La vida era eso
2020 

6.4
2,074
Drama
Dos mujeres españolas de distintas generaciones coinciden en la habitación de un hospital en Bélgica. María (Petra Martínez) vive allí desde hace décadas tras emigrar en su juventud, y Verónica (Anna Castillo) es una joven recién llegada en busca de las oportunidades que nunca encontró en España. Entre ellas se forja una peculiar amistad que llevará a María a emprender un viaje de vuelta al sur de España con una insólita ... [+]
27 de diciembre de 2021
27 de diciembre de 2021
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película pequeña, pero que habla de cosas grandes. Dos actrices que conectan, una pena que Ana no salga mucho y solo lo haga en la primera parte, pero Petra está magnífica y debería estar nominada en los premios nacionales. Bien dirigida en su primer marcó por David Martín de los Santos, con su ritmo, diciendo mucho con las miradas y los gestos más que con palabras, pero en ningún momento se me ha hecho larga. Me ha gustado mucho.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Echo de menos en esos momentos finales haber visto un tatuaje. Yo hubiera acabado así la peli y para mí hubiera sido un poco más redonda.
8 de septiembre de 2022
8 de septiembre de 2022
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Ruta 66 de USA fue descatalogada en 1985 y sustituida por las nuevas autopistas donde se llega más rápido al final del camino sin tiempo para disfrutar del recorrido. La Ruta 66 o Carretera Madre enlazaba originalmente el Este desde Chicago con el Oeste hasta Los Ángeles. Si se me permite la licencia poética desde el amanecer hasta el ocaso. Fue ruta de emigrantes que buscaban una vida mejor cuando no la pura subsistencia y de músicos, poetas, artistas y todo aquel que buscaba la aventura existencial de apreciar más el camino que la meta final.
María probablemente con la misma edad que el número de la ruta hace tiempo ya que llegó a la "meta oficial "donde ya sus ojos no pueden mirar a lo lejos y solo le queda resignarse con una apacible vejez. El destino le hace conocer a una caminante, la joven Verónica que anda emigrando anímicamente tratando de disfrutar cada segundo de su propia ruta que apenas ha iniciado. Y María decide deshacer su maleta y con lo puesto de toda una vida, acompañarla y descubrir que la fascinante y puñetera vida era otra cosa y no lo que nos habían vendido.
María probablemente con la misma edad que el número de la ruta hace tiempo ya que llegó a la "meta oficial "donde ya sus ojos no pueden mirar a lo lejos y solo le queda resignarse con una apacible vejez. El destino le hace conocer a una caminante, la joven Verónica que anda emigrando anímicamente tratando de disfrutar cada segundo de su propia ruta que apenas ha iniciado. Y María decide deshacer su maleta y con lo puesto de toda una vida, acompañarla y descubrir que la fascinante y puñetera vida era otra cosa y no lo que nos habían vendido.

Petra Martínez y Anna Castillo, dos cómicas de raza, nos regalan emoción sin escatimar lo más mínimo y nos advierten que la vida es un ciclo, al final somos tan desvalidos y dependientes como un bebé, pero antes de ese momento quizás a los 66 como la Ruta y mientras el cuerpo y los posibles aguanten, hay que coger la mochila y comenzar a caminar con un: "hasta luego cocodrilo".
cineziete.wordpress.com
cineziete.wordpress.com
7 de noviembre de 2022
7 de noviembre de 2022
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En ésta, su ópera prima, David demuestra gran atrevimiento, ya que no pretende un debut estridente, sino todo lo contrario, sumergirnos en un film intimista basado en una relación de mujeres de distintas generaciones. Ambas protagonistas colaboran de forma capital a ello, unas espléndidas Petra Martínez y Anna Castillo. La primera, pilar principal de la historia, y de reconocida trayectoria silenciosa para el gran público; y la segunda, que ya dejó de ser promesa, y aquí tuvo uno de sus primeros papeles destacados.
Un encuentro casual en un hospital, y un suceso posterior que no voy a desvelar, sirven como hilo conductor para abordar todas las decisiones que marcan el desarrollo de una vida. Y ahí es donde se desenvuelve con gran habilidad el director, quien nos conduce por las frustraciones que puedan causarnos unas decisiones u otras. Todo ello se nos muestra a través de la visión de una mujer de una época anterior, y con sólo miradas en multitud de ocasiones, convierte el film en un alegato de la libertad femenina.
Un encuentro casual en un hospital, y un suceso posterior que no voy a desvelar, sirven como hilo conductor para abordar todas las decisiones que marcan el desarrollo de una vida. Y ahí es donde se desenvuelve con gran habilidad el director, quien nos conduce por las frustraciones que puedan causarnos unas decisiones u otras. Todo ello se nos muestra a través de la visión de una mujer de una época anterior, y con sólo miradas en multitud de ocasiones, convierte el film en un alegato de la libertad femenina.
Recomendable para fans de pequeñas historias que dan mucho que hablar
6 de noviembre de 2023
6 de noviembre de 2023
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras varios documentales y cortometrajes, Martín de los Santos debuta en el largo con un drama intergeneracional en el que Petra Martínez se regala y nos regala una interpretación delicadísima, en baja voz, que sugiere tanto como muestra. Los graves e íntimos asuntos que trata (entre ellos, el deseo y la sexualidad femenina en la vejez) son expuestos de forma sutil, tierna y a la vez visceralmente íntima. Con todos sus defectos, una muy estimable ópera prima.
4 de diciembre de 2023
4 de diciembre de 2023
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es mucho mejor cuando no quiere decir nada que cuando trata de ser explícita, por eso los últimos diez minutos sobran, casi, no todos, como les pasa a la mayoría de este tipo de películas sensibles y delicadas, bellas en su nimiedad, que destacan cuando tratan de atrapar la vida o realidad en los más pequeños detalles anodinos, en los silencios y miradas, fugaces, en los lugares y diálogos titubeantes, en los errabundeos vagabundos, en las dudas y contradicciones, no en el menaje mensaje tan fácilmente codificable o traducible, alegría, que en este caso está muy sobado y es muy previsible, sí, venga, libérate, mujer, Manolo, cena solo (a la vejez viruelas, con setenta y tan cándida eréndida, inocente santa, como si las abuelas fueran adolescentes casi eternas niñas, haciendo la comunión siempre, damas virginales que se chupan el dedo, todo eso, créerselo, sí que es inocencia, del pavo la edad, las musarañas, pánfila condescendencia, como si cuando más fuésemos atrás en el tiempo, la gente follara o hubiera follado peor y menos, fuera o hubiera sido más parca y miedosa o más reprimida e ignorante o corta, atada, qué mirada tan simplona o prejuiciosa, qué idealización tan pobre a la contra, qué poco les valoran o aprecian si eso de verdad -se lo- creen o piensan, hacían lo que podían o convenía, se las apañaban, perdían y ganaban como ahora, nadie ha inventado la rueda, nadie sabe más que nadie, lo intenta, ahí anda). Pero en cualquier caso, está muy bien, es una película inteligente que sabe utilizar todos sus recursos o elementos, las actrices, soberbias ambas, lo mismo que el rumano especialmente, el drama que está a nada de írseles por las ramas o de las manos y lo controlan, el viaje, las necesidades, deseos o afectos, la información y la regla, de todo un poco. Y las elipsis son maestras, hay dos o tres cortes bruscos, atinados, lo justo para evitar dramones, llantos y espantos, esperanto, moraleja y monserga, y hasta tiene un sutil sentido del humor y no recurren ni al morbo ni al sensacionalismo cuando lo tienen tan a huevo, tantos otros por mucho menos se tiran de cabeza al ruedo, se manchan/calan de sangre, sudor y lágrimas hasta los mismos huesos, sin dudarlo ni un segundo.

Petra Martínez & Anna Castillo
(Spoiler aquí por falta de espacio más abajo)
Me sobra la cena o comida con la familia, de brocha gorda (en ese sentido contrasta con el resto), muy subrayado y grotesco todo, y bueno, la masturbación final era innecesaria, ya había quedado suficientemente claro todo con el rumano, (no hay que) insistir en lo mismo, remarcar lo obvio, el público no es tan tonto, pero lo hacen con discreción o pudor, al turrón, y ya se acaba. También es un poco exagerado y resulta demasiado acelerado forzado todo el proceso de la chica joven (Anna domina ese registro que toca con acierto tanto la vulnerabilidad como la vulgaridad, la rotura y la huida, el dolor, el amor y la fiesta, la herida y la risa) directa, a toda carrera o pastilla, hacia la muerte o (no) tumba (polvo, cenizas), el macguffin, pero salvo esas dos pequeñas pegas (y quizás que Juan tarde tanto en preguntar a la vieja María el motivo por el que anda buscando a la familia de la chica, como una perra sabuesa olfateando sus huellas, los restos del naufragio, es un poco increíble que no lo hubiera hecho antes, que menos que pedir respuestas antes de soltar información así de primeras a las bravas a una completa desconocida por muy abuela adorable que pueda ser la otra), el resto es realmente magnífico, no sé, todas las conversaciones entre las dos, cómo se observan, espían, curiosean y la evolución de la relación, todos los ratos entre ella y el rumano Luca, la tortilla de patatas (una película en la que alguien cocina come una no puede ser jamás de los jamases mala, buen gusto, hambre, hombre), qué rica, qué buena, el alcohol (asaltar los cielos, van subiendo una escalera, starway to heaven, con esos licores, para nosotros, exóticos, desarreglo, dulzura de los sentidos), el baile Godardiano Tarantinesco, la playa, sin galgos, ni podencos, solitaria, maravilla, la utilización de Juan como camarero porrero, el retrato de las salinas, Barea, y ella, que está perfecta, en cada plano, ambigua, rica, precisa, tremenda, a veces parece ida, cazando moscas, y otras sabe más que lepe, y a la vez las dos cosas casi a cada rato siempre.
Me sobra la cena o comida con la familia, de brocha gorda (en ese sentido contrasta con el resto), muy subrayado y grotesco todo, y bueno, la masturbación final era innecesaria, ya había quedado suficientemente claro todo con el rumano, (no hay que) insistir en lo mismo, remarcar lo obvio, el público no es tan tonto, pero lo hacen con discreción o pudor, al turrón, y ya se acaba. También es un poco exagerado y resulta demasiado acelerado forzado todo el proceso de la chica joven (Anna domina ese registro que toca con acierto tanto la vulnerabilidad como la vulgaridad, la rotura y la huida, el dolor, el amor y la fiesta, la herida y la risa) directa, a toda carrera o pastilla, hacia la muerte o (no) tumba (polvo, cenizas), el macguffin, pero salvo esas dos pequeñas pegas (y quizás que Juan tarde tanto en preguntar a la vieja María el motivo por el que anda buscando a la familia de la chica, como una perra sabuesa olfateando sus huellas, los restos del naufragio, es un poco increíble que no lo hubiera hecho antes, que menos que pedir respuestas antes de soltar información así de primeras a las bravas a una completa desconocida por muy abuela adorable que pueda ser la otra), el resto es realmente magnífico, no sé, todas las conversaciones entre las dos, cómo se observan, espían, curiosean y la evolución de la relación, todos los ratos entre ella y el rumano Luca, la tortilla de patatas (una película en la que alguien cocina come una no puede ser jamás de los jamases mala, buen gusto, hambre, hombre), qué rica, qué buena, el alcohol (asaltar los cielos, van subiendo una escalera, starway to heaven, con esos licores, para nosotros, exóticos, desarreglo, dulzura de los sentidos), el baile Godardiano Tarantinesco, la playa, sin galgos, ni podencos, solitaria, maravilla, la utilización de Juan como camarero porrero, el retrato de las salinas, Barea, y ella, que está perfecta, en cada plano, ambigua, rica, precisa, tremenda, a veces parece ida, cazando moscas, y otras sabe más que lepe, y a la vez las dos cosas casi a cada rato siempre.
Y lo que late tras la fachada, tras el descubrimiento de la vieja María (es un luminoso descenso a los infiernos de la soledad, el estupor y el desconcierto, o, tal vez, un ascenso oscuro al paraíso del dolor compartido que es menos, Belle de Jour a dos pasos, la abuela se ha vuelto loca, qué cojones le pasa, qué hacemos ahora con ella), y también es interesante la idea de que hay vidas que son borradas sumariamente por la historia, que no dejan huella, que a nadie le importa o interesa (nadie reclama sus cuerpos, nacieron en el lado equivocado, o no, quién sabe, del tablero de juego, sin apenas piezas, armas y bagajes, para defender el fuerte ante el mal y la muerte), pobre gente sin asideros, a la deriva, en crudo, como todos, unos mucho más que otros, por supuesto, cambia el grado, no el igualitario fondo, la danza macabra de la parca con todos sus satélites o hijos de la medianoche no deja cabeza con títere.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Lo mismo que la decadencia del lugar, parte y todo, metonimia y sinécdoque, tócame roque, del pito el sereno, el origen de la joven chica que se ha quedado sin vida, ambos, el espacio y la persona, la madre (fantasmal), la hija, ya nada, y el espacio (bello siniestro, hermoso desolado, páramo pedro desierto) vacío, la Almería eviscerada, carcasa, o el hombre rumano que también está allí a la intemperie, dejado de la mano de dios, abandonado a su suerte, desnudo, sin afeites, alaska, eso es lo mejor, vidas perdidas que se encuentran en medio de la nada, varadas, a punto del definitivo desguace, que se miran tocan un rato y comparten comprenden, y parten o ya ni eso pueden, que se medio ayudan consuelan, fracasan, cogidos de la mano mientras tiemblan, de frío tiritan, con dignidad y gracia, sin moral ni mierdas. No somos nada.
Vale. De acuerdo. Basta.
El Sur ataca de nuevo, perdida la inocencia, en el sur se pasa mejor, para hacer bien el amor hay que venir al sur, para hacer el amor iré donde estás tú, sin amantes, ¿quién se puede consolar?, sin amantes, esta vida es infernal, el pájaro de la felicidad, de Óscar la mitad, del cabo, ojo de gato, ágata, de aquí a la eternidad.
Dunas, salinas, rimas, fumar, déjame entrar, fusiónate, tócame, tócate. Esta es la historia de una posesión, la de María por Verónica, ahí es nada, esa feliz intromisión, reencarnación, contamíname, mézclate conmigo, que bajo mi rama tendrás abrigo, con tus ojos y con tus bailes, con los labios que anuncian besos, métete, no te vayas de mí.
Vale. De acuerdo. Basta.
El Sur ataca de nuevo, perdida la inocencia, en el sur se pasa mejor, para hacer bien el amor hay que venir al sur, para hacer el amor iré donde estás tú, sin amantes, ¿quién se puede consolar?, sin amantes, esta vida es infernal, el pájaro de la felicidad, de Óscar la mitad, del cabo, ojo de gato, ágata, de aquí a la eternidad.
Dunas, salinas, rimas, fumar, déjame entrar, fusiónate, tócame, tócate. Esta es la historia de una posesión, la de María por Verónica, ahí es nada, esa feliz intromisión, reencarnación, contamíname, mézclate conmigo, que bajo mi rama tendrás abrigo, con tus ojos y con tus bailes, con los labios que anuncian besos, métete, no te vayas de mí.
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