La casa de al lado
2012 

4.3
5,894
Thriller. Terror. Intriga
Cuando una chica adolescente se muda junto a su madre a un nuevo pueblo, descubre que su casa está frente a otra en la que tuvo lugar un doble asesinato. Las cosas comenzarán a complicarse cuando la joven se hace amiga de un chico que sobrevivió a la masacre... (FILMAFFINITY)
11 de mayo de 2021
11 de mayo de 2021
50 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con una docena de películas realizadas hasta la fecha, Mark Tonderai tendrá que aplicarse a fondo si pretende consagrarse como un reconocido director de cine. Mas conocido por su labor para la cadena británica BBC, donde produjo su propio show televisivo, el celuloide es uno de tantos otros frentes a los que ha dedicado su tarea professional sin, digamos, distinguirse demasiado, por no haber hecho más que productos con pretensión comercial, sin un estilo propio ni ambición clara, como autor de lo que se podría llamar una obra de arte. Y, en resumidas cuentas, de eso se trata el cine.
El hecho de que, como he leído, «House at the end of the street» (título que ya de por sí sugiere más una «soap movie» o telenovela, que una esperada historia de terror u horror), saliera directamente acuñada en DVD’s, parece ya que la cinta, sólo por esto, quede despojada de la dignidad de arte, para pasar a ser un mero artículo de supermercado; cosa de por sí humanamente injusta, y académicamente poco correcta, ya que la calidad de un film no puede ser medida por criterios de taquilla, ni mucho menos por las subjetivas apreciaciones de quien se basa en si «da miedo», o es o deja de ser «aburrido».
El hecho de que, como he leído, «House at the end of the street» (título que ya de por sí sugiere más una «soap movie» o telenovela, que una esperada historia de terror u horror), saliera directamente acuñada en DVD’s, parece ya que la cinta, sólo por esto, quede despojada de la dignidad de arte, para pasar a ser un mero artículo de supermercado; cosa de por sí humanamente injusta, y académicamente poco correcta, ya que la calidad de un film no puede ser medida por criterios de taquilla, ni mucho menos por las subjetivas apreciaciones de quien se basa en si «da miedo», o es o deja de ser «aburrido».

Con sus dos primeras piezas, «Pánico» (aka, «Hush»), de 2009, y «House at the end of the Street» (2012), Tonderai hace su mise en scène con la claqueta, pretendiendo rendir tributo a sendos trabajos de culto, respectivamente: «El Diablo Sobre Ruedas» (1971), ópera prima de Steven Spielberg, y primera lección de lo que debe ser el terror sobre el asfalto; y «Psicosis» (1960), de Alfred Hitchcock. A ésta última, el bienintencionado homenaje con el que no termina de subir la masa de esa tarta rodada en Ontario (Canadá), de correcto sabor, pero de bizcocho poco consistente e infraelaborado. Y no es porque la levadura de la receta, una historia corta de Jonathan Mostow, cofirmante del guión, sea de mala raza. Sinó más bien la flojera del producto final es debida al poco atino y experiencia de quién se sentaba detrás de la cámara.
El argumento daba mucho más de si, y queda explotado bastante por debajo de sus posibilidades. Si bien el ritmo narrativo es correcto, acorde con el desarrollo de la trama, sin prisas pero sin pausas, su intensidad dramática queda desvanecida por momentos, y apenas la sustenta una decente partitura de Theo Green, que obviamente no es la obra maestra que compuso Bernard Hermann para «Psicosis».
El argumento daba mucho más de si, y queda explotado bastante por debajo de sus posibilidades. Si bien el ritmo narrativo es correcto, acorde con el desarrollo de la trama, sin prisas pero sin pausas, su intensidad dramática queda desvanecida por momentos, y apenas la sustenta una decente partitura de Theo Green, que obviamente no es la obra maestra que compuso Bernard Hermann para «Psicosis».

Elisabeth Shue & Jennifer Lawrence
La predominante oscuridad de la fotografía, en la que se prodiga Miroslaw Bazsac en escenas críticas, tiende a perder al espectador, así como un montaje un tanto lioso, que entorpece más que ayudar a seguir el hilo de la historia. Aunque hay que resaltar, en su favor, que de una belleza evocadora especial es la escena de Elissa, rescatada de la lluvia por el coche de Ryan, al que termina subiéndose. Aquí solo faltaría el gatito, para evocar a la empapada Audrey Hepburn en «Breakfast at Tiffany’s». O los estremecedores «flash back», en blanco y negro, que nos trasladan diegéticamente a los fragmentados y traumáticos recuerdos de la infancia del muchacho.
El trabajo interpretativo se aguanta con pinzas en los tres personajes principales de la historia: Elissa, Ryan y Sarah. Los secundarios poco aportan, y los actores que los caracterizan, poco hacen para hacer valer el rol que desempeñan. Gill Bellows, en su papel de agente, poco convincente resulta; no queda claro si su función es de encubridor, o de sabueso despistado. Y el repelente Tyler, encarnado por Nolan Gerard Funk, no pasa de ser un pretendiente obsceno y maleducado, que nada más empezar la pel·lícula, ya vemos que queda descartado como príncipe azul del cuento.
Del trío protagonista, Jennifer Lawrence es la que menos relevancia dramática tiene, aunque encabece los títulos de crédito. Conocida por su papel en «Los Juegos del Hambre» (2012), en donde el gran Donald Shutherland les pasa a todos la mano por la cara, apenas logra figurar su presencia más allá de sus incipientes habilidades vocales, del escote y de una excesivamente maquillada jeta. Ya sea por la escasa verosimilitud que transmite su actuación, o porque el guión no da más para ella (toda una lástima), la podríamos asimilar a un balón o pelota de tenis que se va dando rebotes entre la frustrada maternidad de Sarah, su progenitora, y las seductoras atenciones del tan tierno y dulce, como sombrío Ryan.
El peso, pues, recae sobre la veterana Elisabeth Shue, a la que algunos ya conocemos desde sus primeros pasos en franquícias como «Karate Kid» o «Regreso al futuro», pasando por su aparición en algunos films decentes (como « Leaving Las Vegas» (1995), «El Santo» (1997) o «El hombre sin sombra» (2000)), y algunos otros bastante deleznables; y sobre el hermosísimo Max Thieriot, no sólo por su irresistible atractivo físico (que poco tiene que envidiar en este sentido a Anthony Perkins), sinó por su esforzado intento de sacar adelante su personaje, bastante malbaratado por las chapuzas del script, y por la construcción de los diálogos.
Lo peor de éstos no són las insustanciales y soeces conversaciones en las escenas del grupo de adolescentes, del que Tyler pretende ser el centro de atracción sexual de sus féminas, y al que el aspirante a gorila plateado tiene comprados con los mil pavos mensuales que su ingenuo padre dona a una supuesta «oenegé». El trabajo de David Loucka no da lo suficiente al motor de arranque, y echa a perder un libreto del que se podría haber obtenido una cinta de órdago.
Más que ayudar a los intérpretes a despegar, les hace embarrancar; como si les pusiera una mordaza. Ahí radica lo poco creíbles que resultan no pocos momentos.
El proceso de identificación recae sobretodo en Ryan, en la mayor parte del rodaje: su belleza, su carácter, y todo lo demás de él que atrae a Elissa, ponen al espectador en su perspectiva, la de un chaval inteligente, sensible y que, por oscuras razones queda relegado al ostracismo social.
El trabajo interpretativo se aguanta con pinzas en los tres personajes principales de la historia: Elissa, Ryan y Sarah. Los secundarios poco aportan, y los actores que los caracterizan, poco hacen para hacer valer el rol que desempeñan. Gill Bellows, en su papel de agente, poco convincente resulta; no queda claro si su función es de encubridor, o de sabueso despistado. Y el repelente Tyler, encarnado por Nolan Gerard Funk, no pasa de ser un pretendiente obsceno y maleducado, que nada más empezar la pel·lícula, ya vemos que queda descartado como príncipe azul del cuento.
Del trío protagonista, Jennifer Lawrence es la que menos relevancia dramática tiene, aunque encabece los títulos de crédito. Conocida por su papel en «Los Juegos del Hambre» (2012), en donde el gran Donald Shutherland les pasa a todos la mano por la cara, apenas logra figurar su presencia más allá de sus incipientes habilidades vocales, del escote y de una excesivamente maquillada jeta. Ya sea por la escasa verosimilitud que transmite su actuación, o porque el guión no da más para ella (toda una lástima), la podríamos asimilar a un balón o pelota de tenis que se va dando rebotes entre la frustrada maternidad de Sarah, su progenitora, y las seductoras atenciones del tan tierno y dulce, como sombrío Ryan.
El peso, pues, recae sobre la veterana Elisabeth Shue, a la que algunos ya conocemos desde sus primeros pasos en franquícias como «Karate Kid» o «Regreso al futuro», pasando por su aparición en algunos films decentes (como « Leaving Las Vegas» (1995), «El Santo» (1997) o «El hombre sin sombra» (2000)), y algunos otros bastante deleznables; y sobre el hermosísimo Max Thieriot, no sólo por su irresistible atractivo físico (que poco tiene que envidiar en este sentido a Anthony Perkins), sinó por su esforzado intento de sacar adelante su personaje, bastante malbaratado por las chapuzas del script, y por la construcción de los diálogos.
Lo peor de éstos no són las insustanciales y soeces conversaciones en las escenas del grupo de adolescentes, del que Tyler pretende ser el centro de atracción sexual de sus féminas, y al que el aspirante a gorila plateado tiene comprados con los mil pavos mensuales que su ingenuo padre dona a una supuesta «oenegé». El trabajo de David Loucka no da lo suficiente al motor de arranque, y echa a perder un libreto del que se podría haber obtenido una cinta de órdago.
Más que ayudar a los intérpretes a despegar, les hace embarrancar; como si les pusiera una mordaza. Ahí radica lo poco creíbles que resultan no pocos momentos.
El proceso de identificación recae sobretodo en Ryan, en la mayor parte del rodaje: su belleza, su carácter, y todo lo demás de él que atrae a Elissa, ponen al espectador en su perspectiva, la de un chaval inteligente, sensible y que, por oscuras razones queda relegado al ostracismo social.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El rechazo que experimenta por su pasado, de la casa donde vive, y por la relación que tiene con los que ella habitaban; este carácter hostil del comportamiento de su entorno social (menos del policía, que parece comportarse como su ángel de la guarda), que tiene su acento en Sarah y en Tyler (que a nuestros ojos serán de todo, menos simpáticos), nos acerca al taciturno y extraño chico, a través de la atracción que sentirá Elisa por él, haciendo así ella de medium.
Incluso cuando, no muy entrados en el timing de la película, se desvela lo que tiene encerrado en el subterráneo, preservamos una extraña compasión por creer, en un principio, que la muchacha encerrada que mora en los bajos, es realmente su hermana, y él protege el secreto de su existencia real, hecha cuento para asustar a niños en boca de los lugareños.
La narrativa marca tres fases perfectamente identificables: una presentación en la que aparecen in situ de la acción, las dos recién llegadas. En esta parte, en la que llevan a cabo su proceso de acomodación al lugar (la madre se entrega por completo a su trabajo en el hospital, para soltarse de los lastres de su vida, y Elissa activa su radar para decidir con quién será más interesante socializar). La atmósfera de este momento, queda gobernada por la expectativa i un cierto aire de terror y de misterio, que por desgracia se diluye en vericuetos de drama-comedia de adolescentes inadaptados. Mal vamos; a las primeras cucharadas de sopa percibimos que alguien se descuidó de echar sal a la olla.
Incluso cuando, no muy entrados en el timing de la película, se desvela lo que tiene encerrado en el subterráneo, preservamos una extraña compasión por creer, en un principio, que la muchacha encerrada que mora en los bajos, es realmente su hermana, y él protege el secreto de su existencia real, hecha cuento para asustar a niños en boca de los lugareños.
La narrativa marca tres fases perfectamente identificables: una presentación en la que aparecen in situ de la acción, las dos recién llegadas. En esta parte, en la que llevan a cabo su proceso de acomodación al lugar (la madre se entrega por completo a su trabajo en el hospital, para soltarse de los lastres de su vida, y Elissa activa su radar para decidir con quién será más interesante socializar). La atmósfera de este momento, queda gobernada por la expectativa i un cierto aire de terror y de misterio, que por desgracia se diluye en vericuetos de drama-comedia de adolescentes inadaptados. Mal vamos; a las primeras cucharadas de sopa percibimos que alguien se descuidó de echar sal a la olla.

En la parte central del desarrollo, que empieza con la revelación de la primera escena del sótano, asistimos al desdoblamiento de dos realidades: la relación de Ryan con Elissa, que da continuidad a esa tónica de teens romance, que mantiene a la chica colgada de su galán, completamente en la parra; i, por otro lado, la paulatina transformación del efímero terror o misterio inicial, en suspense, en paralelo a la transformación hacia lo oscuro que se nos va desvelando sobre Ryan, y que llega a su punto culminante en el momento que arrea una paliza a Tyler, después de que le destrocen el coche.
Desde el momento en que Elisa descubre los indicios definitivos de lo que sucede en el sótano, se revela la identidad del asesino, y con ella el lúcido recuerdo que tiene Ryan de lo acontecido con su hermana, que murió accidentalmente jugando con él en el jardín, mientras sus padres se colocaban en la cama. Llegamos a la resolución de la trama, que se viene de forma atropellada, alocada y poco creíble, ya no tanto por el hecho de que Ryan sobreviva a tres disparos, o Sarah a una puñalada con la hoja de un cuchillo clavada hasta el fondo. (no es tan fácil cargarse a alguien con tres tiros del calibre de una automática de poli local; si hubiera sido el mágnum de Harry el Sucio, quizás otro gallo habría cantado); sinó por la exagerada sobreactuación de los protas.
El guión trata de cerrar de forma chabacana, y el que Ryan salga vivo del asunto no obedece a otra que mostrarle encerrado en el psiquiátrico, para poder terminar con este último guiño al maestro Hitchcock. Por cierto, curioso es que, así como a Norman Bates le basta con tener a su madre momificada, Ryan tiene que tomarse tantas molestias para «mantener viva» a Carrie Ann. Lo primero resulta más pragmático ¿no creen?
Es una pena que no pueda acercársele más allá de la altura de la suela del zapato. Pues comparándose ambas, se podría haber sacado más partido de los elementos que aporta la historia de «House at the End of the Street». Pero la fórmula de Tonderai, de querer ensamblar tal argumento con el formato de una insustancial historia de adolescentes, junto a su poca pericia en la dirección de los intérpretes, lo echa a perder.
Aun así, más digna de «Psicosis» que el cochambroso remake que de ésta hizo el inepto Gus Van Sant. A pesar de todo, si no buena, interesante sólo por permitirnos fantasear sobre lo que habría podido ser, con un trabajo más esmerado.
Desde el momento en que Elisa descubre los indicios definitivos de lo que sucede en el sótano, se revela la identidad del asesino, y con ella el lúcido recuerdo que tiene Ryan de lo acontecido con su hermana, que murió accidentalmente jugando con él en el jardín, mientras sus padres se colocaban en la cama. Llegamos a la resolución de la trama, que se viene de forma atropellada, alocada y poco creíble, ya no tanto por el hecho de que Ryan sobreviva a tres disparos, o Sarah a una puñalada con la hoja de un cuchillo clavada hasta el fondo. (no es tan fácil cargarse a alguien con tres tiros del calibre de una automática de poli local; si hubiera sido el mágnum de Harry el Sucio, quizás otro gallo habría cantado); sinó por la exagerada sobreactuación de los protas.
El guión trata de cerrar de forma chabacana, y el que Ryan salga vivo del asunto no obedece a otra que mostrarle encerrado en el psiquiátrico, para poder terminar con este último guiño al maestro Hitchcock. Por cierto, curioso es que, así como a Norman Bates le basta con tener a su madre momificada, Ryan tiene que tomarse tantas molestias para «mantener viva» a Carrie Ann. Lo primero resulta más pragmático ¿no creen?
Es una pena que no pueda acercársele más allá de la altura de la suela del zapato. Pues comparándose ambas, se podría haber sacado más partido de los elementos que aporta la historia de «House at the End of the Street». Pero la fórmula de Tonderai, de querer ensamblar tal argumento con el formato de una insustancial historia de adolescentes, junto a su poca pericia en la dirección de los intérpretes, lo echa a perder.
Aun así, más digna de «Psicosis» que el cochambroso remake que de ésta hizo el inepto Gus Van Sant. A pesar de todo, si no buena, interesante sólo por permitirnos fantasear sobre lo que habría podido ser, con un trabajo más esmerado.
23 de diciembre de 2012
23 de diciembre de 2012
73 de 123 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sòlo diré en la parte general que si los representantes de los actores, por culpa de la crisis, ya se ven obligados a contratarse con la primera chorrada que se les ponga a tiro, y que una actriz que admiro como la Lawrence, la genial niña de Hunger Games, se ve forzada a meterse en porquerias de pseudo terror como éste, es que no hay mucho donde escoger entre la montaña de guiones basura de Hollywood.
El resto, lo dejo en el spoiler. Ojo, que destripa todo.
El resto, lo dejo en el spoiler. Ojo, que destripa todo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Cómo demonios se puede ocultar un psicópata 4 años secuestrando mujeres en un pueblo pequeño y guardandolas en el sótano de su casa...
Cómo demonios en un pueblo pequeño, un psicópata que vive solo, compra tampones en el supermercado, y administra dosis abundantes de calmantes inyectados (¿eso no se controla, lo venden en cualquier estanco?) para mantener a raya a sus víctimas, todo eso sin levantar sospechas de nadie...
Cómo demonios un policía, que tiene pruebas sólidas de un flagrante delito en curso (oye sonar el celular de la víctima dentro de la casa del psicópata), no avisa primero por refuerzos y se aventura solo, lanzándose en los brazos del guionista mediocre de turno...
El coche de policía abandonado que no lo ve la de por sí, desconfiada madre, y se mete a saco en la casa del loco...
Un muchacho escuálido y delgado, que de pronto, tiene una fuerza sobrehumana, puede con todo lo que se le ponga delante a lo largo de toda la película... y hasta revive y sobrevive cual zombie a varios disparos a bocajarro...
Señores guionistas: las matanzas en serie, en la vida real, son con pistolas y armas de gran calibre, y en pocos minutos de sorpresa. Un media leches, con un cuchillito de cocina, no puede montar un largometraje de hora y media con pretensión de thriller de terror. Y con unas vueltas de guión tan enrevesadas y retorcidas que no las asimilaria ni un Orco de Mordor.
Cómo demonios en un pueblo pequeño, un psicópata que vive solo, compra tampones en el supermercado, y administra dosis abundantes de calmantes inyectados (¿eso no se controla, lo venden en cualquier estanco?) para mantener a raya a sus víctimas, todo eso sin levantar sospechas de nadie...
Cómo demonios un policía, que tiene pruebas sólidas de un flagrante delito en curso (oye sonar el celular de la víctima dentro de la casa del psicópata), no avisa primero por refuerzos y se aventura solo, lanzándose en los brazos del guionista mediocre de turno...
El coche de policía abandonado que no lo ve la de por sí, desconfiada madre, y se mete a saco en la casa del loco...
Un muchacho escuálido y delgado, que de pronto, tiene una fuerza sobrehumana, puede con todo lo que se le ponga delante a lo largo de toda la película... y hasta revive y sobrevive cual zombie a varios disparos a bocajarro...
Señores guionistas: las matanzas en serie, en la vida real, son con pistolas y armas de gran calibre, y en pocos minutos de sorpresa. Un media leches, con un cuchillito de cocina, no puede montar un largometraje de hora y media con pretensión de thriller de terror. Y con unas vueltas de guión tan enrevesadas y retorcidas que no las asimilaria ni un Orco de Mordor.
9 de mayo de 2013
9 de mayo de 2013
18 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Curioso lo que me ha ocurrido con "La casa de al lado" (título latinoamericano). La vi convencida de que era un remake de alguna película setentosa u ochentosa, de algún director como Wes Craven. Vaya sorpresa la mía cuando llego a FA y me encuentro con que es una historia "original".
El punto es que si vas a copiar al menos hazlo bien, esta es la típica película con casa rara en el medio de la nada, psicópata suelto, pasado aterrador y víctimas tontas. Es lo último que cuando vas a copiar le plagies al peor, hasta se han copiado la carátula de "Caso 39" (Christian Alvart, 2009) aquella chorrada con Renée Zellweger.
Una historia que se enreda sola sin ningún fin, podría haber sido más sencilla y entendible y hubiera sido lo mismo (me voy al SPÓILER aunque dudo que le cambie algo saber que es lo que ocurre). El rechazo de la sociedad hacia el pibe no tiene ni media justificación, es una mera excusa para encabronar a la fiera y que se mande una de Jackie Chan.
La cinta genera menos terror que la pequeña Miss Sunshine, tiene cero gore -y esto va en serio, no hay casi sangre-, y casi todo es simulación, todas escenas que insinúan sustos que luego no aparecen: el típico voy a abrir la puerta, chan (súper música) ¿qué habrá? ahhhh no hay nada. Tampoco es que la intriga sea para tirar petardos porque la verdad genera menos interés que la señal de ajuste, te importa un carajo la Carrie Anne -ese nombre me recuerda a la de De Palma- o la vida de la Lawrence. Es que ni siquiera el aspecto de esta psicótica-loca-de-remate-asesina-en-serie te asombra o asusta, es una imitación barata de la niña que salía de la TV de la Watts, la típica despeinada con caminada torcida.
Ni siquiera tiene mucha acción, recién al final aparecen los frenetismos, huidas, cuchillos, llamadas sin contestar, luces que se apagan, y todas las chorradas, pero lamentablemente es ese tramo final el más inverosímil de toda la película. Es decir, la primera parte es aburrida pero creíble, la segunda es entretenida pero absurda.
La cámara en mano no aporta un carajo a la película, otra muestra de que este recurso cada vez se usa más en vano. Lo rescatable es un reparto cumplidor con una Shue convincente y una Lawrence bastante expresiva, al igual que Thierot que da bastante bien en el rol de chico "rarito", el resto completamente olvidables.
Una lástima que ni siquiera funcione como peli risible ya que se toma demasiado en serio la función.
Lo mejor: Lawrence, y siendo de lo peor en toda su joven carrera..
Lo peor: no tiene ni media emoción, ni siquiera de la absurda o del gore barato. Lo más aterrador es el prólogo.
El punto es que si vas a copiar al menos hazlo bien, esta es la típica película con casa rara en el medio de la nada, psicópata suelto, pasado aterrador y víctimas tontas. Es lo último que cuando vas a copiar le plagies al peor, hasta se han copiado la carátula de "Caso 39" (Christian Alvart, 2009) aquella chorrada con Renée Zellweger.
Una historia que se enreda sola sin ningún fin, podría haber sido más sencilla y entendible y hubiera sido lo mismo (me voy al SPÓILER aunque dudo que le cambie algo saber que es lo que ocurre). El rechazo de la sociedad hacia el pibe no tiene ni media justificación, es una mera excusa para encabronar a la fiera y que se mande una de Jackie Chan.
La cinta genera menos terror que la pequeña Miss Sunshine, tiene cero gore -y esto va en serio, no hay casi sangre-, y casi todo es simulación, todas escenas que insinúan sustos que luego no aparecen: el típico voy a abrir la puerta, chan (súper música) ¿qué habrá? ahhhh no hay nada. Tampoco es que la intriga sea para tirar petardos porque la verdad genera menos interés que la señal de ajuste, te importa un carajo la Carrie Anne -ese nombre me recuerda a la de De Palma- o la vida de la Lawrence. Es que ni siquiera el aspecto de esta psicótica-loca-de-remate-asesina-en-serie te asombra o asusta, es una imitación barata de la niña que salía de la TV de la Watts, la típica despeinada con caminada torcida.
Ni siquiera tiene mucha acción, recién al final aparecen los frenetismos, huidas, cuchillos, llamadas sin contestar, luces que se apagan, y todas las chorradas, pero lamentablemente es ese tramo final el más inverosímil de toda la película. Es decir, la primera parte es aburrida pero creíble, la segunda es entretenida pero absurda.
La cámara en mano no aporta un carajo a la película, otra muestra de que este recurso cada vez se usa más en vano. Lo rescatable es un reparto cumplidor con una Shue convincente y una Lawrence bastante expresiva, al igual que Thierot que da bastante bien en el rol de chico "rarito", el resto completamente olvidables.
Una lástima que ni siquiera funcione como peli risible ya que se toma demasiado en serio la función.
Lo mejor: Lawrence, y siendo de lo peor en toda su joven carrera..
Lo peor: no tiene ni media emoción, ni siquiera de la absurda o del gore barato. Lo más aterrador es el prólogo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Lo he contado y hay una sola muerte en todo el film, el poli; a excepción del prólogo.
Las sobrevividas del final son un despropósito atroz, la Shue apuñalada se para de la nada, el pibe después de dos disparos se hace el muerto y ataca a la Lawrence y parece que tiene más fuerza que ella, ridículo.
La historia es una chorrada, resulta que la Carrie Anne muere pero la familia lo oculta y el poli los ayuda, entonces el pibe queda reloco porque los padres lo quieren hacer mujer, los mata a ambos y otra vez el poli lo cubre diciendo que fue la Carrie Anne, pero el pibe sigue reloco y captura "Carie Annes" para sustituir a su hermanita. Un delirio de guión que no se explica de ninguna manera, porque créanme que lo que acabo de hacer es un rebusque muy guarro de lo que Loucka y Mostow (este tipo solía ser eficiente) escribieron.
Las sobrevividas del final son un despropósito atroz, la Shue apuñalada se para de la nada, el pibe después de dos disparos se hace el muerto y ataca a la Lawrence y parece que tiene más fuerza que ella, ridículo.
La historia es una chorrada, resulta que la Carrie Anne muere pero la familia lo oculta y el poli los ayuda, entonces el pibe queda reloco porque los padres lo quieren hacer mujer, los mata a ambos y otra vez el poli lo cubre diciendo que fue la Carrie Anne, pero el pibe sigue reloco y captura "Carie Annes" para sustituir a su hermanita. Un delirio de guión que no se explica de ninguna manera, porque créanme que lo que acabo de hacer es un rebusque muy guarro de lo que Loucka y Mostow (este tipo solía ser eficiente) escribieron.
10 de septiembre de 2013
10 de septiembre de 2013
11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sobre el papel La casa al final de la calle, promete más de lo que ofrece, tras un perturbador suceso en una casa, una madre y su hija se trasladan a vivir a una zona próxima a donde se dieron los escalofriantes hechos. De esta forma comienza una película que promete terror, suspense, misterio y alguna que otra sorpresa, pero que a medida que se desarrolla, evidencia que sigue el esquema habitual de este tipo de producciones, sin llegar a cumplir con las posibles expectativas depositadas en ella.
Cuenta con los elementos necesarios para generar suspense, alrededor del extraño misterio que rodea a los sucesos acaecidos en el pasado en la casa, donde sigue viviendo un joven misterioso, pero no llega a aprovecharlos.
Comete el error de caer en los tópicos que se dan en este tipo de producciones, tanto en lo referente a los personajes, sus comportamientos y en el desarrollo de las escenas de suspense y supuesto terror. Se hace previsible en muchos puntos, la historia que surge entre la vecina que se siente atraída por el chico misterioso, los matones que se meten con el tío raro y la madre sobreprotectora, elementos simples para una película de suspense floja.
Como reclamo comercial, cuenta con la atractiva presencia en su reparto de Jennifer Lawrence, ganadora del Oscar por El lado bueno de las cosas, que se limita a poner el piloto automático y llevar los tradicionales escotes que lucen las jóvenes protagonistas en las películas de terror. Del mismo modo cuenta con Elisabeth Shue, la que fuera deseada por muchos en otro tiempo, relegada a un papel secundario, haciendo de madre de la protagonista.
El director apuesta por el empleo de efectos de cámara, para generar confusión y suspense, intentando camuflar las trampas y entresijos que esconde la trama, pero lo hace de una forma tan forzada, que involuntariamente hace que el espectador se plantee dudas acerca de lo que esta viendo.
Juega con la ambigüedad de uno de los personajes para añadir más dosis de misterio y suspense a la trama y emplea los tradicionales trucos del cine, para generar instantes de terror, que no llegan a pasar del susto puntual, con el empleo de efectos de sonido y el aumento de volumen de la música en el momento idóneo.
El desarrollo de la historia se va haciendo insostenible y todo se precipita vertiginosamente a una sucesión de situaciones forzadas, al tiempo que previsibles.
Sigue las pautas del cine reciente e intenta sorprender con un giro argumental, que descoloque, pero que ya no coge desprevenido a nadie, a lo mejor a algún despistado, y ya en el comienzo hace intuir lo que esconde la trama.
Es como ir a un espectáculo de magia y anticiparse a los números del mago que van a venir e incluso descubrir sus trucajes, perdiéndose en ese momento toda la magia. Es lo que ocurre mientras uno ve esta película, se anticipa a todo lo que va pasando e incluso descubre el pastel sorpresa nada más dar comienzo la película, lo cual denota la torpeza del director a la hora de trasladar la historia a la pantalla. Un mago del suspense, torpe y mediocre, que imita hasta la saciedad los tópicos del género, nada nuevo en La casa al final de la calle.
Cuenta con los elementos necesarios para generar suspense, alrededor del extraño misterio que rodea a los sucesos acaecidos en el pasado en la casa, donde sigue viviendo un joven misterioso, pero no llega a aprovecharlos.
Comete el error de caer en los tópicos que se dan en este tipo de producciones, tanto en lo referente a los personajes, sus comportamientos y en el desarrollo de las escenas de suspense y supuesto terror. Se hace previsible en muchos puntos, la historia que surge entre la vecina que se siente atraída por el chico misterioso, los matones que se meten con el tío raro y la madre sobreprotectora, elementos simples para una película de suspense floja.
Como reclamo comercial, cuenta con la atractiva presencia en su reparto de Jennifer Lawrence, ganadora del Oscar por El lado bueno de las cosas, que se limita a poner el piloto automático y llevar los tradicionales escotes que lucen las jóvenes protagonistas en las películas de terror. Del mismo modo cuenta con Elisabeth Shue, la que fuera deseada por muchos en otro tiempo, relegada a un papel secundario, haciendo de madre de la protagonista.
El director apuesta por el empleo de efectos de cámara, para generar confusión y suspense, intentando camuflar las trampas y entresijos que esconde la trama, pero lo hace de una forma tan forzada, que involuntariamente hace que el espectador se plantee dudas acerca de lo que esta viendo.
Juega con la ambigüedad de uno de los personajes para añadir más dosis de misterio y suspense a la trama y emplea los tradicionales trucos del cine, para generar instantes de terror, que no llegan a pasar del susto puntual, con el empleo de efectos de sonido y el aumento de volumen de la música en el momento idóneo.
El desarrollo de la historia se va haciendo insostenible y todo se precipita vertiginosamente a una sucesión de situaciones forzadas, al tiempo que previsibles.
Sigue las pautas del cine reciente e intenta sorprender con un giro argumental, que descoloque, pero que ya no coge desprevenido a nadie, a lo mejor a algún despistado, y ya en el comienzo hace intuir lo que esconde la trama.
Es como ir a un espectáculo de magia y anticiparse a los números del mago que van a venir e incluso descubrir sus trucajes, perdiéndose en ese momento toda la magia. Es lo que ocurre mientras uno ve esta película, se anticipa a todo lo que va pasando e incluso descubre el pastel sorpresa nada más dar comienzo la película, lo cual denota la torpeza del director a la hora de trasladar la historia a la pantalla. Un mago del suspense, torpe y mediocre, que imita hasta la saciedad los tópicos del género, nada nuevo en La casa al final de la calle.
30 de noviembre de 2012
30 de noviembre de 2012
26 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aquí en Venezuela sí llegó al cine. Yo la vi sin muchos miramientos, sólo con ganas de pasar un buen rato con los amigos, y, por qué no decirlo, por Jennifer Lawrence. Por el cartel se veía como la típica película de la casa donde suceden cosas extrañas. Digamos que no me equivoqué, pero tampoco acerté del todo.
La prota es la nueva del barrio. Pero no se muda a la casa "en cuestión", donde en el prólogo te muestran que allí una chica mató a sus padres, sino que se muda a la casa de enfrente. Se supone que la otra casa está vacía luego de aquel incidente, pero Lawrence se da cuenta de que allí vive el hermano de esa chica.
Durante la primera mitad te descubres tratando de adivinar de qué va la película, y eso no es totalmente negativo, porque en cierto modo te mantiene en suspenso sobre qué es lo que pasa: si es algo sobrenatural, si la casa está embrujada, si hay un asesino en serie y van a empezar a morir personas.
Ahora, en la segunda mitad comienzas a ver qué es lo que está pasando y muchas de tus teorías se caen. No hay nada sobrenatural y no hay asesinos en serie, aún así te mantienes esperando que pase algo de tensión, y realmente no pasa mucho hasta el tramo final del film.
(Continúo en spoiler para no arruinar detalles)
La prota es la nueva del barrio. Pero no se muda a la casa "en cuestión", donde en el prólogo te muestran que allí una chica mató a sus padres, sino que se muda a la casa de enfrente. Se supone que la otra casa está vacía luego de aquel incidente, pero Lawrence se da cuenta de que allí vive el hermano de esa chica.
Durante la primera mitad te descubres tratando de adivinar de qué va la película, y eso no es totalmente negativo, porque en cierto modo te mantiene en suspenso sobre qué es lo que pasa: si es algo sobrenatural, si la casa está embrujada, si hay un asesino en serie y van a empezar a morir personas.
Ahora, en la segunda mitad comienzas a ver qué es lo que está pasando y muchas de tus teorías se caen. No hay nada sobrenatural y no hay asesinos en serie, aún así te mantienes esperando que pase algo de tensión, y realmente no pasa mucho hasta el tramo final del film.
(Continúo en spoiler para no arruinar detalles)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La vuelta de tuerca hacia el final de la película me gustó. Que es algo forzada, sí, pero me parece interesante que la chica que supuestamente mató a sus padres, a la que ves siendo inyectada y encerrada por su hermano y actuando como una lunática, sea en realidad otra chica (en realidad, dos) secuestrada(s) por el personaje de Max Thierot para de alguna forma suplantar a su hermana. La ves gritando y atacando a Thierot, y corriendo hacia la casa a Jennifer Lawrence, piensas que realmente está loca y que la va a matar, aunque solo estaba buscando ayuda.
No está muy bien realizada esta última parte, pues no se explica por qué este chico hace lo que hace (está loco, sí, pero más allá de eso no hay una razón), más allá de que en la última escena, en una nueva vuelta de tuerca, resulta que el que mató a sus padres fue él. Todo parece cogido por los pelos, es cierto, no te terminas por creer todo. Personalmente me pareció muy interesante, aunque debió haberse pulido más el guión en este aspecto.
Le pongo un seis porque me gustó que se haya jugado con la temática de la pelicula y con esa dualidad con la chica encerrada en el sótano. Aunque cae en varios tópicos del género, intenta (aunque no logra del todo) salirse de lo ya visto.
No está muy bien realizada esta última parte, pues no se explica por qué este chico hace lo que hace (está loco, sí, pero más allá de eso no hay una razón), más allá de que en la última escena, en una nueva vuelta de tuerca, resulta que el que mató a sus padres fue él. Todo parece cogido por los pelos, es cierto, no te terminas por creer todo. Personalmente me pareció muy interesante, aunque debió haberse pulido más el guión en este aspecto.
Le pongo un seis porque me gustó que se haya jugado con la temática de la pelicula y con esa dualidad con la chica encerrada en el sótano. Aunque cae en varios tópicos del género, intenta (aunque no logra del todo) salirse de lo ya visto.
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