Alfred Hitchcock presenta: Sábado lluviosoEpisodio
5 de mayo de 2022
5 de mayo de 2022
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145/05(04/05/22) Entretenidillo sin más, este primer episodio de la segunda temporada de la popular serie creada por Alfred Hitchcock para la CBS y la NBC, dirigido por él mismo, en lo que se ve como un material juguetón de costumbrismo caricaturesco de la flema de la clase alta inglesa. El guión de Marian B. Cockrell (lo fue en 11 capítulos de la serie) adapta una historia de John Collier (del que hay 7 historias en la serie), en lo que es un desarrollo de enorme ligereza, hecho sin tensión, sin intriga, sin misterio y sin giro sorpresa acostumbrado.
El episodio comienza cuando se entera de que Millicent Princey (Tita Purdom) ha asesinado a alguien. Su padre (Cedric Hardwicke) insiste en que, por el bien del apellido, deben ocultar el asesinato. Entonces, decide culpar a un conveniente chivo expiatorio que aparece inocentemente por allí, el Capitán Smollet (John Williams).
Una narración que indaga en el hedonismo y superficialidad de las clases altas, en su ensimismamiento, en su arrogancia, en su narcisismo, todo esto reflejado en su estupendo protagonista Sir Cedric Hardwicke, sublime en sus maneras exquisitas, en su imperturbabilidad, en el modo de interrogar a su (irritante) hija, un patriarca que domina la escena por todos lados, tipo que no maquina para salvar a su retoña, lo hace por salvaguardar el buen nombre de la familia (la hija le comenta que desea morir y él le replica que por desgracia eso no mejorará la situación, se pone a llorar la hija y el padre le espeta: “No llores, es un lujo que no te puedes permitir”) reparte las cartas y luego las manipula a su antojo (“Nuestra familia ha ocupado una posición de respeto en esta comunidad durante generaciones... No tengo la intención de que esa posición sea destruida por la estupidez de una mujer tonta"), con una labia proverbial, con réplicas y contra réplicas punzantes, con elegancia y sofisticación despliega sus dotes de maestro de marionetas de forma formidable, brillante en su soliloquio final sobre como esa experiencia les fortalecerá como familia (¿?), lástima que el relato sea tan poco tenso.
Es un episodio donde prima el hablar y donde cualquier acción resulta casi inexistente. De hecho el crimen central se produce antes de que comience el metraje, i se nos es ‘mostrado’ a través de la narración de la asesina. Con una estructura muy teatral, pues solo hay dos escenarios y pocos personajes, evoluciona de modo oral un thriller en modo farsa. Donde las marcas hitchcockianas se pueden atisbar en lo voluble que puede ser la culpabilidad o no de un crimen, depende de las (falsas) apariencias, está el humor negro, pero poco más se puede extraer de las huellas del creador de “Rebeca”. Más bien parece por su parte un pasatiempo trivial para seguir dando cartel a la serie. Acabando con una nota retorcida de villanía, pero acorde al capítulo, aunque el epílogo hitchcockiano intente enmendarlo por mor de la censura buenista.
En el lado de lo horrible está una híper-histriónica Tita Purdom (y eso siendo benévolo), da grima verla contorsionarse una y otra vez, llorar, agarrarse el rostro, gimotear, cubrirse el rostro con la blusa, terrible actuación de las que denotan que Hitchcock no ponía mucho de sí para intentar mejorar el desatino, o que le hacía gracia tanto aspaviento insoportable; Al contrario que por ejemplo Jered Barclay como el hijo George, que demuestra ser lento de reflejos, mimado, pero lo hace con sutileza, sin caer en la sobreactuación grotesca de ella; Kathryn Givney como la madre cumple sin más; El que está notable con su rol es un siempre estimable John Williams, con su papel de cabeza de turco, con comentarios ocurrentes y una faz muy expresiva.
El episodio comienza cuando se entera de que Millicent Princey (Tita Purdom) ha asesinado a alguien. Su padre (Cedric Hardwicke) insiste en que, por el bien del apellido, deben ocultar el asesinato. Entonces, decide culpar a un conveniente chivo expiatorio que aparece inocentemente por allí, el Capitán Smollet (John Williams).
Una narración que indaga en el hedonismo y superficialidad de las clases altas, en su ensimismamiento, en su arrogancia, en su narcisismo, todo esto reflejado en su estupendo protagonista Sir Cedric Hardwicke, sublime en sus maneras exquisitas, en su imperturbabilidad, en el modo de interrogar a su (irritante) hija, un patriarca que domina la escena por todos lados, tipo que no maquina para salvar a su retoña, lo hace por salvaguardar el buen nombre de la familia (la hija le comenta que desea morir y él le replica que por desgracia eso no mejorará la situación, se pone a llorar la hija y el padre le espeta: “No llores, es un lujo que no te puedes permitir”) reparte las cartas y luego las manipula a su antojo (“Nuestra familia ha ocupado una posición de respeto en esta comunidad durante generaciones... No tengo la intención de que esa posición sea destruida por la estupidez de una mujer tonta"), con una labia proverbial, con réplicas y contra réplicas punzantes, con elegancia y sofisticación despliega sus dotes de maestro de marionetas de forma formidable, brillante en su soliloquio final sobre como esa experiencia les fortalecerá como familia (¿?), lástima que el relato sea tan poco tenso.
Es un episodio donde prima el hablar y donde cualquier acción resulta casi inexistente. De hecho el crimen central se produce antes de que comience el metraje, i se nos es ‘mostrado’ a través de la narración de la asesina. Con una estructura muy teatral, pues solo hay dos escenarios y pocos personajes, evoluciona de modo oral un thriller en modo farsa. Donde las marcas hitchcockianas se pueden atisbar en lo voluble que puede ser la culpabilidad o no de un crimen, depende de las (falsas) apariencias, está el humor negro, pero poco más se puede extraer de las huellas del creador de “Rebeca”. Más bien parece por su parte un pasatiempo trivial para seguir dando cartel a la serie. Acabando con una nota retorcida de villanía, pero acorde al capítulo, aunque el epílogo hitchcockiano intente enmendarlo por mor de la censura buenista.
En el lado de lo horrible está una híper-histriónica Tita Purdom (y eso siendo benévolo), da grima verla contorsionarse una y otra vez, llorar, agarrarse el rostro, gimotear, cubrirse el rostro con la blusa, terrible actuación de las que denotan que Hitchcock no ponía mucho de sí para intentar mejorar el desatino, o que le hacía gracia tanto aspaviento insoportable; Al contrario que por ejemplo Jered Barclay como el hijo George, que demuestra ser lento de reflejos, mimado, pero lo hace con sutileza, sin caer en la sobreactuación grotesca de ella; Kathryn Givney como la madre cumple sin más; El que está notable con su rol es un siempre estimable John Williams, con su papel de cabeza de turco, con comentarios ocurrentes y una faz muy expresiva.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Tras embaucar en modo chantaje a Smollet (John Williams) para ‘colocarle’ las pruebas artificiales de ser el asesino, decide Mr. Princey telefonear a la policía para cerrar todo el plan y que no quede cabo suelto, eso para acusar a Smollet del crimen, cuando le habían dicho que no sería así. Y saltamos al epílogo clásico de Hitchcock, y dice ya bajado de la estantería en que estaba en el prólogo (haciendo coña con una trampa de última generación para carteristas, como es la tecnología de tener una serpiente de cascabel en los bolsillos!), “Siempre encuentro conmovedor ver a una familia de pie hombro con hombro frente a la adversidad”, donde comenta que la sangre es más espesa que el agua, haciendo referencia a los fuertes vínculos familiares. Tras lo que AH relata un final en que Smollet lo niega todo y la policia descubre el ‘pastel’ cuando la hija se auto-inculpa no sin antes recrear el crimen con su padre. Esto un mantra buenista tontuno para que superar la censura moralista estadounidense en que prohibía que el crimen triunfara. Este apunte sarcástico ocurría en cada capítulo en que el mal triunfaba en la historia, en un claro gesto de reírse de esta idiostesca censura.
Me queda un pasatiempo banal, pero con una gran actuación de Hardwicke que hace recomendable su exiguo minutaje. Gloria Ucrania!!!
Me queda un pasatiempo banal, pero con una gran actuación de Hardwicke que hace recomendable su exiguo minutaje. Gloria Ucrania!!!
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