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Míralos morir

Thriller Cuando el viejo actor Byron Orlock comprueba que la vida real supera con creces la violencia de sus películas de terror, decide abandonar el cine. Sin embargo, el joven y ambicioso director Sammy Michaels lo convence para interpretar un último papel, muy distinto a los habituales. Mientras tanto, un veterano del Vietnam, que había sido siempre un hombre amable y cordial, empieza a sentir una enfermiza fascinación por las armas. En un ... [+]
Críticas 30
Críticas ordenadas por utilidad
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7
13 de junio de 2021 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una estética claramente 'setentera' con una trama algo compleja, no tanto por el sentido de lo que cuenta, sino por los propósitos que anidan en los protagonistas para comportarse como se comportan. Bajo una aparente jovialidad se esconde algo oscuro, no sólo oculto, que también, sino algo que no se quiere manifestar, un propósito poco claro que es, qué duda cabe, el desencadenante de la película.
Dos historias paralelas, una con cierta parte paródica con una cierta mecánica restrospectiva, y otra más lineal y actual dedicada a mostrar la incomprensión de la violencia y la falta de lugar en el mundo de determinados seres desencantados con el tiempo y lugar en el que viven, sin saber tampoco por qué.
No se sabe en qué momento se van a juntar, porque no hay duda que así será, y, sobre todo, la película genera una intriga sobre cómo va a ser el desenlace, aunque deja pistas sobre cuál va a ser. Este es el argumento que justifica el concepto thiller de la cinta,
Debut en la dirección para Bogdanovich luego más considerado como estudioso del cine y documentalista que como director. No excesivamente prolífico, lo encuadro más en los heterodoxos malditos que en los directores del sistema de estudio.
Interesante, sin más. Me ha gustado pero no es lo que consideraría una gran película. Se deja ver, sin más. Es interesante, pero no es el tipo de película que volvería a ver otra vez.
8
26 de abril de 2022 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy interesante película con nostálgicas alusiones al cine del pasado y que permite diversas lecturas, tales como las variaciones en el género del terror, aproximaciones meta-cinematográficas, sociológicas y psiquiátricas.
Peter Bogdanovich nos cuenta una atrapante historia paralela, que parten juntas, luego se distancian y terminan reuniéndose nuevamente en una solución muy efectiva del director. Lo que ocurre en el desarrollo de la cinta, es un relato a dos bandas.

Por un lado, la trama de un joven y dinámico cineasta (admirador de una gloria del cine terror de antaño), aquí interpretado por el propio Bogdanovich y el viejo actor, figura mítica del cine clásico, caracterizado por Boris Karloff, de manera brillante, como interpretándose a sí mismo. Ya se considera cansado y un producto de un cine pretérito y desfasado, por lo tanto, sólo quiere retirarse en paz, pese a la insistencia del novel director que trata de convencerlo para hacer su última película. Da gusto ver a este verdadero ícono del género en un papel tan diferente a los clásicos roles que lo hicieron inmortal en ese cine que asustó a medio mundo. Con dosis de humor negro, mostrando esa fragilidad física propia de su edad y algo cascarrabias, Karloff muestra una naturalidad asombrosa en su representación, rodeada de simpáticos diálogos con su secretaria.

Por el otro lado, la situación de un joven de clase media de la familia ideal norteamericana, en la cual se muestra esa felicidad aparente, pero que, en el fondo, es una estructura frágil y este personaje algo siniestro esconde detrás de esa aparentemente tranquila y ejemplar fachada, de "buen hijo y vecino". Desde que aparece en escena, ya sospechamos algo. ¿Qué pasa con este joven enajenado que de repente sale a disparar a todo lo que se mueve, sin motivos aparentes? Es claramente una personalidad psicopática y además -tal como vemos en la escena final- sin consistencia, endeble. Admirador de las armas, por influjo de su padre, con quien salen a prácticas de tiro y a cazar, no sabemos si pertenecen a la Asociación Nacional del Rifle (tan importante en USA y alguna vez presidida por Charlton Heston), pero un afiche de esta organización aparece en la tienda de venta de armas y municiones.

¿Crítica social velada de Bogdanovich a una sociedad violenta como la estadounidense? En la que el peligro se encuentra a la vuelta de la esquina e incluso, puede hallarse en el seno plácido de un hogar típico de dicho sistema social, mostrado habitualmente como el paradigma de lo deseable.
Inevitable recordar, en este punto, el magnífico documental “Bowling for Columbine”, de Michael Moore y su incisiva crítica a esa cultura de las armas y de la violencia.
No en vano, además, la película que nos ocupa está basada libremente en los asesinatos de agosto de 1966, perpetrados por Charles Whitman, situado como francotirador en lo alto de una torre en el campus de la Universidad de Texas, desde donde dispara contra varios estudiantes.

Otro mensaje que nos comunica el director: el terror antiguo ya no asusta como antes, aunque los cinéfilos seguimos viendo esas películas como algo entrañable y nostálgico. Y se sabe que son fantasía y misterio, pero no más que eso. En cambio, nos dice esta película, el terror de hoy procede de un mundo real, violento, sin concesiones, el que ahora puede causar verdadero pánico y no va a "matar" a la gente sólo del susto, sino de verdad. Esa realidad puede estar presente en las calles, un supermercado, un parque, en el cotidiano de cualquiera, personificada en sujetos en apariencia normales (no disfrazados de monstruos), pero asesinos potenciales y reales. Esa realidad es la que ahora atemoriza.

La película tiene estupendas tomas panorámicas que nos permiten observar la fría preparación que hace el francotirador de sus armas y mira telescópica para disparar a cualquiera que vaya en los vehículos en la autopista. Les dispara haciendo puntería como si fueran las latas en el campo junto a su padre. Y después los disparos en el autocine, oculto por la oscuridad del recinto, provocando el caos y la desesperación de la gente, para llegar a un desenlace muy bien elaborado y, en cierto modo, sorpresivo. El viejo monstruo ha triunfado sobre el nuevo terror que campea en la urbe. Pero ¿por cuánto tiempo?
Algunos detalles del guión en spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Se puede interpretar como ciertos vacíos aparentes en el guión -que tal vez no interese despejar mucho en aras de la trama principal- como ¿Qué pasa con el padre al descubrir a toda su familia asesinada en su casa? ¿Qué pasa con la policía y los vehículos atacados en la autopista, no le sigue la pista al francotirador? Está claro, no es una película policial propiamente tal y ese no es el tema de fondo, por lo que se deja pasar y son considerados detalles. La trama es otra. De acuerdo.
7
13 de junio de 2022 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tiene más de 60 años y se mantiene relativamente bien, algo torpe, pero bien. Además en un tema de permamente y desgraciada actualidad como son los tiroteos en EEUU.
La producción se nota algo rancia, ajada y escasa de medios. El paso del tiempo le ha afectado un poco.
De la dirección hay que destacar el montaje que hace, cómo superpone las dos historias. También hay que señalar una cierta personalidad en el manejo de la imagen, en lo que es el lenguaje cinematográfico y especialmente en los primeros planos y en la forma de enfocar. No es vulgar, imprime un intenso ritmo y está muy centrada en la conducta del psicópata. El antes, el durante y el después de los asesinatos.
La historia tiene dos tramas muy diferentes. La primera, que es secundaria, trata de la decadencia y jubilación de un famoso actor (Boris Karloff). La segunda, la principal, aborda el problema de las personas aparentemente normales que, de un momento a otro, se transforman en un psicópata criminal y se dedican a asesinar a todo el que se le pone por delante, familia incluida. Las dos tramas confluyen al final de la película, en el desenlace.
Esta narrada con mucha frialdad, pura descripción de la maldad sin entrar en ningún otro analisis ni tomar partido. Que cada uno saque sus propias consecuencias. Es casi como un documental sobre esta clase de criminales. Una denuncia de la realidad.
Los protagonistas están bien, especialmente Boris Karloff, aunque tampoco es que se les exija mucho.
10
4 de octubre de 2022 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Francis Ford Coppola, Arthur Penn, Stanley Kubrick, Sydney Pollack, Peter Bogdanovich, Martin Scorsese, Sergio Leone, Bernardo Bertolucci, Woody Allen, Roman Polanski, Michael Cimino, George Roy Hill, Bob Fosse, Alan J. Pakula, Milos Forman, John Cassavetes, Terrence Malick o Robert Altman cambiaron el cine para siempre, lo revolucionaron y ya no hubo vuelta atrás. Para mí, la mejor generación de cineastas de la historia que hizo posible la mejor década del cine, la de los años 70.

Peter Bogdanovich es uno de los más grandes de mi generación favorita y, por tanto, de toda la historia del cine. Lo mejor del maestro es que fue cinéfilo antes que crítico y crítico antes que director. Llega de estar sentado en la platea viendo cine para hacer películas con una formación, una cultura, un bagaje y un saber sobre el Séptimo Arte portentoso. Y eso le otorga un plus. Suyas son dos de las mejores películas que hayan existido nunca: “La última sesión” y “Luna de papel”.

Su ópera prima fue “El héroe anda suelto” (espantoso y estúpido título en castellano de “Targets”), donde ya anunciaba la grandeza inabarcable de su filmografía. Se trata de dos historias que van evolucionando paralelamente hasta que finalmente se cruzan. Una de ellas representa un homenaje al cine de terror clásico y está protagonizada por el mismísimo Boris Karloff; la otra es referencia iniciática del psicothriller contemporáneo que echa a andar con esta cinta sobre un ciudadano normal y corriente que comienza a disparar sobre la gente sin causa ni objetivo alguno.

La estética, el movimiento de la cámara, el lenguaje setentero del cine que tanto adoro y que está por encima de todo para mí tiene su tratado primigenio en esta cinta de Peter Bogdanovich, magistral e insuperable. El guión, un alarde y homenaje al mejor Alfred Hitchcock, manejando los resortes de la intriga en idéntico sentido, y un soberbio uso del montaje (de los mejores que haya visto nunca) hacen de esta obra maestra una pieza perfecta de orfebrería cinéfila.

Dicho sea de paso, como es propio de Bogdanovich, su película no tiene música original, lo cual acentúa,por el ominoso silencio que desprenden ciertas escenas, aún más la tensión.
9
16 de mayo de 2023 1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Acabo de revisitar este film y me ha gustado igual o más que cuando lo vi hace mucho. Targets: blancos, o dianas. Y aquí decidieron ponerle ese título estúpido donde los hay, con el que ya tenemos que cargar para siempre. Habría que hacer un dossier de buenas películas con un título original correcto, para las que algún distribuidor (le había puesto un adjetivo pero lo he borrado para no insultar a nadie) buscó un título idiota para su exhibición en España: hay bastantes.

Esta película, de impecable pulso narrativo y sin estridencias musicales de las que tantísimo se abusó y se abusa hasta ser cargante y llegar a tapar a veces los diálogos, se basó en el personaje real de Charles Whitman, un ex-marine de Texas, asesino múltiple. Parece que la película es bastante fiel en su fondo. La elección del actor Tim O'Kelly, que está excelente, obedeció también al perfil físico de aquel asesino, con su amigable cara de buen chico. Sobre el personaje real de Charles Whitman, cuando fue abatido por la policía en la misma torre de la Universidad de Texas en Austin, donde había asesinado a 19 personas y herido a muchas otras en aquel uno de agosto de 1966, parece que en su autopsia se le encontró un glioblastoma, tumor cerebral que dicen pudo ser causante de la falta de control sobre sus emociones y acciones. Pero desde entonces ha habido, sobre todo en Estados Unidos, muchos asesinos que disparan indiscriminadamente y no tenían tumor.

Yo más bien creo que la posesión de un arma da un sentimiento de poder que en algunas personas, según su psicología y situación, debe provocar el deseo irresistible de matar. Si, además, se vive en un país donde cualquiera puede conseguir armas de fuego sin problema ninguno, el horror está servido como se ha demostrado desde entonces con demasiada frecuencia, y parece que cada vez más; incluso se está extendiendo a otros países. La película te dice que estos son algunos de los verdaderos monstruos (y son bien reales), y no el inocente fantaterror que tantas veces interpretó Boris Karloff, excelente aquí en su última película.
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