Ruta 66Serie
1960 

6.5
38
Serie de TV. Drama. Aventuras
Narra las andanzas de dos jóvenes que, a bordo de un chevrolet Corbette, recorren las carreteras estadounidenses en busca de aventuras. Maharis fue reemplazado por Glenn Corbett, que daba vida a un veterano del Vietnam. Curiosamente, gran parte de la serie fue grabada en decorados, siendo raras las tomas de la Ruta 66. Desde entonces, el Corvette es el coche que se asocia a la Ruta 66. (FILMAFFINITY)
28 de abril de 2025
28 de abril de 2025
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es increíble lo rápido que se mitificó la versión naíf de la novela "On the road" (En la carretera) de Jack Kerouac, tal como se representa en esta serie tenga todos los elementos visuales del movimiento beatnick (el chevrolett, la virilidad de bien, la autopista infinita, la música swing), pero además la elegancia y la falta de degradación del "sálvese quien pueda" para seguir viviendo la aventura nihilista beat del viaje.
Glenn Corbett que es un veterano de la guerra de Vietnam, masculino, guapo, bastante creído, elegante y musculoso y Martin Miller, que son algo así como un Jack Kerouac y Neal Cassady que van resolviendo y aconsejando sobre problemas a veces superficiales allá donde van apostando gasolina. Las tramas son un poco simples, edulcorados y falsos como solían ser en los años 50 para el público familiar masivo.
(Pero aquí no son dos marginales medio delincuentes de poca monta en plan digno, sino dos héroes quijotescos pero modernísimos que van por los pueblos resolviendo problemas, bebiendo y dando unas lecciones básicas de ética).
A la serie hoy se le notan los decorados para reivindicar la aventura, el espacio libre alrededor de la autopsia y le falta humor, no solo humor moderno y de carcajadas. Paradójicamente, lo que sí tiene aún son consejos morales frente a las tramas donde refleja el egocentrismo, la perdida de valores y el hedonismo por encima de todo que ya se atisbaba en la sociedad.
Esta serie consiguió hacer soñar a los más jóvenes de las familias de Estados Unidos y hacer la ruta 66 un símbolo donde hoy en día aún van las caravanas familiares de ruta con su barbacoas y sus toldos. Además crearon la mecánica de muchas series posteriores desde "El equipo A" que ya tenía el humor, los disfraces y el amor por la mecánica y las explosiones, o en una versión mucho más ingenua, sentimental, y ñoña "Autopista hacia el cielo" con su ángel para hacer milagros y resolver problemas.
Glenn Corbett que es un veterano de la guerra de Vietnam, masculino, guapo, bastante creído, elegante y musculoso y Martin Miller, que son algo así como un Jack Kerouac y Neal Cassady que van resolviendo y aconsejando sobre problemas a veces superficiales allá donde van apostando gasolina. Las tramas son un poco simples, edulcorados y falsos como solían ser en los años 50 para el público familiar masivo.
(Pero aquí no son dos marginales medio delincuentes de poca monta en plan digno, sino dos héroes quijotescos pero modernísimos que van por los pueblos resolviendo problemas, bebiendo y dando unas lecciones básicas de ética).
A la serie hoy se le notan los decorados para reivindicar la aventura, el espacio libre alrededor de la autopsia y le falta humor, no solo humor moderno y de carcajadas. Paradójicamente, lo que sí tiene aún son consejos morales frente a las tramas donde refleja el egocentrismo, la perdida de valores y el hedonismo por encima de todo que ya se atisbaba en la sociedad.
Esta serie consiguió hacer soñar a los más jóvenes de las familias de Estados Unidos y hacer la ruta 66 un símbolo donde hoy en día aún van las caravanas familiares de ruta con su barbacoas y sus toldos. Además crearon la mecánica de muchas series posteriores desde "El equipo A" que ya tenía el humor, los disfraces y el amor por la mecánica y las explosiones, o en una versión mucho más ingenua, sentimental, y ñoña "Autopista hacia el cielo" con su ángel para hacer milagros y resolver problemas.
29 de agosto de 2024
29 de agosto de 2024
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La cosa va más o menos así: un pueblo cualquiera en algún lugar remoto del campo, o en la costa, o donde sea. La gente está a lo suyo, ganándose el pan currando duro en un taller, o en una granja, o x, viviendo sus vidas con sus éxitos y sus fracasos, sus virtudes y sus vicios, sus actos nobles y sus bajezas, en fin, disfrutando y sufriendo los vaivenes de ser humano. Pero un buen día, aparecen en el horizonte dos fulanos montados en un cochazo, se bajan y se ponen a decirte lo malo o mala que eres, o los fallos que tienes, o lo que a toda costa debes hacer con tu existencia.
Tú te resistes, les dices que se vayan a tomar vientos, intentas deshacerte de ellos. Pero es inútil. Ellos están allí para ayudarte aunque tú no quieras, te van a mejorar, aunque sea a hostias. Y lo hacen, te dejan como nuevo, y al final a tí no te queda más que darles las gracias con lágrimas en los ojos por su infinita bondad (a lo Winston Smith en 1984), mientras ellos se alejan en el crepúsculo en busca de nuevos entuertos que desfacer en lugares a los que nadie les ha llamado.
Stirling Silliphant hizo un excelente trabajo con la mayoría de los guiones de la serie Naked City, de uno de cuyos episodios los personajes de ésta son una derivación, pero aquí mete bien la gamba y nos presenta unos protagonistas chulos (en el mal sentido) y de una suprema arrogancia que apenas pueden ocultar bajo una máscara de hipocresía y falsa modestia, y unos argumentos fatuos y pretenciosos hasta decir basta. Es todo como una alegoría de la propia gringolandia, convencida de su propia superioridad moral hasta el punto de ir en su bonito Chevrolet Corvette a imponerla por la fuerza hasta el último rincón del planeta Tierra, caiga quien caiga.
Si no le pongo una nota más baja a este desaguisado es porque el punto de partida de la serie es interesante, pero por desgracia no se queda en ver mundo y otras gentes, conocer, entender y aprender, sino que son los demás, que son todos unos paletos, los que tienen que ilustrarse a partir de las enseñanzas de estos dos mentecatos con ínfulas. Por otro lado, resulta agradable la predominancia de exteriores, que para mí quedan realzados por un excelente blanco y negro, así como la música, aparte de darse buenas realizaciones y una producción bastante esmerada. Pero en lo esencial, el producto entra en barrena rápidamente, capítulo tras capítulo.
Tú te resistes, les dices que se vayan a tomar vientos, intentas deshacerte de ellos. Pero es inútil. Ellos están allí para ayudarte aunque tú no quieras, te van a mejorar, aunque sea a hostias. Y lo hacen, te dejan como nuevo, y al final a tí no te queda más que darles las gracias con lágrimas en los ojos por su infinita bondad (a lo Winston Smith en 1984), mientras ellos se alejan en el crepúsculo en busca de nuevos entuertos que desfacer en lugares a los que nadie les ha llamado.
Stirling Silliphant hizo un excelente trabajo con la mayoría de los guiones de la serie Naked City, de uno de cuyos episodios los personajes de ésta son una derivación, pero aquí mete bien la gamba y nos presenta unos protagonistas chulos (en el mal sentido) y de una suprema arrogancia que apenas pueden ocultar bajo una máscara de hipocresía y falsa modestia, y unos argumentos fatuos y pretenciosos hasta decir basta. Es todo como una alegoría de la propia gringolandia, convencida de su propia superioridad moral hasta el punto de ir en su bonito Chevrolet Corvette a imponerla por la fuerza hasta el último rincón del planeta Tierra, caiga quien caiga.
Si no le pongo una nota más baja a este desaguisado es porque el punto de partida de la serie es interesante, pero por desgracia no se queda en ver mundo y otras gentes, conocer, entender y aprender, sino que son los demás, que son todos unos paletos, los que tienen que ilustrarse a partir de las enseñanzas de estos dos mentecatos con ínfulas. Por otro lado, resulta agradable la predominancia de exteriores, que para mí quedan realzados por un excelente blanco y negro, así como la música, aparte de darse buenas realizaciones y una producción bastante esmerada. Pero en lo esencial, el producto entra en barrena rápidamente, capítulo tras capítulo.
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