Escape
5.6
7,967
Comedia. Thriller
N. es un hombre estropeado, algo no va bien en su interior. N. no quiere tomar una sola decisión más, sólo apearse del mundo. Dejar de tener opciones. El psicólogo a quien visita no sabe cómo abordarlo, tampoco su hermana, que intenta apoyarlo sin frutos. N. sólo quiere vivir en la cárcel, y hará cuanto sea necesario para conseguirlo. ¿Lograrán sus allegados que desista de cometer delitos cada vez más graves? ¿Hasta dónde será capaz de ... [+]
5 de noviembre de 2024
5 de noviembre de 2024
22 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rodrigo Cortés nos lanza, con Escape, una obra que es tanto un desafío como un enigma, vestido de comedia negra, drama existencial y absurdo kafkiano. Con Mario Casas en el papel principal haciendo un gran esfuerzo interpretativo, la película nos lleva a un insólito viaje psicológico, donde el protagonista busca su propia liberación en la restricción extrema de una prisión. La propuesta de Cortés desarma géneros: no es ni una tragedia, ni una comedia, ni un thriller, pero incorpora algo de todo ello. Con una mirada ácida y humor a veces incómodo, la película cuestiona si la libertad es verdaderamente el bien supremo o solo una trampa que nos desgasta.
N., un hombre destrozado por la culpa y en constante huida de sí mismo. Se desarrolla de forma extraña y apática, cosa que aleja al espectador de cualquier posibilidad de empatía y casi de compasión hacia su personaje. Aún así luce muy buena comparsa, porqué Anna Castillo, Albert Pla y otros nombres destacados del cine español, ofrecen una armonía actoral como una “orquesta” que enriquece la experiencia y que apoyan mediante personajes muy vivos el ritmo del metraje.
N., un hombre destrozado por la culpa y en constante huida de sí mismo. Se desarrolla de forma extraña y apática, cosa que aleja al espectador de cualquier posibilidad de empatía y casi de compasión hacia su personaje. Aún así luce muy buena comparsa, porqué Anna Castillo, Albert Pla y otros nombres destacados del cine español, ofrecen una armonía actoral como una “orquesta” que enriquece la experiencia y que apoyan mediante personajes muy vivos el ritmo del metraje.

Rodrigo Cortés & Mario Casas
La dirección de Cortés muestra un ritmo inusual, que alterna entre la claustrofobia de los muros de la prisión y los insólitos toques de humor negro que se van desarrollando con inteligencia, como pequeñas piezas de un rompecabezas satírico. Cortés, en un estilo que recuerda a los textos más mordaces de Valle-Inclán, se divierte en la creación de situaciones absurdas y personajes peculiares, alejándose del humor costumbrista convencional.
La película explora los conceptos de elección y libertad de forma retorcida. El protagonista, N., siente que solo encontrará paz al renunciar a toda decisión, en una paradoja de la democracia misma, que Cortés explora sin rodeos. N. opta libremente por el autoritarismo de la prisión, queriendo evitar las “tropecientas mil opciones” de la vida moderna. Este viaje a la celda se convierte en un desafío filosófico y social, en el que el espectador reflexiona sobre el poder de elección y los límites de la libertad. Sin embargo, esta premisa se entrelaza con el humor negro, y la película se ríe del drama en su esencia, tomando el sufrimiento y dándole una vuelta cómica casi autodestructiva.
La película explora los conceptos de elección y libertad de forma retorcida. El protagonista, N., siente que solo encontrará paz al renunciar a toda decisión, en una paradoja de la democracia misma, que Cortés explora sin rodeos. N. opta libremente por el autoritarismo de la prisión, queriendo evitar las “tropecientas mil opciones” de la vida moderna. Este viaje a la celda se convierte en un desafío filosófico y social, en el que el espectador reflexiona sobre el poder de elección y los límites de la libertad. Sin embargo, esta premisa se entrelaza con el humor negro, y la película se ríe del drama en su esencia, tomando el sufrimiento y dándole una vuelta cómica casi autodestructiva.

Mario Casas
Por bien o por mal, las películas que se atreven a arriesgar en cuanto a mensaje y contenido resultan siempre interesantes, ya que se alejan de la repetición y la tendencia de explotar franquicias y secuelas. "Escape", en este sentido, es una bocanada de aire fresco en un panorama cinematográfico que a menudo recurre a fórmulas seguras; se adentra en temas complejos y plantea preguntas incómodas, ofreciendo una experiencia única que, aunque pueda no complacer a todos, sin duda destaca por su valentía y originalidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En Escape, la narración se despliega en torno a N., un hombre consumido por la culpa tras la pérdida de su mujer e hijo, que ve la prisión como su último refugio de paz. La historia es una espiral de situaciones absurdas, donde cada paso de N. hacia el confinamiento parece alejarlo más de la cordura. La búsqueda de orden y la evitación de la libertad terminan atrapando al personaje en una paradoja: renuncia a todo para ganar seguridad, pero descubre que incluso en su prisión, sigue siendo prisionero de su propia mente y de su incapacidad para sanar.
La película, ofrece un trasfondo psicológico fascinante. El director juega con la psicología del protagonista, presentándolo como un hombre que idealiza el orden rígido de la cárcel, por ser un lugar en donde ninguna decisión está tomada por él y en dónde se cumple un reglamento de forma rígida. N, se enfrenta a su deseo de escapar de la libertad, algo que Cortés plasma en una serie de escenas absurdas y repetitivas, como una parodia kafkiana del proceso burocrático carcelario. Este concepto, que pareciera el leitmotiv de la película, hace recordar a El proceso, donde el sistema legal se convierte en un ente opresor e incomprensible para el individuo.
La película, ofrece un trasfondo psicológico fascinante. El director juega con la psicología del protagonista, presentándolo como un hombre que idealiza el orden rígido de la cárcel, por ser un lugar en donde ninguna decisión está tomada por él y en dónde se cumple un reglamento de forma rígida. N, se enfrenta a su deseo de escapar de la libertad, algo que Cortés plasma en una serie de escenas absurdas y repetitivas, como una parodia kafkiana del proceso burocrático carcelario. Este concepto, que pareciera el leitmotiv de la película, hace recordar a El proceso, donde el sistema legal se convierte en un ente opresor e incomprensible para el individuo.

Anna Castillo
El guion utiliza la metáfora de la cárcel como un reflejo vitaminado de la sociedad, presentando a un protagonista que, aún habiendo sido educado para ser libre, elige el autoritarismo, pensando que se adentra en un castigo disciplinario que le redime de la libertad. Aquí se abre una crítica a la democracia: si todos queremos la libertad, ¿por qué tantos eligen la sumisión? Este es un tema candente que la película plantea, y aunque la idea es potente, parece forzada cuando el personaje de N. es interpretado como un amargado que no logra superar su tragedia personal. La propuesta se mezcla con una crítica a la sociedad moderna, y la película no oculta su visión desencantada con la realidad actual, donde la racionalidad y la ciencia están en peligro debido a una masa irreflexiva que huye de sus responsabilidades y se autoinflige el carácter de incapaz y dependiente.
El desenlace, tras un final previsible, deja la sensación de insatisfacción. El cartel de “Feliz” que aparece en la pantalla se convierte en una amarga broma final: no hay redención para N., sino una caída más profunda en la desesperación y la autocompasión. A lo largo de su odisea, N. nunca encuentra la paz y agoniza atrapado en su propio “zulo” mental. El espectador, como el propio N., queda encerrado en una celda invisible, atrapado en las paradojas y demostrando de forma explicita al espectador que la falta de libertad es la barbarie.
A pesar de las limitaciones de su mensaje final, demasiado alegórico y trascendental. Cortés ha entregado una película que no pretende ser fácil, sino que reta al espectador a confrontar sus propias creencias sobre la libertad, el orden y el absurdo de la vida, algo meritorio. Escape no es un simple drama existencial, sino una sátira amarga que lleva la narrativa a su límite, permitiendo que el espectador ría y reflexione sobre la verdadera naturaleza de la libertad y el sufrimiento humano.
En este sentido, la película habla sobre el aislamiento, no solo físico sino también existencial, que se vive alguien al renunciar al libre albedrío. A medida que N. avanza en su proceso, vemos cómo el deseo de escapar del caos de la vida cotidiana lo lleva a buscar un orden que, paradójicamente, lo consume.
Al final, aunque la película parece ofrecer una solución en la idea de que "Feliz" está al alcance de quienes se liberen de las elecciones diarias, Cortés no da respuestas claras. En cambio, deja al espectador en un estado de inquietud, planteando preguntas sobre el sentido de la libertad y la posibilidad de elegir el encierro como forma de vida. Así, Escape nos invita a reflexionar sobre si, en un mundo de opciones infinitas, la verdadera paz solo puede encontrarse en la renuncia, aunque esta renuncia sea, en sí misma, una prisión.
El desenlace, tras un final previsible, deja la sensación de insatisfacción. El cartel de “Feliz” que aparece en la pantalla se convierte en una amarga broma final: no hay redención para N., sino una caída más profunda en la desesperación y la autocompasión. A lo largo de su odisea, N. nunca encuentra la paz y agoniza atrapado en su propio “zulo” mental. El espectador, como el propio N., queda encerrado en una celda invisible, atrapado en las paradojas y demostrando de forma explicita al espectador que la falta de libertad es la barbarie.
A pesar de las limitaciones de su mensaje final, demasiado alegórico y trascendental. Cortés ha entregado una película que no pretende ser fácil, sino que reta al espectador a confrontar sus propias creencias sobre la libertad, el orden y el absurdo de la vida, algo meritorio. Escape no es un simple drama existencial, sino una sátira amarga que lleva la narrativa a su límite, permitiendo que el espectador ría y reflexione sobre la verdadera naturaleza de la libertad y el sufrimiento humano.
En este sentido, la película habla sobre el aislamiento, no solo físico sino también existencial, que se vive alguien al renunciar al libre albedrío. A medida que N. avanza en su proceso, vemos cómo el deseo de escapar del caos de la vida cotidiana lo lleva a buscar un orden que, paradójicamente, lo consume.
Al final, aunque la película parece ofrecer una solución en la idea de que "Feliz" está al alcance de quienes se liberen de las elecciones diarias, Cortés no da respuestas claras. En cambio, deja al espectador en un estado de inquietud, planteando preguntas sobre el sentido de la libertad y la posibilidad de elegir el encierro como forma de vida. Así, Escape nos invita a reflexionar sobre si, en un mundo de opciones infinitas, la verdadera paz solo puede encontrarse en la renuncia, aunque esta renuncia sea, en sí misma, una prisión.
16 de noviembre de 2024
16 de noviembre de 2024
23 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
No aporta ninguna creatividad, ni artística, ni desde el punto de vista del entretenimiento. Cuando las cosas se cuentan de esta forma, se quedan en panfleto de poco pelo. Tanta angustia y ansiedad pretenden mostrar que no te lo crees y te aburres. El actor sobreactúa y final como siempre, Casas, muestra torso y abdominales.
Horrible.
Horrible.
9 de noviembre de 2024
9 de noviembre de 2024
25 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aviso para navegantes, alto contenido cítrico presente
Si la coprofagia tiene su público, esta tremenda hez de Rodrigo Cortés no podría ser menos. De otra forma sería inexplicable que más de una semana después de su estreno siga engañando a espectadores para acudir a sus salas.
Mientras el personaje se deja la piel para entrar a una cárcel, el espectador tendrá que renunciar a su dignidad para no abandonar la sala. Puede que este sea el único juego pseudointelectual de contradicciones en el que la película tiene alguna gracia.
Al comenzar la película puede parecer que Mario Casas simula un trastorno mental del personaje, pero al aparecer los créditos queda claro que no; simplemente de tanto forzar para producir una actuación llega a un punto de colapso cercano o, seamos generosos, directamente en pleno ictus.
Si no quedase claro que la película no intenta ceñirse a ningún tipo de convención, podríamos decir orgullosos que la filmografía española ya cuenta con su propio "The Room". Desgraciadamente, el director nunca alcanzará ni la fama ni el público de Tommy Wiseau, pero muy a nuestra desgracia ya ha superado su filmografía.
Si la coprofagia tiene su público, esta tremenda hez de Rodrigo Cortés no podría ser menos. De otra forma sería inexplicable que más de una semana después de su estreno siga engañando a espectadores para acudir a sus salas.
Mientras el personaje se deja la piel para entrar a una cárcel, el espectador tendrá que renunciar a su dignidad para no abandonar la sala. Puede que este sea el único juego pseudointelectual de contradicciones en el que la película tiene alguna gracia.
Al comenzar la película puede parecer que Mario Casas simula un trastorno mental del personaje, pero al aparecer los créditos queda claro que no; simplemente de tanto forzar para producir una actuación llega a un punto de colapso cercano o, seamos generosos, directamente en pleno ictus.
Si no quedase claro que la película no intenta ceñirse a ningún tipo de convención, podríamos decir orgullosos que la filmografía española ya cuenta con su propio "The Room". Desgraciadamente, el director nunca alcanzará ni la fama ni el público de Tommy Wiseau, pero muy a nuestra desgracia ya ha superado su filmografía.
No se, que ojalá me la hubiese ahorrado vaya, aprende de mi error
6 de noviembre de 2024
6 de noviembre de 2024
24 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
He puesto a esta película un 4 por no ponerle un 0 patatero y no lo he hecho porque normalmente no valoro las películas que no me gustan, pero esta me ha dejado tan anonadado que no puedo mas que escribir esta critica para advertir a los futuros espectadores. Aun no entiendo que me ha querido contar Rodrigo Cortés con esta especie de fabula tan poco creíble y contradictoria, con un Mario Casas terrible, yo diría que en el peor papel de su carrera (y mira que tiene actuaciones malas), haciendo de una especie de descerebrado afectado por un accidente de coche que no es nada creíble y es casi un insulto a los enfermos mentales. Una Anna castillo que hace lo que puede con un papel ridículo de hermana del personaje y que parece estar tan alucinada de su comportamiento como cualquier espectador, pero que su personaje lejos de crear empatía, es mera comparsa sin sentido. El guion es de traca, un puro vaivén del personaje que no sabemos a donde nos lleva, gracias a eso no es una película aburrida porque al menos es sorpresiva, pero las decisiones arbitrarias de guion a mi no hicieron mas que enfurecerme. No entiendo como actores de la talla de Josep Maria Pou o José Sacristán han permitido que su nombre esté asociado a esta película encima con papeles sin sentido alguno. Y ya que la produzca Scorsese solo se puede explicar porque padezca una demencia.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
¿Alguien me puede explicar las motivaciones del personaje? porque no las veo, primero quiere ir a la cárcel y luego se quiere escapar de ella, me parece un personaje detestable por el que no puedo tener la mas mínima empatía
11 de noviembre de 2024
11 de noviembre de 2024
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tenía curiosidad por esta película ya que Rodrigo Cortes me gusta como director y si bien se ha arriesgado con esta película y ha hecho lo que ha querido el resultado es cuanto menos mejorable.
Los personajes secundarios bien, no hay ninguna queja, la premisa es buena pero mal ejecutada por el protagonista Mario Casas, actor que no es de mi agradado al menos para el papel que le tocaba interpretar en esta película, un tio que por sus circunstancias personales quiere entrar en prisión por propia voluntad.
El desarrollo es muy tedioso, la película tiene momentos demasiado hilarantes y si, este tío está para que le encierren si, pero en un manicomio, Rodrigo Cortes se ha equivocado de tipo de prisión y de protagonista, con otro actor está idea hubiese salido mucho mejor y nos hubiese importado más lo que le pase y con una duración de hora y media en vez de más de dos horas se podría haber hecho una mejor película.
Los personajes secundarios bien, no hay ninguna queja, la premisa es buena pero mal ejecutada por el protagonista Mario Casas, actor que no es de mi agradado al menos para el papel que le tocaba interpretar en esta película, un tio que por sus circunstancias personales quiere entrar en prisión por propia voluntad.
El desarrollo es muy tedioso, la película tiene momentos demasiado hilarantes y si, este tío está para que le encierren si, pero en un manicomio, Rodrigo Cortes se ha equivocado de tipo de prisión y de protagonista, con otro actor está idea hubiese salido mucho mejor y nos hubiese importado más lo que le pase y con una duración de hora y media en vez de más de dos horas se podría haber hecho una mejor película.
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