DalglieshSerie
2021 

Andy Tohill, Geoffrey Sax ...
6.4
303
Serie de TV. Drama. Intriga
Serie de TV (2021-). 3 temporadas, 18 episodios. La extensa carrera del detective Adam Dalgliesh en su lucha contra el crimen, desde la Inglaterra de la década de 1970 hasta la actualidad.
24 de noviembre de 2021
24 de noviembre de 2021
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una vez más, el buen hacer de las adaptaciones británicas de libros de escritores conocidos y exitosos. Buena ambientación, buenas historias, buenas interpretaciones. No nos cansamos de ver estas obras traídas hasta la pantalla,incluso despues de haberlas leído. Porque siempre hay algo especial al revivir los paisajes, los personajes y las historias. PD James, la autora, junto a Christie y a Conan Doyle son algunos de los grandes creadores de detectives cuyas obras, adaptadas hábilmente, siempre son bien recibidas y nunca pierden vigencia.
28 de julio de 2026
28 de julio de 2026
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es raro que una serie de detectives sea un tratado de antropología social. Pero "Dalgliesh" (las dos primeras temporadas, que adaptan las novelas de P.D. James escritas entre los sesenta y los ochenta) no es una serie policiaca al uso. Es, más bien, una etnografía minuciosa de la Inglaterra prethatcherista, ese archipiélago de mundos en descomposición que el vendaval de la Dama de Hierro estaba a punto de barrer. Y lo que lo hace excepcional es que esa etnografía no viene del panfleto ni de la denuncia explícita, sino de la mirada de una mujer que conoció esas grietas desde dentro y decidió contarlas a través del crimen.
P.D. James, conservadora atípica y baronesa laborista en lo social, despliega en estas historias un catálogo casi enciclopédico de las obsesiones británicas de la época. La Iglesia de Inglaterra, con sus guerras intestinas entre anglocatólicos y evangélicos, sus monjas enfermeras y sus teólogos aficionados que montan sectas en mansiones rurales. El clasismo de la policía y de la judicatura, retratado sin subrayados pero con una precisión que hiela. El racismo latente (y a veces nada latente) en las instituciones. La segunda ola del feminismo, que empieza a resquebrajar los techos de hormigón. Y la decadencia de unos tories que ya no creen en nada, pero que todavía conservan los modales.
P.D. James, conservadora atípica y baronesa laborista en lo social, despliega en estas historias un catálogo casi enciclopédico de las obsesiones británicas de la época. La Iglesia de Inglaterra, con sus guerras intestinas entre anglocatólicos y evangélicos, sus monjas enfermeras y sus teólogos aficionados que montan sectas en mansiones rurales. El clasismo de la policía y de la judicatura, retratado sin subrayados pero con una precisión que hiela. El racismo latente (y a veces nada latente) en las instituciones. La segunda ola del feminismo, que empieza a resquebrajar los techos de hormigón. Y la decadencia de unos tories que ya no creen en nada, pero que todavía conservan los modales.

Todo eso lo mira Adam Dalgliesh, el detective poeta. Y conviene detenerse en él, porque es la gran creación de James y el hilo que une todas las tramas. Dalgliesh es el señor Darcy del fin de siglo (del siglo pasado, se entiende). Un hombre viudo, estoico, que escribe poesía y que perdió la fe en el Dios de su padre, un párroco anglicano de aldea. No es un Sherlock Holmes de laboratorio, ni un Marlowe cínico. Es un hombre que se mueve entre cadáveres con la misma melancolía con que pasea por las playas de Dorset. Su herramienta no es el microscopio, sino una intuición educada en la lectura de almas. Y eso, en una época que empezaba a idolatrar la ciencia forense, es casi una declaración filosófica.
La serie acierta de pleno al elegir a Bertie Carvel para encarnarlo. Su Dalgliesh es contenido, hierático a veces, pero con una vida interior que se adivina en cada silencio. No necesita alzar la voz para imponerse. Es un hombre que ya ha sufrido la "primera muerte" de la que hablaba Dylan Thomas ("después de la primera muerte, no hay otra"), y que investiga los crímenes ajenos como quien oficia una liturgia privada. No espera justicia poética. Se conforma con la verdad.
La serie acierta de pleno al elegir a Bertie Carvel para encarnarlo. Su Dalgliesh es contenido, hierático a veces, pero con una vida interior que se adivina en cada silencio. No necesita alzar la voz para imponerse. Es un hombre que ya ha sufrido la "primera muerte" de la que hablaba Dylan Thomas ("después de la primera muerte, no hay otra"), y que investiga los crímenes ajenos como quien oficia una liturgia privada. No espera justicia poética. Se conforma con la verdad.

Acompañándolo está la sargento Kate Miskin, el contrapunto perfecto. Si Dalgliesh es un outsider por elección (hijo de vicario, poeta, melancólico), Kate lo es por nacimiento: mujer, pobre, mestiza, criada en un barrio marginal. La serie, al darle el espacio que merece, convierte su presencia en un acto político. Kate no es la ayudante decorativa de otras ficciones; es la conciencia social que el detective necesita. Y la tensión con su otro subordinado, el clasista y racista Massingham, es una de las líneas más incómodas y necesarias de estas dos temporadas.
Los casos son, en apariencia, los propios del género: una muerte sospechosa en una comunidad de discapacitados ("La torre negra"), un asesinato en un laboratorio forense ("Muerte de un perito"), crímenes en iglesias anglocatólicas y entre la alta burguesía ("Filia por la muerte" y "Una cierta justicia"). Pero cada investigación es en realidad una excusa para abrir el cuerpo de una institución y examinarle las vísceras.
La comunidad de Toynton Grange, en "La torre negra", es una obra maestra de la disección teológica. Un místico aficionado, Wilfred Anstey, ha construido una secta en torno al sufrimiento, convenciendo a sus residentes (todos con discapacidad) de que su dolor es una vocación espiritual. Es una teología de la esclavitud disfrazada de amor, y la serie la expone con una frialdad que hiela. Si Foucault hubiera escrito novelas policiacas, habría escrito algo muy parecido a esto.
En "Muerte de un perito", el blanco es la ciencia como nueva religión. El doctor Lorrimer, la víctima, es un hombre con lo que hoy llamaríamos trastorno del espectro autista: brillante, meticuloso, incapaz de leer las emociones ajenas. Dalgliesh se ve en él como en un espejo deformante. Y alrededor, un laboratorio donde el machismo y la homofobia laten bajo la bata blanca. La historia de amor entre dos mujeres, tratada con una discreción que era la única posible en los setenta, es otra de esas capas que solo el espectador atento descubre.
Pero donde la serie alcanza su mayor densidad es en los retratos del clasismo británico. La justicia, en manos de abogados educados en las "public schools" y en las "Inns of Court", se convierte en un club privado donde la verdad importa menos que la forma. Y la policía local, cuando no es abiertamente racista, es de una incompetencia que roza lo criminal. Dalgliesh llega siempre de fuera, como un forense de almas, a poner orden en el caos. Pero lo hace sabiendo que su orden es provisional, que las estructuras que sostienen ese mundo están podridas.
El feminismo de P.D. James (que la serie respeta y amplifica) merece mención aparte. No es un feminismo de pancarta. Es un feminismo que se nota en la forma de tratar la violación, por ejemplo. En una de las tramas, una mujer explica por qué no denunció a su agresor: porque el sistema la habría violado otra vez, con preguntas humillantes y presunciones de culpabilidad. La cámara se queda en el rostro de la sargento Miskin, y ahí, en ese silencio, está toda la rabia contenida de la autora.
(continuará)
Los casos son, en apariencia, los propios del género: una muerte sospechosa en una comunidad de discapacitados ("La torre negra"), un asesinato en un laboratorio forense ("Muerte de un perito"), crímenes en iglesias anglocatólicas y entre la alta burguesía ("Filia por la muerte" y "Una cierta justicia"). Pero cada investigación es en realidad una excusa para abrir el cuerpo de una institución y examinarle las vísceras.
La comunidad de Toynton Grange, en "La torre negra", es una obra maestra de la disección teológica. Un místico aficionado, Wilfred Anstey, ha construido una secta en torno al sufrimiento, convenciendo a sus residentes (todos con discapacidad) de que su dolor es una vocación espiritual. Es una teología de la esclavitud disfrazada de amor, y la serie la expone con una frialdad que hiela. Si Foucault hubiera escrito novelas policiacas, habría escrito algo muy parecido a esto.
En "Muerte de un perito", el blanco es la ciencia como nueva religión. El doctor Lorrimer, la víctima, es un hombre con lo que hoy llamaríamos trastorno del espectro autista: brillante, meticuloso, incapaz de leer las emociones ajenas. Dalgliesh se ve en él como en un espejo deformante. Y alrededor, un laboratorio donde el machismo y la homofobia laten bajo la bata blanca. La historia de amor entre dos mujeres, tratada con una discreción que era la única posible en los setenta, es otra de esas capas que solo el espectador atento descubre.
Pero donde la serie alcanza su mayor densidad es en los retratos del clasismo británico. La justicia, en manos de abogados educados en las "public schools" y en las "Inns of Court", se convierte en un club privado donde la verdad importa menos que la forma. Y la policía local, cuando no es abiertamente racista, es de una incompetencia que roza lo criminal. Dalgliesh llega siempre de fuera, como un forense de almas, a poner orden en el caos. Pero lo hace sabiendo que su orden es provisional, que las estructuras que sostienen ese mundo están podridas.
El feminismo de P.D. James (que la serie respeta y amplifica) merece mención aparte. No es un feminismo de pancarta. Es un feminismo que se nota en la forma de tratar la violación, por ejemplo. En una de las tramas, una mujer explica por qué no denunció a su agresor: porque el sistema la habría violado otra vez, con preguntas humillantes y presunciones de culpabilidad. La cámara se queda en el rostro de la sargento Miskin, y ahí, en ese silencio, está toda la rabia contenida de la autora.
(continuará)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
(continúa)
Técnicamente, la serie es una delicia. La fotografía entiende que los espacios son personajes: la costa de Dorset, los laboratorios iluminados con fluorescentes, las iglesias anglocatólicas con sus vírgenes de piedra y sus confesionarios. Todo respira la humedad de una Inglaterra que ya no existe. Y la decisión de no mostrar el icónico letrero de Scotland Yard (ausencia que es toda una declaración de principios) confirma que esta serie no quiere filmar la institución, sino los cuerpos que la habitan y los silencios que la sostienen.
El ritmo es pausado, novelesco. No es thriller, es otra cosa: es la adaptación de un tiempo en que la televisión confiaba en la inteligencia del espectador. Y eso, en 2025, es casi un acto de resistencia.
P.D. James escribió sobre una Inglaterra que, como ella misma dijo en boca de otro personaje, "ya no la conoce ni la madre que la parió" (¿Isabel I?). Un país que perdió la fe, el imperio, las certezas y hasta la vergüenza. Ver estas dos temporadas es asomarse a esa tierra desaparecida con la mirada de un etnógrafo y el corazón de un poeta. No es poco.
Técnicamente, la serie es una delicia. La fotografía entiende que los espacios son personajes: la costa de Dorset, los laboratorios iluminados con fluorescentes, las iglesias anglocatólicas con sus vírgenes de piedra y sus confesionarios. Todo respira la humedad de una Inglaterra que ya no existe. Y la decisión de no mostrar el icónico letrero de Scotland Yard (ausencia que es toda una declaración de principios) confirma que esta serie no quiere filmar la institución, sino los cuerpos que la habitan y los silencios que la sostienen.
El ritmo es pausado, novelesco. No es thriller, es otra cosa: es la adaptación de un tiempo en que la televisión confiaba en la inteligencia del espectador. Y eso, en 2025, es casi un acto de resistencia.
P.D. James escribió sobre una Inglaterra que, como ella misma dijo en boca de otro personaje, "ya no la conoce ni la madre que la parió" (¿Isabel I?). Un país que perdió la fe, el imperio, las certezas y hasta la vergüenza. Ver estas dos temporadas es asomarse a esa tierra desaparecida con la mirada de un etnógrafo y el corazón de un poeta. No es poco.
16 de julio de 2022
16 de julio de 2022
7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me encantan las series británicas de detectives y misterio y creo que siempre suelen hacer unos trabajos de impecable factura y de una gran calidad, especialmente las adaptaciones de obras literarias. Sin embargo, no me ha parecido así con esta serie, hay algo que desluce el conjunto, parece que todo va demasiado rápido, se ahonda poco en los personajes, ni siquiera Dalgliesh parece tener demasiado en común con el Dalgliesh de los libros de PD James.
Otro aspecto que me ha resultado inusitadamente flojo es la ambientación. La serie se desarrolla en los años 70 y pese al uso de elementos propios de aquellos años (coches, ropa, mobiliario, etc), todo tiene una sensación de estar puesto ahí "para que parezca que estamos en los 70".
La serie se basa en 3 de las obras de PD James (son 6 episodios, cada caso/libro ocupa 2 episodios) y aunque PD James no me resulte una gran escritora de misterio (divaga muchísimo y le mete mucha paja a las novelas, especialmente las últimas donde el "misterio" está envuelto en capas y capas de cosas aburridísimas), los libros que adapta esta serie son de los primeros de la escritora y tienen algo más de substancia pero pese a eso la serie acaba aburriendo, presenta una estructura muy simplona y la resolución del misterio acaba no interesando demasiado y dejando una sensación de "pues vale".
Otro aspecto que me ha resultado inusitadamente flojo es la ambientación. La serie se desarrolla en los años 70 y pese al uso de elementos propios de aquellos años (coches, ropa, mobiliario, etc), todo tiene una sensación de estar puesto ahí "para que parezca que estamos en los 70".
La serie se basa en 3 de las obras de PD James (son 6 episodios, cada caso/libro ocupa 2 episodios) y aunque PD James no me resulte una gran escritora de misterio (divaga muchísimo y le mete mucha paja a las novelas, especialmente las últimas donde el "misterio" está envuelto en capas y capas de cosas aburridísimas), los libros que adapta esta serie son de los primeros de la escritora y tienen algo más de substancia pero pese a eso la serie acaba aburriendo, presenta una estructura muy simplona y la resolución del misterio acaba no interesando demasiado y dejando una sensación de "pues vale".
3 de septiembre de 2026
3 de septiembre de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de nada debo decir que soy muy aficionado a las adaptaciones británicas de misterio, policíaca y crimen. Cuando empecé a disfrutar esta serie para mi fue un placer y un descubrimiento. A nivel técnico es muy destacable y a nivel actoral diría que es sobresaliente. En particular el papel de Adam Dalgliesh creo que está muy bien escogido. No conocía previamente a este actor, pero creo que lo borda. Le da una profundidad y una conexión profunda que te hace sentir cómo es en sus silencios. Eso se me antoja tremendamente difícil y este actor lo consigue de una manera brillante.
A pesar de que las tramas son más propias de hacerse a fuego lento, no he tenido la sensación de aburrirme. Creo que las historias avanzan y mantienen el interés sin nada de relleno, lo cual es de agradecer en estos tiempos donde las temporadas se tienen que alargar durante diez episodios por contrato, aunque lo que tienen para contar se podría haber hecho en tres o cuatro. Esto es especialmente destacable si consideramos que en muchos de los casos el comandante Dalgliesh se ve metido en una comunidad cerrada donde tiene que ir buscando la verdad a menudo donde todos intentan ocultarla. Mantener el interés en este tipo de tramas es meritorio.
A pesar de que las tramas son más propias de hacerse a fuego lento, no he tenido la sensación de aburrirme. Creo que las historias avanzan y mantienen el interés sin nada de relleno, lo cual es de agradecer en estos tiempos donde las temporadas se tienen que alargar durante diez episodios por contrato, aunque lo que tienen para contar se podría haber hecho en tres o cuatro. Esto es especialmente destacable si consideramos que en muchos de los casos el comandante Dalgliesh se ve metido en una comunidad cerrada donde tiene que ir buscando la verdad a menudo donde todos intentan ocultarla. Mantener el interés en este tipo de tramas es meritorio.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Mi primer problema con esta serie, y el motivo fundamental porque no le doy un sobresaliente es porque justo leí Cubridle el rostro poco antes de que se estrenara esa historia. Ignoro si ocurre lo mismo con las demás historias, pero como adaptación de la novela, los dos episodios de Cubridle el rostro son penosos. Y creo que esto es decir poco. Creo que el mayor pecado que comete la producción se debe a la absurda necesidad de la inclusión racial que no parece estar tan presente en otras historias, y también la necesidad de incluir conceptos ideológicos actualizados: feminismo, masculinidad tóxica, violencia de género, temas identitarios, etc.
De repente el baronet local Simon Maxie pasó a ser Mehta Suresh y toda la familia de la casa solariega de Martingale de repente es de etnia india. A esto se le añaden con calzador implicaciones políticas que no estaban en el relato de P.D.James por ninguna parte. La kermés de la parroquia que en la novela tiene lugar en el jardín con tiempo soleado pasa a ocurrir dentro de la casa con lluvia. Choca el hecho de que haya un baronet o lord de procedencia india que encima está integrado de alguna forma en la política londinense y no suscita ningún tipo de habladurías ni rechazo entre sus vecinos de natural bastante racistas en la época que se retrata.
De repente el baronet local Simon Maxie pasó a ser Mehta Suresh y toda la familia de la casa solariega de Martingale de repente es de etnia india. A esto se le añaden con calzador implicaciones políticas que no estaban en el relato de P.D.James por ninguna parte. La kermés de la parroquia que en la novela tiene lugar en el jardín con tiempo soleado pasa a ocurrir dentro de la casa con lluvia. Choca el hecho de que haya un baronet o lord de procedencia india que encima está integrado de alguna forma en la política londinense y no suscita ningún tipo de habladurías ni rechazo entre sus vecinos de natural bastante racistas en la época que se retrata.

Pero la cosa no se queda ahí, se opta por crear subtramas nuevas que desmantelan el planteamiento original por completo hasta el punto de que la historia ya no es reconocible. De un crimen de puerta cerrada donde para acceder tienen que recurrir a una escalera y a una ventana, pasan a que simplemente la puerta estaba abierta. De la taza de chocolate a medio consumir sobre la mesita pasan a la taza tirada en el suelo, etc. Uno entendería que se tomasen algunas licencias o que actualizasen un poco algunas cosas de la historia, pero es que lo que han hecho es destrozar el planteamiento original y sustituirlo por algo con mucho menos interés. Al final no llega el marido ni descubren que la madre soltera en realidad ya estaba casada.
En definitiva, me da miedo leer más historias de Dalgliesh para comprobar que las demás adaptaciones también son nefastas, con lo cual se empaña considerablemente el aura de una serie que yo prácticamente había subido a los altares del entretenimiento.
En definitiva, me da miedo leer más historias de Dalgliesh para comprobar que las demás adaptaciones también son nefastas, con lo cual se empaña considerablemente el aura de una serie que yo prácticamente había subido a los altares del entretenimiento.
8 de septiembre de 2026
8 de septiembre de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ambientada en los años 70, "Dalgliesh" recoge las meticulosas investigaciones del detective creado por la escritora británica P.D. James (La muerte llega a Pemberley). La serie cuenta con tres temporadas. En cada una de ellas se ofrecen seis episodios y las tramas se dividen de dos en dos.
Con una duración total de una hora y media cada dos capítulos, los guionistas pueden respetar un ritmo poco apresurado y eso beneficia a esta adaptación. El tiempo se invierte en dar a conocer a los personajes y sus motivaciones. La época en la que se enmarca, sin móviles ni tecnología puntera, ayuda a que la historia se desarrolle con naturalidad.
Por su parte, Adam Dalgliesh (Bertie Carvel) es un detective amable, discreto, observador y poco dado a los juicios precipitados. No obstante, también es portador de un dolor profundo (la pérdida de su mujer y de su hijo) y de una sensibilidad inusual.
Esta última faceta de su personalidad se ve reforzada por el tipo de serie que se ha querido hacer. "Dalgliesh" es visualmente oscura y emocionalmente dramática. Las historias están llenas de personajes que sufren (especialmente la soledad) y que viven en entornos tristes y sin luz vital.
"Dalgliesh" es un lugar en el que conviven el desamparo, el abandono, la desgracia, la codicia, los secretos, la nostalgia, el egoísmo y el crimen. Un complejo hábitat al que se enfrenta la lógica y la tenacidad de un agradable pero nostálgico detective.
www.contraste.info
Con una duración total de una hora y media cada dos capítulos, los guionistas pueden respetar un ritmo poco apresurado y eso beneficia a esta adaptación. El tiempo se invierte en dar a conocer a los personajes y sus motivaciones. La época en la que se enmarca, sin móviles ni tecnología puntera, ayuda a que la historia se desarrolle con naturalidad.
Por su parte, Adam Dalgliesh (Bertie Carvel) es un detective amable, discreto, observador y poco dado a los juicios precipitados. No obstante, también es portador de un dolor profundo (la pérdida de su mujer y de su hijo) y de una sensibilidad inusual.
Esta última faceta de su personalidad se ve reforzada por el tipo de serie que se ha querido hacer. "Dalgliesh" es visualmente oscura y emocionalmente dramática. Las historias están llenas de personajes que sufren (especialmente la soledad) y que viven en entornos tristes y sin luz vital.
"Dalgliesh" es un lugar en el que conviven el desamparo, el abandono, la desgracia, la codicia, los secretos, la nostalgia, el egoísmo y el crimen. Un complejo hábitat al que se enfrenta la lógica y la tenacidad de un agradable pero nostálgico detective.
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