Un rostro en la multitud
7.3
1,803
19 de marzo de 2009
19 de marzo de 2009
27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Elia Kazan fue un visionario en toda regla. Prueba de ello lo resume uno de sus films menos recordados "A Face In The Crowd". Larry "Solitario" Rhodes viaja vagaundeando de pueblo en pueblo, y de calabozo en calabozo, con su vieja guitarra, sus hárapos y la botella que lo lleva a inspirar y componer las canciones de carretera que le vienen en mente. Hasta que un día conoce a Marcia Jeffries (Patricia Neal) una periodista de una radio local que invita a todos con quien se cruza a aportar un poco de su vida a través de las ondas. Larry, con su sentido del humor y su ingenio para tocar canciones, simplemente, arrasa. Unos meses después Larry es toda una estrella de la televisión y los fans acuden en masa a recibirle en cada ciudad que visita. Pero la fama puede hacer mella en él. Marcia se ha enamorado de la estrella que ha creado pero un compañero de profesión, Mel Miller (Walter Matthau) la persuade viendo que el destino de Larry está ya en su zénit y que ya es demasiado tarde.
El director de "La Ley del Silencio" y "America America" retrata una historia de ascenso y caída en el si del sueño americano. A finales de los años cincuenta, si tenemos en cuenta que la acción se desarrolla en los EEUU, se tenía que tomar nota sobre los desencadenantes que podían provocar la afluencia de emisoras televisivas que encumbraban a cualquiera solamente por disponer de ingenio en cualquier ámbito. Larry es un hombre renacido de la pobreza y su salto a la gloria se produce en un abrir y cerrar de ojos, sin transición alguna. Por lo que acabará convirtiéndolo en un ser despreciable, arrogante y dependiente de las cifras de audiencia como oxígeno de su nueva forma de vivir.
Rodada en la última etapa de la caza de brujas, de la que Kazan tuvo que confesar a muchos de sus compañeros por temor a ser deportado, "A Face In The Crowd", no toca en éste aspecto pero puede considerarse como una autocrítica esa visión tan cándida como bruscamente traidora de la abundancia que puede aportar un país avanzado, basado en el célebre "American New Life Style" y que tan de moda se puso en la década de los cincuenta. Y con la radio y la televisión como abanderados medios.
El director de "La Ley del Silencio" y "America America" retrata una historia de ascenso y caída en el si del sueño americano. A finales de los años cincuenta, si tenemos en cuenta que la acción se desarrolla en los EEUU, se tenía que tomar nota sobre los desencadenantes que podían provocar la afluencia de emisoras televisivas que encumbraban a cualquiera solamente por disponer de ingenio en cualquier ámbito. Larry es un hombre renacido de la pobreza y su salto a la gloria se produce en un abrir y cerrar de ojos, sin transición alguna. Por lo que acabará convirtiéndolo en un ser despreciable, arrogante y dependiente de las cifras de audiencia como oxígeno de su nueva forma de vivir.
Rodada en la última etapa de la caza de brujas, de la que Kazan tuvo que confesar a muchos de sus compañeros por temor a ser deportado, "A Face In The Crowd", no toca en éste aspecto pero puede considerarse como una autocrítica esa visión tan cándida como bruscamente traidora de la abundancia que puede aportar un país avanzado, basado en el célebre "American New Life Style" y que tan de moda se puso en la década de los cincuenta. Y con la radio y la televisión como abanderados medios.
29 de septiembre de 2010
29 de septiembre de 2010
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Elia Kazan se embarca en una película de colosales aspiraciones y sin llegar a la excelencia buscada consigue una película notable. El guión viene del poderoso hombre de cine Budd Shulberg, el mismo que poco antes había firmado La Ley del Silencio, y cuenta la historia de un vagabundo que llegará a convertirse en ídolo mediático a base de consignas demagógicas.
Todo lo de hoy ya estaba en esta película de 1.957: la televisión omnipresente- era el momento de su irrupción- el bombardeo publicitario, el slogan simple y directo, el nombre que hace las veces de marca comercial ( Lonesome Rhodes), las audiencias, la necesariedad de iconos …A decir verdad, recursos que, por focalizarlos en Estados Unidos tan bien supo manejar ya hace tiempo un Teddy Roosvelt, o un JFK, magnífico producto de época. Como ejemplos más palmarios de la nuestra tenemos los cómicos y eficaces Zp o “ Yes, we can” . Y hace unas horas acabo de enterarme de la galáctica idea de Mr 12.
La narración de la película sigue un camino muy claro: Tras un pasaje de hipnosis el demagogo escala un peldaño más en su ascenso. Comienza en la cárcel, y con una canción sureña que cautiva a la audiencia pasa a la televisión, donde en un anuncio publicitario casi rodado a manera de “ cartoon”, embauca nuevamente, y dueño ya de su propio programa, se dedica a impartir unas reflexiones tan primarias que casualmente coinciden con las del hombre de la calle. Cuajado ya como líder de opinión, ese hombre llano es capaz de amaestrar masas humanas. Lo importante no es que su mensaje tenga contenido- cuanto menos tenga, mejor- , sino que sea pegadizo y se clave a las memorias.
Kazan lo cuenta de manera hiperbólica, algo que puede restar credibilidad a la película a cambio de otorgarle mayor espectacularidad. Las intenciones y engaños del demagogo son demasiado evidentes, la credulidad de la sociedad demasiado inocente. Creo que es un efecto buscado por el autor que quiere hacer aún más imbéciles a sus fieles. Además, persigue esa histeria emocional, esa catarsis trágica que corre por toda su filmografía. A algunos les puede parecer chillón o desmesurado, pero los clímax de “Al este el Edén” o “ La Ley del Silencio” tienen el mismo patrón. Por otra parte, la propia historia que nos cuenta exige un formato circense, un verdadero despliegue escenográfico. No es cine intimista, es puro show business.
Esta narración principal se combina con la atracción que siente Patricia Neal por el protagonista, algo así como la admiración que siente la mujer sedente por el hombre de acción. Ella sabe que es perverso, rudo y sin instrucción…pero se ensimisma con la fuerza de ese bárbaro. Debería repugnarle, pero se siente incapaz de hacerle frente.
( SIGUE EN SPOILER SIN DESVELAR ARGUMENTO)
Todo lo de hoy ya estaba en esta película de 1.957: la televisión omnipresente- era el momento de su irrupción- el bombardeo publicitario, el slogan simple y directo, el nombre que hace las veces de marca comercial ( Lonesome Rhodes), las audiencias, la necesariedad de iconos …A decir verdad, recursos que, por focalizarlos en Estados Unidos tan bien supo manejar ya hace tiempo un Teddy Roosvelt, o un JFK, magnífico producto de época. Como ejemplos más palmarios de la nuestra tenemos los cómicos y eficaces Zp o “ Yes, we can” . Y hace unas horas acabo de enterarme de la galáctica idea de Mr 12.
La narración de la película sigue un camino muy claro: Tras un pasaje de hipnosis el demagogo escala un peldaño más en su ascenso. Comienza en la cárcel, y con una canción sureña que cautiva a la audiencia pasa a la televisión, donde en un anuncio publicitario casi rodado a manera de “ cartoon”, embauca nuevamente, y dueño ya de su propio programa, se dedica a impartir unas reflexiones tan primarias que casualmente coinciden con las del hombre de la calle. Cuajado ya como líder de opinión, ese hombre llano es capaz de amaestrar masas humanas. Lo importante no es que su mensaje tenga contenido- cuanto menos tenga, mejor- , sino que sea pegadizo y se clave a las memorias.
Kazan lo cuenta de manera hiperbólica, algo que puede restar credibilidad a la película a cambio de otorgarle mayor espectacularidad. Las intenciones y engaños del demagogo son demasiado evidentes, la credulidad de la sociedad demasiado inocente. Creo que es un efecto buscado por el autor que quiere hacer aún más imbéciles a sus fieles. Además, persigue esa histeria emocional, esa catarsis trágica que corre por toda su filmografía. A algunos les puede parecer chillón o desmesurado, pero los clímax de “Al este el Edén” o “ La Ley del Silencio” tienen el mismo patrón. Por otra parte, la propia historia que nos cuenta exige un formato circense, un verdadero despliegue escenográfico. No es cine intimista, es puro show business.
Esta narración principal se combina con la atracción que siente Patricia Neal por el protagonista, algo así como la admiración que siente la mujer sedente por el hombre de acción. Ella sabe que es perverso, rudo y sin instrucción…pero se ensimisma con la fuerza de ese bárbaro. Debería repugnarle, pero se siente incapaz de hacerle frente.
( SIGUE EN SPOILER SIN DESVELAR ARGUMENTO)
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Completa protagonismo Walter Matthau , que aparece sorprendentemente caracterizado como un intelectual enamorado de Patricia Neal. Incluso su aspecto con gafas de pasta y fumando en pipa parece tanto una copia que casi pierde realidad, y en todo caso, el contraste con el hombre de instinto parece demasiado obvio.
Este triángulo tiene a mi juicio los mismos errores y virtudes que la trama principal, y me atrevería a decir que de toda la obra de Kazan. Buena construcción de escenas, siempre buscando el mayor dramatismo posible,- se nota su labor como hombre de teatro- , excelentes interpretaciones nerviosas y no siempre logrando cerrar coherentemente la historia entera (Exceptúo “ Esplendor en la Hierba” y “ América, América”, que me parecen sus dos películas más extraordinarias) .
Y en cualquier caso hay que ver en versión original, so pena de perder mucho del sentido de la misma. Lo dice uno acomplejado por no saber inglés.
Este triángulo tiene a mi juicio los mismos errores y virtudes que la trama principal, y me atrevería a decir que de toda la obra de Kazan. Buena construcción de escenas, siempre buscando el mayor dramatismo posible,- se nota su labor como hombre de teatro- , excelentes interpretaciones nerviosas y no siempre logrando cerrar coherentemente la historia entera (Exceptúo “ Esplendor en la Hierba” y “ América, América”, que me parecen sus dos películas más extraordinarias) .
Y en cualquier caso hay que ver en versión original, so pena de perder mucho del sentido de la misma. Lo dice uno acomplejado por no saber inglés.
27 de agosto de 2013
27 de agosto de 2013
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
De sobra es conocido Kazan por sus famosas adaptaciones de Tennessee Williams y John Steimbeck (Un tranvía llamado deseo, Al este del edén), con este film pretendía regresar al espacio dramático de sus primeros triunfos, al cine llamado “social”. Estamos en el estado de Arkansas, mediados de los cincuenta, Marcia Jeffries (una maravillosa Patricia Neal), periodista creadora del programa radiofónico “A face in the crowd”, graba una de sus emisiones en la cárcel de un pequeño pueblo; el demagógico programa, falacia posibilista de la “democracia” yanqui, tiene como objeto descubrir “un rostro anónimo entre la multitud” y darle ocasión de ejercer durante unos minutos cierto protagonismo radiofónico.
El nuevo “descubrimiento” de Marcia es Lonesome Rhodes (estupendo Andy Griffith) que fue encarcelado por estar borracho, tiene la misma ingenuidad que las canciones folk que interpreta con su vieja guitarra, la cual, él dice amar más que a su mujer. Por la expresión de complicidad de Marcia podemos intuir el devenir del film. Desde su primera actuación en la radio, Rhodes el “solitario” sabe ganarse al público, empezando sabiamente por las amas de casa del país del matriarcado. Pero el film no tarda en cambiar su rumbo, abordando una variación sobre dos temas bastante frecuentados por el cine:
1. La posibilidad de ascenso social de una persona en el país, donde un actor puede llegar a ser presidente.
2. La manipulación de las masas a través de los medios de comunicación; la “movilidad social” de un país y el poder de la publicidad.
La institucionalización de la mediocridad, donde cualquier botarate puede manejar las masas con mensajes demagógicos y trasnochados. La película narra la ascensión y caída de este personaje, pasando de ingenuo vagabundo a controlador (controlado) de la opinión pública del país, director de su propia cadena de publicidad y alentador de escaladas políticas. Un material atractivo para Kazan, en connivencia con su guionista Budd Schulberg con quien tres años antes realizaron “La ley del silencio”, recrean con un ritmo trepidante ese asqueroso mundo de la lucha por la audiencia a cualquier precio.
Los avatares de este individuo patético, de vida desordenada, cuya aventura amorosa y misoginia nacida en su niñez con el abandono del padre y la prostitución de la madre, se proyecta a su primera esposa y su relación con la segunda, una jovencita majorette encarnada por una preciosa Lee Remick. Interesante el papel de Walter Matthau como guionista y consejero sentimental de Marcia y el trabajo de Tony Franciosa como agente despiadado y vividor. En resumen un film interesante que recrea la sociedad americana de los años 50.
El nuevo “descubrimiento” de Marcia es Lonesome Rhodes (estupendo Andy Griffith) que fue encarcelado por estar borracho, tiene la misma ingenuidad que las canciones folk que interpreta con su vieja guitarra, la cual, él dice amar más que a su mujer. Por la expresión de complicidad de Marcia podemos intuir el devenir del film. Desde su primera actuación en la radio, Rhodes el “solitario” sabe ganarse al público, empezando sabiamente por las amas de casa del país del matriarcado. Pero el film no tarda en cambiar su rumbo, abordando una variación sobre dos temas bastante frecuentados por el cine:
1. La posibilidad de ascenso social de una persona en el país, donde un actor puede llegar a ser presidente.
2. La manipulación de las masas a través de los medios de comunicación; la “movilidad social” de un país y el poder de la publicidad.
La institucionalización de la mediocridad, donde cualquier botarate puede manejar las masas con mensajes demagógicos y trasnochados. La película narra la ascensión y caída de este personaje, pasando de ingenuo vagabundo a controlador (controlado) de la opinión pública del país, director de su propia cadena de publicidad y alentador de escaladas políticas. Un material atractivo para Kazan, en connivencia con su guionista Budd Schulberg con quien tres años antes realizaron “La ley del silencio”, recrean con un ritmo trepidante ese asqueroso mundo de la lucha por la audiencia a cualquier precio.
Los avatares de este individuo patético, de vida desordenada, cuya aventura amorosa y misoginia nacida en su niñez con el abandono del padre y la prostitución de la madre, se proyecta a su primera esposa y su relación con la segunda, una jovencita majorette encarnada por una preciosa Lee Remick. Interesante el papel de Walter Matthau como guionista y consejero sentimental de Marcia y el trabajo de Tony Franciosa como agente despiadado y vividor. En resumen un film interesante que recrea la sociedad americana de los años 50.
23 de abril de 2012
23 de abril de 2012
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Puede ser que Elia Kazan fuera uno de los directores más controvertidos de Hollywood, pero eso no quita que fuera también uno de los directores más interesantes del siglo pasado. Y así lo demuestra en este atípico film sobre la manipulación y la verdad de los medios de comunicación. Budd Schulberg, con el que el director ya había trabajado en 'La ley del silencio', adapta aquí una historia suya en la que narra el ascenso y el declive de un hombre, con gran capacidad de movilizar a la gente, que se convertirá en todo un fenómeno mediático.
Una conseguida atmósfera, una puesta en escena sombría y una opresiva y angustiosa narración consiguen dar veracidad a este estupendo relato sobre el llamado “cuarto poder”. 'Un rostro en la multitud' es una película adelantada a su época, que toca un tema de actualidad como es la influencia de los medios de comunicación en la sociedad, donde es magnífico ver como cae la popularidad de “Solitario Rhodes” al mismo tiempo que baja el ascensor.
En el reparto cabe destacar a un esmerado Andy Griffith, quien debutó con su seguramente mejor intervención en el cine, y también hay que mencionar un gran trabajo de Patricia Neal y una primeriza Lee Remick con tan solo diecisiete añitos.
Aunque no es una de las más conocidas del director, se trata de una interesantísima película sobre el poder y la manipulación de los medios y sus consecuencias. Un film recomendado para aquellos que quieran ver algo diferente.
Una conseguida atmósfera, una puesta en escena sombría y una opresiva y angustiosa narración consiguen dar veracidad a este estupendo relato sobre el llamado “cuarto poder”. 'Un rostro en la multitud' es una película adelantada a su época, que toca un tema de actualidad como es la influencia de los medios de comunicación en la sociedad, donde es magnífico ver como cae la popularidad de “Solitario Rhodes” al mismo tiempo que baja el ascensor.
En el reparto cabe destacar a un esmerado Andy Griffith, quien debutó con su seguramente mejor intervención en el cine, y también hay que mencionar un gran trabajo de Patricia Neal y una primeriza Lee Remick con tan solo diecisiete añitos.
Aunque no es una de las más conocidas del director, se trata de una interesantísima película sobre el poder y la manipulación de los medios y sus consecuencias. Un film recomendado para aquellos que quieran ver algo diferente.
25 de noviembre de 2005
25 de noviembre de 2005
19 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las películas menos conocidas y relevantes de Kazan, centrada en la historia de un hombre vulgar que acaba endiosado por alcanzar una fama precocinada, que le hace perder su identidad como persona y sus cualidades más allá de una fortuna limitada.
La película trata sobre la manipulación de las masas y del poder venenoso y nocivo de los medios de comunicación, lo desarrolla de manera correcta en nada sobresaliente, en nada insuficiente, de tal modo que resulta un poco cargante, estirada y enfática.
La película trata sobre la manipulación de las masas y del poder venenoso y nocivo de los medios de comunicación, lo desarrolla de manera correcta en nada sobresaliente, en nada insuficiente, de tal modo que resulta un poco cargante, estirada y enfática.
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