Alcalde por elección
1976 

4.4
273
Comedia
Federico Villalba, propietario de varios viñedos, se presenta a las elecciones para alcalde de su pueblo, oportunidad que aprovecha para viajar frecuentemente a Madrid. Un día, con motivo de la transmisión de un partido de fútbol, alguien parecido a él aparece en televisión acompañado de una rubia despampanante. Todos sus amigos y su mujer creen que se trata de Federico... (FILMAFFINITY)
7 de mayo de 2016
7 de mayo de 2016
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Típica comedia de destape de Mariano Ozores: argumento disparatado, macizas enseñando las tetas, los actores de siempre en estas pelis ... y poco más. Son lo que son y no se puede pedir mucho más, no es cine de arte y ensayo.
Esta no es de las peores que hizo Ozores, aunque tampoco de las mejores. Correctas interpretaciones, con la maciza de turno, la escultural Mirta Miller, haciendo que sus desnudos (parciales, que lo del destape integral todavía no había llegado) no caigan el la zafiedad, cosa que se agradece. Alfredo Landa y Antonio Ozores están más contenidos que de costumbre, sin las ridículas sobreactuaciones de otras veces. El argumento es disparatado, ya digo, pero al menos entretiene. Algunos gags conseguidos.
Así que le doy el cinco raspado, porque al fin de cuentas cumple con su propósito: hacer pasar un rato más o menos divertido y alegrar un poco la vista a los muy reprimidos machos ibéricos de los años 70. Nunca olvidemos a la hora de valorar una película el entorno histórico y sociológico en que se hizo. Juzgar todo bajo el prisma de la época actual, año 2016, es absurdo e injusto.
Esta no es de las peores que hizo Ozores, aunque tampoco de las mejores. Correctas interpretaciones, con la maciza de turno, la escultural Mirta Miller, haciendo que sus desnudos (parciales, que lo del destape integral todavía no había llegado) no caigan el la zafiedad, cosa que se agradece. Alfredo Landa y Antonio Ozores están más contenidos que de costumbre, sin las ridículas sobreactuaciones de otras veces. El argumento es disparatado, ya digo, pero al menos entretiene. Algunos gags conseguidos.
Así que le doy el cinco raspado, porque al fin de cuentas cumple con su propósito: hacer pasar un rato más o menos divertido y alegrar un poco la vista a los muy reprimidos machos ibéricos de los años 70. Nunca olvidemos a la hora de valorar una película el entorno histórico y sociológico en que se hizo. Juzgar todo bajo el prisma de la época actual, año 2016, es absurdo e injusto.
24 de enero de 2014
24 de enero de 2014
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de muchos años he vuelto a ver esta película de la cual recordaba lo buenísima que estaba Mirta Miller, además, se pasa un rato agradable viendo a dos actorazos como son Alfredo Landa y Antonio Ozores con secundarios de lujo como Florinda Chico y Alfonso Del Real. La trama es sencilla y trata el tema de las falsas apariencias en la que están envueltos todos los personajes de la película. (defenders of the faith).
17 de noviembre de 2021
17 de noviembre de 2021
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historia de un señor hecho a sí mismo, que siempre ha defendido la honestidad, el compromiso y la honradez, un hombre serio querido y respetado del que nadie podría dudar.
Y por otro lado tenemos a un señor hecho a sí mismo, que celebra la juerga y el hedonismo, querido y respetado, impredecible y descarado. ¿A que se parecen mucho?
Algún buen aficionado al maestro Mariano Ozores podría pensar que ésta se trata de otra película más que hizo junto a Alfredo Landa, uno de sus actores fetiche en la etapa temprana de su carrera, en el seno de Lotus Films...y sí, casi acertaría, pero se debe admitir que de esa larga lista de títulos similares realizados, el que ahora nos ocupa posiblemente sea uno de los mejores. La única pega es que prescinda de Lina Morgan pues junto al anterior habían formado un dúo cómico único para el cineasta, pero poco nos importa eso cuando tenemos a un Landa que se mete en el bolsillo al espectador nada más empezar esta historia.
Una historia de nuevo centrada en los lindes de uno de esos pueblos bienpensantes y tradicionales pero cuya atmósfera se ha visto trastocada por la Transición; y hay que darse cuenta de cuándo rueda Ozores la película, poco después del fallecimiento del general Francisco Franco, que lleva a España a un periodo de democracia y libertades, de nuevas reformas y leyes bajo el mando de Juan Carlos I, lo que tendrá sus cosas buenas tanto como sus cosas horribles. La trama nos propone unas elecciones democráticas antes de que éstas se celebrasen realmente en el país, un año más tarde (menudo visionario este Ozores).
El protagonista de ellas es Federico, descrito al principio, un tipo que parece la mejor opción para presentarse a una alcaldía donde promete ocuparse de asuntos tan, tan esenciales (nótese la mordacidad) como la polución, el tráfico y la preservación de las buenas y decentes costumbres. Pero su matrimonio con la aburrida y celosa Margarita deja al descubierto una amarga insatisfacción que ya empieza a darnos pistas de la importancia de las apariencias y las hipocresías, lo que también envuelve a una serie de personajes, a cada cual más sinvergüenza y caradura, que pululan alrededor de Federico.
Ozores no es conocido por su originalidad, es cierto, y de hecho "toma prestadas" las ideas de "Dormir y Ligar, todo es Empezar", "Jenaro, el de los 14" (donde un viaje a la capital también desataba la confusión) y "Manolo, "la Nuit" ", solo que en esta ocasión la instigadora de la discordia no es Josele Román sino una repulsiva Florinda Chico y que el desarrollo de la historia (al escribir el propio Ozores el guión) parece más atinado que antes. La sospecha de una identidad oculta conduce a su irreverente confirmación (lo que recuerda a la farsa de "Mayordomo para Todo"), aunque el espectador, curiosamente, puede seguir simpatizando con el protagonista.
¿Y por qué? Pues porque el director esboza un retrato colectivo absolutamente falso y donde la corruptela y el engaño son vitales para llevar una vida plena, así que Federico no es menos hipócrita que el político que apoya la decencia y es en realidad un depravado sexual y un interesado (Javier) o la señora que desprecia a los hombres (Adela) y mantiene una relación a espaldas de todos con el consejero (Carlos) del futuro alcalde. Pero lo más sorprendente es la forma en que Ozores presenta a esa esposa, ama de casa y furiosa en primera instancia, decidiendo volcarse sobre su marido, fingiendo ser quien no es y descubriendo sus secretos para comprenderle mejor (algo impensable de hacer hoy día en el cine, ¡buf!).
El embrollo se eleva así a otro nivel, identidades y mentiras se multiplican, con guiños a "Manolo, "la Nuit" " (embarazo incluido), y así podemos deleitarnos con la buena química entre Landa y la preciosa Mirta Miller, bien demostrada en una secuencia clave de confesión donde esa doble vida del protagonista, más que una patraña para acogerse a la indecencia y el descabello resulta ser una vía de escape a otra vida de traumas, aburrimiento y seres dominantes, acercando el enredo de puro vodevil y la picaresca (que no faltarán, y cada vez de manera más picante) a terrenos de melodrama.
Uno de los mayores aciertos de "Alcalde por Elección" es la sexualidad abierta que propone el director y su ataque directo y crudo a las políticas y políticos democráticos del momento, demasiado liberales y demasiado corruptos, al mismo tiempo pretendiéndose grandes salvadores de una sociedad devorada por tradiciones desfasadas (bien lo vemos en esa socarrona conversación ante las murallas de Ávila), lo cual da a dicho discurso un aire de inevitable actualidad.
Corrupción de la que, en última instancia, más vale deshacerse y optar por una vida, tal vez no más decente, pero sí más digna, ejemplificado en el siempre cohibido personaje de ese genial Antonio Ozores que se lleva algunas de las mejores frases pero falto de más escenas, o del que interpreta otro grande, Alfonso del Real, quien prefiere unirse a la bacanal del fotógrafo álter-ego de Federico que seguir soportando a la pesada de su mujer (desde luego las esposas y la vida conyugal no están muy bien pintadas aquí...).
Una de las comedias más acertadas del periodo de los '70 de Ozores, la cual sabe explotar las mismas tramas y elementos de otras con mejor acierto, además de adentrarse en terrenos de política y arremeter contra ella con malicia, cosa que no había hecho antes.
Inolvidables también los ardientes momentos de Miller posando para Ricardo/Federico...actrices así de hermosas, y naturales, ya no hay en ninguna parte, qué demonios.
Y por otro lado tenemos a un señor hecho a sí mismo, que celebra la juerga y el hedonismo, querido y respetado, impredecible y descarado. ¿A que se parecen mucho?
Algún buen aficionado al maestro Mariano Ozores podría pensar que ésta se trata de otra película más que hizo junto a Alfredo Landa, uno de sus actores fetiche en la etapa temprana de su carrera, en el seno de Lotus Films...y sí, casi acertaría, pero se debe admitir que de esa larga lista de títulos similares realizados, el que ahora nos ocupa posiblemente sea uno de los mejores. La única pega es que prescinda de Lina Morgan pues junto al anterior habían formado un dúo cómico único para el cineasta, pero poco nos importa eso cuando tenemos a un Landa que se mete en el bolsillo al espectador nada más empezar esta historia.
Una historia de nuevo centrada en los lindes de uno de esos pueblos bienpensantes y tradicionales pero cuya atmósfera se ha visto trastocada por la Transición; y hay que darse cuenta de cuándo rueda Ozores la película, poco después del fallecimiento del general Francisco Franco, que lleva a España a un periodo de democracia y libertades, de nuevas reformas y leyes bajo el mando de Juan Carlos I, lo que tendrá sus cosas buenas tanto como sus cosas horribles. La trama nos propone unas elecciones democráticas antes de que éstas se celebrasen realmente en el país, un año más tarde (menudo visionario este Ozores).
El protagonista de ellas es Federico, descrito al principio, un tipo que parece la mejor opción para presentarse a una alcaldía donde promete ocuparse de asuntos tan, tan esenciales (nótese la mordacidad) como la polución, el tráfico y la preservación de las buenas y decentes costumbres. Pero su matrimonio con la aburrida y celosa Margarita deja al descubierto una amarga insatisfacción que ya empieza a darnos pistas de la importancia de las apariencias y las hipocresías, lo que también envuelve a una serie de personajes, a cada cual más sinvergüenza y caradura, que pululan alrededor de Federico.
Ozores no es conocido por su originalidad, es cierto, y de hecho "toma prestadas" las ideas de "Dormir y Ligar, todo es Empezar", "Jenaro, el de los 14" (donde un viaje a la capital también desataba la confusión) y "Manolo, "la Nuit" ", solo que en esta ocasión la instigadora de la discordia no es Josele Román sino una repulsiva Florinda Chico y que el desarrollo de la historia (al escribir el propio Ozores el guión) parece más atinado que antes. La sospecha de una identidad oculta conduce a su irreverente confirmación (lo que recuerda a la farsa de "Mayordomo para Todo"), aunque el espectador, curiosamente, puede seguir simpatizando con el protagonista.
¿Y por qué? Pues porque el director esboza un retrato colectivo absolutamente falso y donde la corruptela y el engaño son vitales para llevar una vida plena, así que Federico no es menos hipócrita que el político que apoya la decencia y es en realidad un depravado sexual y un interesado (Javier) o la señora que desprecia a los hombres (Adela) y mantiene una relación a espaldas de todos con el consejero (Carlos) del futuro alcalde. Pero lo más sorprendente es la forma en que Ozores presenta a esa esposa, ama de casa y furiosa en primera instancia, decidiendo volcarse sobre su marido, fingiendo ser quien no es y descubriendo sus secretos para comprenderle mejor (algo impensable de hacer hoy día en el cine, ¡buf!).
El embrollo se eleva así a otro nivel, identidades y mentiras se multiplican, con guiños a "Manolo, "la Nuit" " (embarazo incluido), y así podemos deleitarnos con la buena química entre Landa y la preciosa Mirta Miller, bien demostrada en una secuencia clave de confesión donde esa doble vida del protagonista, más que una patraña para acogerse a la indecencia y el descabello resulta ser una vía de escape a otra vida de traumas, aburrimiento y seres dominantes, acercando el enredo de puro vodevil y la picaresca (que no faltarán, y cada vez de manera más picante) a terrenos de melodrama.
Uno de los mayores aciertos de "Alcalde por Elección" es la sexualidad abierta que propone el director y su ataque directo y crudo a las políticas y políticos democráticos del momento, demasiado liberales y demasiado corruptos, al mismo tiempo pretendiéndose grandes salvadores de una sociedad devorada por tradiciones desfasadas (bien lo vemos en esa socarrona conversación ante las murallas de Ávila), lo cual da a dicho discurso un aire de inevitable actualidad.
Corrupción de la que, en última instancia, más vale deshacerse y optar por una vida, tal vez no más decente, pero sí más digna, ejemplificado en el siempre cohibido personaje de ese genial Antonio Ozores que se lleva algunas de las mejores frases pero falto de más escenas, o del que interpreta otro grande, Alfonso del Real, quien prefiere unirse a la bacanal del fotógrafo álter-ego de Federico que seguir soportando a la pesada de su mujer (desde luego las esposas y la vida conyugal no están muy bien pintadas aquí...).
Una de las comedias más acertadas del periodo de los '70 de Ozores, la cual sabe explotar las mismas tramas y elementos de otras con mejor acierto, además de adentrarse en terrenos de política y arremeter contra ella con malicia, cosa que no había hecho antes.
Inolvidables también los ardientes momentos de Miller posando para Ricardo/Federico...actrices así de hermosas, y naturales, ya no hay en ninguna parte, qué demonios.
2 de agosto de 2020
2 de agosto de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vemos aquí a un Landa como candidato a la alcaldía de Ávila, en plena transición política española, mostrando lo que luego ha sido el cáncer de la democracia: la corrupción.
Por otra parte, el destape ya empieza a bullir a toda vela, en uno de los últimos papeles de Landa como sex symbol. Su papel de doble vida es bueno desde el punto de vista interpretativo, pero se queda en una isla dentro de lo insustancial de la trama.
La idea de que tenemos una doble personalidad y una esposa que le es infiel a su marido con su propio marido, es del todo buena. Aceptamos también una crítica al matrimonio tradicional de rulos en el pelo y vida rutinaria.
Por otra parte, el destape ya empieza a bullir a toda vela, en uno de los últimos papeles de Landa como sex symbol. Su papel de doble vida es bueno desde el punto de vista interpretativo, pero se queda en una isla dentro de lo insustancial de la trama.
La idea de que tenemos una doble personalidad y una esposa que le es infiel a su marido con su propio marido, es del todo buena. Aceptamos también una crítica al matrimonio tradicional de rulos en el pelo y vida rutinaria.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana
