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Nacida para ganar

Comedia La vida parece anclada en el tiempo para Encarna (Alexandra Jimenez) en Móstoles, su ciudad. El mismo trabajo desde la adolescencia, el mismo novio, y pocas perspectivas de que la cosa pueda cambiar. Al reencontrarse con María Dolores (Cristina Castaño), su inseparable amiga en el instituto, su vida da un vuelco. Le propone entrar en un negocio revolucionario de venta piramidal que le hará rica en muy poco tiempo y la convertirá en la ... [+]
Críticas 19
Críticas ordenadas por utilidad
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6
3 de mayo de 2016
31 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nacida para ganar es un proyecto que comenzó llamándose Móstoles no es lo que parece o la importancia de llamarse Encarna, así, cual Frankenstein o el moderno Prometeo, con título doble. Seguramente, en algún momento alguien pensó que se trataba de un título llamativo pero demasiado largo y poco comercial, por lo que finalmente se desechó y pasó a convertirse en el definitivo Nacida para ganar. Gancho comercial seguramente ha ganado (¿se imaginan a la gente en la ventanilla del cine pidiendo una entrada para Móstoles no es lo que parece o la importancia de llamarse Encarna?) pero vista la película, sin duda tenía su sentido ese doble título. Un sentido que ahora, al haber cambiado, se ha perdido y ya no casa de ninguna manera con las referencias a los dobles títulos que se hacen en determinados momentos y que tienen su importancia dentro de la propia idiosincrasia de la película.

Vicente Villanueva, muy reconocido por su muy personal mirada de los universos femeninos, vuelve a contar una historia con mujeres en los roles protagónicos (prácticamente el único personaje masculino destacable es el de José Manuel Cervino), que tiene mucho de cinismo y de mala baba en la superficie, aunque después, como explicaremos más adelante, el fondo es otro. La jugada le sale bastante redonda, pues la cinta es sin duda entretenidísima, muy simpática y agradable, y no insulta la inteligencia de nadie con chistes chabacanos o de dudosa gracia. De hecho, no es una comedia de carcajadas, y seguramente es uno de los fallos más graves de la propuesta. Había espacio para ir bastante más al límite con el humor, y secuencias como la final en la entrega de premios pedían a gritos que la locura que está pasando (toda la película es en sí bastante surrealista en las cosas que pasan a los personajes) se reflejara más en los diálogos y los gags. Algún periodista en la sala comentaba que tenía un tono parecido al último Álex de la Iglesia, Mi gran noche (2015), y la verdad es que no le hubiera venido mal contagiarse un poco en algunos momentos de la bizarría del cine del realizador vasco. Tampoco se entiende muy bien el porqué de la extendida presencia en la trama de las Supremas de Móstoles (¿será porque son de Móstoles?), cuyas escenas no aportan demasiado al conjunto, salvo quizás el número musical final, con importante significado para el personaje de Trinidad Iglesias. Se podría haber sacado también más partido al famoso sketch de Martes y Trece y a su vinculación con la protagonista. Aun así, Villanueva pone en pantalla secuencias realmente brillantes, como la del casino, la del casting-entrevista o toda la final, y aprovecha maravillosamente las localizaciones y los elementos que caracterizan a cada uno de los personajes. Es en conjunto una película, como decíamos, realmente agradable y llena de buenos sentimientos regada por un cinismo muy de agradecer.
Así, lo mejor de la cinta es sin duda su nada disimulado canto a la diferencia y a la propia identidad de cada uno, la que cada persona lleva de casa, y no la que los demás quieren que sea. En la trama se contraponen continuamente dos modos de ver la vida: el de María Dolores, convencida de que la única receta para tener éxito en la vida es desearlo con todas las fuerzas posibles, mantener una actitud positiva y adoptar una imagen triunfadora, y la de Encarna, inicialmente seducida por el glamour del lyfestyle de alta ejecutiva, pero que es esencialmente una mujer normal, buena por naturaleza, honrada, trabajadora y sencilla. Resulta muy interesante la reflexión que plantea Villanueva acerca de la buena y la mala suerte, y de por qué unas personas sufren mientras otros tienen todo lo que desean. Con escenas como la del casting al que son sometidas las aspirantes a vendedoras de cremas (una de las más tronchantes de la cinta, por cierto), Villanueva termina por decirnos una verdad como un templo: la vida es como es, y tiene tanto momentos buenos como otros amargos, y a todos nos tienen que pasar y nos pasarán desgracias y también cosas maravillosas. Así, el famoso eslogan de vida de María Dolores de “se atrae lo que se piensa” termina por ser desmontado por la verdad de Encarna, que es la del amor, el dolor, la alegría, el éxito y el fracaso caminando de la mano de cada persona en el momento en que toca, sin que sea culpa o triunfo de nadie que sucedan así.
Otro gran acierto de Villanueva es el tratamiento de la relación entre los personajes de Encarna y Ginés (un fantástico José Manuel Cervino, premio Goya hace nueve años por Las 13 Rosas). Sin desvelar nada, se trata del punto de mayor emotividad de toda la cinta, y sin duda es la trama más grata y más sentida de la misma, al tratarse de la demostración de todo lo que quiere reivindicar el director en la película, que es la importancia de la sencillez y los buenos sentimientos. En este caso, es también una oda al amor en toda su grandeza, el amor que solo es visto y sentido por aquellos que lo sienten, al que no le hace falta ser visible o socialmente aceptado para ser auténtico.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Entre los intérpretes, brilla sin duda Alexandra Jiménez, que lleva unos años frenéticos de trabajo, y no es para menos. Jiménez, en un registro cómico absolutamente distinto del mostrado en Anacleto (Javier Ruiz Caldera, 2015), Los miércoles no existen (Peris Romano, 2015) o Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015), demuestra que le sobra carisma y presencia para llevar sobre sus hombros el peso del protagonismo en una película. Es creíble, es natural como la vida misma, y tiene una habilidad innata para resultar simpática y despertar empatía. Es gracias a ella que Encarna resulta tan entrañable. No cabe olvidarse de Ana María Ayala, la gran revelación de la película, absolutamente descacharrante en un personaje que además es tratado por Villanueva con una agradecidísima normalidad (ya es hora de que empecemos a mirar a los actores como actores y por supuesto como personas, independientemente de sus características físicas), o por supuesto de Victoria Abril. Hay que tener un sentido del humor gigantesco para hacer lo que hace Abril en esta película. La manera en que se ríe de sí misma y de su imagen y la diversión que aporta son dignas del mayor de los aplausos.
Mención aparte merece Cristina Castaño en su vuelta a la gran pantalla después de diez años. En pocas palabras, la actriz de La que se avecina es el alma del largometraje. Es cuando su personaje entra en escena cuando por fin la película despega, mediante esa presentación también tan peculiar que tiene por las circunstancias en que se produce (gran introductor de personajes, Villanueva). Puede que de inicio cueste ver a Castaño como una ex-yonqui que atracaba gasolineras, pero su enorme interpretación salva el posible obstáculo inicial de la credibilidad más que con creces. Esperen a ver el efecto que crea la mezcla del aspecto impecable de María Dolores (siempre elegante, arreglada, vestida de marca, bellísima) con el deje poligonero que adopta en algunas escenas la actriz cuando habla. Esa mezcla da la medida perfecta del personaje, que al fin y al cabo es una “choni” con aires de grandeza (vamos, un poco como les pasaba a Tracey Ullman y Woody Allen en Granujas de medio pelo, pero sin camiseta con estampado de leopardo y con cremas en vez de galletas). Además, su talento para la comedia es innegable y da momentos bastante divertidos (atención a cuando explica su visión de su propio nombre y por qué ha decidido cambiarlo, o cuando pregunta a Encarna si tiene sexo con su novio, lo que da pie a una réplica brillante de la protagonista) y a la vez intensos (cuesta apartar la mirada de la pantalla cuando está ella, tan magnética es su presencia). Por desgracia, su personaje queda inexplicablemente “olvidado” en el clímax final, a pesar del juego que estaba dando, y se echa muy en falta que vuelva a aparecer en el epílogo de la historia, sobre todo porque no se termina por saber en qué estado queda su recién recuperada amistad con Encarna. Con todo, la gallega es naturalidad pura y queda confirmadísima como una de las mejores actrices cómicas del país, tal y como se puede ver en su trabajo televisivo. Bueno, o una de las mejores actrices, a secas. Por cierto, los más fans de Castaño, muy atentos al final de la película porque hay una sorpresa que les va a encantar. Hasta ahí podemos leer.
En definitiva, una comedia agradable, simpática, que combina bastante bien el surrealismo y el cinismo con una manifiesta ternura, y que hará pasar seguro un buen rato a espectadores desprejuiciados. Ya sabéis… se atrae lo que se piensa.

Lo mejor: Cristina Castaño, Alexandra Jiménez, Ana María Ayala, el sentido del humor de Victoria Abril y la inesperada ternura que desprende.

Lo peor: Podría haber ido mucho más al límite con el humor, y el final es quizás algo insatisfactorio.
4
31 de julio de 2016
23 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Comedia intrascendente y de pocos vuelos. Cualquier atisbo de crítica social por los temas que aborda queda diluido por un tono de telecomedia familiar que da al conjunto un aire de insustancialidad que permanece a lo largo de todo el metraje. Ni un atisbo de acidez ni mordacidad. Una vez planteada la trama, el argumento transcurre por cauces muy previsibles, y los minutos van pasando de una forma más bien anodina, con algún momento brillante muy aislado. Destaco como aspectos positivos el buen trabajo de Alexandra Jiménez, que carga toda la película sobre sus hombros, y el espíritu gamberro de algunos famosos consagrados (y de algunos famosillos venidos a menos), parodiándose a sí mismos sin ningún complejo. Poco más.
4
10 de mayo de 2016
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película que según su trailer gira alrededor de Encarna y el trauma que le vino por las empanadillas y el gang de Martes y Trece. Es un tema menor. Para enfocar el director su empeño en superarse. Pero poco mas. Una vez mas Alexandra Jimenez esta inmensa en su papel. Pero por desgracia tiene a una pandilla de tarados a cual peor. Jimenez es lo mejor de un film irregular donde hay puntos divertidos con mensajes horribles y peores propósitos. El final es menos dañino de lo que parece. Ya que Villanueva parece querer arreglar en 3 minutos de película lo que no ha conseguido en 1 y media..
7
7 de octubre de 2016
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Divertida" comedia sobre los timos de los negocios piramidales, no teniendo tanta gracia si te engañan, dejas tu trabajo y piensas que vas a tener una vida mejor. Alexandra como siempre ejecuta su papel a la perfección, con gracia y con humor. Cristina está fenomenal también, le pegan mucho esos papeles en los que pasa de ser la mejor de todas, a mi vida es una mierda y Victoria está correcta, te ríes con su manera de ser en la película. Aunque no es un film desternillante si tiene sus puntos, siempre con ese humor, muy típico español, de esto es "gracioso" pero me han destrozado la vida y siempre pico otra vez.
5
21 de septiembre de 2016
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Y la realidad se impone con sus tropiezos, amargura y amabilidad.

Un retrato de la famosa estafa piramidal simpático, entretenido y curioso.
El dinero llama al dinero, de modo que visualiza, imagina lo que deseas y se hará realidad a través de esa reeducación de un subconsciente, que ya ha sido cautivado por la quimera de cambiar su vida y triunfar, sólo con el bello gesto de ambicionar y plasmar lo querido.
Como corderos al matadero, sin rechistar e ilusionados, para dejar de seguir preguntado “¿y si...?”, y preguntar orgullosos “¿qué mas...?”, parte de esa letra escrita en dolor y sangre, de recitación hipnótica y engañosa, con la que encandilar a tus potenciales víctimas y dejar, al tiempo, de serlo tu misma para ir hacia arriba.
Encarna de Móstoles, Martes y trece y su legendaria empanadilla, gag mítico, entrañable y memorable para los de cierta generación, para otra más reciente, dudo que sepan de qué va, de qué se habla o del impacto que tuvo en su época; buenos momentos puntuales, junto con otros de rodaje necesario pero poco absorbente, la historia es humana, irónica y cínica, veraz y lastimosa, el precio de la felicidad vuelto pesadilla de deuda asfixiante, la tortuosa vida de quien se deja engatusar, para eliminar un descontento y desgana que acaban dominando su alma visionaria, ya ahogada y en las últimas.
El relato es ameno, actual y reseñable, tan cercano y vecinal que podría ser la aventura, en su años de esplendor de dicho timo, de cualquier conocido o amigo; expone con soltura, gracia y accesibilidad de creer en su desventura y hazaña.
Desea mas que realiza, promete más que cumple, el problema en estos casos suele ser casi siempre el mismo; te la venden como estupenda comedia, para su publicitada venta, y resulta ser un verdadero drama, endulzado con ácida amargura y desvergüenza sarcástica.
“¿En qué bando juega usted?”, entre la credibilidad de la tragedia no esperada y la esperada risa nunca surgida, a pesar de captar y apreciar el satírico humor de sus recitadas sentencias; realismo interpretativo y situacional, de sentidas emociones, argumento franco, sereno, de recorrido adecuado que, una vez más, como recurso fácil para redondear con chispa su cierre, opta por la charanga explosiva, de artificial humorada, que tras la payasada precipitada, devuelve a cada cual a su sitio.
Alexandra Jiménez, Cristina Castaño & Victoria Abril
Fábula encantada con princesa desvalida, hadas madrinas y sus brujas maleantes al acecho, combina la tragicomedia con humildad, validez y contención; un trío protagonista fabuloso, para la crítica mordaz a una red de mentiras comerciales que embauca y arruina a la gente, sin miramientos ni piedad.
De María Dolores a Felicidad, de Encarna a Beatriz, de Victoria Abril a ella misma, pues su nombre ya denota victoria, es sobre estás espléndidas actrices sobre las que recae el mérito de superar la desilusión, por la ausencia de comicidad comprada, y valorar la sobriedad del escrito contado; hallas la tristeza y melancolía de esa habitualidad y costumbre nunca alterada, el sueño de cambiarla y la crueldad de la mentira del cuento; la sorpresa no querida de no ser la comedia supuesta, no debe empañar ni menospreciar la autenticidad y vigencia del talento de su drama.
“Nacida para ganar”, spot que igual vale para captar adeptos, a un fraudulento negocio, que para inicio inspirador en cassette de auto ayuda, todo es un comecocos mental, de estudiado engranaje, para que acabes estrellada pues, al ser peón, te mueves en la estresante base, fuera del alcance del piso superior, donde se apuesta sobre seguro y siempre gana la casa; incluso pillándoles, poseen el don de salir ilesos de sus artimañas ya que, por desgracia ¡resulta barato engañar al pobre, crédulo e inocente!
“Nacida para ganar”, nacida para afrontar lo que la vida traiga.

Lo mejor; sus actrices y entereza del drama.
Lo peor; ¡no es una comedia!, aunque recurra, en su último tramo, desesperado al intento.

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