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Documental
1988Documental, Intervenciones de: Chet Baker, Cherry Vanilla ...
8
13 de mayo de 2026
13 de mayo de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un beatnik entre los beatniks. Sin apologías, sin impostura, sin histrionismo, sin olor a naftalina. El relato de Baker rezuma franqueza y vida a brochazos. 'Dipping' sanguinolento en el que se filtra el carpe diem de la otra aventura: la del opciáceoadicto orgulloso, la del paradigma de jazz en perpetuo balanceo, la de los grandes latidos de la ciudad entre sus mujeres y sus cárceles, la de la noche infinita y siniestra, la del viajante ciego de benzedrina.
Como en sus memorias, en la que el mayor traspiés termina siendo su brevedad, poco o nada debe sumarse al discurso de la película. Alocado y feroz en el fraseo de sus largos solos egográficos, donde cada día es indescifrable y único al anterior. Un absoluto y frenético 'Sin Fin'
Como en sus memorias, en la que el mayor traspiés termina siendo su brevedad, poco o nada debe sumarse al discurso de la película. Alocado y feroz en el fraseo de sus largos solos egográficos, donde cada día es indescifrable y único al anterior. Un absoluto y frenético 'Sin Fin'
13 de mayo de 2026
13 de mayo de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mi generación no llegó a verla y tal vez ya no exista proyector capaz de devolverla a la luz. Pero nada de eso importa. Es precisamente esa ausencia —esa nada— lo que ha terminado por colmarla, convirtiéndola en la película muda oficialmente desaparecida más importante de la historia. Tampoco importa que resurjan, cada cierto tiempo, rumores vehementes sobre copias privadas ocultas en el sur o en el norte de algún recoveco improbable del mapa. Ni importa siquiera la vasta filmografía de Tod Browning, tantas veces desdeñada o reducida a un puñado de títulos malditos. Aunque nadie espera realmente su regreso —como tampoco se espera que aparezcan, olvidadas en un cajón, las diez horas perdidas de Greed—, cada pocos años sus huellas vuelven a emerger. Apenas unos fotogramas reconstruidos por Turner Entertainment bastan para reactivar la inquietud alrededor de este santo grial del cine de terror, incapaz de abandonar del todo nuestro imaginario.
London After Midnight es el espectro definitivo que nos devuelve como nebulosa la experiencia de la pérdida: un origen vacío donde la historia del cine puede contemplarse a sí misma mientras deja de existir. Eso es lo único que importa. Sólo al desaparecer, al negar para siempre su propio pulso, la película pudo encarnarse en mito, en bruma, en objeto de culto; en esa interminable peregrinación de snobs, cinéfilos y ocultistas hacia una imagen que nadie aún vivo ha visto y que, sin embargo, todos creen recordar. Es la historia de una ilusión. Y probablemente no exista cine más puro que ese
London After Midnight es el espectro definitivo que nos devuelve como nebulosa la experiencia de la pérdida: un origen vacío donde la historia del cine puede contemplarse a sí misma mientras deja de existir. Eso es lo único que importa. Sólo al desaparecer, al negar para siempre su propio pulso, la película pudo encarnarse en mito, en bruma, en objeto de culto; en esa interminable peregrinación de snobs, cinéfilos y ocultistas hacia una imagen que nadie aún vivo ha visto y que, sin embargo, todos creen recordar. Es la historia de una ilusión. Y probablemente no exista cine más puro que ese
9
13 de mayo de 2026
13 de mayo de 2026
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Jarvis Cocker escribe, en los créditos de la edición del álbum de la película de Ken Loach, que su música es «el sonido de una infancia perdida hace mucho tiempo, el olor de un guardarropa escolar húmedo, de una época en la que los cómics todavía se imprimían en papel de periódico (...) esto es una belleza tan frágil que duele. Esto es música a la que se le han caído los pantalones por completo».
Aunque Cocker se refiere a la partitura no puede dejar de evocar a las imágenes de la película —probablemente grabadas a fuego en su retina desde niño—, pues sus palabras definen a la perfección el sentimiento que rezuman el sentimiento de la película y su novela. Quien recuerde de su propia infancia la incomprensión o la marginalidad, entenderá la conexión profunda que Billy siente al descubrir la esencia de su admirado Kes.
Aunque Cocker se refiere a la partitura no puede dejar de evocar a las imágenes de la película —probablemente grabadas a fuego en su retina desde niño—, pues sus palabras definen a la perfección el sentimiento que rezuman el sentimiento de la película y su novela. Quien recuerde de su propia infancia la incomprensión o la marginalidad, entenderá la conexión profunda que Billy siente al descubrir la esencia de su admirado Kes.
Documental
2006Documental, Intervenciones de: Marie Menken, Kenneth Anger ...
10
23 de mayo de 2026
23 de mayo de 2026
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Es un documental impecable, perfectamente narrado, que da a conocer todo el universo de Marie Menken corto a corto, con una claridad y una sensibilidad admirables. No puedo decir mucho más, tan solo añadiría una anécdota para mí muy importante, que deviene en una reconciliación con el cine:
John Zorn escribió originalmente una composición para cada cortometraje de Marie Menken que iba a integrar un capítulo distinto del documental, cuando aún la película todavía no estaba montada ni siquiera completamente rodada. En un acierto impagable, Martina Kudlácek reutilizó la música que Zorn había compuesto para Moonplay, el corto de Menken de 1962, en The Gravediggers from Guadix (1960, mediometraje sin edición/montaje oficial), justo después de la introducción de Kenneth Anger (y con ello, lo único que sabemos del viaje Menken–Anger a Granada). El resultado es prodigioso: las secuencias de los monjes enterradores quedan investidas de un misticismo único, arrebatador, que nos conduce de forma directa y fulminante al éxtasis. Uno de esos momentos rarísimos y preciosos en los que el cine te agarra por el cuello y te devuelve a las garras de la cinefilia, para no soltarte jamás. Pura revelación. Puro fervor
John Zorn escribió originalmente una composición para cada cortometraje de Marie Menken que iba a integrar un capítulo distinto del documental, cuando aún la película todavía no estaba montada ni siquiera completamente rodada. En un acierto impagable, Martina Kudlácek reutilizó la música que Zorn había compuesto para Moonplay, el corto de Menken de 1962, en The Gravediggers from Guadix (1960, mediometraje sin edición/montaje oficial), justo después de la introducción de Kenneth Anger (y con ello, lo único que sabemos del viaje Menken–Anger a Granada). El resultado es prodigioso: las secuencias de los monjes enterradores quedan investidas de un misticismo único, arrebatador, que nos conduce de forma directa y fulminante al éxtasis. Uno de esos momentos rarísimos y preciosos en los que el cine te agarra por el cuello y te devuelve a las garras de la cinefilia, para no soltarte jamás. Pura revelación. Puro fervor
23 de mayo de 2026
23 de mayo de 2026
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La ciudad que obliga: hay que estar continuamente presentes y, al mismo tiempo, siempre a distancia; saturados de contactos que, sin embargo, deja a sus individuos cada vez más solos, superficiales y tensos; sobrestimulados pero embotados; atravesados por la prisa y los relojes pero paralizados en lo emocional. Winterbottom parece estar capturando a cada rato "la vida mental en la metrópoli" de Georg Simmel en su Londres afligido por el capitalismo tardío de los los años 90. Hubiera o no conocido la obra de Simmel, el resultado es una monumental obra maestra que se reafirma, sorprendentemente, con las embestidas del revisionado.
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