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Polvo serán

Drama. Romance. Musical Tras ser diagnosticada con una enfermedad terminal, Claudia decide emprender su último viaje a Suiza. Allí podrá decidir cómo y cuando terminar su vida gracias a la ayuda de una asociación de suicidio asistido. Flavio, que no se ha separado de ella en más de cuarenta años, decide unirse a este viaje sin retorno. Violeta, mientras tanto, se convierte en mediadora involuntaria entre sus padres y todo lo que dejan atrás, al tiempo que ... [+]
Críticas 25
Críticas ordenadas por utilidad
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6
21 de octubre de 2024
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tuvo su premiere mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), donde ha sido galardonada con el premio Platform.

Cuenta la historia de Claudia Aparicio (Ángela Molina) que tras conocer que padece un tumor cerebral incurable, decide emprender viaje a Suiza donde podrá decidir cómo y cuándo terminar con su vida gracias a la ayuda de la asociación de suicidio asistido.

Su marido Flavio (Alfrendo Castro), director teatral querrá acompañarla en ese viaje, no solo dándole su apoyo sino poniendo también fin a su vida, lo de que hasta la muerte nos separe no parece ir con Flavio.

Ambos creen que han aprovechado su vida al máximo y él no quiere seguir viviendo sin ella.

Organizan una boda, allí su hija en común Violeta, desvela las intenciones de sus padres a sus hermanos, buscando el apoyo de estos para cambiar el curso de los acontecimientos, pero no logra el apoyo de estos.

Aunque el argumento suene un tanto lúgubre y sombrío en realidad es una película donde su eje central es el amor y trasmite luz gracias a los números coreográficos que se intercalan en diferentes momentos del filme y a las pequeñas pinceladas de humor que nos permiten acercarnos a las emociones de esta pareja.
La música y la danza, los utiliza el director para que los personajes expresen lo que con palabras no se puede.

Ya en la primera escena de la película ya atisbamos que se trata de una película arriesgada, Claudia baila en un plano secuencia, un tango perseguido por los sanitarios que intentan calmarla.

Lo que sucede en alguna ocasión durante la película es que estos números musicales te sacan mentalmente de la narración de la película, aunque artísticamente son una maravilla con una banda sonora que corre a cargo de María Arnal, artista, cantante y compositora y las coreografías de la compañía de La Veronal.

El título de la película nos recuerda a una frase del poeta barroco Francisco de Quevedo ‘Polvo serán, pero polvo en el amor’, y las coreografías y las canciones en cierto modo también parecen estar inspiradas en el Siglo de Oro y la época Barroca, pero con un toque a lo Busby Berkeley y el cine musical de Hollywood de los años 40.
El director trata con mucha humanidad a sus protagonistas y no intenta manipular emocionalmente al espectador, no quiere que tomemos partido por ninguno de los personajes, solo que seamos testigos de sus sentimientos.
7
20 de octubre de 2024
19 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás". Es la cita bíblica que se le puede venir a la cabeza tras haber visto la película. Pero poco de bíblico tiene en realidad este largometraje. O quizás mucho.

La respuesta a la desesperación y las falsas esperanzas, al amor idílico y enloquecido, a las decisiones personales, lamentos pasados y disputas sin resolver, todo ello puede verse en un espacio de pocos personajes (la familia) donde la música y la danza juegan un papel esencial.

Y es el momento familiar en que el espectador conecta con la trama a la perfección. Porque pone sobre la mesa el tema en cuestión y donde el abanico variopinto de respuestas se abre: mutismo, expectación, incredulidad, rabia, miedo, asfixia... La "falta de aire", tan comentada entre dos personajes, en lo vital y en el pensamiento de una muerte próxima.

Porque hablar de la muerte te asfixia. Te corroe la garganta tanto, que no eres capaz de mi mencionarla. Porque el duelo tiene su fase de (no) aceptación y te enfrentas a todo. Y porque en momentos en los que uno no sabe qué decir, el lenguaje corporal es el que habla: un beso, un abrazo, una melodía que te hace moverte eternamente. El duelo son los tres hijos de Claudia y Flavio, quienes tienen que llorar a sus padres antes de morir.
Sin duda, el musical funciona como martillo que rompe el hielo ante un tema tabú, no usado en exceso, pero a veces sin necesidad. No obstante, le dota a la película de un aspecto rompedor y hasta ahora nunca visto digno de apreciar.

Las piezas musicales seleccionadas son deliciosas y el recurso artístico del Barroco más que oportuno. Se contrapone la sociedad del XVII, acostumbrada a la muerte como un paso más para todos (independientemente de la edad), a la del siglo XXI, que sólo acepta el ajado paso de los años y la enfermedad, a regañadientes.

Esta película te demuestra que la sociedad actual no está preparada para la muerte. Ésta llegó para quitarle el puesto de tabú al sexo. Es un mensaje díscolo en que la comedia se entremete en el respeto; en que la heterodoxia se impone sobre la ortodoxia cristiana. Claudia y Flavio son para mí "los amantes de Galaroza", que buscan la muerte desesperadamente.
3
10 de febrero de 2025
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ángela Molina y Alfredo Castro son lo mejor de esta película sobre la muerte digna, la eutanasia, el amor llevado hasta sus últimos extremos.

Supongo que si eres capaz de entrar en la historia, conseguir que no te chirríen lo números musicales que aderezan la trama y empatizar con una pareja tan desigual (Molina parece casi la madr de Castro, la verdad), disfrutarás la película mucho más de lo que he hecho yo.

En ningún momento me creo la historia, los ataques de pánico o de locura de la protagonista ni los bailes y canciones que salpican la disparatada trama. Además, y lo peor de todo, es que no me interesa y me aburro horrores.

Una película a mi entender tan fallida como absurda.
4
15 de noviembre de 2024
14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
No se puede negar que "Polvo serán" llama la atención en su aspecto formal, con los peculiares escenarios, las melodías, las danzas con bailarines o las interpretaciones teatrales. Sin embargo, lo que podría ser una obra poética que lleve a reflexionar sobre el duelo y los últimos días de vida, pronto deja al espectador la sensación de estar banalizando temas importantes.

La película parte de una premisa sugerente: una pareja ha decidido poner fin a sus vidas a causa de la enfermedad terminal que padece la mujer. A partir de ahí, explora las consecuencias tanto en sus protagonistas como en su entorno y el público intenta comprender las razones de cada personaje.

No obstante, el director acaba componiendo una ensalada de materias como la eutanasia, el amor (o la obsesión), la muerte digna o las relaciones familiares en la que transmite mensajes confusos y mezcla conceptos. En esa amalgama, el musical no ayuda a resaltar la importancia que merece el asunto y deja un toque frívolo que resta seriedad.
www.contraste.info
7
27 de octubre de 2024
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos encontramos ante una interpretación libre del poema de Francisco de Quevedo “Amor constante, más allá de la muerte”:

[…] su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Y precisamente su temática es exactamente la puesta en imágenes de un enorme amor de una pareja sexagenaria, que quiere que perdure tras ese paso desconocido que es la defunción.

Ha sido la película que inauguró la sexagésimo novena edición de la Seminci en 2024; todo un acierto para comenzar este festival de cine de autor. Además, ha conseguido la Espiga de Plata por su gran calidad.

Nos adentramos en una representación teatral con símbolos bien reconocibles y con coreografías maravillosas dignas de Pina Bausch para escenificar el amor de un matrimonio senior aún apasionado en el momento en que la parca va acercándose a su destino.

En esta Europa envejecida donde la eutanasia sigue siendo aún un tabú, e incluso un delito, Carlos Marques-Marcet nos invita a reflexionar en tono cálido e incluso cómico a veces sobre el derecho a decidir qué tipo de vida queremos continuar viviendo o si decidimos bajarnos del tren y en qué circunstancias.
Es significativo que se elija Suiza para terminar con todo. Un país nevado (y frío) que siempre ha sido neutral y donde la ley permite acabar con la vida de manera reglada.

El director nos muestra también un retrato de la familia actual, donde cada cual lleva su vida sin tener en cuenta a sus más allegados. Eso sí, en el momento en que se nos pone un espejo enfrente y vemos en el reflejo quiénes somos de verdad, nos entra la culpabilidad y queremos (e incluso exigimos) que se nos tenga en cuenta en las decisiones de la familia.

¿Qué decir de la pareja protagonista formada por Ángela Molina y Alfredo Castro? Son dos grandes interpretes con una química que por momentos irradia complicidad, felicidad y cariño. Me gustaría reseñar el papel de la hija que acompaña en todo momento las vivencias de los padres, que les cuida, que les comprende y que se siente traicionada por su decisión: Mònica Almirall.

Es de agradecer que la película no sea un drama sentimentaloide al estilo holliwoodiense, sino que sea inteligente, aportando momentos quasi-cómicos.
Me gustaría terminar esta reseña comentando el número musical de Ángela Mólina con música y letra de María Arnal y danza contemporánea de la compañía La Veronal.

Es un placer para todos los sentidos que hay que disfrutar antes de que llegue nuestro momento.
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