Los caballeros teutónicos
1960 

6.4
175
17 de abril de 2023
17 de abril de 2023
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante viaje a la Edad Media profunda. Un caballero de la Orden Teutónica comete un ultraje a una mujer, que muere asfixiada. Es la mujer del Conde polaco de Spychów. En reprimenda, un caballero polaco ataca a un caballero germano, con rango de embajador, por lo cual el Contramaestre de la orden exige una satisfacción...Independientemente de este espisodio, posteriormente la hija del Conde polaco es raptada y se exige para su rescate que éste se presente inerme y sin ninguna escolta, en un castillo teutónico, con un pronóstico dudoso...pero no conviene avanzar más por razones de spoiler. Lo que la película exhibe es una época signada por el espíritu caballeresco, el tema del honor, la religiosidad. Son tiempos sin un estado centralizado que pretenda imponer equitativamente justicia, todo dependía de presuntos juicios divinos y de los dispares señoríos feudales. En otro aspecto, el film discurre agradablemente, la atmósfera epocal parece lograda, los personajes están bien coloreados en cuanto a su psicología y actitudes, con sensibles actuaciones. Recomendable.
18 de febrero de 2015
18 de febrero de 2015
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesantísimo y bien realizado filme polaco de Aleksander Ford, en el que se narran los hechos que dieron lugar a la batalla de Grünwald, que enfrentó a los polacos contra la Orden Teutónica en el siglo XV.
El filme se centra en la lucha de los nobles polacos para doblegar a los Caballeros Teutones, una orden religiosa militar al igual que la de los Templarios o los Hospitalarios. Los Teutones, conscientes de su poder, se dedicaron a abusar de él, provocando una alianza entre polacos y lituanos para derrotarlos. La cinta es, en este aspecto, metódica y expositiva de esos hechos, desconocidos para el gran público, narrados por el escritor Henryk Sienkiewicz, autor de "Quo vadis?". Ford sintetiza la obra en un metraje extenso, de más de dos horas y media, con una magnífica puesta en escena y una fotografía que nos sumerge por entero en la época. Su ritmo pausado no se hace pesado, dotando al relato de una fuerza visual y, sobre todo, de gran calado evocador.
"Los caballeros teutónicos" no sólo es un relato histórico, sino que también funciona como película de aventuras medievales a la vieja usanza, con guapos y valerosos caballeros, y bellas y encantadoras damas. Ford lleva la película a un espectacular desenlace en Grünwald, donde muestra un extraordinario dominio de la acción en una batalla orquestada con maestría y con un sentido épico envidiable.
Apelo aquí a rescatar esta obra magna de la cinematografía polaca que, como tantas otras, ha caído en un inmerecido olvido. Más de un seguidor del género se sorprendería.
El filme se centra en la lucha de los nobles polacos para doblegar a los Caballeros Teutones, una orden religiosa militar al igual que la de los Templarios o los Hospitalarios. Los Teutones, conscientes de su poder, se dedicaron a abusar de él, provocando una alianza entre polacos y lituanos para derrotarlos. La cinta es, en este aspecto, metódica y expositiva de esos hechos, desconocidos para el gran público, narrados por el escritor Henryk Sienkiewicz, autor de "Quo vadis?". Ford sintetiza la obra en un metraje extenso, de más de dos horas y media, con una magnífica puesta en escena y una fotografía que nos sumerge por entero en la época. Su ritmo pausado no se hace pesado, dotando al relato de una fuerza visual y, sobre todo, de gran calado evocador.
"Los caballeros teutónicos" no sólo es un relato histórico, sino que también funciona como película de aventuras medievales a la vieja usanza, con guapos y valerosos caballeros, y bellas y encantadoras damas. Ford lleva la película a un espectacular desenlace en Grünwald, donde muestra un extraordinario dominio de la acción en una batalla orquestada con maestría y con un sentido épico envidiable.
Apelo aquí a rescatar esta obra magna de la cinematografía polaca que, como tantas otras, ha caído en un inmerecido olvido. Más de un seguidor del género se sorprendería.
28 de octubre de 2016
28 de octubre de 2016
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Los caballeros teutónicos" es la película más aclamada de Aleksander Ford, toda una superproducción que conforma uno de los mayores éxitos a nivel comercial y de crítica del cine polaco. Su historia de un joven noble enfrentado a la Orden Teutónica por una mujer nos traslada a la Lituania de finales del siglo XIV y principios del XV, en el contexto de los conflictos entre los teutones y los reinados centroeuropeos, desembocando en la determinante batalla de Grünwald. El propósito de la película, por tanto, no deja de ser hablar de lo general a través de lo particular, presentando una sencilla historia de búsqueda y venganza personal con un trasfondo que va avanzando sin descuidarse.
Si algo define esta cinta es su apuesta por valores seguros a lo largo de su narrativa, contrastando con las vanguardias formales de otras cintas de la época y lugar. Su vocación de cine de masas, unida a una cierta imagen tendenciosa de los acontecimientos que la acerca en ocasiones a la propaganda más descarada (la sutileza no es una de las grandes cualidades de esta cinta, pero aún así el vergonzoso momento del «Heil!» entre los teutones ya es pasarse tres pueblos), hace de la cinta una obra fácilmente asimilable a las grandes superproducciones que asomaban desde Hollywood en la misma época. En ese sentido, el espectador que busque nuevos desafíos cinematográficos en una obra polaca de 1960 probablemente se sienta insatisfecho al enfrentarse a ésta, una aventura medieval tan asombrosa como en muchos aspectos convencional.
En cualquier caso, la cinta aporta un buen número de elementos idiosincráticos muy interesantes, y es sobre todo tremendamente apreciable a nivel del desarrollo de su contexto. Al margen del tono parcial de la narración y el trasfondo patriótico que emana, si por algo destaca Los caballeros teutónicos es por su respeto escrupuloso a la forma de vida, las costumbres y las circunstancias históricas de la época, desplegando todo un arsenal de mecanismos protocolarios entre las distintas partes que conforman la narración que pueden resultar muy ilustrativos. Esto también se traduce en un avance de la historia más bien lento y pausado, que no parece tener ninguna urgencia por llegar a donde quiere, y que se recrea en los puntos de vista de los actores del conflicto, construyendo a pesar de todo una narración de paso firme que termina alcanzando lo que busca sin problemas. Hay que decir que esa equidistancia de puntos de vista se ve en todo momento lastrada por un tono muy acusado de diferenciación entre héroes y villanos, pero incluso en ese aspecto la película muchas veces logra sobreponerse conteniendo sus venazos subjetivos de forma que no interfieran en la descripción de los personajes.
Consideraciones narrativas aparte, el elemento más destacado del filme se encuentra en su ambiciosa puesta en escena, que más allá de una o dos secuencias puntuales que han envejecido más bien mal, es una constante exhibición de recursos escenográficos, con una banda sonora que capta a la perfección la intensidad emocional de la historia y que da lugar a un buen número de escenas e incluso imágenes memorables.
Si algo define esta cinta es su apuesta por valores seguros a lo largo de su narrativa, contrastando con las vanguardias formales de otras cintas de la época y lugar. Su vocación de cine de masas, unida a una cierta imagen tendenciosa de los acontecimientos que la acerca en ocasiones a la propaganda más descarada (la sutileza no es una de las grandes cualidades de esta cinta, pero aún así el vergonzoso momento del «Heil!» entre los teutones ya es pasarse tres pueblos), hace de la cinta una obra fácilmente asimilable a las grandes superproducciones que asomaban desde Hollywood en la misma época. En ese sentido, el espectador que busque nuevos desafíos cinematográficos en una obra polaca de 1960 probablemente se sienta insatisfecho al enfrentarse a ésta, una aventura medieval tan asombrosa como en muchos aspectos convencional.
En cualquier caso, la cinta aporta un buen número de elementos idiosincráticos muy interesantes, y es sobre todo tremendamente apreciable a nivel del desarrollo de su contexto. Al margen del tono parcial de la narración y el trasfondo patriótico que emana, si por algo destaca Los caballeros teutónicos es por su respeto escrupuloso a la forma de vida, las costumbres y las circunstancias históricas de la época, desplegando todo un arsenal de mecanismos protocolarios entre las distintas partes que conforman la narración que pueden resultar muy ilustrativos. Esto también se traduce en un avance de la historia más bien lento y pausado, que no parece tener ninguna urgencia por llegar a donde quiere, y que se recrea en los puntos de vista de los actores del conflicto, construyendo a pesar de todo una narración de paso firme que termina alcanzando lo que busca sin problemas. Hay que decir que esa equidistancia de puntos de vista se ve en todo momento lastrada por un tono muy acusado de diferenciación entre héroes y villanos, pero incluso en ese aspecto la película muchas veces logra sobreponerse conteniendo sus venazos subjetivos de forma que no interfieran en la descripción de los personajes.
Consideraciones narrativas aparte, el elemento más destacado del filme se encuentra en su ambiciosa puesta en escena, que más allá de una o dos secuencias puntuales que han envejecido más bien mal, es una constante exhibición de recursos escenográficos, con una banda sonora que capta a la perfección la intensidad emocional de la historia y que da lugar a un buen número de escenas e incluso imágenes memorables.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
En su contra tal vez quede que la mastodóntica batalla final, todo un derroche de extras y recursos visuales, resulte sorprendentemente plana y poco impactante en comparación con otros muchos momentos de la película, y en especial con el excelente uso del montaje paralelo que precede a la pelea, que en comparación se queda como una anécdota, costosa e inmensa pero anécdota, casi hecha por compromiso. Da la impresión de que a Ford le interesa más todo lo que rodea y precede a la batalla que la batalla en sí, entrando en conflicto con el propósito original de la cinta que debía ser rendir homenaje a este acontecimiento histórico en concreto.
En general, se puede describir a "Los caballeros teutónicos" como un compendio de virtudes y de ambición cinematográfica llevada a buen puerto, que funciona a la perfección como exposición histórica aunque sin renunciar a una parcialidad en la narración que deja muy claras las intenciones de la cinta. Sus fallos, aunque en ocasiones bastante visibles, son al fin y al cabo esporádicos, a nivel de escenas y diálogos sueltos, y eso hace más fácil seguir esta obra como un todo que en muchos aspectos es tremendamente bello y admirable, y que traslada a la pantalla con mucha eficacia los elementos narrativos de la epopeya medieval.
Texto escrito para www.cinemaldito.com
En general, se puede describir a "Los caballeros teutónicos" como un compendio de virtudes y de ambición cinematográfica llevada a buen puerto, que funciona a la perfección como exposición histórica aunque sin renunciar a una parcialidad en la narración que deja muy claras las intenciones de la cinta. Sus fallos, aunque en ocasiones bastante visibles, son al fin y al cabo esporádicos, a nivel de escenas y diálogos sueltos, y eso hace más fácil seguir esta obra como un todo que en muchos aspectos es tremendamente bello y admirable, y que traslada a la pantalla con mucha eficacia los elementos narrativos de la epopeya medieval.
Texto escrito para www.cinemaldito.com
25 de agosto de 2010
25 de agosto de 2010
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al igual que las películas de Hollywood sobre la Edad Media, el cine Polaco realizo este film con los mismo ingredientes, pero a la manera del cine del este. Interesante muestra del cine polaco sobre la historia de ese país. Parece una película fría y un poco primitiva, por momentos aburrida, carece de la agilidad y brillantez de las producciones americanas de la época, pero tiene a su favor el excelente empleo de los exteriores y decorados, además de un hermoso empleo del color. Interesante.
28 de noviembre de 2010
28 de noviembre de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Su punto más débil es el color que equidista con un aliado llamado montaje estremecedor y música equiparable. Pero las debilidades de una cinta, que con templanza siempre ha llevado condición de heroicidad, se suman al brío orquestado del fulgor de las espadas. Un terrible enfrentamiento con un oso de peluche… que la sombra de la cámara sea protagonista también en el campo de batalla y que la moviola sea el objeto mas usado en los combates de espada.
Polonia en guerra hace que la guerra sea Polonia. “Los caballeros teutónicos” habla sobre abusos y el peso del poder y adapta el texto de un Premio Novel más conocido por “Quo Vadis?”. Entre la epopeya histórica y patriótica y un filme bélico despliega detalles como la utilización del montaje paralelo para determinadas secuencias previas a la batalla, la construcción de personajes y, sobre todo, el famoso plano subjetivo desde la mirilla de los yelmos. Recurso que utilizó Kubrick en “Espartaco” ese mismo año.
Cierto es que siempre se dice que el filme de Aleksander Ford es una de las obras maestras del cine polaco pero interesa como retrato de los acontecimientos que acontecieron a la Batalla de Grunwald, una de las más grandes batallas de la época medieval.
Polonia en guerra hace que la guerra sea Polonia. “Los caballeros teutónicos” habla sobre abusos y el peso del poder y adapta el texto de un Premio Novel más conocido por “Quo Vadis?”. Entre la epopeya histórica y patriótica y un filme bélico despliega detalles como la utilización del montaje paralelo para determinadas secuencias previas a la batalla, la construcción de personajes y, sobre todo, el famoso plano subjetivo desde la mirilla de los yelmos. Recurso que utilizó Kubrick en “Espartaco” ese mismo año.
Cierto es que siempre se dice que el filme de Aleksander Ford es una de las obras maestras del cine polaco pero interesa como retrato de los acontecimientos que acontecieron a la Batalla de Grunwald, una de las más grandes batallas de la época medieval.
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