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Charlot, huésped idealCortometraje

Comedia Charlot es el huésped preferido de la casa y congenia con la patrona, Minta Durfee (que en la realidad era la esposa de Roscoe Arbuckle). Al esposo de la patrona, Edgar Kennedy, esta situación no le hace feliz pero él también tiene lo suyo. Un show de sombras chinescas conducido por el hijo de la pareja embaraza a todos y produce un alboroto. (información extraída de Wikipedia) (FILMAFFINITY)
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5
4 de julio de 2025 Sé el primero en valorar esta crítica
"The Star Boarder" es uno de los 35 cortometrajes de Keystone en los que Charlie Chaplin apareció durante su primer año en el cine, realizado justo antes de que le concedieran el control creativo de su producción. La película, de 1914, también se conoce como "The Landlady's Pet", su título de reedición en Estados Unidos en 1918.

Como el título sugiere, Charlie es el huésped preferido de la pensión. Él coquetea con la casera (Minta Durfee), quien lo adora, lo que disgusta a su marido (Edgar Kennedy), pero él también tiene un lío con una inquilina. El hijo de la pareja toma fotos de los adultos en situaciones comprometedoras y luego las proyecta en un espectáculo de linterna mágica, avergonzando a todos y causando un pequeño caos.

En "The Star Boarder" Charlie Chaplin aún estaba perfeccionando su personaje de El Vagabundo con esta comedia de errores bastante insulsa aunque con algunos momentos divertidos. La trama es simple y fácil de entender y, a diferencia de otros cortos de ese año, el personaje de Charlie es simpático. En sus primeras películas era un pícaro, pero aquí ya se parece al personaje que reconocemos de las películas que él mismo dirigiría más adelante.
Charles Chaplin & Minta Durfee
La dirección corre a cargo de George Nichols en la que sería la última vez que este actor y director trabajase con Chaplin con el que tuvo una relación bastante polémica ya que Charlie no estaba satisfecho con su estilo de dirección ni con sus ideas cómicas mientras ambos trabajaban en Keystone en 1914. Como coprotagonista tenemos a Minta Durfee que fue la primera protagonista femenina de Charlie Chaplin, en el papel de la casera.
5
12 de marzo de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
142/20/10/03/26) No todas las primeras piedras de un genio son diamantes. “Charlot, huésped ideal” (1914) —titulada originalmente “The Star Boarder”— es una de esas piezas tempranas que hoy se observan más como documento arqueológico que como obra cómica plenamente funcional. La película contiene apenas esbozos de lo que más tarde convertiría a Charlie Chaplin en el arquitecto de la comedia moderna: algunos gestos, ciertas intuiciones físicas, un tímido refinamiento del vagabundo. Pero en conjunto el corto se siente tosco, simplista y desordenado, como si la maquinaria de Keystone hubiese arrojado al aire una serie de gags inconexos esperando que alguno aterrizara de pie. No lo hace. La risa es escasa, el ritmo errático y la estructura dramática casi inexistente. Lo que queda es un borrador del genio: interesante como curiosidad histórica, decepcionante como experiencia cómica.

Para comprender el resultado conviene mirar el contexto. En 1914 Chaplin llevaba apenas unos meses trabajando en Keystone Studios, el frenético laboratorio cómico dirigido por Mack Sennett. El sistema de producción era brutal: rodajes exprés, improvisación constante y guiones reducidos a simples premisas. Chaplin, recién llegado del music hall británico, todavía no tenía control creativo. Su trabajo consistía básicamente en aprender a sobrevivir dentro de la trituradora de gags de Sennett.
Charles Chaplin & Minta Durfee
El corto fue dirigido por George Nichols (“Tillie’s Punctured Romance”), quien ya había trabajado varias veces con Chaplin y lo haría aquí por última vez. No era precisamente una relación artística armoniosa: Chaplin consideraba que Nichols carecía de imaginación cómica y que sus películas se limitaban a encadenar situaciones sin una lógica interna. Viendo el resultado de “The Star Boarder”, cuesta no darle la razón.

El film pertenece a una etapa casi industrial de la carrera del actor: Chaplin había rodado diez películas en apenas diez semanas. Con semejante ritmo era imposible refinar personajes, pulir gags o desarrollar una narrativa sólida. Lo que vemos en pantalla es, esencialmente, un ensayo general del vagabundo antes de convertirse en icono.

La historia —si puede llamarse así— transcurre en una pensión donde Charlie es el huésped favorito de la casera. El argumento tiene potencial: celos maritales, pequeñas intrigas domésticas y un niño que fotografía los secretos de los adultos para exhibirlos en un espectáculo de linterna mágica. Pero la película nunca explota realmente esa premisa.
Charles Chaplin
El decorado de la pensión responde al estilo típico de Keystone: espacios funcionales, casi teatrales, diseñados para permitir entradas y salidas rápidas de personajes. No hay intención de crear atmósfera ni realismo; el objetivo es únicamente facilitar el slapstick.

Técnicamente el corto es correcto pero rudimentario. La fotografía es plana, el montaje básico y la puesta en escena puramente utilitaria. Nada sorprende, nada destaca. Se percibe claramente que Keystone concebía estos cortos como productos de consumo rápido, no como piezas cinematográficas elaboradas.

Aun así, el corto contiene pequeños indicios de lo que vendría después. En una escena temprana vemos a Chaplin tumbado en la cama fumando con su aire despreocupado, observando el mundo con esa mezcla de dignidad y picaresca que más tarde definiría al vagabundo. Es un momento fugaz, pero revela la gestación del personaje que dominaría el cine cómico durante décadas.

El reparto está formado por habituales de Keystone, intérpretes acostumbrados al slapstick físico y a las exageraciones gestuales.

La casera es interpretada por Minta Durfee, actriz que ya había coincidido con Chaplin en otros cortos tempranos. Su papel funciona como motor del conflicto: una mujer demasiado cariñosa con el huésped favorito de la pensión. Durfee aporta cierta vivacidad al personaje, aunque el guion apenas le permite desarrollar algo más que coquetería caricaturesca.

El marido celoso corre a cargo de Edgar Kennedy (“Duck Soup”), especialista en interpretar hombres irritados con bigotes imposibles. Kennedy se mueve cómodamente dentro del registro Keystone: miradas furiosas, persecuciones y amenazas ridículas.

Pero quien realmente roba las pocas escenas memorables es el joven Gordon Griffith, que interpreta al hijo travieso de la pareja. El chico actúa como voyeur doméstico, fotografiando a los adultos en situaciones comprometidas para luego exhibirlas ante toda la pensión. Griffith tiene una energía caótica que encaja sorprendentemente bien con el espíritu del corto; años después interpretaría al protagonista infantil en “Tarzan of the Apes”.

En cuanto a Chaplin, su actuación revela una transición curiosa. No es todavía el vagabundo sentimental de “The Kid”, ni el poeta visual de “City Lights”, ni el humanista de “Modern Times”. Aquí es más bien un pícaro oportunista, algo burlón, algo torpe, todavía sin la humanidad que luego lo convertiría en universal.

El problema fundamental del corto es su estructura errática. La película parece dividirse en tres bloques: la vida cotidiana en la pensión, una escena de borrachera casi gratuita y el espectáculo final de linterna mágica.

Algunas secuencias poseen cierto encanto aislado. Por ejemplo:

El partido de tenis entre Charlie y la casera, donde Chaplin demuestra su talento físico con movimientos exageradamente elegantes.
El asalto a la nevera de la pensión, donde el vagabundo roba cerveza y termina ligeramente ebrio.
La escena en la que Chaplin se sienta accidentalmente sobre un pastel —curioso momento histórico, pues anticipa el slapstick de tartazos que pronto dominaría la comedia muda.

Sin embargo, estas escenas no construyen una progresión narrativa clara. Parecen sketches sueltos pegados con cinta adhesiva.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El clímax llega con el espectáculo de linterna mágica del niño, que proyecta fotografías comprometedoras de los adultos: una imagen muestra a Charlie besando a la casera; otra revela al marido coqueteando con otra mujer. La revelación desencadena la típica pelea colectiva de Keystone: empujones, golpes y caos generalizado.

Es el tipo de final ruidoso que Sennett adoraba, pero que aquí se siente más mecánico que hilarante.

Vista hoy, “Charlot, huésped ideal” es menos una comedia que una cápsula histórica. Observamos a Chaplin experimentando, tanteando, probando gestos y ritmos que aún no domina. En ocasiones aparece un destello del artista que será: una pausa cómica bien medida, una mirada cómplice al espectador, un gesto de elegancia absurda.

Pero esos destellos se pierden entre la torpeza narrativa y la acumulación de gags mediocres.

Lo fascinante es pensar que apenas unos meses después Chaplin comenzaría a dirigir sus propias películas, transformando radicalmente el lenguaje de la comedia cinematográfica. Este corto, entonces, queda como el retrato de un momento liminal: el instante justo antes de que el aprendiz se convierta en maestro.
Minta Durfee, Charles Chaplin & Edgar Kennedy
No hay que engañarse: “The Star Boarder” es una comedia menor incluso dentro del irregular catálogo de Keystone. Tiene algunos momentos curiosos, un puñado de gags simpáticos y el interés histórico de ver al vagabundo en proceso de gestación. Pero como pieza cómica resulta floja, dispersa y poco inspirada.

Es el tipo de obra que uno aprecia más con la cabeza que con la risa: un documento de laboratorio donde el cine todavía busca su lenguaje y Chaplin todavía busca su voz.

En definitiva, un huésped incómodo en la pensión de Keystone, un corto que revela que incluso los genios empiezan tropezando. Y en este caso, tropezando bastante.

Gloria Ucrania!!!
5
23 de mayo de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
Tenemos a Chaplin como protagonista absoluto, aunque no es del todo Charlot: no es un vagabundo. Eso sí, con el atuendo característico y sin mucho dinero, pero huésped en una pensión. También tenemos otro rasgo característico, es seductor de mujeres, en este caso de la dueña de la pensión.

El humor es el habitual de la casa, caídas, golpes, etc., pero con algo más de comedia de situación. Un amago de crítica social, con una burla del tenis, deporte de clase alta, en el que Chaplin no se encuentra.

Otro tema recurrente es verle borracho; en esta época, las tonterías que hace alguien que está ebrio resultaban graciosas. Afortunadamente, creo que ese humor ya no tiene eco ahora.

Una curiosidad: vemos en el salón de la pensión la proyección de diapositivas, una fotografías que un niño repelente ha tomado secretamente a los que viven en la pensión, en situaciones comprometidas (parejas que no deberían ser tal). Es lo que desencadena el caos final, cierre habitual en estos cortos.
Charles Chaplin
En el aspecto técnico: planos fijos (casi todos medios), miradas cómplices a la cámara (demasiadas), nada nuevo. La verdad, hay momentos en que parece que está hecho sin ganas. Una más en la producción frenética de cortos de humor marca Keystone.
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