El mundo oculto de Sabrina: Parte 4Serie
2020 

Roberto Aguirre-Sacasa (Creador), Alex Pillai ...
5.6
952
Serie de TV. Terror. Thriller. Fantástico
En esta ocasión, Sabrina tendrá que hacer frente junto a sus compañeros a los peligros que han surgido a lo largo de los años. Mientras las brujas se acercan cada vez más a la guerra, Nick comienza a recuperar el corazón de Sabrina. Pero, ¿será ya demasiado tarde? Cuarta y última temporada de "Las escalofriantes aventuras de Sabrina". (FILMAFFINITY)
22 de enero de 2021
22 de enero de 2021
9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primera temporada: muy intrigante, me encanta. Buen ritmo, los personajes evolucionan y es divertida. El toque oscuro le sienta bien incluso.
Segunda temporada: muy divertida, subiendo las apuestas con más acción, más ritmo. Un placer de ver también.
Tercera temporada: no es tan sólida como las anteriores, pero sí se me hizo divertida de ver y me dio un desenlace muy satisfactorio. Así debería haber terminado la serie.
Cuarta temporada: no debería haber existido en vista de como aniquila todo el show (menos mal que al valorarse por separado en filmaffinity puedo seguir dejando a las anteriores temporadas las positivas calificaciones que se merecen).
El ritmo es bastante batiburrillo, los primeros 4 capítulos no van mal. Desde el quinto se sacan toda la trama del culo como si hubieran venido nuevos guionistas que no saben nada de la serie hasta ahora y encima se han dejado el cerebro en casa; nadie tiene sentido y salen personajes nuevos que duran 2-3 escenas para perder el tiempo hasta un capítulo 7 entre la verguenza ajena (con revelaciones de metalenguaje que dan risa) y una locura surrealista terriblemente grotesca y nada seria que además está completamente desconectada tanto de la serie como de los personajes y de toda la evolución del mundo. Y todos los elementos que llegan para arruinarlo todo resultan ser decisivos y son lo que más se tiene en cuenta a la hora de darnos un desenlace tan horrible que hace parecer grandioso el chapucero final de Juego de tronos.
Segunda temporada: muy divertida, subiendo las apuestas con más acción, más ritmo. Un placer de ver también.
Tercera temporada: no es tan sólida como las anteriores, pero sí se me hizo divertida de ver y me dio un desenlace muy satisfactorio. Así debería haber terminado la serie.
Cuarta temporada: no debería haber existido en vista de como aniquila todo el show (menos mal que al valorarse por separado en filmaffinity puedo seguir dejando a las anteriores temporadas las positivas calificaciones que se merecen).
El ritmo es bastante batiburrillo, los primeros 4 capítulos no van mal. Desde el quinto se sacan toda la trama del culo como si hubieran venido nuevos guionistas que no saben nada de la serie hasta ahora y encima se han dejado el cerebro en casa; nadie tiene sentido y salen personajes nuevos que duran 2-3 escenas para perder el tiempo hasta un capítulo 7 entre la verguenza ajena (con revelaciones de metalenguaje que dan risa) y una locura surrealista terriblemente grotesca y nada seria que además está completamente desconectada tanto de la serie como de los personajes y de toda la evolución del mundo. Y todos los elementos que llegan para arruinarlo todo resultan ser decisivos y son lo que más se tiene en cuenta a la hora de darnos un desenlace tan horrible que hace parecer grandioso el chapucero final de Juego de tronos.

Quizás no deberías ver esta cuarta temporada, pues olvida el desarrollo de los personajes con los que has vivido tantos momentos, es arbitraria y completamente insatisfactoria.
¿Y por qué la nota? Porque creo que un final malo arruina por completo el conjunto, pues es el sabor de boca y la perspectiva con la que te quedas. Por eso he decidido separar esta temporada del resto de la serie en mi cabeza, para estar agradecido de haber disfrutado de tres temporadas magníficas y dejar mentalmente como una cosa alternativa fuera del canon a este experimento grotesco sin sentido en que por tratar referenciar algunos elementos de la serie de los 90 han torcido la trama tirando esta a un vacío infinito.
¿Y por qué la nota? Porque creo que un final malo arruina por completo el conjunto, pues es el sabor de boca y la perspectiva con la que te quedas. Por eso he decidido separar esta temporada del resto de la serie en mi cabeza, para estar agradecido de haber disfrutado de tres temporadas magníficas y dejar mentalmente como una cosa alternativa fuera del canon a este experimento grotesco sin sentido en que por tratar referenciar algunos elementos de la serie de los 90 han torcido la trama tirando esta a un vacío infinito.
10 de enero de 2021
10 de enero de 2021
6 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ha llovido desde el decimosexto cumpleaños de Sabrina. Aquella niña insegura y traviesa que se rebelaba contra su destino ha madurado, ahora decide por sí misma, sin titubeos y se enfrenta a males que jamás habría imaginado (ni ella ni nadie).
A ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’ les ha ocurrido que se han vuelto tan confusas que se han saboteado a sí mismas. La gracia, el carisma y el ingenio con el que nos sorprendía la primera parte (2018) fue desapareciendo a medida que las tramas se volvían más complejas y enrevesadas. Sabrina pasó de ser una adolescente mitad mortal que lanzaba hechizos entre clase y clase, a convertirse en la bruja más poderosa jamás conocida, desafiar al mismísimo Lucifer y proclamarse reina del inframundo. Ahora ya ni siquiera acude a clase y de la noche a la mañana se ha convertido en una experta en realidades alternativas, paradojas temporales, mitologías y leyendas varias. Y todo ello sin tan siquiera alcanzar la mayoría de edad ni pasar por la ‘universidad oscura’. Christopher Nolan a su lado no es más que un aprendiz de brujo.
A ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’ les ha ocurrido que se han vuelto tan confusas que se han saboteado a sí mismas. La gracia, el carisma y el ingenio con el que nos sorprendía la primera parte (2018) fue desapareciendo a medida que las tramas se volvían más complejas y enrevesadas. Sabrina pasó de ser una adolescente mitad mortal que lanzaba hechizos entre clase y clase, a convertirse en la bruja más poderosa jamás conocida, desafiar al mismísimo Lucifer y proclamarse reina del inframundo. Ahora ya ni siquiera acude a clase y de la noche a la mañana se ha convertido en una experta en realidades alternativas, paradojas temporales, mitologías y leyendas varias. Y todo ello sin tan siquiera alcanzar la mayoría de edad ni pasar por la ‘universidad oscura’. Christopher Nolan a su lado no es más que un aprendiz de brujo.

Hemos sido testigos de como episodio tras episodio se cambiaban la reglas del juego y lo que hasta el momento nos habían dicho que era imposible pasa a ser posible “por arte de magia”. Explicaciones endebles y soluciones rocambolescas a los desafíos que las tramas nos iban proponiendo y personajes que pasan de ser inaccesibles a demasiado familiares. Siempre respondiendo al interés de unos guionistas más interesados en el efectismo y el exceso que en mantener un mínimo de cordura argumental. Admito que como espectador le he seguido la corriente a Sabrina, sin hacerme muchas preguntas y aceptando todas las trampas y enredos con tal de disfrutar de la fiesta, como uno más de la ‘pandilla’.
Llegados a la última aventura de Sabrina, la cuarta, el caos está servido y dejarse llevar por sus artimañas nos resulta más complicado que nunca. En esta temporada Sabrina se dedica a divagar atormentada la mayor parte del tiempo y ese halo de diversión y misterio que nos cautivaba se vuelve trágico y lúgubre. Sobran los bochornosos momentos musicales a lo ‘Glee’ o ‘Riverdale’ y solo el esperado ‘crossover’, por lo extraño e hilarante de su premisa, justifica en gran medida esta agotadora y última temporada. Sabrina nos advertía desde un comienzo, que se sentía vacía por dentro y que necesitaba encontrase a sí misma, pues finalmente no logra liberarse de ese vacío existencial que termina por consumirla. Quizás el problema de Sabrina es que el condenado Netflix la ha obligado a madurar demasiado aprisa y a tomar decisiones que no le correspondían.
Llegados a la última aventura de Sabrina, la cuarta, el caos está servido y dejarse llevar por sus artimañas nos resulta más complicado que nunca. En esta temporada Sabrina se dedica a divagar atormentada la mayor parte del tiempo y ese halo de diversión y misterio que nos cautivaba se vuelve trágico y lúgubre. Sobran los bochornosos momentos musicales a lo ‘Glee’ o ‘Riverdale’ y solo el esperado ‘crossover’, por lo extraño e hilarante de su premisa, justifica en gran medida esta agotadora y última temporada. Sabrina nos advertía desde un comienzo, que se sentía vacía por dentro y que necesitaba encontrase a sí misma, pues finalmente no logra liberarse de ese vacío existencial que termina por consumirla. Quizás el problema de Sabrina es que el condenado Netflix la ha obligado a madurar demasiado aprisa y a tomar decisiones que no le correspondían.

Como valoración general, ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’, es una serie con muchos altibajos pero que ha sido capaz de crear un universo genuino y estimulante, rebosante de homenajes al cine de terror clásico y contemporáneo, aunque los más jóvenes no se hayan percatado. No se puede negar que Sabrina ha sabido ser generosa con los fieles que tanto hemos pasado por alto y nos ha obsequiado con momentos icónicos y visualmente muy potentes. Al margen de polémicas ‘shakesperianas’, el adiós de Brina ha resultado cuanto menos, desesperanzador (e innecesario) y ha dejado algunos misterios sin descifrar y conjuros sin recitar. Aunque no creo que la Sabrina Spellman de los años 90, políticamente más correcta y ávida de moralinas, sea capaz de enmendar los errores puede que sí sea el momento de otro ‘crossover’ y de que esta regrese para echarle una mano a la Sabrina de nuestra época. Conociendo a los de Netflix, cualquier cosa nos resultaría creíble a estas alturas.
12 de mayo de 2024
12 de mayo de 2024
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo siento mucho, pero a mí, se me ha hecho pesadísima. Lo siento de verdad, puesto que ha sido una serie la cual, ciertamente, me ha hecho disfrutar mucho en sus dos primeras temporadas.
La factura de producción no ha bajado un ápice, a lo largo de toda la serie, por algo no se había reparado en gastos. Pero el desarrollo de las historias y los personajes, se me antoja, que han perdido efervescencia, brillo, en definitiva, carisma. Ya en la tercera parte me pareció, que la serie comenzaba a dar síntomas de fatiga.
El guion ya me resultaba tramposo, con un uso (yo diría abuso, más bien) excesivo de elementos Deus ex Machina. Un inagotable recurso para sacarse enemigos y amenazas, incluso el Paganismo. Un Paganismo, el cual, siempre resultó un elemento muy recurrido, en cantidad de relatos con orientación woke. Me llamó mucho la atención este aspecto, en la tercera entrega.
Como me resultó igual de llamativa, la escena en la cual, Faustus Blackwood, hace que su esposa, Zelda Spellman, camine unos pasos por detrás de él. Una costumbre, una tradición o, una imposición la cual, es bastante representativa de una confesión monoteísta, a la que al parecer, no se la puede, siquiera, nombrar (un aplauso para el creador y los guionistas).
La factura de producción no ha bajado un ápice, a lo largo de toda la serie, por algo no se había reparado en gastos. Pero el desarrollo de las historias y los personajes, se me antoja, que han perdido efervescencia, brillo, en definitiva, carisma. Ya en la tercera parte me pareció, que la serie comenzaba a dar síntomas de fatiga.
El guion ya me resultaba tramposo, con un uso (yo diría abuso, más bien) excesivo de elementos Deus ex Machina. Un inagotable recurso para sacarse enemigos y amenazas, incluso el Paganismo. Un Paganismo, el cual, siempre resultó un elemento muy recurrido, en cantidad de relatos con orientación woke. Me llamó mucho la atención este aspecto, en la tercera entrega.
Como me resultó igual de llamativa, la escena en la cual, Faustus Blackwood, hace que su esposa, Zelda Spellman, camine unos pasos por detrás de él. Una costumbre, una tradición o, una imposición la cual, es bastante representativa de una confesión monoteísta, a la que al parecer, no se la puede, siquiera, nombrar (un aplauso para el creador y los guionistas).

La omnipresencia de Sabrina es desgastadora, hasta el punto de tener que bifurcarse en dos. A la bruja más poderosa ya no le daba, incapaz de abarcarlo todo, tuvo que recurrir al duplicado (elemento éste, el cual, me pareció una ridiculez en su momento).
Kiernan Shipka, ya más mujer en la cuarta entrega, cumple con profesionalidad. Aunque, a mí modo de ver, su semblante es diferente, con un lenguaje gestual, el cual, también me transmite fatiga. Aunque ella lucha, invoca, ríe, llora, besa, ama, canta, baila... no hay duda, cuando Kiernan Shipka se pone, todo lo hace bien.
La serie terminó con más pena que gloria, en mí opinión. Aunque la parte cuando Sabrina se entrega, es realmente muy emotiva, y a su vez muy triste. Me sale decir, que ha sido la propia Sabrina, quien se ha cansado de sí misma
Lo cierto es que la producción terminó, después de haberse explayado a gusto con todo tipo de proclamas feministas. Tanto el creador Roberto Aguirre-Sacasa, como su equipo de guionistas, no cesan en su empeño de atizar, yo diría incluso cruelmente, a los representantes de su propio género. No sé, quizás el propio creador sintiese, que era el momento adecuado para su propia redención, no sé, quizás.
Kiernan Shipka, ya más mujer en la cuarta entrega, cumple con profesionalidad. Aunque, a mí modo de ver, su semblante es diferente, con un lenguaje gestual, el cual, también me transmite fatiga. Aunque ella lucha, invoca, ríe, llora, besa, ama, canta, baila... no hay duda, cuando Kiernan Shipka se pone, todo lo hace bien.
La serie terminó con más pena que gloria, en mí opinión. Aunque la parte cuando Sabrina se entrega, es realmente muy emotiva, y a su vez muy triste. Me sale decir, que ha sido la propia Sabrina, quien se ha cansado de sí misma
Lo cierto es que la producción terminó, después de haberse explayado a gusto con todo tipo de proclamas feministas. Tanto el creador Roberto Aguirre-Sacasa, como su equipo de guionistas, no cesan en su empeño de atizar, yo diría incluso cruelmente, a los representantes de su propio género. No sé, quizás el propio creador sintiese, que era el momento adecuado para su propia redención, no sé, quizás.

Acabó Sabrina, con la certeza de que le encantan los tíos,, a poder ser, muy guapos y con la tableta bien marcada. Y aunque reconozco que he disfrutado de ella en muchas fases de la serie, ahora, lo que me sale decir es, "Querida Sabrina Spellman, tanta gloria lleves como paz dejas".
Aunque a ti, Kiernan Shipka, te seguiré allí a donde vayas. Aunque estoy aterrorizado con el nuevo remake de una película que me encanta, "Twister", no sé, miedo me da.
Aunque a ti, Kiernan Shipka, te seguiré allí a donde vayas. Aunque estoy aterrorizado con el nuevo remake de una película que me encanta, "Twister", no sé, miedo me da.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El señor Roberto Aguirre-Sacasa, se convirtió en un experto en lo que a transiciones de condición sexual se refiere. Ya sucede con Ambrose Spellman, que de su condición gay, transita hacia la heterosexualidad, así, con un simple chasquido de dedos.
De igual forma, hay que esperar hasta la tercera temporada, que es cuando se manifestará el elemento clave para cerrar el círculo, el lesbianismo. En uno de los movimientos transitorios más forzados, más anticlimáticos, que haya visto en Netflix (es posible que el señor Aguirre pensase, "No sea que vaya a quedarme sin tiempo"), y he visto unos cuantos... nuestra queridísima Tía Zelda Spellman, transita junto a Madame Marie Lefleur. Una Marie Lefleur proveniente del Vudú haitiano, que no del de New Orleans, del cual reniega absolutamente. He de suponer que existen poderosas razones para ello, pero como no soy ningún versado en Vudú, solo diré que me llamó la atención.
De igual forma, hay que esperar hasta la tercera temporada, que es cuando se manifestará el elemento clave para cerrar el círculo, el lesbianismo. En uno de los movimientos transitorios más forzados, más anticlimáticos, que haya visto en Netflix (es posible que el señor Aguirre pensase, "No sea que vaya a quedarme sin tiempo"), y he visto unos cuantos... nuestra queridísima Tía Zelda Spellman, transita junto a Madame Marie Lefleur. Una Marie Lefleur proveniente del Vudú haitiano, que no del de New Orleans, del cual reniega absolutamente. He de suponer que existen poderosas razones para ello, pero como no soy ningún versado en Vudú, solo diré que me llamó la atención.
31 de diciembre de 2020
31 de diciembre de 2020
9 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta nueva entrega de Sabrina ha perdido todo el desarrollo de personajes que presentaba en las anteriores temporadas.
Los conflictos se explican y se resuelven sin inteligencia ni tino alguno.
Los episodios son demasiado largos.
La serie tiene mucho de lo visual, sin embargo no hay ninguna razón que justifique el uso excesivo de lo visual.
No profundiza ni en los temas ni en la psicología de los personajes. Si se quita su envoltorio dark que intenta ser tenebroso, su lógica interna no es más que polvo.
Otro fallo garrafal de Netflix, que a esta altura del partido ya debe estar bien alta en el podio como la peor productora y distribuidora de contenidos del mundo de todos los tiempos.
Los conflictos se explican y se resuelven sin inteligencia ni tino alguno.
Los episodios son demasiado largos.
La serie tiene mucho de lo visual, sin embargo no hay ninguna razón que justifique el uso excesivo de lo visual.
No profundiza ni en los temas ni en la psicología de los personajes. Si se quita su envoltorio dark que intenta ser tenebroso, su lógica interna no es más que polvo.
Otro fallo garrafal de Netflix, que a esta altura del partido ya debe estar bien alta en el podio como la peor productora y distribuidora de contenidos del mundo de todos los tiempos.
31 de diciembre de 2020
31 de diciembre de 2020
9 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sabrina ha muerto, la ha matado Netflix.
Nada queda de aquella Sabrina que a mediados de la década de 1990 divertía con sus ocurrencias, salidas desopilantes y travesuras de una bruja adolescente.
La Sabrina original era ingeniosa, simpática, entradora y dulce. Pero vino Netflix y destruyó todo lo bueno que ella tenía y lo suplantó por este desastrosa y estúpida historia que se queda corta en lo poco que intenta.
Netflix ha matado a Sabrina. No dejemos que haga lo mismo con nuestra inteligencia.
Nada queda de aquella Sabrina que a mediados de la década de 1990 divertía con sus ocurrencias, salidas desopilantes y travesuras de una bruja adolescente.
La Sabrina original era ingeniosa, simpática, entradora y dulce. Pero vino Netflix y destruyó todo lo bueno que ella tenía y lo suplantó por este desastrosa y estúpida historia que se queda corta en lo poco que intenta.
Netflix ha matado a Sabrina. No dejemos que haga lo mismo con nuestra inteligencia.
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