La vida era eso
2020 

6.4
2,074
Drama
Dos mujeres españolas de distintas generaciones coinciden en la habitación de un hospital en Bélgica. María (Petra Martínez) vive allí desde hace décadas tras emigrar en su juventud, y Verónica (Anna Castillo) es una joven recién llegada en busca de las oportunidades que nunca encontró en España. Entre ellas se forja una peculiar amistad que llevará a María a emprender un viaje de vuelta al sur de España con una insólita ... [+]
3 de octubre de 2022
3 de octubre de 2022
12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los primeros segundos vemos a una señora de cierta edad que abre la puerta de la casa y a continuación corre al teléfono para avisar a los servicios sanitarios: sabe que va a sufrir una crisis cardíaca. La cámara permanece fija y apenas vemos a esta señora, majestuosamente interpretada por Petra Martínez, y sin embargo el director ya ha expresado con un par de gestos la soledad y la previsión del personaje de María y, en un plano más metafórico, al contemplar por un lado la puerta del comedor y en el otro la de la calle abierta, también acabamos por comprender que vamos a ver una historia sobre un tránsito, en el que un personaje se desplazará entre dos estados.
En las escenas iniciales, ya dramatizadas vemos a María, la señora que sufrió el infarto, postrada en la cama y recibiendo visitas de su marido. Su carácter es marcadamente introvertido, cuando no directamente huraño. No imaginé posible que semejante persona luego pudiera desenvolverse por el mundo como luego finalmente hace. Pero al conocer a Verónica esa mirada desconfiada cobra matices diferentes, empieza a hacerse preguntas. Ese tránsito que describe la narración nos sirve para comprender mejor lo que sucede en la cabeza de una mujer de una generación poco acostumbrada a pensar en sí misma. Llamarla invisibilizada quizás sería exagerar y no obstante se nota que quedó conforme en su esquinita en la vida y no pensó que pudiera aspirar a algo distinto.
En las escenas iniciales, ya dramatizadas vemos a María, la señora que sufrió el infarto, postrada en la cama y recibiendo visitas de su marido. Su carácter es marcadamente introvertido, cuando no directamente huraño. No imaginé posible que semejante persona luego pudiera desenvolverse por el mundo como luego finalmente hace. Pero al conocer a Verónica esa mirada desconfiada cobra matices diferentes, empieza a hacerse preguntas. Ese tránsito que describe la narración nos sirve para comprender mejor lo que sucede en la cabeza de una mujer de una generación poco acostumbrada a pensar en sí misma. Llamarla invisibilizada quizás sería exagerar y no obstante se nota que quedó conforme en su esquinita en la vida y no pensó que pudiera aspirar a algo distinto.

Petra Martínez & Anna Castillo
Las alusiones del director hacen posible subtextos alternativos: las imágenes y las noticias del 11-M en Madrid aluden a un país agotado y que necesita un cambio. Así, María con esa soledad de los primeros instantes y su afección cardíaca, a pesar que tiene una familia que no la trata mal, también necesita vientos de cambio, cierto giro, refrescar su rutina, de modo que el viaje también cumple en el personaje una función regeneradora. El hecho que esa expedición no se presente con un envoltorio almibarado, que todo surja de forma orgánica, sin duda incrementa el valor de la película. Para obrar semejante giro, el director confía en Anna Castillo una actriz joven pero que ya ha demostrado sobrada solvencia actoral, de forma que debe aprovechar su corta aparición para lograr que tal transformación resulte convincente. Castillo lo logra con nota excelente, con su aire espontáneo y natural en verdad vemos a un personaje con una historia poco agradable y que sin embargo siempre encara con empatía y optimismo. Desde ahí la narración cambia de rasante y María se orienta hacia rincones de su propia personalidad que probablemente olvidó de su existencia o ni siquiera sabía que estaba ahí esa capacidad para indagar y crear lazos con desconocidos de tierras extrañas.

Las historias de las dos mujeres son esbozadas con trazos discretos aunque vivaces, de forma que también nos permite leer entre líneas un trasfondo vital mucho más complejo. En el caso de Verónica vemos una existencia nómada, con desengaños y decepciones familiares, no especialmente trágicas y sin embargo, cuando conocemos ciertos lugares de Andalucía relacionados con ella, la verdad es que causa una impresión muy intensa que la vida es absolutamente volátil e intangible, lo que parecía sólido se puede escindir y es como si nunca se hubiera estado por ahí.
Me conmovió como alcanza a representar esa idea de la fugacidad y cambiante que es la vida. Un pueblo en vías de desaparición, con el viento de la noche recorriendo sus calles desoladas; una madre de la que no queda ni rastro y que a saber por dónde andará; una familia distanciada que ignora los grandes acontecimientos de sus miembros, un amigo que no quedó a buenas con alguien querido. Todo ello dibujado con sutileza y relieve. Luego está María que está en el polo opuesto, y no sólo en el de la edad, pues ella sí dispone de una familia con la que reunirse y hablar. Y sin embargo parece que la percepción que tienen de ella es bastante desdibujada e imprecisa, una fachada a la que todavía le falta una mano de pintura.
Las cosas nos preocupan y sin embargo en algún momento todo se esfumará. ¿Qué se supone que se ha de hacer con ese tiempo que nos toca vivir? Creo que a pesar de lo melancólico del panorama, David Martín de los Santos logra aportar no sólo emoción en el espectador, también le insufla unas cuantas notas de colorido en la historia de los personajes. Porque la señora huraña del inicio en algún punto ha descubierto de la gran importancia de su propia persona y del poder del presente. Una vía epicúrea para dar esquinazo de la desazón.
Poco o nada esperaba yo de este título, prejuzgué una especie de teatro intimista a fuego lento, con algunas muestras genéricas de sensibilidad... y a correr. Y sin embargo, di con una auténtica maravilla, una historia sabia, conmovedora y profunda que promete ofrecer más sustancia de la que se obtiene en un sólo visionado. No tengo dudas que regresaré a esas soledades.
Me conmovió como alcanza a representar esa idea de la fugacidad y cambiante que es la vida. Un pueblo en vías de desaparición, con el viento de la noche recorriendo sus calles desoladas; una madre de la que no queda ni rastro y que a saber por dónde andará; una familia distanciada que ignora los grandes acontecimientos de sus miembros, un amigo que no quedó a buenas con alguien querido. Todo ello dibujado con sutileza y relieve. Luego está María que está en el polo opuesto, y no sólo en el de la edad, pues ella sí dispone de una familia con la que reunirse y hablar. Y sin embargo parece que la percepción que tienen de ella es bastante desdibujada e imprecisa, una fachada a la que todavía le falta una mano de pintura.
Las cosas nos preocupan y sin embargo en algún momento todo se esfumará. ¿Qué se supone que se ha de hacer con ese tiempo que nos toca vivir? Creo que a pesar de lo melancólico del panorama, David Martín de los Santos logra aportar no sólo emoción en el espectador, también le insufla unas cuantas notas de colorido en la historia de los personajes. Porque la señora huraña del inicio en algún punto ha descubierto de la gran importancia de su propia persona y del poder del presente. Una vía epicúrea para dar esquinazo de la desazón.
Poco o nada esperaba yo de este título, prejuzgué una especie de teatro intimista a fuego lento, con algunas muestras genéricas de sensibilidad... y a correr. Y sin embargo, di con una auténtica maravilla, una historia sabia, conmovedora y profunda que promete ofrecer más sustancia de la que se obtiene en un sólo visionado. No tengo dudas que regresaré a esas soledades.
18 de abril de 2023
18 de abril de 2023
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La primera parte significa la presentación de los personajes... una especie de justificación, para lo que sucederá a continuación. Comencé a verla, creyendo que no tendría tanto que ofrecer, pues aunque estaba bien interpretada, los primeros minutos se ofrecen anodinos. En poco tiempo, comprendí que era necesario, para entender lo que con posterioridad, quiso reflejar.
Petra Martínez representa a una mujer se encuentra en el tramo final, con pocas ilusiones, y un marido con el que comparte piso, pero de quien no puede esperar mucho en esos momentos.
La casualidad quiere que María viaje al sur en una búsqueda que se transformará en propia, al fundirse con una realidad que no esperaba.
Ese último tramo es el más satisfactorio, al mostrar la esperanza de lo que todavía nos queda por vivir, si somos capaces de permitírnoslo.
Petra Martínez representa a una mujer se encuentra en el tramo final, con pocas ilusiones, y un marido con el que comparte piso, pero de quien no puede esperar mucho en esos momentos.
La casualidad quiere que María viaje al sur en una búsqueda que se transformará en propia, al fundirse con una realidad que no esperaba.
Ese último tramo es el más satisfactorio, al mostrar la esperanza de lo que todavía nos queda por vivir, si somos capaces de permitírnoslo.
18 de abril de 2023
18 de abril de 2023
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Correcta, equilibrada, cuajada en situaciones cotidianas, a las que se enfrenta delicadamente, que es lo que pedía el lado poético del que se rodea. Lo bueno es que va creciendo, a medida que avanza; algo que siempre sucedió con el cine, y que se fue perdiendo a lo largo de los últimos años.
Petra Martínez desarrolla un papel ajustado a lo que exige su personaje, pero no tan sobresaliente como se destaca. La suya es una interpretación de contención clásica... interiorizada, que no se proyecta, aunque muchos hayan querido adivinarlo.
Necesitamos buen cine, de ese que emociona, aunque debo reconocer que con LA VIDA ERA ESO, hubiera hecho falta un poco más de subrayados como la escena del bar... en ocasiones también el cine necesita hacer ver al espectador, que está en lo correcto.
Petra Martínez desarrolla un papel ajustado a lo que exige su personaje, pero no tan sobresaliente como se destaca. La suya es una interpretación de contención clásica... interiorizada, que no se proyecta, aunque muchos hayan querido adivinarlo.
Necesitamos buen cine, de ese que emociona, aunque debo reconocer que con LA VIDA ERA ESO, hubiera hecho falta un poco más de subrayados como la escena del bar... en ocasiones también el cine necesita hacer ver al espectador, que está en lo correcto.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La escena del bar, de la que hago referencia, la amplío aquí en spoiler. Es un momento donde cambia la rutinaria y anodina vida de su protagonista. La búsqueda de los familiares de Verónica (Anna Castillo) para entregarles sus cenizas, significa la propia búsqueda interior de María (Petra Martínez) que rompe con todo para comenzar su propio sueño.
10 de junio de 2022
10 de junio de 2022
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida era eso es Petra Martínez.
El monumental trabajo de la excepcional actriz linarense domina de principio a fin este delicado y sensible debut de David Martín de los Santos. Tanto, de hecho, que el resultado final acaba por depender en exceso de ella.
Sí, la cinta es bonita, llena de esa sensibilidad que suele acompañar a la presentación en pantalla de personajes en la tercera edad y sus diferentes problemas, y la relación entre los personajes de Martínez y Anna Castillo (lo que sale, que tampoco es mucho...) es enternecedora, pero la película no deja sensación de grandeza. De hecho, es más que probable que hubiera pasado desapercibida de no haber sido por, como decíamos, la excelencia de su actriz principal.
Correcta, aceptable, pero poco más.
Lo mejor: Petra Martínez, inmensa.
Lo peor: La historia parece importar poco (ver cómo desaparecen los secundarios sin que importe demasiado).
El monumental trabajo de la excepcional actriz linarense domina de principio a fin este delicado y sensible debut de David Martín de los Santos. Tanto, de hecho, que el resultado final acaba por depender en exceso de ella.
Sí, la cinta es bonita, llena de esa sensibilidad que suele acompañar a la presentación en pantalla de personajes en la tercera edad y sus diferentes problemas, y la relación entre los personajes de Martínez y Anna Castillo (lo que sale, que tampoco es mucho...) es enternecedora, pero la película no deja sensación de grandeza. De hecho, es más que probable que hubiera pasado desapercibida de no haber sido por, como decíamos, la excelencia de su actriz principal.
Correcta, aceptable, pero poco más.
Lo mejor: Petra Martínez, inmensa.
Lo peor: La historia parece importar poco (ver cómo desaparecen los secundarios sin que importe demasiado).
5 de agosto de 2021
5 de agosto de 2021
8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un estupendo drama que dirige David Martín de los Santos con mucho acierto para ser su primera vez tras las cámaras en un largo.
María, una anciana que vive en Bélgica, allí emigro y se estableció cuando era joven. Después de ser ingresada por una dolencia en el hospital, coincide en la habitación con una joven española llamada Verónica la cual padece un problema cardíaco. La chispa de la joven choca con la seriedad de Maria lo que provoca que no conecten al principio. Poco a poco comienzan a entenderse, ya que las dos padecen la angustia de la soledad. Algo hará que Maria comience a tomar unas decisiones que jamás se le hubieran ocurrido.
La tristeza y la melancolía acompañan el rostro de Petra Martínez durante todo el metraje, la cual consigue llevar el peso de la historia con una fuerza increíble. Anna Castillo con su maravillosa espontaneidad y tan natural como siempre nos ofrece también un gran papel como Verónica.
La España vacía también sale a relucir en la trama, ya que Maria acude en busca de respuestas tras un importante giro en la mitad de la película, en esta segunda parte se cuestionara si su vida ha merecido vivirla o podría haber sido de otra manera.
Resulta una historia simple, pero muy contundente que te deja noqueado, gracias a unos personajes sencillos y a la vez absolutamente fascinantes.
Destino Arrakis.com
María, una anciana que vive en Bélgica, allí emigro y se estableció cuando era joven. Después de ser ingresada por una dolencia en el hospital, coincide en la habitación con una joven española llamada Verónica la cual padece un problema cardíaco. La chispa de la joven choca con la seriedad de Maria lo que provoca que no conecten al principio. Poco a poco comienzan a entenderse, ya que las dos padecen la angustia de la soledad. Algo hará que Maria comience a tomar unas decisiones que jamás se le hubieran ocurrido.
La tristeza y la melancolía acompañan el rostro de Petra Martínez durante todo el metraje, la cual consigue llevar el peso de la historia con una fuerza increíble. Anna Castillo con su maravillosa espontaneidad y tan natural como siempre nos ofrece también un gran papel como Verónica.
La España vacía también sale a relucir en la trama, ya que Maria acude en busca de respuestas tras un importante giro en la mitad de la película, en esta segunda parte se cuestionara si su vida ha merecido vivirla o podría haber sido de otra manera.
Resulta una historia simple, pero muy contundente que te deja noqueado, gracias a unos personajes sencillos y a la vez absolutamente fascinantes.
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