arrow

Frontera

Drama. Thriller Año 1943, plena guerra en Europa. Franco ha bloqueado el paso de judíos que huyen de la represión nazi por los Pirineos. En la aduana de un pueblo fronterizo, Manel Grau, un funcionario con pasado republicano, decide contravenir las órdenes ayudado por Juliana, una vecina del pueblo, y Jerôme, un pasador francés. Entre todos inician una cruzada para ayudar a huir a tantos judíos como sea posible. Es entonces cuando Manel se verá ... [+]
Críticas 15
Críticas ordenadas por utilidad
escribe tu crítica
6
21 de diciembre de 2025
4 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quien busque argumentos documentales potentes nos lo va a encontrar. Quien busque cine que emocione, interpele y recuerde que hubo un tiempo en el que ayudar podía costar la vida, tampoco hallará la nueva versión de "La lista de Schindler", pero sí algo bastante más modesto, imperfecto... y también una ficción histórica honesta, con una trama coherente que encuentra su lugar.

La narrativa es irregular y el ritmo no es el que pediría un thriller, pero se deja ver y la premisa funciona. La puesta en escena, la fotografía y el cuidado de la imagen saben jugar con los planos. Los paisajes del Pirineo son relato: frontera física, moral y política. A pesar de sus limitaciones, al final todo fluye.

El uso natural y nativo de varios idiomas —español, catalán, francés y alemán— me parece un acierto que aporta verosimilitud. Además de la variedad idiomática, hay un trabajo brutal sociolingüístico y filológico en el uso de la variante dialectal pallaresa del catalán, que ayuda a transmitir la sensación de aislamiento rural y reflejar el contexto de frontera pirenaica en los años cuarenta, entre la Segunda Guerra Mundial y la posguerra civil más dura.
Miki Esparbé encarna a un Manel marcado por la culpa que busca redimirse y el Ovidi de Jordi Sánchez funciona por oposición como arquetipo de alcalde arribista al lado del poder. Lo contrario que Asier Etxeandia, como oficial de la Guardia Civil roto, que hace tiempo que dejó de creer en todo, excepto en su propia coherencia. Bruna Cusí aporta el contrapunto vital de una Juliana enérgica. Kevin Janssens y su Jérôme introduce matices que dan ritmo a la narrativa, la Mercè de Maria Rodríguez ilumina los momentos personales y te deja con ganas de más. El resto del elenco suma, acompaña y sostiene.

La realización prioriza los dilemas internos de los personajes por encima de la espectacularidad. Transmite honradez y delicadeza, aunque también ralentiza y hace que el suspense y la carga emocional aparezcan de forma irregular. Aun así, ahí está la sensibilidad de Judith Colell (Elisa K, 15 horas). La directora es capaz de capturar con sutileza los dramas pequeños dentro de un contexto histórico abrumador.
Y después de la mirada viene la escritura; y cuando esa mirada se articula en forma de thriller dramático, político y metahistórico con conciencia de lo que cuenta, el cine no solo recuerda: interpreta y dialoga con el presente. Y eso es lo que hay.

¿La película “toma partido”? Sí, por supuesto. Como toda película con trasfondo histórico, incluso —o especialmente— aquellas que fingen no hacerlo. La neutralidad absoluta no existe cuando se habla de nazismo, fascismo, huidas, fronteras cerradas y vidas en juego. Pretender lo contrario es, en sí mismo, una postura ideológica.

No renuncia al drama, que personaliza el horror y entiende que emocionar no invalida la verdad, sino que la hace comprensible. El cine no es un archivo, ni un museo, ni un acta notarial; es un relato que funciona: salvar vidas no borra cuarenta años de dictadura, ni convierte una excepción en sistema. En Alemania este debate está resuelto desde hace décadas; aquí seguimos discutiendo si recordar es “partidista”.

Creo que es un acierto la idea de ficcionar hechos históricos, tramas o esos personajes "atípicos" como el del funcionario republicano o el jefe de la Guardia Civil como figuras simbólicas: la de quienes, desde dentro o desde los márgenes, actuaron por conciencia y no por obediencia. El cine lleva más de un siglo recurriendo a personajes compuestos o ficticios para explicar procesos complejos, sin que nadie exija certificados notariales a cada protagonista.

Memoria no es propaganda, igual que no lo es enseñar el Holocausto, las dictaduras argentina, chilena, franquista... o el apartheid. Es política, sí. Igual que es política haber vivido medio siglo de fascismo y seguir arrastrando sus sombras. El problema no es que el cine tenga discurso; el problema es cuando pretende no tenerlo (o directamente se venden mentiras).

Si la película molesta, es que algo han hecho bien. Si la Historia no tuviera opinión, no habría historia que contar.
10
25 de abril de 2026
4 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Frontera” funciona muy bien como cine histórico y también como recordatorio incómodo de una verdad que algunos prefieren suavizar. Judith Colell construye una película sobria, bien narrada y visualmente muy cuidada: la fotografía aprovecha con inteligencia los paisajes pirenaicos, las localizaciones transmiten frío, miedo y aislamiento, y tanto el vestuario como el atrezzo ayudan a dar verosimilitud sin caer en el artificio. Hay una notable atención al detalle en la recreación de época, algo fundamental en una historia donde la atmósfera pesa tanto como los diálogos.

La película acierta además en no convertir el relato en una fábula complaciente: muestra la dureza de la frontera, la persecución nazi y la ambigüedad —cuando no la complicidad— del franquismo ante la huida de los judíos. No plantea héroes perfectos, sino personas enfrentadas a decisiones morales reales.

He observado en Filmaffinity algunas críticas que parecen partir más de una posición ideológica extrema que de un análisis cinematográfico. Incluso hay usuarios con apenas un par de reseñas, ambas puntuadas con un 1 precisamente a películas que exponen las crueldades del fascismo. Todas las opiniones son legítimas; vivimos en libertad y en democracia, y la crítica debe ser plural. Pero también conviene señalar cuando no se juzga una película por su valor artístico sino por rechazo a la memoria histórica que plantea. En tiempos donde ciertos discursos intentan blanquear el autoritarismo y reducir derechos democráticos, películas como “Frontera” resultan necesarias precisamente porque disputan ese relato desde la memoria y desde el cine.
6
“Frontera” (2025) de Judith Colell no es una gran película, pero sí un film necesario en dos sentidos distintos: como ejercicio de memoria histórica hoy más necesario que nunca con los fascismos cabalgando triunfantes por el mundo y, también, como metáfora de la situación actual en la que los migrantes pierden la vida injustamente intentando atravesar fronteras dibujadas en un mapa. En ambos sentidos la cinta es conveniente y necesaria, si bien cinematográficamente no alcance un nivel notable en su propuesta.

El guión de Miguel Ibáñez Monroy y Gerard Giménez, quizás la piedra contra la que choca la cinta en su intento de haber sido más importante de lo que termina siendo, nos sitúa en un pequeño pueblo catalán fronterizo con Francia donde está establecida la aduana en 1943. En plena II Guerra Mundial, los habitantes del lugar observan consternados cómo judíos desesperados intentan cruzar la frontera para salvar la vida, perseguidos por los nazis que reinan en la Francia ocupada. En el pueblo hay quien mira para otro lado, pero también habitantes solidarios y generosos que arriesgan su vida por intentar salvarlos permitiendo que crucen la frontera.
El responsable del puesto fronterizo (Miki Esparbé), que combatió con los republicanos en la reciente Guerra Civil pero que había desertado para salvar la vida, vive con su esposa (María Rodríguez Soto) y sus dos hijos. A pesar de haberse reinventado, siguen teniendo principios progresistas e intentan ayudar hasta donde les es posible. Por motivos más espúreos anudados al contrabando, también hace la vista gorda la máxima autoridad de la Guardia Civil en el pueblo (Asier Exteandia) mientras que la mujer que regenta la taberna (la siempre maravillosa Bruna Cusí, una de mis grandes debilidades) sostiene la red de fuga para salvar judíos.

Aunque argumentalmente tiene problemas para emocionar a pesar del tema tratado y, lo que resulta más grave, se deja acunar por algunas soluciones fáciles y un tanto rocambolescas, lo que sí resulta notable de la propuesta de Judith Colell es la espléndida ambientación de la época y la brillante dirección de fotografía de Andreu Adam Rubiralta, especialmente en los interiores apenas iluminados por velas y perfectamente encuadrados que resplandecen por encima del tono medio del film. Menos llamativa resulta la música de Liesa Van der Aa.
5
19 de diciembre de 2025 1 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Frontera se yergue como una película pirenaica en muchos sentidos, pues como la cordillera, está cargada de picos y clímax que se quedan sin resolver, para después bajar a valles sin sentido, deslavazando la idea con un guión que se queda corto y que tampoco permite el lucimiento de los actores, más allá de un Asier Etxeandia al que le sienta muy bien hacer de fascista, como sucede en 'La Cena', pero que deja frío con un Esparbé tímido y con un buen Jordi Sánchez, dejando además que tanto Bruna Cusí como María Rodríguez se queden en tierra de nadie.

A favor de 'Frontera' está el gusto por la fotografía, las localizaciones y la ambientación, pero lo que podría haber sido perfectamente una película con la que alargar el comienzo de los 'Malditos bastardos' de Tarantino acaba siendo una endeblez –a pesar de no tener un metraje abultado– larga y pretendidamente intimista que deja al trasluz algunos de los conflictos internos de los protagonistas, pero no demasiado, llenando de las mismas nieblas bajas pirenaicas lo que sucede en una acción carente de emoción a pesar de que el tema se prestase a ello.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El desenlace, mal gestionado, juega con un deus ex machina más inverosímil que una película de Christopher Nolan. Tras entrar los nazis en el pueblo a encontrar al contrabandista, acaban consiguiendo que el personaje de Ovidi (Jordi Sánchez) aparezca en mitad del pueblo con un tiro sin que nadie tenga la más remota idea de cómo ha llegado hasta allí y minutos después de que su mujer pregunte dónde está Ovidi que, a tenor del desenlace, debió haber sufrido una teleportación cuando, en teoría, había sido disparado en mitad del monte la tarde anterior, pero que por arte de magia brota en el pueblo con un tiro entre pecho y espalda.
7
10 de diciembre de 2025
15 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bajo una película técnicamente impecable, pero con un guion previsible y algo trillado, se esconde una reflexión muy necesaria y actual, perfectamente válida en los tiempos que corren actualmente.

Viendo el tema y ambientación de la película, el guion no sorprende y se desarrolla por el camino esperado. Se puede ir anticipando sobre la marcha lo que va a suceder. No ayuda que el final sea, digamos para no caer en spoiler, menos trágico y más esperanzador de lo que debería. Tampoco ayuda que la personalidad de los personajes sea quizás demasiado exagerada: el alcalde franquista muy franquista, el republicano muy republicano, el ambiguo egoísta y materialista muy egoísta y materialista, el nazi muy nazi...

No obstante, contrarrestan estos problemas unas actuaciones muy solventes y creíbles, y un apartado técnico intachable, con perfectas localizaciones, correcta ambientación, sonido, montaje,...

Por tanto, observando la balanza en este punto, estaría bastante nivelada, inclinándose por ser tirando a buena. Pero el punto que decanta la balanza completamente y hace que la película destaque es el intento de equiparar lo mostrado en la película, basado en hechos y datos reales, con la situación geopolítica actual. La película busca reflexionar y trasladar lo acontecido hace 80 años a la actualidad, hablando de refugiados, regímenes dictatoriales más o menos disimulados, pero sobre todo, derechos humanos y ayuda al prójimo. Vivimos en una época en la que se nos llena la boca hablando de democracia y respeto a los derechos humanos, pero a la hora de la verdad, eso se queda en agua de borrajas, por lo que es necesario ponernos frente al espejo y afrontar la realidad de frente en lugar de mirar para otro lado. Esta película, ambientada en otro tiempo, a su vez, nos pone frente a la cruda realidad actual.
Así que, finalmente, lo que tenemos es una película buena, con buenas actuaciones y localizaciones, que no se hace larga, se deja ver bien, y genera emociones, sentimientos y reflexiones al espectador.

Sirva esta crítica como contraposición a los descarados franquistas (lo que la prensa llamaría """nostálgicos""") que se han abalanzado sobre ella, alegando que lo mostrado es mentira y ensalzando al régimen franquista, alegando, falsamente, que fueron ellos los responsables de salvar miles de judíos. No, no todas las opiniones son respetables, éstas no lo son ni mucho menos, ni se sustentan con datos reales, y hay que parar tajantemente de blanquear al fascismo. Franco fue un miserable asesino genocida y su régimen no aportó una sola cosa buena, así que lo mejor que podemos hacer es acabar de una vez por todas con el franquismo, actualmente vigente aún décadas después de la muerte del dictador.

Muerte al revisionismo histórico. Muerte al franquismo y al nazismo. Y All Refugees Welcome.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
  • Filters & Sorts
    You can change filter options and sorts from here
    Últimas películas consultadas
    arrow