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Kentucky

Drama. Romance Peter Goodwin es el patriarca de una familia que odia a los Dillon desde que ambos clanes se enfrentaron en la Guerra Civil; pero surge un pequeño problema cuando su sobrina Sally (Loretta Young) se enamora de Jack, el hijo de los Dillon (Richard Greene). Además, para echar más leña al fuego en este romance imposible, Jack ayuda a Sally a formarse como jinete y participar en el derby de Kentucky. (FILMAFFINITY)
Críticas 3
Críticas ordenadas por utilidad
9 de noviembre de 2021
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
David Butler es el director de esta entretenida película cuyo argumento gira en torno al odio que se profesan dos clanes familiares y al mundo de las carreras de caballos. El afamado Lamar Trotti es el responsable del guión junto a John Taintor Foote, autor del libro "La mirada del águila", expresión que repite varias veces el patriarca Goodwin, y en la que basa su pericia a la hora de elegir un caballo campeón.
La cinta está rodada en Technicolor lo que, a mi modesto entender, no beneficia demasiado a la pareja protagonista. Loretta Young es la principal perjudicada. Su angelical rostro y sus imponentes ojos claros, fotografiados de manera certera por el blanco y negro, quedan convertidos en dos mofletes colorados y unos ojos sin brillo con el uso del color. Me temo también que los ojos claros y la vestimenta de Richard Greene salen malparados. ¡Hombre! Al que le da exactamente igual ser filmado en blanco y negro, en color, en 3D o en cualquier invento futurista, es al fenómeno de Walter Brennan: segundo Oscar de los tres que ganó como mejor actor de reparto.
De lo que no cabe duda es de que los grandes beneficiados por el uso del color son los caballos. Y Butler además, no escatima recursos para mostrarlos en todo su esplendor.
el chulucu
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26 de noviembre de 2021
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al usuario que me precede no le gusta mucho cómo le sienta el color a sus protagonistas, algo en lo que me veo obligado a discrepar, porque para mí, es precisamente ese tratamiento, que aporta dulzura y calidez en sus personajes, incluso quizá un exceso de melaza, el efecto exacto que se buscaba aquí. Es justo el azúcar que proporciona el color lo que hace atractiva esta cinta, al igual que la tarta de merengue necesita de adornos coloristas y pastelosos para hacerse atractivo. Estos personajes, en blanco y negro, quizá no resultaran tan amables como se pretendiera, estropeando el resultado, o la intención final. En mi opinión, es el tratamiento del color que recibe, el que impregna sus imágenes de suavidad y calidez, muy acorde con la suavidad del conflicto que nos quieren relatar aquí, el sempiterno drama del amor entre un Romeo y Julieta trasladado a las heridas provincias del Sur pertenecientes a dos familias enemistadas entre sí desde que sus abuelos lucharan en bandos opuestos en la Guerra Civil y uno fuera muerto a manos de otro.
Claro que, esta trama no es más que una excusa porque la película deviene en un conflicto amable, casi, casi, caballeresco, entre los dos antagonistas que representan los valores opuestos de la sociedad americana.
Uno, ( el padre de Romeo), es banquero, digno representante del valor del capital y el progreso, cuyo abuelo luchó al frente de la Unión y el otro, ( Walter Brennan, tío de Julieta) heredero de los valores tradicionales del Sur, el amor a la tierra, las raíces y, en este caso, a la cría de caballos pura sangre, orgullo y razón de ser de un Estado que cultivó su fama gracias a ellos.
La película no parece querer mojarse en absoluto por echar sal en las heridas sino, más bien, al contrario, parece estar pensada para acercar las dos posturas ya que, el conflicto, surge de una serie de malentendidos y no de aviesas intenciones por parte de ninguno de ellos.
Richard Greene, nuestro Romeo, querrá ayudar a Julieta ( Loretta Young) a ganar el gran Derby de Kentucky y, para ello, se presentará con nombre falso en su ofrecimiento de entrenar a su caballo para la gran carrera.
El resto, lo hace la pintura. Un retrato pintoresco del Sur, amable e idílico. Blancos y negros en agradable y feliz armonía conviviendo juntos como una gran familia.
Y, por supuesto, los caballos. Los he dejado para el final porque son los auténticos protagonistas del film. Los amantes de los caballos disfrutarán muchísimo porque nos mostrarán auténticos bellezones en pase de modelos sin fin, con emocionante carrera como colofón final.
Walter Brennan ganó el Oscar al mejor actor de reparto por su participación en este film donde encarna a un simpático y cascarrabias abuelo cuando, en realidad, era muy joven.
Una especie de discursito final patriotero y ese aire de conciliación con el que está impregnada la película es lo que, verdaderamente, se ha pretendido vender aquí y la razón por la que esta peli no tenga razón de ser a día de hoy. Sin embargo, resulta plácida y ligera para deleitarse con sus imágenes sin complicaciones.
Izeta
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13 de abril de 2022
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se inicia en plena Guerra de Secesión, describiendo el inicio del enfrentamiento histórico que guió en aquellos momentos, a las familias Dillon (nordistas) y Goodwin (sureños). El prólogo –que induce a pensar en la asistencia a un relato histórico-, describe con convicción los hechos que marcaron un enfrentamiento total entre las familias. Serán unos minutos revestidos de cierta fuerza dramática, de cierto estatismo también, donde destacará por un lado el uso de la grúa y, por otro, el grito agónico del pequeño Goodwin, siguiendo el caballo de Dillon, tras haber matado a su padre en un enfrentamiento al reclamarle el embargo de sus caballerías.

Serán unos minutos que en la película aparecerán como elemento introductorio de la idiosincrasia de Kentucky, y que dará paso a un sorprendente –y a mi juicio innecesario- spot de la época, en torno a la importancia del caballo que caracteriza a aquel territorio, mostrando algunos de los ejemplares más famosos.

Película muy recordada por significar uno de los tres Oscar ganados por el gran actor de reparto Walter Brennan, entre medias de los logrados por Rivales (1936) y El forastero (1940). Su papel en esta ocasión es el de Peter Goodwin, patriarca de una familia que odia a los Dillon desde que ambos clanes se enfrentaron en la Guerra Civil. Pero surge un pequeño problema cuando su sobrina Sally (Loretta Young) se enamora de Jack, el hijo de los Dillon (Richard Greene).

Además, para echar más leña al fuego en este romance imposible, Jack ayuda a Sally a formarse como jinete y participar en el derby de Kentucky. Rodada en los escenarios naturales donde transcurre la acción cuenta con una notable fotografía en Technicolor de Ernest Palmer y Ray Rennahan. Entretenida, y buena película que merece un 7.
Mag61
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