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Polvo serán

Drama. Romance. Musical Tras ser diagnosticada con una enfermedad terminal, Claudia decide emprender su último viaje a Suiza. Allí podrá decidir cómo y cuando terminar su vida gracias a la ayuda de una asociación de suicidio asistido. Flavio, que no se ha separado de ella en más de cuarenta años, decide unirse a este viaje sin retorno. Violeta, mientras tanto, se convierte en mediadora involuntaria entre sus padres y todo lo que dejan atrás, al tiempo que ... [+]
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8
8 de diciembre de 2024 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Idea motora: Hay personas que no esperan nada de la vida cuando su pareja muere. Ese amor no se pierde con la muerte de la pareja, ni con la suya propia, por lo que morir juntos no es solo una acto de desesperación y de miedo al futuro, sino una elección. No continuar viviendo es morir en plenitud, es morir enamorado.

Como se lleva al cine. Narra la historia de una pareja, ella actriz, el director de teatro, y de su amor, profundo, un vendaval que barrió sus vidas pasadas, un amor que supuso el comienzo de una nueva vida pesara a quien pesara. La enfermedad terminal de ella y su decisión de recibir asistencia para morir sin sufrimiento enfrenta a su compañero al dilema de morir junto a su amada, como una moderno Romeo, o seguir viviendo una vida si ella que duda que le interese.

Guion, dirección, interpretación, banda sonora. La película puede tomar su título de un verso de un soneto de Quevedo en donde los últimos versos son "serán ceniza, mas tendrá sentido; / polvo serán, mas polvo enamorado". El texto está enormemente cuidado y es bello y sutil. Refleja como el personaje interpretado por Alfredo Castro proporciona sentido al deseo de morir junto a su amada, aún cuando ello supone el abandono de las personas que le aman y el negarse a un futuro en el que puede encontrar satisfacciones personales, profesionales, sexuales incluso un nuevo amor. La interpretaciones de Alfredo, Ángela Molina y Mónica Almirall son magníficas, llenas de sutileza, ironía y fatalidad. La película intercala danza moderna y coreografías algunas que parecen inspiradas en movimientos sincopados zombis o coreografías de Esther Williams. La narración se mueve en dos planos, el de los sentimientos que despierta en su círculo familiar la enfermedad terminal del personaje interpretado por Ángela y el del procedimiento de la muerte asistida. Curiosamente, este tratamiento es diametralmente opuesto, uno lleno de sugerencias y el otro completamente explícito, casi en clave de documental.
¿Cuál de los dos enfoques me parece más adecuado a la historia narrado? A mi modo de ver el menos explícito, el que refleja como cada uno de los personajes se enfrentan a la idea de que la pareja de enamorados ponga fin a su vida de manera simultánea, como una Romeo y Julieta de la tercera edad. Por el contrario la parte en donde se describe el polvo enamorado me parece documentalista y demasiado explícito. Yo no le veo más sentido que justificar el título, tal vez un homenaje a Quevedo.

Imágenes que quedarán en mi memoria. El,momento en el que la hija que tuvieron en común describe la situación creada por la enfermedad de su madre. El número musical de la representación teatral tras la boda. El cuadro en donde una calavera muerde a su víctima. El encuentro sexual de la pareja de enamorados.

Conclusión. Una película notable, con un texto y unas interpretaciones brillantes, motivadoras, sugerentes. Una película que traspasa el tema de la eutanasia para adentrarse en las razones que hacen a una persona no sentirse interesado por un futuro si no es al lado de la persona que ama. Unas razones que solo se esbozan, que se contradicen por otros personajes de esta ambiciosa historia. A mi modo de ver, el plano más documentalista lastra la película, la hace perder el ritmo emocional que proporciona el texto y la interpretación y, apaga el aliento del polvo enamorado.
5
16 de febrero de 2025 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La música amansa a las fieras, cura heridas, ablanda el corazón y hace un largo etcétera de cosas que la convierten en una de las mejores cosas de la vida. Ahora bien, tengo mis dudas sobre musicalizar ciertas tramas en películas.

Es curioso como ha coincidido en tiempo y forma con otra película que ha dado mucho más que hablar como ‘Emilia Pérez’ cuando lo cierto es que, cuando se mete en faena, ‘Polvo serán’ es mucho más película que la aclamada polémica de Netflix. El único problema que tiene es que no soy su público objetivo: Para mi gusto, es una película demasiado experimental, demasiado artística que me saca por completo de lo que en un principio estaba viendo. Eso no dista de que no sea capaz de reconocer que estamos ante una película valiente y arriesgada, pero también que asume ciertos riesgos con los que no me terminan de casar las cosas.

Ángela Molina está inmensa, bestial, sensacional y no me puedo creer que los miembros de la academia no hayan sido capaces, ni siquiera, de nominarla. Por lo demás, pues no me ha hecho tilín.
Más en: https://alquimistacinefilo.wordpress.com/
9
18 de marzo de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas que acarician la muerte con suavidad, la tratan como un susurro, un adiós poético. Polvo serán no es una de ellas. Carles Marqués-Marcet no se esconde tras la metáfora ni la evasión: nos arrastra hasta el último aliento, nos sumerge en la decisión más radical de todas. No es solo la eutanasia como derecho, como escape al sufrimiento; es el suicidio compartido, la voluntad de no seguir viviendo en un mundo donde el otro ya no existe. Es un pacto con el abismo. Es cine que duele.

Ángela Molina, en un papel que la coloca entre lo sublime y lo insoportable, encarna una mujer que decide cuándo y cómo morir, pero lo que la película realmente pone sobre la mesa es la decisión de quien, aún sano, elige no seguir adelante. Junto a un Alfredo Castro contenido pero igualmente demoledor, y la sorprendente Mònica Almirall, el film construye un relato de silencios que lo dicen todo, de miradas que pesan más que cualquier diálogo. Pero Polvo serán no es solo un drama seco; es un musical espectral, donde la banda sonora de María Arnal y las coreografías de La Veronal funcionan como latidos de un corazón que se apaga. El baile aquí no es celebración, es una despedida.
Marqués-Marcet nos encierra en una habitación donde la muerte es inminente, nos obliga a mirar, a sentir cada instante hasta que la pantalla se llena de un blanco insoportable. Sin grandilocuencias, sin adornos innecesarios, nos deja con una historia que no se olvida, que pesa como una lápida. Polvo serán no es cine cómodo, ni quiere serlo. Es un desafío, un último aliento convertido en obra maestra.
5
15 de agosto de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Cuando el duelo se convierte en comedia negra, el cine respira.” Polvo Serán es una mirada irreverente a la muerte, la familia y los secretos que solo salen cuando alguien se va. Con humor ácido y ternura inesperada, mezcla lo grotesco con lo cotidiano sin perder el pulso emocional.
Lo mejor : Guion afilado que equilibra drama y humor sin caer en clichés.
Lo peor: Algunos giros narrativos se sienten algo forzados, las canciones.
6
Carlos Marques-Marcet nos deslumbró en 2014 con un film imprescindible como “10.000 km” con el que analizaba de manera lúcida la terrible repercusión de la distancia en las relaciones de pareja. Desde entonces, ninguna de sus películas posteriores han estado ni de lejos a ese nivel. Yo pensaba que quizás lo lograría con “Polvo serán”, una década después, pero tampoco. Cinta coetánea con otras dos que tratan el mismo tema de manera inmensamente superior como “Los destellos” de Pilar Palomero y “La habitación de al lado” de Pedro Almodóvar, este paseo por la necesidad de la eutanasia en tono equívoco y forzado de tragicomedia musical no acaba de encontrar el equilibrio adecuado entre tanto giro copernicano que ofrece durante sus 106 minutos.

Quizás porque el guión del propio Carlos Marques-Marcet, Clara Roquet y Coral Cruz no permite reposar al intenso drama que en realidad está contando, se desliza en algún momento de comedia totalmente innecesario que lo aligera sin necesidad y se deja caer en los brazos del musical en varias escenas que realmente no aportan absolutamente nada a la narración y, lejos de ello, apartan al espectador del drama que tiene ante sus ojos en pantalla entre canciones y bailes totalmente prescindibles.
Una pena porque estamos ante una película que no acaba de aprovechar el recital interpretativo de dos monstruos de la dimensión de Ángela Molina y Alfredo Castro como la pareja anciana que decide que van a viajar a Suiza para morir juntos y de forma simultánea, ante la incomprensión y la ira de sus hijos, también magníficamente interpretados por Mónica Almirall, Patricia Bargalló y Alván Prado. Lo actoral es de lejos lo más interesante de esta propuesta cinematográfica, sobre todo en el plano secuencia con el que principia la cinta, lo mejor de lejos de todo lo que veremos y que en algún momento remite al plano secuencia inicial de la maravillosa “10.000 km”.

Desde el punto de vista del musical a cuyo género pretende pertenecer el film en algunos momentos, resulta muy poco lucido por cuanto no acaban de calar ninguno de sus números compuestos por Maria Arnal, aunque sí luce con brillantez de musical clásico estadounidense la dirección de fotografía de Gabriel Sandru.
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