en pocas palabras una obra maestra del director japones, de este maestro del cine moderno llamado Takeshi Kitano.
Es mi preferida por muchos motivos, diré los que me vienen a la cabeza ahora mismo.
Porque ya a principios de los noventa en películas como en esta o en Boiling point, Kitano dejaba bien a las claras, toda esa magia que se plasmaría con absoluta rotundidad en El verano de Kikujiro, Hana-Bi o Dolls. Pero en Sonatine es en la que se produce una mezcla perfecta y compleja. Una mezcla de la poesía natural, el mar, la arena, la esencia, la belleza, la calma, con la poesía de la muerte, de la sangre, de la tormenta, de la tempestad.
Porque se muestra por primera vez en su filmografía un Kitano autentico, humano. Y es aquí donde el personaje se hace con el y lo atrapa. Es entonces cuando no sabes que puede pasar por su cabeza. Un rol que ha acompañado al director japones a lo largo de su carrera. Rol que después de unos cuantos años llevándolo a sus espaldas, le ha servido para la reflexión interna y la introspección. Rol con el que ha podido meditar, y se ha reído de si mismo, y nosotros hemos reído con el. Como en Takeshis' o El verano de Kikujiro.
Es mi preferida por muchos motivos, diré los que me vienen a la cabeza ahora mismo.
Porque ya a principios de los noventa en películas como en esta o en Boiling point, Kitano dejaba bien a las claras, toda esa magia que se plasmaría con absoluta rotundidad en El verano de Kikujiro, Hana-Bi o Dolls. Pero en Sonatine es en la que se produce una mezcla perfecta y compleja. Una mezcla de la poesía natural, el mar, la arena, la esencia, la belleza, la calma, con la poesía de la muerte, de la sangre, de la tormenta, de la tempestad.
Porque se muestra por primera vez en su filmografía un Kitano autentico, humano. Y es aquí donde el personaje se hace con el y lo atrapa. Es entonces cuando no sabes que puede pasar por su cabeza. Un rol que ha acompañado al director japones a lo largo de su carrera. Rol que después de unos cuantos años llevándolo a sus espaldas, le ha servido para la reflexión interna y la introspección. Rol con el que ha podido meditar, y se ha reído de si mismo, y nosotros hemos reído con el. Como en Takeshis' o El verano de Kikujiro.

Takeshi Kitano
Porque gozo de cada mirada perdida, de cada gesto del maestro, de cada broma, de cada silencio.
Porque al maestro Kitano le acompañan un grupo de actores que dan la talla. Mención especial merece el eterno compañero de este, Susumu Terajima.
Porque gracias a una historia diferente al resto, podemos ver a la yakuza desde otro punto de vista, siguiendo la senda de lo tradicional. Pasear y jugar en la playa siempre es mas divertido cuando eres consciente de que en cualquier momento, puedes tener una bala alojada en la cabeza.
Y porque Sonatine es una composición de cosas simples de la vida, de lo que somos, de lo que hacemos. No se trata solamente de viajar a un lugar alejado del mundo, sino de encontrarnos a nosotros mismos. Y al mismo tiempo una composición de la sin razón, de la oda a la violencia, y finalmente aun saliendo victoriosos, cuando pase el monzón, nos veremos sin esperanzas, veremos el vació de la vida y de nuestra propia existencia. Es entonces cuando la muerte pasara a recogernos, pues ya no quedara ningún motivo para vivir.
Porque al maestro Kitano le acompañan un grupo de actores que dan la talla. Mención especial merece el eterno compañero de este, Susumu Terajima.
Porque gracias a una historia diferente al resto, podemos ver a la yakuza desde otro punto de vista, siguiendo la senda de lo tradicional. Pasear y jugar en la playa siempre es mas divertido cuando eres consciente de que en cualquier momento, puedes tener una bala alojada en la cabeza.
Y porque Sonatine es una composición de cosas simples de la vida, de lo que somos, de lo que hacemos. No se trata solamente de viajar a un lugar alejado del mundo, sino de encontrarnos a nosotros mismos. Y al mismo tiempo una composición de la sin razón, de la oda a la violencia, y finalmente aun saliendo victoriosos, cuando pase el monzón, nos veremos sin esperanzas, veremos el vació de la vida y de nuestra propia existencia. Es entonces cuando la muerte pasara a recogernos, pues ya no quedara ningún motivo para vivir.
23 de enero de 2014
23 de enero de 2014
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es con diferencia de las peores cintas que he visto de Takeshi, aburrida como ella sola, con escenas bastante tontas e infantiles y tiroteos que dan risa. La historia no me ha gustado nada, al menos lo poco que me he enterado. Con lo único que me quedo es con la bso, bastante chula, lo demás de pena.
Aún así no digo que sea mala ni mucho menos, simplemente que a mí no me ha gustado nada.
Aún así no digo que sea mala ni mucho menos, simplemente que a mí no me ha gustado nada.
7 de febrero de 2015
7 de febrero de 2015
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Primera película 100% de yakuzas de Takeshi Kitano. Igual que sucede con Takashi Miike se le etiqueta cómo director de cine yakuza junto a otros como Kinji Fukasaku (que sí lo es) cuando en realidad Kitano de sus 16 películas hasta ahora sólo ha dirigido cuatro sobre yakuzas. Lo que ocurre con Miike y Kitano es que en casi todas sus películas aparecen yakuzas, pero un bajo porcentaje de sus películas les tienen como tema principal, son directores que hacen películas con yakuzas, no sobre yakuzas.
El título hace referencia a la sonatina musical; según Kitano con esta película tuvo la sensación de haber alcanzado su primer nivel de aprendizaje como director (lo que para un músico podría ser componer una sonatina), con ella entendió que ya dominaba los aspectos básicos cinematográficos y en adelante podría escoger hacia donde encaminar su carrera en busca de la maestría.
Yo en esto no estoy de acuerdo con Kitano, si en la intención, pero pienso que su primera película, “Violent cop” ya puede considerarse perfectamente cómo una sonatina, y que con “Sonatine” crea su primera sonata por todo lo alto, no es su primera buena obra, las dos anteriores ya lo fueron, “Sonatine” es mucho más, es su primera obra maestra, con la que consigue dominar por completo su faceta cómo director, actor, montador y guionista.
El título hace referencia a la sonatina musical; según Kitano con esta película tuvo la sensación de haber alcanzado su primer nivel de aprendizaje como director (lo que para un músico podría ser componer una sonatina), con ella entendió que ya dominaba los aspectos básicos cinematográficos y en adelante podría escoger hacia donde encaminar su carrera en busca de la maestría.
Yo en esto no estoy de acuerdo con Kitano, si en la intención, pero pienso que su primera película, “Violent cop” ya puede considerarse perfectamente cómo una sonatina, y que con “Sonatine” crea su primera sonata por todo lo alto, no es su primera buena obra, las dos anteriores ya lo fueron, “Sonatine” es mucho más, es su primera obra maestra, con la que consigue dominar por completo su faceta cómo director, actor, montador y guionista.

Takeshi Kitano
La manera en la que está montada también recuerda a una sonata, en tres partes, la primera en fortissimo (todo el ambiente criminal, la violencia y el ritmo potente), la segunda un scherzo (en el que los personajes están en la playa, juegan y son felices por primera y única vez en la película) y culmina con un adagio (momento en el que todo cobra mucha mayor trascendencia y se ve el resultado de las dos primeras partes).
Kitano está espectacular, una de las mejores interpretaciones de su carrera sin lugar a dudas, está realmente impresionante. Y Susumu Terajima, eso ya son palabras mayores, su primera interpretación por encima del bien y del mal, absolutamente perfecta, la película con la que se empezó a fraguar el coloso en el que se convertiría.
La banda sonora de Hisaishi es también de las mejores de su carrera (inolvidable tema principal), igual que ocurre con la fotografía de Katsumi Yanagishima, directora de fotografía de Kitano excepto en la primera película y que siguió hasta llegar a “Outrage” (otro de los motivos por los que Kitano ha decaido, porque se está alejando de todos los que le hicieron grande, por no estar no está ni Susumu Terajima en “Outrage”, quizás la última clave de su cine aparte del mismo Kitano que aún seguía a su lado).
Kitano está espectacular, una de las mejores interpretaciones de su carrera sin lugar a dudas, está realmente impresionante. Y Susumu Terajima, eso ya son palabras mayores, su primera interpretación por encima del bien y del mal, absolutamente perfecta, la película con la que se empezó a fraguar el coloso en el que se convertiría.
La banda sonora de Hisaishi es también de las mejores de su carrera (inolvidable tema principal), igual que ocurre con la fotografía de Katsumi Yanagishima, directora de fotografía de Kitano excepto en la primera película y que siguió hasta llegar a “Outrage” (otro de los motivos por los que Kitano ha decaido, porque se está alejando de todos los que le hicieron grande, por no estar no está ni Susumu Terajima en “Outrage”, quizás la última clave de su cine aparte del mismo Kitano que aún seguía a su lado).

Aya Kokumai & Takeshi Kitano
Todo en “Sonatine” es magnífico, en todos los aspectos es maravillosa, y de nuevo cómo no, en su ambientación y en especial en esas secuencias en la playa, de lo más hermoso que ha filmado Kitano, en cuanto al recuerdo de la infancia, de la juventud, de la felicidad, la alegría de vivir y la amistad.
Una obra maestra repleta de momentos grandiosos, compacta, potente, hermosa, sensible y con un perfecto dominio del tempo.
Una obra maestra repleta de momentos grandiosos, compacta, potente, hermosa, sensible y con un perfecto dominio del tempo.
2 de marzo de 2017
2 de marzo de 2017
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"A veces tienes tanto miedo que te asusta la muerte".
Demoledora sentencia lanzada por el protagonista en una escueta conversación que sin embargo resulta ser la más importante y trascendente del film, a la vez resumen del concepto del mismo.
¿Puede un asesino, un hombre aparentemente desprovisto de sentimientos, o con una capacidad enorme para esconderlos ante el mundo que le rodea, un hombre implacable dispuesto a no rendirse ante nada, temer a algo o a alguien?, ¿sentir soledad, melancolía, tristeza...o terror? Takeshi Kitano, colmado de ingenio, nos ofrece una perfecta demostración de ello en "Sonatine", su cuarta obra como cineasta tras el delicado y ciertamente extraño drama "A Scene at the Sea" y una de las más memorables de su carrera, siendo también la que empezó a otorgarle reconocimiento internacional a partir de su exitosa presentación en Cannes.
Todo esto cuatro años antes de que conquistara definitivamente el Mundo con "Hana-bi". Con una premisa que giraba en torno a cuatro conceptos básicos (unos yakuzas han de ir a un sitio, llegan a ese sitio, el protagonista se dispara en la cabeza y un tiroteo final), el nipón parece que quisiera combinar sus dos trabajos "Boiling Point" y "A Scene at the Sea" (en temática y estilo) y nos sumerge de lleno en los entresijos de los letales clanes japoneses metiéndose una vez más en la piel de un gángster.
Demoledora sentencia lanzada por el protagonista en una escueta conversación que sin embargo resulta ser la más importante y trascendente del film, a la vez resumen del concepto del mismo.
¿Puede un asesino, un hombre aparentemente desprovisto de sentimientos, o con una capacidad enorme para esconderlos ante el mundo que le rodea, un hombre implacable dispuesto a no rendirse ante nada, temer a algo o a alguien?, ¿sentir soledad, melancolía, tristeza...o terror? Takeshi Kitano, colmado de ingenio, nos ofrece una perfecta demostración de ello en "Sonatine", su cuarta obra como cineasta tras el delicado y ciertamente extraño drama "A Scene at the Sea" y una de las más memorables de su carrera, siendo también la que empezó a otorgarle reconocimiento internacional a partir de su exitosa presentación en Cannes.
Todo esto cuatro años antes de que conquistara definitivamente el Mundo con "Hana-bi". Con una premisa que giraba en torno a cuatro conceptos básicos (unos yakuzas han de ir a un sitio, llegan a ese sitio, el protagonista se dispara en la cabeza y un tiroteo final), el nipón parece que quisiera combinar sus dos trabajos "Boiling Point" y "A Scene at the Sea" (en temática y estilo) y nos sumerge de lleno en los entresijos de los letales clanes japoneses metiéndose una vez más en la piel de un gángster.

Takeshi Kitano
Murakawa, un tipo leal, conciso, feroz cuando la situación lo requiere y no obstante deseoso de abandonar esa vida de peligro, tiene orden de ir a la bella Okinawa (lugar que ejerce una fascinación especial en el cineasta, donde ya rodó anteriormente) junto a sus hombres para mediar en una "amistosa" disputa entre dos familias, los Nakamatsu y los Anan; la misión se perfila a todas luces sencilla, pero sufrirá un revés inesperado. La primera media hora está dominada por la oscuridad, la violencia, la hosquedad, y nos revela a qué se dedican los yakuza, sus negocios y sus protocolos dentro de la familia y qué son realmente; seres humanos dominados por una violencia inevitable, que les insensibiliza y transforma en despiadadas criaturas, una violencia con la que conviven y mueren.
Una violencia la cual dejan pasar a través suyo en tanto que la reconocen, la hacen vivir y le dan un nuevo impulso con los mismos medios que emplean para intentar frenarla. La desasosegante escena del puerto en la que Murakawa profiere indiferente "Vaya, ha muerto...no importa" observando al tipo al que torturaban, ya ahogado, lo ejemplifica a la perfección. Pero esto sólo sirve para que conozcamos a los personajes y situarnos en un escenario que pronto abandonaremos, ya que la introducción es un mero pretexto para mostrar la relación entre seres humanos, la manifestación de los profundos sentimientos frente a la imperante e inevitable violencia.
Una violencia la cual dejan pasar a través suyo en tanto que la reconocen, la hacen vivir y le dan un nuevo impulso con los mismos medios que emplean para intentar frenarla. La desasosegante escena del puerto en la que Murakawa profiere indiferente "Vaya, ha muerto...no importa" observando al tipo al que torturaban, ya ahogado, lo ejemplifica a la perfección. Pero esto sólo sirve para que conozcamos a los personajes y situarnos en un escenario que pronto abandonaremos, ya que la introducción es un mero pretexto para mostrar la relación entre seres humanos, la manifestación de los profundos sentimientos frente a la imperante e inevitable violencia.

Takeshi Kitano
Y sobre todo y por encima de todo el deseo de una vida mejor, más sencilla, mas digna (antes del tiroteo, Murakawa observa en silencio a unos jóvenes que entran al bar a tomarse unas cervezas; su mirada lo dice todo). Allí, en una casa apartada en la playa, los yakuza luchan al sumo (referencia a "Takeshi's Castle"; algunos episodios del programa se rodaron en Okinawa), juegan con frisbees, con cohetes (que reaparecerán en "Hana-bi"), hacen chistes, bailes tradicionales (genial esa escena de la parodia de la danza clásica con Uechi, Ken y Ryoji), se burlan de la vestimenta de Katagiri, algunos caen en agujeros en la arena preparados por Murakawa, quien llega a enamorarse de una chica (una imponente Aya Kokumai) a la que salva de un repugnante individuo.
En realidad, el cineasta se inspira en un film que había visto hace poco y le fascinó, el "Mediterráneo" de Gabriele Salvatores, proponiendo sólo un leve giro a una trama que por lo demás comparte todos sus elementos: cambiar a los soldados abandonados por yakuzas y un desenlace trágico. Sin embargo, este intenso anhelo de paz y tranquilidad se encuentra todo el tiempo bajo el signo de una amenaza constante, el signo de la muerte. Signo que perseguirá al protagonista en forma de sueño en el que se suicida y que acaba encarnado la figura de un asesino anónimo disfrazado de pescador, quien devolverá a los personajes al infierno de crimen y odio del que procedían.
Para un yakuza la redención y la paz únicamente se pueden lograr en la muerte, ya que son imposibles de alcanzar en vida, todo ello mientras el bueno de Kitano se sirve de su particular estilo (planos frontales, incómodo estatismo, largos silencios atravesados de estallidos de violencia, mínimos diálogos, ácido humor negro, momentos de puro surrealismo). Así, "Sonatine" se destapa como una brillante introspección intimista y psicológica en el género de gángsters, como nunca se había hecho, a la vez que deconstrucción absoluta del mismo. Una historia que fusiona la más bella y sentimental poesía con una truculenta y descarnada violencia.
Donde realmente, lo que se alza por encima de ese mundo infernal de tiros, sangre, honor corrupto y venganza, es la añoranza de un tiempo que fue mejor, la recuperación de la inocencia (esa ruleta rusa orquestada por Murakawa y convertida en un juego de niños al son del "piedra, papel, tijera"), de la despreocupación, de la verdadera amistad, e incluso del amor apasionado. Acompañado de la excelente música de Joe Hisaishi (en su segunda colaboración) y de la fotografía de Katsumi Yanagishima en el equipo técnico, y de los geniales Tetsu Watanabe, Ren Osugi, Kenichi Yajima, Masanobu Katsumura y un Susumu Terajima sorprendente en el equipo artístico, el director daría vida a la primera obra maestra de las muchas que ocuparían su carrera.
Trágica, descorazonadora y sensible, atroz y tierna; el rojo de la sangre, el blanco de la Luna y el azul del mar componen su sinfonía.
Inolvidable la onírica escena del disparo en la cabeza, al igual que las interpretaciones de Kitano y Terajima. Imprescindible, y no sólo para fans del director, que da saltos gigantes en su carrera.
En realidad, el cineasta se inspira en un film que había visto hace poco y le fascinó, el "Mediterráneo" de Gabriele Salvatores, proponiendo sólo un leve giro a una trama que por lo demás comparte todos sus elementos: cambiar a los soldados abandonados por yakuzas y un desenlace trágico. Sin embargo, este intenso anhelo de paz y tranquilidad se encuentra todo el tiempo bajo el signo de una amenaza constante, el signo de la muerte. Signo que perseguirá al protagonista en forma de sueño en el que se suicida y que acaba encarnado la figura de un asesino anónimo disfrazado de pescador, quien devolverá a los personajes al infierno de crimen y odio del que procedían.
Para un yakuza la redención y la paz únicamente se pueden lograr en la muerte, ya que son imposibles de alcanzar en vida, todo ello mientras el bueno de Kitano se sirve de su particular estilo (planos frontales, incómodo estatismo, largos silencios atravesados de estallidos de violencia, mínimos diálogos, ácido humor negro, momentos de puro surrealismo). Así, "Sonatine" se destapa como una brillante introspección intimista y psicológica en el género de gángsters, como nunca se había hecho, a la vez que deconstrucción absoluta del mismo. Una historia que fusiona la más bella y sentimental poesía con una truculenta y descarnada violencia.
Donde realmente, lo que se alza por encima de ese mundo infernal de tiros, sangre, honor corrupto y venganza, es la añoranza de un tiempo que fue mejor, la recuperación de la inocencia (esa ruleta rusa orquestada por Murakawa y convertida en un juego de niños al son del "piedra, papel, tijera"), de la despreocupación, de la verdadera amistad, e incluso del amor apasionado. Acompañado de la excelente música de Joe Hisaishi (en su segunda colaboración) y de la fotografía de Katsumi Yanagishima en el equipo técnico, y de los geniales Tetsu Watanabe, Ren Osugi, Kenichi Yajima, Masanobu Katsumura y un Susumu Terajima sorprendente en el equipo artístico, el director daría vida a la primera obra maestra de las muchas que ocuparían su carrera.
Trágica, descorazonadora y sensible, atroz y tierna; el rojo de la sangre, el blanco de la Luna y el azul del mar componen su sinfonía.
Inolvidable la onírica escena del disparo en la cabeza, al igual que las interpretaciones de Kitano y Terajima. Imprescindible, y no sólo para fans del director, que da saltos gigantes en su carrera.
2 de septiembre de 2021
2 de septiembre de 2021
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Necesito que alguien me cuente esta película. La vi por primera vez en su día y no recuerdo si me gustó. La vuelvo a ver al cabo de los años y me doy cuenta de que no me he enterado de casi nada. Lo único que queda claro es que en la yacuza se matan entre ellos. ¿Por qué? Por poder. ¿Pero quién es quién? Ni idea.
Si a eso se unen los tantísimos jueguecitos de los asesinos en la playa, algo que en la intención de Kitano, que es un cómico profesional, tendría que hacer gracia, lo siento, ni una sonrisa.
Es una película vacía, eso es quizá lo que mejor la define.
Que está rodada con habilidad, claro, pero para no decir nada.
Está bien que no haya diálogos superfluos, pero, por favor, algunos sí son necesarios. Aquí se pasa de la impasibilidad al tiro.
Si a eso se unen los tantísimos jueguecitos de los asesinos en la playa, algo que en la intención de Kitano, que es un cómico profesional, tendría que hacer gracia, lo siento, ni una sonrisa.
Es una película vacía, eso es quizá lo que mejor la define.
Que está rodada con habilidad, claro, pero para no decir nada.
Está bien que no haya diálogos superfluos, pero, por favor, algunos sí son necesarios. Aquí se pasa de la impasibilidad al tiro.
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