Mujercita
6.0
34
Comedia. Drama. Romance
Con la ayuda de su ama de llaves, el viudo profesor Oliver Wendell se ocupa de la educación de sus tres hijas. Dana, una de ellas, tiene la impresión de que su novio se interesa más por su coche que por ella, por lo que pone sus ojos en un compañero de negocios de su padre, el atractivo Richard Calvert, comprendiendo que ha llegado el momento de dar el paso de niña a mujer y tomar una decisión definitiva... (FILMAFFINITY)
5 de junio de 2024
5 de junio de 2024
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Comedia musical agradable y entretenida para lucimiento de Deanna Durbin que, en esta ocasión, además de cantar cuatro canciones (magnífica "Old folks at home" sobre la plataforma del río) nos demuestra que es una actriz de lo más competente capaz de llevar el peso de la película sin tener que recurrir una y otra vez a sus canoras melodías.
William A. Seiter acierte de pleno introduciéndonos suave y delicadamente en Stillwater. Solo unas leves pinceladas y el espectador ya sabe que es una ciudad entrañable pero eminentemente cotilla. También entrañables y con un toque de deliciosa locura son presentados los miembros de la familia Dana. Un padre y sus tres hijas que dirimen sus conflictos, sus dudas y sus alegrías en el interior de una casa preciosa con dos plantas en la que el amor, la comprensión y el sentido del humor del cabeza de familia parece haberse instalado en cada rinconcito de cada una de sus acogedoras estancias. No importa cuan disparatadas sean las situaciones protagonizadas en su interior; la naturalidad, simpatía y eficacia de sus intérpretes nos las harán creíbles a la par que divertidas. Gracias a Deanna Durbin, Ann Gills, Anna Gwynne, Walter Brennan y, sobre todo, a un portentoso Robert Benchley (el padre), pasamos un rato francamente entretenido y sin ningún mal pensamiento que atribule nuestra mente.
William A. Seiter acierte de pleno introduciéndonos suave y delicadamente en Stillwater. Solo unas leves pinceladas y el espectador ya sabe que es una ciudad entrañable pero eminentemente cotilla. También entrañables y con un toque de deliciosa locura son presentados los miembros de la familia Dana. Un padre y sus tres hijas que dirimen sus conflictos, sus dudas y sus alegrías en el interior de una casa preciosa con dos plantas en la que el amor, la comprensión y el sentido del humor del cabeza de familia parece haberse instalado en cada rinconcito de cada una de sus acogedoras estancias. No importa cuan disparatadas sean las situaciones protagonizadas en su interior; la naturalidad, simpatía y eficacia de sus intérpretes nos las harán creíbles a la par que divertidas. Gracias a Deanna Durbin, Ann Gills, Anna Gwynne, Walter Brennan y, sobre todo, a un portentoso Robert Benchley (el padre), pasamos un rato francamente entretenido y sin ningún mal pensamiento que atribule nuestra mente.
8 de junio de 2024
8 de junio de 2024
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Donde hay hijas adolescentes hay búsqueda de amor. O una necesidad de satisfacer las vanidades propias al menos intentando sentirse como merecedoras de ese amor.
En este hogar compuesto por tres hijas adolescentes y un padre viudo amoroso y comprensivo con ellas, el amor planea en el aire aunque, desde luego, lo que una sueña a lo que luego es la realidad hay una diferencia muy grande.
Película hecha al servicio de Deanna Durbin, cantante de voz extraordinaria, no es un mero vehículo hecho para la transmisión de sus habilidades para el canto sino que tiene mucha entidad en sí misma. Es una película agradable, simpática, de atmósfera placentera y relajante, muy en la línea de " Cita en San Louis" y otras de corte parecido. Un pueblecito encantador lleno de pomposas casitas con sus jardines, porches y buhardillas, en las que el simpático cartero "Walter Brennan" deja el correo todos los días por la puerta de servicio, no sin antes haberlas leído mientras aprovecha para tratar de hacerle el amor a la cocinera que está siempre muy ocupada preparando pudding de manzana para toda la familia.
En seguida conoceremos al padre y a las tres chicas en sus aspiraciones y sueños.
La mayor (Anne Gwynne) sueña con ser actriz y pasa horas y horas ensayando sus textos frente al espejo inasequible al desaliento.
La más pequeña (Ann Gillis), !huy!, es una suerte de "Lolita" rompecorazones. Si no se anda con tiento esa chica va a acabar muy, muy mal. Pero hay que decir en su descargo que es que se lo ponen a huevo hombre.
La mediana (Deanna Durbin), es la que parece tenerlo más crudo. Ayudante de su padre, un científico, en su pequeño laboratorio, tiene un novio de lo más guaperas (Robert Stack), que aquí está como un tren, pero para el caso es lo mismo. El chaval le ha salido tuneador de coches, ya sabéis, estos tíos que prestan más atención al radiador del coche que a una chica bonita. La Durbin la lleva clara a su lado. Como no se cuelgue del cuello un motor cuatro cilindros o empiece a hacer ruiditos con la boca simulando un coche gripado...
Es por eso que cuando Franchot Tone, un sofisticado y mundano hombre de la ciudad, acuda al pueblo para hacer entrega de una beca al padre de las muchachas, consiga con sus modales desenvueltos llenos de experiencia camelarse a las tres chicas de un plumazo.
Sin embargo, la Durbin irá un poquito más allá, será su oportunidad de poner a prueba sus dotes de seducción tipo femme, necesita descubrir que tiene algo más de magnetismo que el que pueda poseer un tubo de escape trucado, es una cuestión de pura autoestima vaya. Y, claro, así las cosas, todo puede ir muy bien...o fatal.
La película discurre agradable y sencilla. Durbin interpreta cuatro o cinco canciones a lo largo del transcurso del film pero no interrumpen ni ralentizan el discurrir del mismo. Se encuentran perfectamente integradas.
Robert Benchley como padre de las chicas está extraordinario y tiene una escena con Durbin que me hizo mucha gracia que prefiero destripar en spoiler y que resume muy bien el grado de sabiduría y comprensión que posee en su calidad de padre de adolescentes.
Helen Broderick, Elisabeth Ridson, también merecen una mención. Todos contribuyen a hacer de esta cinta un paseo agradable por el pueblo. Un pueblo en el que parece que los problemas del mundo no les afectan y que el problema más grande que parecen tener es el de descubrir a qué hora se retiran las muchachas a sus casas. !Afortunados!.
En este hogar compuesto por tres hijas adolescentes y un padre viudo amoroso y comprensivo con ellas, el amor planea en el aire aunque, desde luego, lo que una sueña a lo que luego es la realidad hay una diferencia muy grande.
Película hecha al servicio de Deanna Durbin, cantante de voz extraordinaria, no es un mero vehículo hecho para la transmisión de sus habilidades para el canto sino que tiene mucha entidad en sí misma. Es una película agradable, simpática, de atmósfera placentera y relajante, muy en la línea de " Cita en San Louis" y otras de corte parecido. Un pueblecito encantador lleno de pomposas casitas con sus jardines, porches y buhardillas, en las que el simpático cartero "Walter Brennan" deja el correo todos los días por la puerta de servicio, no sin antes haberlas leído mientras aprovecha para tratar de hacerle el amor a la cocinera que está siempre muy ocupada preparando pudding de manzana para toda la familia.
En seguida conoceremos al padre y a las tres chicas en sus aspiraciones y sueños.
La mayor (Anne Gwynne) sueña con ser actriz y pasa horas y horas ensayando sus textos frente al espejo inasequible al desaliento.
La más pequeña (Ann Gillis), !huy!, es una suerte de "Lolita" rompecorazones. Si no se anda con tiento esa chica va a acabar muy, muy mal. Pero hay que decir en su descargo que es que se lo ponen a huevo hombre.
La mediana (Deanna Durbin), es la que parece tenerlo más crudo. Ayudante de su padre, un científico, en su pequeño laboratorio, tiene un novio de lo más guaperas (Robert Stack), que aquí está como un tren, pero para el caso es lo mismo. El chaval le ha salido tuneador de coches, ya sabéis, estos tíos que prestan más atención al radiador del coche que a una chica bonita. La Durbin la lleva clara a su lado. Como no se cuelgue del cuello un motor cuatro cilindros o empiece a hacer ruiditos con la boca simulando un coche gripado...
Es por eso que cuando Franchot Tone, un sofisticado y mundano hombre de la ciudad, acuda al pueblo para hacer entrega de una beca al padre de las muchachas, consiga con sus modales desenvueltos llenos de experiencia camelarse a las tres chicas de un plumazo.
Sin embargo, la Durbin irá un poquito más allá, será su oportunidad de poner a prueba sus dotes de seducción tipo femme, necesita descubrir que tiene algo más de magnetismo que el que pueda poseer un tubo de escape trucado, es una cuestión de pura autoestima vaya. Y, claro, así las cosas, todo puede ir muy bien...o fatal.
La película discurre agradable y sencilla. Durbin interpreta cuatro o cinco canciones a lo largo del transcurso del film pero no interrumpen ni ralentizan el discurrir del mismo. Se encuentran perfectamente integradas.
Robert Benchley como padre de las chicas está extraordinario y tiene una escena con Durbin que me hizo mucha gracia que prefiero destripar en spoiler y que resume muy bien el grado de sabiduría y comprensión que posee en su calidad de padre de adolescentes.
Helen Broderick, Elisabeth Ridson, también merecen una mención. Todos contribuyen a hacer de esta cinta un paseo agradable por el pueblo. Un pueblo en el que parece que los problemas del mundo no les afectan y que el problema más grande que parecen tener es el de descubrir a qué hora se retiran las muchachas a sus casas. !Afortunados!.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Cuando Durbin toda avergonzada por lo que ha hecho habla con su padre y le cuenta cómo se ha puesto en ridículo ante Tone:
_" Oh papá, hice una cosa tan vulgar". "Prácticamente me eché en sus brazos y él...!Ni siquiera me besó"
_ El padre sonríe para sus adentros mientras finge escandalizarse. - "!Qué sinvergüenza!- exclama fingiendo enfado.
He ahí cómo encarrilar el asunto de una manera divertida a la dirección correcta sin aspavientos, sermones ni "ya te lo dije" de por medio.
_" Oh papá, hice una cosa tan vulgar". "Prácticamente me eché en sus brazos y él...!Ni siquiera me besó"
_ El padre sonríe para sus adentros mientras finge escandalizarse. - "!Qué sinvergüenza!- exclama fingiendo enfado.
He ahí cómo encarrilar el asunto de una manera divertida a la dirección correcta sin aspavientos, sermones ni "ya te lo dije" de por medio.
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