Lo que arde
6.7
13,236
Drama
Nadie espera a Amador cuando sale de la cárcel tras cumplir condena por haber provocado un incendio. Regresa a su casa, una aldea perdida de las montañas lucenses, donde volverá a convivir, al ritmo sosegado de la naturaleza, con su madre, Benedicta, su perra Luna y sus tres vacas. (FILMAFFINITY)
15 de octubre de 2019
15 de octubre de 2019
249 de 281 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bello, aterrador, hipnótico y cruel.. así es el fuego que Oliver Laxe estuvo esperando, para rodar su film con imágenes reales de incendios, con personajes que no eran actores pero sí reales: magníficos ambos.
Amador: El que ama
Benedicta: La bendecida
Amador: El que ama
Benedicta: La bendecida
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Qué nombres tan apropiados para la historia..
Una tierra; la Galicia profunda, bendecida por una belleza de una naturaleza agreste; casi intocable por mano humana.
Y un hombre que se ve y palpa que ama a la naturaleza: descansa pegado a la tierra, pierde sus dedos entre el pelaje de su perro, devuelve el agua a su cauce, ayuda a su vaca a salir de un lodazal..todo esto en compañía de su única amiga: su perra Luna; un eterno satélite rotando alrededor de su tierra; Él.
Por el tamaño del dosier judicial de Amador, entendemos que no ha tenido una vida fácil..es el problema de cometer un error porque éste se convertirá en carta de presentación para el resto de su vida...una vida en perpetuas llamas..una vida con un juicio moral cada día..una vida con burla y también desdén..una vida que, en parte, también incendian los demás; mostrando un rechazo abierto y una tímida invitación a integrarlo en el progreso:
Un progreso que no te saca de hoyos de barro, no.
Una tierra; la Galicia profunda, bendecida por una belleza de una naturaleza agreste; casi intocable por mano humana.
Y un hombre que se ve y palpa que ama a la naturaleza: descansa pegado a la tierra, pierde sus dedos entre el pelaje de su perro, devuelve el agua a su cauce, ayuda a su vaca a salir de un lodazal..todo esto en compañía de su única amiga: su perra Luna; un eterno satélite rotando alrededor de su tierra; Él.
Por el tamaño del dosier judicial de Amador, entendemos que no ha tenido una vida fácil..es el problema de cometer un error porque éste se convertirá en carta de presentación para el resto de su vida...una vida en perpetuas llamas..una vida con un juicio moral cada día..una vida con burla y también desdén..una vida que, en parte, también incendian los demás; mostrando un rechazo abierto y una tímida invitación a integrarlo en el progreso:
Un progreso que no te saca de hoyos de barro, no.

Es un progreso que mata; decapitando árboles foráneos o infectando a los endémicos..da igual. Para así poder convertir la perfección en algo solamente rentable.
El eucalipto es un árbol pirofobo, ya que resurge tras el fuego. ¿Poseerá Amador la misma cualidad?
Al igual que Benedicta retrata a la Galicia rural, en serio peligro de extinción (alojada, sola, esperando, en el hueco de un último árbol autóctono.)...(qué instante tan hermoso), Amador puede ser que sea ese eucalipto "más malo que el demonio" pero que a su vez "si hace sufrir es porque sufre"..en comunión con la naturaleza y excomulgado por la sociedad; un caballo extraviado y extenuado, saliendo a trompicones de un incendio; dañado, exhausto y cegado por un mundo en llamas, un mundo que ansía destruir para solo poseer.
En Galicia hay 1/3 de los eucaliptos de España. Al año se solicitan más de 600.000 permisos para quemar..lo preocupante es: ¿Cuántos no se pedirán?..esto unido a la casi nula cultura (y escasa conservación) de la riqueza autóctona, el crecimiento sin control de biomasas, el deterioro de tierras ayer de labranza y hoy son selvas de zarzas, la inadecuada plantación de árboles foráneos y su mantenimiento, consiguen que se prenda enseguida la chispa; abocando al paraíso a consumirse, dejando solo las cenizas..
con o sin intención.
Y es que..el eucalipto, como Amador, no tiene la culpa de ser un eucalipto.
El eucalipto es un árbol pirofobo, ya que resurge tras el fuego. ¿Poseerá Amador la misma cualidad?
Al igual que Benedicta retrata a la Galicia rural, en serio peligro de extinción (alojada, sola, esperando, en el hueco de un último árbol autóctono.)...(qué instante tan hermoso), Amador puede ser que sea ese eucalipto "más malo que el demonio" pero que a su vez "si hace sufrir es porque sufre"..en comunión con la naturaleza y excomulgado por la sociedad; un caballo extraviado y extenuado, saliendo a trompicones de un incendio; dañado, exhausto y cegado por un mundo en llamas, un mundo que ansía destruir para solo poseer.
En Galicia hay 1/3 de los eucaliptos de España. Al año se solicitan más de 600.000 permisos para quemar..lo preocupante es: ¿Cuántos no se pedirán?..esto unido a la casi nula cultura (y escasa conservación) de la riqueza autóctona, el crecimiento sin control de biomasas, el deterioro de tierras ayer de labranza y hoy son selvas de zarzas, la inadecuada plantación de árboles foráneos y su mantenimiento, consiguen que se prenda enseguida la chispa; abocando al paraíso a consumirse, dejando solo las cenizas..
con o sin intención.
Y es que..el eucalipto, como Amador, no tiene la culpa de ser un eucalipto.
11 de octubre de 2019
11 de octubre de 2019
134 de 161 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocos comienzos de una película podrían fijar tanto al espectador a la butaca como el que se nos presenta: la aniquilación nocturna de un bosque, unos árboles desplomándose uno tras otro, la destrucción de la naturaleza majestuosamente filmada, llevada a cabo por unos buldócers que, junto a los árboles, se manifiestan como un personaje más. Aquí uno comienza a percibir el gran talento de Laxe como director, la necesaria y lograda calidad de la imagen junto con el sonido confeccionan una cuarta dimensión que emerge en forma del olor de las vacas, la lluvia, la tierra mojada, el calor provocado por el fuego o el sonido de las corrientes de aire junto a éste. El fuego es filmado directamente, de la forma más cruda y hermosa posible.
El ritmo es pausado pero tan intenso y lírico como la tan bien elegida música que la acompaña. El rural gallego se muestra avejentado, lleno de personajes resilentes, que hablan poco, del silencio como conversación o de los animales y el entorno como una parte más del elenco actoral.
El ritmo es pausado pero tan intenso y lírico como la tan bien elegida música que la acompaña. El rural gallego se muestra avejentado, lleno de personajes resilentes, que hablan poco, del silencio como conversación o de los animales y el entorno como una parte más del elenco actoral.

El film alude también algunas cuestiones relacionadas con el germen de los numerosos incendios forestales en la región, como la plaga de los eucaliptos, el abandono de los bosques o la falta de medios y efectivos para combatir el fuego. En mi opinión, aparecen no como denuncia política, sino como una parte más de la que se rodea realidad que se pretende retratar.
Si la película es marcadamente poética o posee una intencionalidad política detrás queda en manos del espectador, como lo abierto de su final. ¿Qué importa quién fuese el causante del incendio tras los 90 minutos de puro cine que acabas de ver?
Si la película es marcadamente poética o posee una intencionalidad política detrás queda en manos del espectador, como lo abierto de su final. ¿Qué importa quién fuese el causante del incendio tras los 90 minutos de puro cine que acabas de ver?
2 de febrero de 2020
2 de febrero de 2020
139 de 193 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película trata sobre un pirómano llamado Amador, con aspecto de Robe Iniesta, que sale de la cárcel y se va a vivir a su aldea con su anciana madre. Allí se suceden escenas de la vida cotidiana como encender la lumbre, llevar una vaca al veterinario, desatascar un desagüe o ir a dar el pésame a una vecina. Estas escenas están acompañadas de una hermosa música de Vivaldi que sirve de relleno entre largos silencios y momentos intranscendentes.
En realidad en algunos de esos silencios sí se cuentan cosas: El sentimiento de culpa de Amador, la mirada inquisidora de sus vecinos, la dificultad de su reinserción o el amor incondicional de su madre.
Lo que pasa es que el ritmo narrativo es tan lento, que estás deseando que arda todo de una maldita vez, y cuando por fín llega el esperado incendio que da título a la película, (y que dentro del horror que supone, nos regala las escenas más bellas y espectaculares), todo acaba de una forma muy previsible que hace que te preguntes ¿Tanto rollo para esto?
En realidad en algunos de esos silencios sí se cuentan cosas: El sentimiento de culpa de Amador, la mirada inquisidora de sus vecinos, la dificultad de su reinserción o el amor incondicional de su madre.
Lo que pasa es que el ritmo narrativo es tan lento, que estás deseando que arda todo de una maldita vez, y cuando por fín llega el esperado incendio que da título a la película, (y que dentro del horror que supone, nos regala las escenas más bellas y espectaculares), todo acaba de una forma muy previsible que hace que te preguntes ¿Tanto rollo para esto?
20 de octubre de 2019
20 de octubre de 2019
79 de 86 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Castaños o eucaliptos? He ahí la cuestión que angustia el espíritu de muchos gallegos, y trascendiendo de la disyuntiva local a la simbólica, a todo habitante contemporáneo con sensibilidad hacia lo natural.
El eucalipto es el progreso, el crecimiento rápido, el que ahoga la fertilidad del suelo, el que arde como la paja. Es el beneficio material que puede disfrutar uno en vida. El castaño (roble, etc...) es la fraga autóctona, milenaria, de crecimiento sereno, que resiste mejor el fuego, y cuyo negocio maderero está limitado por las leyes y es herencia para los descendientes.
El bulldozer tumba los eucaliptos en un pis pas, para vender a 10 € el árbol, y en sólo 15 años repetir la operación. Un mundo que vuela, que busca la pasta (de papel y de la otra), unas veces sin escrúpulos, y otras muchas con un nudo en la garganta.
Frente a ello, el castaño que se alza solemne, que cobija a la anciana de la lluvia, es la riqueza inmaterial, la del ecosistema, las raíces de nuestra memoria espiritual que conecta algo en nosotros con lo natural, algo que un sólo árbol anciano nos puede recordar, como la mirada lacónica de una vaca a la que se llevan en un remolque, deprisa, echando una última mirada profunda, eterna, a un mundo, a una forma de vivir, que se nos va.
El eucalipto es el progreso, el crecimiento rápido, el que ahoga la fertilidad del suelo, el que arde como la paja. Es el beneficio material que puede disfrutar uno en vida. El castaño (roble, etc...) es la fraga autóctona, milenaria, de crecimiento sereno, que resiste mejor el fuego, y cuyo negocio maderero está limitado por las leyes y es herencia para los descendientes.
El bulldozer tumba los eucaliptos en un pis pas, para vender a 10 € el árbol, y en sólo 15 años repetir la operación. Un mundo que vuela, que busca la pasta (de papel y de la otra), unas veces sin escrúpulos, y otras muchas con un nudo en la garganta.
Frente a ello, el castaño que se alza solemne, que cobija a la anciana de la lluvia, es la riqueza inmaterial, la del ecosistema, las raíces de nuestra memoria espiritual que conecta algo en nosotros con lo natural, algo que un sólo árbol anciano nos puede recordar, como la mirada lacónica de una vaca a la que se llevan en un remolque, deprisa, echando una última mirada profunda, eterna, a un mundo, a una forma de vivir, que se nos va.

El fuego, provocado, o no, por el protagonista como un acto suicida de rebeldía ante la invasión (todavía en zonas como los ancares o el courel no está implantado significativamente) del mercado maderero dominante, del mercado. Tiene tanto misterio como posibles causas. En ocasiones se quema el monte para poder repoblar con eucalipto o pino y así rentabilizar la herencia de los padres y abuelos, aunque dicen que hay leyes...
Por suerte, los recónditos parajes de la montaña lucense aún conservan vivos el paisaje y buena parte de las tradiciones, una comunión con la Naturaleza, hoy en día, cada vez más extraña.
Oliver, chapeau. Hacía falta.
Por suerte, los recónditos parajes de la montaña lucense aún conservan vivos el paisaje y buena parte de las tradiciones, una comunión con la Naturaleza, hoy en día, cada vez más extraña.
Oliver, chapeau. Hacía falta.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Me ha recordado en cierta manera a la secuencia de cuadros de Sokurov "Madre e hijo". La gran fotografía de las montañas de los ancares, con los claroscuros del sotobosque y la magnificencia de los árboles, el viento y el sol sobre los prados, la bruma...en la película del director ruso apenas aparece el humo fugazmente cuando pasa el tren, en un plano que se repite en el que atraviesa el encuadre de un lado al otro, que recuerda al camión que cruza el viaducto de Cruzul en la A-6 en el momento en que aparece el título de la película al inicio de O que arde.
Y aparte de cómo está filmada la naturaleza, el protagonismo casi exclusivo de los dos personajes, la madre y el hijo, el Amador y la Benedicta, viviendo aislados del mundo en una casa perdida, podrían ser la misma pareja de protagonistas que en la película de Sokurov, en distinto momento de sus vidas.
Y aparte de cómo está filmada la naturaleza, el protagonismo casi exclusivo de los dos personajes, la madre y el hijo, el Amador y la Benedicta, viviendo aislados del mundo en una casa perdida, podrían ser la misma pareja de protagonistas que en la película de Sokurov, en distinto momento de sus vidas.
15 de octubre de 2019
15 de octubre de 2019
106 de 150 usuarios han encontrado esta crítica útil
Que duda cabe de las buenas intenciones, la originalidad del proyecto y la integridad de la obra pero cuesta saber o interpretar que es lo que se quiere contar..¿es una película de denuncia? No parece pues la historia se mueve más alrededor del personaje principal que del problema que le llevó a la cárcel. ¿Es una película de cliches? Tampoco pues el personaje no es maltratado de ninguna manera en su vuelta a la sociedad . ¿es una comedia, es un drama,es un documental......? a lo mejor las películas no hay que explicarlas, como la poesía, tan sólo verlas y apreciarlas por eso se me antoja insuficiente pues si bien las interpretaciones son loables por el cariz de los protagonistas, las fotografía es fantástica, la música , a veces, rompe la monotonía ...la historia, las historias, lo que nos cuentan en fundamental , la base de toda obra que se aprecie y aquí hay poca historia además contada con una lentitud que a veces desespera. Es un buen intento que se queda cojo, el ritmo es importante en el cine y si la falta del mismo forma parte del guión debe ir acompañado de los mínimos elementos emocionales que te pongan la carne de gallina.
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