I Am Twenty
Drama
Sergei es un joven que regresa a su barrio en Moscú tras pasar dos años en el servicio militar. Una película que habla sobre los problemas de la juventud de la Unión Soviética, su lugar en la vida y las relaciones entre generaciones. Contiene elementos propios de las "nuevas olas" del cine post II Guerra Mundial como el rodaje con actores no profesionales, en localizaciones no preparadas y con escenas documentales, en este caso sobre el ... [+]
15 de noviembre de 2024
15 de noviembre de 2024
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rodada inicialmente entre 1959 y 1962, con posteriores cambios, recortes y añadidos "por imperativo legal" que retrasaron su estreno en la URSS hasta 1965 (sólo en 1989 se hizo pública su versión original íntegra), es ésta una excelente cinta que engrana sin dificultad, aunque con sus propias y lógicas peculiaridades, en las "nuevas olas" cinematográficas que se estaban dando por esos mismos años en la Europa occidental, especialmente en Gran Bretaña y Francia.
A pesar de estar técnicamente dividida en dos partes, en realidad la pieza está compuesta de tres segmentos temáticos y estilísticos, que entroncan entre sí sin brusquedad, de una manera tan elegante y fluida como lo es la propia película. Aproximadamente la primera hora está dedicada, como en una especie de preámbulo extendido, a mostrarnos los principales personajes, su medio y las circunstancias personales de cada uno; el segundo (más o menos la siguiente hora) entra ya con decisión en el terreno dramático, con las tensiones, dificultades, dimes y diretes entre unos y otros, mientras que la última parte se muestra más filosófica y existencialista.
Sin duda, la primera de las secciones indicadas es la más brillante y conseguida, con movimientos de cámara de enorme virtuosismo (pero en ningún momento excesivos o fastidiosos) que no tienen nada que envidiar a lo mejor de Kalatozov, utilizados con gran sabiduría para presentar exitosamente lo que podría resumirse como la alegría de vivir, el dejarse ser en amistad y otras emociones positivas aderezadas con un algo de melancolía, con el trasfondo a diferentes horas del día y de la noche de una bellísima Moscú, humanamente cálida y acogedora. No hay apenas argumento, sino que de algún modo se recuesta suavemente al espectador y éste es llevado y traído con toda delicadeza de unas gentes y lugares a otros. Hay aquí muchos momentos poco menos que sublimes, de una enorme carga lírica y de una extraordinaria sensibilidad, como cuando vemos pasar, de manera apenas apuntada, la moneda con la que una señora sentada en la última fila paga su viaje en el tranvía de unas manos a otras hasta la cobradora, y luego el billete en sentido contrario.
En la segunda sección, ahora plenamente dramática y que equivaldría perfectamente a los planteamientos propios, por ejemplo, del contemporáneo realismo kitchen sink británico, se entra de lleno como ya se ha dicho en las interacciones y los conflictos. A partir de ahora el brío de la cámara se atenúa y pasamos a conocer más en profundidad los problemas e inquietudes de los distintos personajes, en un tono progresivamente pesimista y sombrío que desemboca, en el último apartado, en frecuentes reflexiones y pensamientos de los mismos, a menudo comunicadas en off, incluso en medio de disputas y conversaciones, así como el excesivo metraje asignado a algunas situaciones que en mi opinión no lo requieren, como la lectura literaria en el museo Politécnico.
Como consecuencia de todo lo anterior, la película, que arranca como una moto, va perdiendo fuelle de manera escalonada según se va pasando de un segmento al siguiente, aunque consigue terminar justo cuando el espectador comienza a removerse un poco en el asiento, por lo que mantiene, aún de forma descendente, el interés hasta el final. La acertada labor del reparto, la maravillosa fotografía y una banda sonora sutil y no intrusiva colaboran en hacer de ésta una cinta muy atractiva y recomendable, cuyo visionado merece la pena.
A pesar de estar técnicamente dividida en dos partes, en realidad la pieza está compuesta de tres segmentos temáticos y estilísticos, que entroncan entre sí sin brusquedad, de una manera tan elegante y fluida como lo es la propia película. Aproximadamente la primera hora está dedicada, como en una especie de preámbulo extendido, a mostrarnos los principales personajes, su medio y las circunstancias personales de cada uno; el segundo (más o menos la siguiente hora) entra ya con decisión en el terreno dramático, con las tensiones, dificultades, dimes y diretes entre unos y otros, mientras que la última parte se muestra más filosófica y existencialista.
Sin duda, la primera de las secciones indicadas es la más brillante y conseguida, con movimientos de cámara de enorme virtuosismo (pero en ningún momento excesivos o fastidiosos) que no tienen nada que envidiar a lo mejor de Kalatozov, utilizados con gran sabiduría para presentar exitosamente lo que podría resumirse como la alegría de vivir, el dejarse ser en amistad y otras emociones positivas aderezadas con un algo de melancolía, con el trasfondo a diferentes horas del día y de la noche de una bellísima Moscú, humanamente cálida y acogedora. No hay apenas argumento, sino que de algún modo se recuesta suavemente al espectador y éste es llevado y traído con toda delicadeza de unas gentes y lugares a otros. Hay aquí muchos momentos poco menos que sublimes, de una enorme carga lírica y de una extraordinaria sensibilidad, como cuando vemos pasar, de manera apenas apuntada, la moneda con la que una señora sentada en la última fila paga su viaje en el tranvía de unas manos a otras hasta la cobradora, y luego el billete en sentido contrario.
En la segunda sección, ahora plenamente dramática y que equivaldría perfectamente a los planteamientos propios, por ejemplo, del contemporáneo realismo kitchen sink británico, se entra de lleno como ya se ha dicho en las interacciones y los conflictos. A partir de ahora el brío de la cámara se atenúa y pasamos a conocer más en profundidad los problemas e inquietudes de los distintos personajes, en un tono progresivamente pesimista y sombrío que desemboca, en el último apartado, en frecuentes reflexiones y pensamientos de los mismos, a menudo comunicadas en off, incluso en medio de disputas y conversaciones, así como el excesivo metraje asignado a algunas situaciones que en mi opinión no lo requieren, como la lectura literaria en el museo Politécnico.
Como consecuencia de todo lo anterior, la película, que arranca como una moto, va perdiendo fuelle de manera escalonada según se va pasando de un segmento al siguiente, aunque consigue terminar justo cuando el espectador comienza a removerse un poco en el asiento, por lo que mantiene, aún de forma descendente, el interés hasta el final. La acertada labor del reparto, la maravillosa fotografía y una banda sonora sutil y no intrusiva colaboran en hacer de ésta una cinta muy atractiva y recomendable, cuyo visionado merece la pena.
13 de mayo de 2026
13 de mayo de 2026
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El cine rara vez ha capturado con semejante brillantez la fractura íntima que surge al descubrir que un día empezamos también a envejecer por nuestros muertos. Como vértigo se vive esa escena mítica ya historia viva del cine, donde padre e hijo se reencuentran y el hijo, ahora mayor que su padre muerto en la guerra, todavía le pide consejo. Algunos nos agitamos en la butaca porque la secuencia ha encontrado el lugar idóneo donde posar la herida
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