El listón blanco
2009 

7.2
38,741
Drama. Intriga
En 1913, en vísperas de la Gran Guerra (1914-1918), extraños acontecimientos, que poco a poco toman carácter de castigo ritual, se dan cita en un pequeño pueblo protestante del norte de Alemania. Los niños y adolescentes del coro del colegio y de la iglesia dirigido por el maestro, sus familias, el barón, el encargado, el médico, la comadrona, y los granjeros conforman una historia que reflexiona sobre los orígenes del nazismo en ... [+]
15 de enero de 2010
15 de enero de 2010
388 de 474 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se suele decir de Haneke que es un cirujano que disecciona los males de la sociedad moderna y sin embargo, no hay apreciación más equivocada: ya que un cirujano abre el cuerpo y lo examina para que, una vez determinadas las causas del mal, proceder a extirpar la carne corrupta en vías de lograr la curación del paciente. Y sin embargo, lo que se hace en "La cinta blanca" no es una operación. Es una exhumación seguida de una autopsia.
El cuerpo tiene un aspecto impoluto (la tanatoplastia B/N hace milagros) pero una vez empieza a abrirse, asoma su verdadera naturaleza. A medida que la voz en off del narrador nos cuenta los extraños sucesos que acontecieron en aquel puritano pueblecito alemán poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, se nos muestran los órganos y la lenta corrupción que ha ido devorando por dentro ese inmaculado cadáver. Así, mientras la disección se profundiza, el blanco de la imagen -el blanco del rostro, de la nieve, del incendio- se va a ir comiendo lentamente al negro. Al final, hay un infernal predominio de esa falsa inocencia que pregona la cinta blanca: para cuando llega el momento de asumir sus enseñanzas, es demasiado tarde. Si los padres desarrollaron sus vicios y pecados al abrigo de la oscuridad, serán los hijos quienes opongan con orgullo su propia concepción de la pureza, a plena luz del día. El triunfo de la voluntad.
El cuerpo tiene un aspecto impoluto (la tanatoplastia B/N hace milagros) pero una vez empieza a abrirse, asoma su verdadera naturaleza. A medida que la voz en off del narrador nos cuenta los extraños sucesos que acontecieron en aquel puritano pueblecito alemán poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, se nos muestran los órganos y la lenta corrupción que ha ido devorando por dentro ese inmaculado cadáver. Así, mientras la disección se profundiza, el blanco de la imagen -el blanco del rostro, de la nieve, del incendio- se va a ir comiendo lentamente al negro. Al final, hay un infernal predominio de esa falsa inocencia que pregona la cinta blanca: para cuando llega el momento de asumir sus enseñanzas, es demasiado tarde. Si los padres desarrollaron sus vicios y pecados al abrigo de la oscuridad, serán los hijos quienes opongan con orgullo su propia concepción de la pureza, a plena luz del día. El triunfo de la voluntad.

Y no el único triunfo: hoy se ha estrenado en algunos cines de España una película austríaca de dos horas en blanco y negro. Sobre la génesis del nazismo. Sin holocausto. Sin discursos. Sin gafitas 3-D. Sin banda sonora. Sin trailer impactante. Sin estrellas.
Si esto no es la verdadera revolución, detengan la cámara, corten y déjenme salir, que yo me largo.
Si esto no es la verdadera revolución, detengan la cámara, corten y déjenme salir, que yo me largo.
16 de enero de 2010
16 de enero de 2010
259 de 310 usuarios han encontrado esta crítica útil
El blanco es el color de la pureza. Es inocencia y luz. El límite al que tiende la bondad.
En ‘La cinta blanca’ la blancura, con su pureza inalcanzable, es el comienzo y fin de lo terrible.
El blanco se transforma en la conciencia del pecado original. Su dignidad fermenta y se corrompe: leche agria, tormento físico y moral, humillación.
La fotografía sobrexpone el blanco de los campos, las coles, las espigas. Nubla el ojo del niño. Nos muestra un pueblo insano y venenoso.
El blanco desmedido termina en pura aberración. La inocencia se hace excepcional. La única persona que ríe abiertamente es el pequeño retrasado.
El espíritu del mal condena al hijo por la falta de los padres. El castigo preside la existencia, la risa está proscrita.
Todo es sermón y censura, susurro o grito, presagio de sanción. Todo es engaño o apariencia, violencia contenida o estallido. Se nos presentan los sonidos depurados: el vuelo de una mosca, el lamento del niño, la música desnuda. El silencio, en contrapunto, los hace resaltar.
En ‘La cinta blanca’ la blancura, con su pureza inalcanzable, es el comienzo y fin de lo terrible.
El blanco se transforma en la conciencia del pecado original. Su dignidad fermenta y se corrompe: leche agria, tormento físico y moral, humillación.
La fotografía sobrexpone el blanco de los campos, las coles, las espigas. Nubla el ojo del niño. Nos muestra un pueblo insano y venenoso.
El blanco desmedido termina en pura aberración. La inocencia se hace excepcional. La única persona que ríe abiertamente es el pequeño retrasado.
El espíritu del mal condena al hijo por la falta de los padres. El castigo preside la existencia, la risa está proscrita.
Todo es sermón y censura, susurro o grito, presagio de sanción. Todo es engaño o apariencia, violencia contenida o estallido. Se nos presentan los sonidos depurados: el vuelo de una mosca, el lamento del niño, la música desnuda. El silencio, en contrapunto, los hace resaltar.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Haneke subvierte la blancura. Incurre en el recurso fácil: la muerte del pájaro, el maltrato del niño deficiente, el incesto, el sexo repugnante.
No creo que la cinta exponga el germen del nazismo (falta la Alemania de entreguerras, el colapso financiero, la paz en falso de Versalles). La disciplina prusiana y el cilicio religioso no explican la mecánica de la aniquilación. La envidia lleva al odio; pero el odio por sí mismo no diseña fábricas de muerte.
Más bien nos muestra el mal como una vía hipertrofiada de la ascesis religiosa. La ceremonia final es elocuente: la congregación hace la fuerza.
Ciertas ovejas (el médico, la comadrona) acaban desapareciendo. Intuimos con espanto que han sido desterradas por la mano pastoral.
En sucesivos planos fijos, la cámara se aleja de la iglesia. La voz en off impone su distancia. Haneke no cree en Dios.
[a Blanca y Guille]
No creo que la cinta exponga el germen del nazismo (falta la Alemania de entreguerras, el colapso financiero, la paz en falso de Versalles). La disciplina prusiana y el cilicio religioso no explican la mecánica de la aniquilación. La envidia lleva al odio; pero el odio por sí mismo no diseña fábricas de muerte.
Más bien nos muestra el mal como una vía hipertrofiada de la ascesis religiosa. La ceremonia final es elocuente: la congregación hace la fuerza.
Ciertas ovejas (el médico, la comadrona) acaban desapareciendo. Intuimos con espanto que han sido desterradas por la mano pastoral.
En sucesivos planos fijos, la cámara se aleja de la iglesia. La voz en off impone su distancia. Haneke no cree en Dios.
[a Blanca y Guille]
19 de enero de 2010
19 de enero de 2010
240 de 276 usuarios han encontrado esta crítica útil
He de decir antes de empezar a escribir esta crítica, que fui al cine sin tener el menor conocimiento del argumento de esta película, ni de su concepción o planteamiento. Sinceramente, creo que es algo que ayuda mucho al visionado de este filme.
Ahora bien, la película en si, nos introduce poco a poco en la agobiante atmósfera de un pequeño pueblo de Alemania poco antes del estallido de la I Guerra Mundial. La historia, nos la narra el maestro local, no obstante, la cámara no se muestra partidaria de nadie, simplemente enfoca, con una frialdad absoluta todo lo acontecido en el filme.
No se muestra partido por nadie, todo el mundo tiene algo que ocultar en una atmósfera totalmente agobiante y opresiva en un lugar donde la moral y las apariencias externas lo son todo. El sobrio blanco y negro y la ausencia total de música (salvo por uno o dos momentos y por que algún personaje toca un instrumento) nos asumen aún más en el micro cosmos que forma este pequeño pueblo. La vida y miserias de todos los habitantes, se exponen ante nosotros y al final, el único juez, es el espectador.
Ahora bien, la película en si, nos introduce poco a poco en la agobiante atmósfera de un pequeño pueblo de Alemania poco antes del estallido de la I Guerra Mundial. La historia, nos la narra el maestro local, no obstante, la cámara no se muestra partidaria de nadie, simplemente enfoca, con una frialdad absoluta todo lo acontecido en el filme.
No se muestra partido por nadie, todo el mundo tiene algo que ocultar en una atmósfera totalmente agobiante y opresiva en un lugar donde la moral y las apariencias externas lo son todo. El sobrio blanco y negro y la ausencia total de música (salvo por uno o dos momentos y por que algún personaje toca un instrumento) nos asumen aún más en el micro cosmos que forma este pequeño pueblo. La vida y miserias de todos los habitantes, se exponen ante nosotros y al final, el único juez, es el espectador.

Ahora para el que haya visto esta película, le recomiendo ver el spoiler para ver mis conclusiones, a todos los demás usuarios, no lo leáis por que os destrozo la película.
Película sumamente recomendable y que hay que ver varias veces para captar todos los detalles.
Película sumamente recomendable y que hay que ver varias veces para captar todos los detalles.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Durante la cinta, se desarrollan varios accidentes insólitos, fruto de la casualidad o de alguien que ejerce de mano ejecutora. Bajo mi punto de vista, ese alguien son los hijos del pastor, ya que la obsesión de este con el pecado, la virtud y la pureza, les fuerza ha hacer de una especie de vengadores contra todo mal.
Véase, el médico es derribado del caballo por el mero hecho de acostarse con la comadrona, posteriormente nadie sabrá quien lo ha hecho, no obstante el maestro y el espectador atan cabos y les inculpa.
Otra pista es la paliza con una vara (de la misma forma que es castigada la prole del predicador) que le dan al hijo de Barón, cuando en la serrería muere la mujer de un campesino.
Al final queda la paliza al pobre retrasado y su supuesta muerte, no deja de ser un ataque a la comadrona y al médico por sus actos pecaminosos. Quizás se enteran del incesto que comete el médico con su hija, o solo sea castigo por esta relación extra matrimonial. La pobre comadrona huye del pueblo presa del terror.
Véase, el médico es derribado del caballo por el mero hecho de acostarse con la comadrona, posteriormente nadie sabrá quien lo ha hecho, no obstante el maestro y el espectador atan cabos y les inculpa.
Otra pista es la paliza con una vara (de la misma forma que es castigada la prole del predicador) que le dan al hijo de Barón, cuando en la serrería muere la mujer de un campesino.
Al final queda la paliza al pobre retrasado y su supuesta muerte, no deja de ser un ataque a la comadrona y al médico por sus actos pecaminosos. Quizás se enteran del incesto que comete el médico con su hija, o solo sea castigo por esta relación extra matrimonial. La pobre comadrona huye del pueblo presa del terror.

En el pueblo los únicos inocentes son los niños más pequeños, ausentes todavía de esta atmósfera opresora (véase el bebé del administrador, los 3 hijos del barón o el pobre retrasado, además de Anna la hija del médico y su hermano de 4 años) o quien no pertenece al pueblo, es decir el maestro y su amada la antigua niñera, además del tutor que poco aparece y menos tiene que ver.
La baronesa, consciente del ambiente enfermo, decide marcharse del pueblo, así como el maestro con su amada. El médico lo hace por puro temor a que las represealias sean con su hija y amante o con su pequeño.
Si alguien ha sacado alguna interpretación distinta, le ruego que me la comente por mensaje, estaría muy agradecido de compartir diversas opiniones de la cinta.
La baronesa, consciente del ambiente enfermo, decide marcharse del pueblo, así como el maestro con su amada. El médico lo hace por puro temor a que las represealias sean con su hija y amante o con su pequeño.
Si alguien ha sacado alguna interpretación distinta, le ruego que me la comente por mensaje, estaría muy agradecido de compartir diversas opiniones de la cinta.
25 de enero de 2010
25 de enero de 2010
278 de 436 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me parece muy bien que Haneke crea que una sociedad autoritaria generó una generación que aceptó de forma natural el nazismo, que es lo que nos venden dentro y fuera de las pantallas, pero eso no se le cree ni su padre ni la Historia, ya que todos los países fueron autoritarios y reprimidos y no generaron fascismo ni nazismo (el cual se explica mejor como humillación nacional más que como trauma infantil) y ahora se empieza a comprobar que los chicos violentos, más del 60% (entonces y ahora) no tuvieron abusos ni violencia ni problemas especiales que no tuvieran otros. Sólo con esos datos debiera haber cambiando el preámbulo, pero bueno, allá él con su marketing y su pajilla mental.
Quitando eso, la pelílcula se hace demasiado pesada por el tempo cinematográfico, que llega a hacerse monótono más que crear el ambiente que se supone quería crear. Con esa forma, asistimos a los abusos del intocable y tópico cacique sobre su servidumbre, apecto que se filmó mucho mejor en Los santos inocentes hace mucho, mucho tiempo (¡pero si incluso aparece un deficiente psíquico!), al más tópico todavía cura que reparte hostias de las dos clases a diestro y siniestro, al más tópico aún tema de la masturbación, al indispensable pederasta y al que no podía faltar: el de la cara de pasmado y bueno como él solo en el personaje del profesor, que desahoga la violencia contenida.
Quitando eso, la pelílcula se hace demasiado pesada por el tempo cinematográfico, que llega a hacerse monótono más que crear el ambiente que se supone quería crear. Con esa forma, asistimos a los abusos del intocable y tópico cacique sobre su servidumbre, apecto que se filmó mucho mejor en Los santos inocentes hace mucho, mucho tiempo (¡pero si incluso aparece un deficiente psíquico!), al más tópico todavía cura que reparte hostias de las dos clases a diestro y siniestro, al más tópico aún tema de la masturbación, al indispensable pederasta y al que no podía faltar: el de la cara de pasmado y bueno como él solo en el personaje del profesor, que desahoga la violencia contenida.

Y no contento con eso, el final lo acaba como, cuando y donde le sale de los huevos. Vamos, que lo terminó ahí como lo podía haber terminado en otro lado.
Eso sí, hay tres momentos estelares (la conversación del médico y la asistente, la conversación sobre la muerte con el niño y el interrogatorio) enmarcado en una fotografía preciosa en blanco y negro, pero para ver exposiciones fotográficas, prefiero a Eugene Smith o Sebastiao Salgado y no pago casi 8 euros. Para eso me voy a una sala de exposiciones.
Así, una película que ya estoy empezando a olvidar, que jamás volveré a ver y que no me entretuvo apenas.
Eso sí, hay tres momentos estelares (la conversación del médico y la asistente, la conversación sobre la muerte con el niño y el interrogatorio) enmarcado en una fotografía preciosa en blanco y negro, pero para ver exposiciones fotográficas, prefiero a Eugene Smith o Sebastiao Salgado y no pago casi 8 euros. Para eso me voy a una sala de exposiciones.
Así, una película que ya estoy empezando a olvidar, que jamás volveré a ver y que no me entretuvo apenas.
9 de febrero de 2010
9 de febrero de 2010
244 de 370 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con esta película he hecho una excepción. No me gusta leer demasiado las críticas de otros usuarios antes de sentarme a escribir para así evitar en la medida de lo posible que me condicionen. En este caso, con todas mis fuerzas lo he intentado, leyendo las críticas buenas (que no son pocas) que La cinta Blanca tiene, a ver si así se hacía la luz en mi y yo también era capaz de comprender que esto es una obra maestra. Pero lo siento, esta vez no paso por el aro.
Más allá de sus virtudes visuales, que las tiene, quien hace cine no debe olvidarse de lo fundamental, contarnos una historia. En este caso lo que se nos cuenta es NADA. No hay nada detrás del envoltorio. Ni germen, ni nazismo, ni una sola idea más allá de crueldad gratuita, sin sentido y del todo aleatoria. Y es que si nos preguntamos por qué suceden las cosas que Haneke nos cuenta no encontraremos respuesta. Eso sí, nos creemos geniales porque pese a no saber nada de nada nos estamos haciendo preguntas, que parece ser el objetivo de esta lenta, larga y aburridísima película.
Más allá de sus virtudes visuales, que las tiene, quien hace cine no debe olvidarse de lo fundamental, contarnos una historia. En este caso lo que se nos cuenta es NADA. No hay nada detrás del envoltorio. Ni germen, ni nazismo, ni una sola idea más allá de crueldad gratuita, sin sentido y del todo aleatoria. Y es que si nos preguntamos por qué suceden las cosas que Haneke nos cuenta no encontraremos respuesta. Eso sí, nos creemos geniales porque pese a no saber nada de nada nos estamos haciendo preguntas, que parece ser el objetivo de esta lenta, larga y aburridísima película.

Señores, hablemos claro, este tio se está riendo de todos nosotros. Nos presenta dos horas y media vacías pero bien filmadas, y los demás nos encargamos de hacerle su película. Nos tiene que gustar, porque sino es que no sabemos de cine, somos unos estúpidos incultos, y es ahí donde le empezamos a adornar su historia, le revestimos su argumento, y se la explicamos a él mismo, que no deja de descojonarse desde el sofá de su casa en la Selva Ngra, el Tirol, o donde la tenga.
Y no para ahí la cosa, porque en una lucha por ver quién entiende más, se otorgan a la película numerosos premios, mientras se sigue escuchando el eco de su risa. Y él promete reirse de ti todavía una vez más, estatuilla en mano, pero entonces yo ya no estaré enfrente suyo, sino a su lado, riéndome de todos vostros. Y sí, he de reconocerlo, Michael Haneke es un genio, pero no por su cine, sino porque es capaz de retratárnos con suma facilidad. Nos enseña que somos un rebaño, que no tenemos personalidad, que nos dejamos arrastrar por los demás y que adaptamos nuestros gustos a la imagen que queremos transmitir de nosotros mismos. Y no sólo eso, sino que mientras lo hace se gana muy bien la vida. Lo dicho, un genio.
Y no para ahí la cosa, porque en una lucha por ver quién entiende más, se otorgan a la película numerosos premios, mientras se sigue escuchando el eco de su risa. Y él promete reirse de ti todavía una vez más, estatuilla en mano, pero entonces yo ya no estaré enfrente suyo, sino a su lado, riéndome de todos vostros. Y sí, he de reconocerlo, Michael Haneke es un genio, pero no por su cine, sino porque es capaz de retratárnos con suma facilidad. Nos enseña que somos un rebaño, que no tenemos personalidad, que nos dejamos arrastrar por los demás y que adaptamos nuestros gustos a la imagen que queremos transmitir de nosotros mismos. Y no sólo eso, sino que mientras lo hace se gana muy bien la vida. Lo dicho, un genio.
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