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Un enemigo del puebloTV

Drama. Comedia En una ciudad cuya principal atracción y fuente de riqueza es su balneario, el doctor Thomas Stockmann descubre que el agua está contaminada y avisa a la comunidad sobre los graves peligros que se ciernen sobre la salud de las personas. Tropieza con el rechazo frontal de influyentes poderes y personajes, entre ellos su propio hermano y alcalde, propietarios, medios de comunicación. Todos parecen más preocupados por los inconvenientes ... [+]
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10
18 de septiembre de 2014
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si el "Estudio 1" de "Doce hombres sin piedad" es el más recordado por los espectadores, a la misma altura que el clásico cinematográfico de Lumet, a mí me impresionó y marcó "Un enemigo del pueblo".

La calidad de los actores, de un grandísimo Bódalo, la tremenda historia sobre el egoismo y la mezquindad humana que relata Ibsen en su obra de teatro, me hizo buscar el libreto y releerlo con asiduidad, poniendo en las lineas escritas los rostros de estos magníficos actores españoles.

Gracias Abad, gracias Bódalo, gracias a todos por hacerme adorar el teatro.
6
18 de septiembre de 2014 5 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos encontramos ante una obra que refleja el poder que tienen ciertos sectores gubernamentales, políticos o sociales a la hora de afrentar un problema de salud pública, y cómo ponen más peso en la balanza de sus intereses personales, tirando de demagogia y de meter el miedo a la gente, antes que intentar solucionar el problema.
Por desgracia, pese a estar basada en el siglo XIX, su mensaje es perfectamente aplicable a los tiempos actuales. Y también los personajes, muy parecidos a los que nos podemos encontrar hoy día en la política.

Es la primera vez que veo este teatro televisivo que TVE hacía en su momento. Es curioso, aunque en algún momento, al estar tan acostumbrado a ver películas, rechina un poco esa entonación tan característica del teatro en los diálogos, así como alguna pequeña sobreactuación propia de las representaciones.
Pero vaya, los actores están perfectos y cumplen de manera más que solvente su papel.

Interesante.
8
10 de diciembre de 2017 4 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Continúa deslumbrando el excelente elenco de actores que utilizaba RTVE en aquellas memorables adaptaciones de teatro para ser ofrecidas en televisión.
Y también llama la atención el buen criterio en la selección de obras.

La pieza de H. Ibsen se asoma a la pequeña pantalla con una magnífica caracterización de personajes, un sobresaliente sentido del ritmo y una dirección escénica más que notable (F. Abad) mediante la que consigue soslayar todos los problemas derivados de una trama compleja.
La historia fluye con naturalidad y frescura, resulta verosímil e incluso ágil a pesar de su fuerte carga ideológica, mantiene la atención de la audiencia y siempre encuentra ese punto de equilibrio en el que forma y fondo caminan en la misma dirección.
7
25 de mayo de 2021 Sé el primero en valorar esta crítica
187/47(25/05/21) Sugerente versión teatral española dirigida por Francisco Abad de la popular obra homónima de 1882 del noruego Henrik Ibsen (1828- 1906), con adaptación de Álvaro Lion Depetre, que tiene entre sus alicientes la homérica actuación de uno de los grandes de la actuación española, como es el cordobés José Bódalo, auténtico tour de forcé para él, del que sale victorioso con su apoteósico carisma, derrochando carácter, nobleza, dignidad, y mucho orgullo.

Ello en un papel que me recuerda bastante al del Howard Roark de “The Fountained” (1943) de la novela de la rusa Ayn Rand. Una historia sobre la fuerza de la individualidad, sobre el mantener las convicciones morales por encima de las presiones populares, sobre el seguidismo cerril frente a la pureza de la verdad. Los populismo frente a la libertad individual. Obra que con buen ritmo, con fluidez narrativa fiel a la obra de la que bebe, que critica a la hipocresía de los poderes establecidos, como son capaces de retorcer la verdad para malearla en favor de intereses espurios, ello en un mensaje que trasciende en el tiempo, que hace algo tan políticamente incorrecto como es arremeter contra la democracia, pues la mayoría nunca debe servir para aplastar la Verdad.

Una cinta que tiene un comienzo un tanto dubitativo, le cuesta arrancar (supongo que como la obra que adapta), pero una vez que lo hace despega pro la fuerza actoral del gran Bódalo, con momentos extraordinarios de fuerza como es el discurso que da al pueblo sobre su corrupción moral, mientras es arbitrado por un ‘moderado’, en realidad un akelarre contra él, que es ‘La Bruja’ a la que ‘quemar’ por decir cosas que no gustan a la plebe. Donde además hay cancha para atacar a la dócil prensa que siempre navega a favor de corriente de los que manda, en lo que es un torpedo que no hap perdido vigencia en los casi 140 años de estreno de la obra y en los 40 de la versión teatral. Saltando chispas de fuerza dramática emocional en los duelos que Bódalo tiene con el rol de su hermano, encarnado por un fenomenal Alberto Fernández, el pragmatismo alcalde demagogo más flemático, que cual maestro de marionetas maneja al pueblo a su antojo, frente a su hermano que no puede doblegar con todas sus presiones, derrochan potencia entre ambos.

La puesta en escena resulta plana, anclada en su teatralidad, frugal en sus decorados y vestuario, dando relevancia la cámara a dar vigor a las actuaciones con mucho plano abierto.

Me queda un buen metraje, que te deja un buen sabor de boca, que te hace reconciliarte con la fuerza de la individualidad, en clara disonancia política contra el comunismo. Fuerza y honor!!!

Hay una versión en película de 1978 dirigida por Geoge Schaefer, teniendo de protagonista a un excelente Steve McQueen, lejos de su encasillamiento de héroe de acción.
8
9 de agosto de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
Probablemente sea este el dramático más conseguido de Francisco Abad, un veterano profesional de dichos espacios, con títulos a sus espaldas de tanta enjundia como "Un marido ideal" o "Tío Vania", pero que aquí, haciendo buena una vez más la condición de TVE como última fortaleza del talento audiovisual en España por aquellas fechas, da su más excelso do de pecho.

Aquí todo está conseguido, proporcionando al espectador una experiencia verdaderamente vivificante. Para empezar, la obra de origen (perfectamente adaptada, lo cual no es moco de pavo, por Álvaro Lion-Depetre), aparte de su irreprochable calidad técnica en cuanto a situaciones y diálogos (siempre significativos y relevantes), es de una actualidad intemporal, pues no resulta difícil identificar en ella los males tanto individuales como colectivos que siguen afligiendo, con virulencia redoblada hasta más allá del esperpento, a nuestras sociedades de hoy en día, en las que el ejercicio pleno de la integridad personal está poco menos que prohibido por decreto.

En cuanto a su traslado a la pequeña pantalla, los decorados son de un detalle y una calidad insuperables, estupendamente ajustados a los entresijos de la historia (no olvidemos los mayores presupuestos que podían permitirse entonces los Estudio 1, cuando ya apenas tenían competencia por la drástica reducción que se había venido dando en cuanto a diversidad de espacios y, por tanto, en horas de emisión).

Y qué vamos a decir del trabajo de los integrantes del reparto, capitaneados por un José Bódalo que ya llevaba muchos años en lo más alto de la excelencia artística, sin la menor duda homologable a lo mejorcito de su especialidad a nivel internacional, y que en esta pieza da un recital de padre y muy señor mío. Y como todo se pega menos la hermosura, el resto de sus compañeros brillan igualmente a gran altura, con unos Francisco Merino y Víctor Fuentes que nos entregan probablemente las actuaciones de su vida.

Hasta la selección musical está bien hecha, con esa Balada de la Suite Karelia de Sibelius dando un empaque añadido en el arranque, los intermedios y el remate a este tremendo drama sin fecha de caducidad. Y por supuesto no hay que olvidar la labor cabal del propio Abad, del cual se advierte que para entonces ya dominaba a la perfección todos los mecanismos de la realización televisiva, dotando a una pieza a la que no le sobra un minuto de impecables movimientos de cámara, encuadres y selección de planos, todo ello bien rematado por un acertado montaje.

En definitiva, un Estudio 1 de los de quitarse el sombrero, a la altura de los mejores títulos del espacio como "Doce hombres sin piedad" o "La heredera", que no creo que pueda defraudar a nadie y que por eso mismo recomiendo sin vacilar. Y como colofón y resumen de la obra, este breve diálogo:
- ¿No le interesan los asuntos públicos?
- No, la verdad, de esas cosas no entiendo nada.
- Por lo menos hay que votar, ¿no?
- ¿Aunque no se entienda nada?
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