Gigantis, el monstruo de fuego
Ciencia ficción. Acción
Godzilla, resucitada por arte de magia tras su muerte al final del primer título, se enfrenta esta vez a un nuevo monstruo, Anguilas, un extraño gigante cuadrúpedo acorazado, y tras destruir parcialmente la ciudad de Osaka, acaba enterrada en el hielo de una pequeña isla a causa de los bombardeos de los aviones del ejército japonés. Segunda película de la saga Godzilla. (FILMAFFINITY)
6 de marzo de 2015
6 de marzo de 2015
10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película es un poco más desenfadada que la primera, es más cómica (El personaje de Kobayashi es muy divertido), pero sin llegar a límites histriónicos (Ejem... Batman forever).
Se acerca un poco más al blockbuster que la anterior y parte del drama de la energía nuclear que desprende Godzilla por donde pasa, ha desaparecido.
Aunque los personajes son bastante interesantes, lo mejor es que por fin podemos ver un monstruo que rivaliza con el propio Godzilla; el terrible Anguirus. Lo decepcionante es que Anguirus tiene menos tiempo en pantalla que el tiranosaurio de "Parque Jurásico III", ¡Vale!, estoy exagerando, pero es que sale muy poco.
Para mí que a esta película le faltan minutos, se me hace corta para lo mucho que podría dar de sí, pero también hay que entender que se trata de una producción de bajo presupuesto.
Puntuación: 8 sobre 10 (Ese 10 se lo doy para subirle la media, que un 5 me parece una nota muy baja)
No es el clasicazo que es la primera, pero es buena película y me gusta mucho.
Se acerca un poco más al blockbuster que la anterior y parte del drama de la energía nuclear que desprende Godzilla por donde pasa, ha desaparecido.
Aunque los personajes son bastante interesantes, lo mejor es que por fin podemos ver un monstruo que rivaliza con el propio Godzilla; el terrible Anguirus. Lo decepcionante es que Anguirus tiene menos tiempo en pantalla que el tiranosaurio de "Parque Jurásico III", ¡Vale!, estoy exagerando, pero es que sale muy poco.
Para mí que a esta película le faltan minutos, se me hace corta para lo mucho que podría dar de sí, pero también hay que entender que se trata de una producción de bajo presupuesto.
Puntuación: 8 sobre 10 (Ese 10 se lo doy para subirle la media, que un 5 me parece una nota muy baja)
No es el clasicazo que es la primera, pero es buena película y me gusta mucho.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Lo único que no me convence es la muerte de Godzilla en este film.
24 de febrero de 2021
24 de febrero de 2021
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
1954. Dos hitos universales nacían, a la par, de las increíbles mentes de dos amigos y genios japoneses que aterrorizaron a todas las productoras nacionales por el enorme presupuesto que requerían. Los siete samuráis y Godzilla. Japón bajo el terror del monstruo veían la luz, arrasando económicamente a la legendaria productora Tōhō y erigiéndose, en plena Edad de Oro del Cine Japonés, como dos auténticos monstruos cinematográficos unidos por la amistad de sus creadores, Akira Kurosawa e Ishirô Honda respectivamente, rompiendo mares y océanos para abrirse paso hasta Occidente y convertirse en las ineludibles obras que todos conocemos. Mientras, Motoyoshi Oda, también compañero de oficio de Honda y Kurosawa en Tōhō, se frotaba las manos ante la posibilidad de explotar el fenómeno cinematográfico que aterrorizó el Imperio del Sol Naciente. Y llegó en forma de secuela con Godzilla contraataca (El rey de los monstruos) tan solo un año después, con más acción, más destrucción, y más monstruos, sustituyendo la profundidad de su predecesora por la exaltación de Japón y de sus héroes en una exhibición cultural y militar del pensamiento japonés, y de todos los compañeros de Oda que se vieron involucrados en la segunda guerra sino-japonesa (1937 – 1945).
A pesar del bajón técnico respecto a su predecesora, Oda consigue anotarse un buen resultado parafraseando los esquemas empleados por Honda e inundándolos de acción y épica en favor de ese ensalzamiento patriótico en el que crea una vítrea aura de costumbrismo capaz de recrear, con facilidad, la mentalidad nipona a través de la gestión del país sobre una catástrofe de estas características basándose en el esfuerzo, la perseverancia y el trabajo. Todo ello condensado en una película puramente comercial que rivaliza con las grandes producciones americanas en cuanto a la construcción del héroe; un hombre que lo da todo por su país, que renuncia a todo por su país, y que tan vigente estaba por la sombra de la Segunda Guerra Mundial a pesar del tratado de paz, del tratado de San Francisco, firmado por ambas potencias, pero al que la tensión por la posesión de la isla de Okinawa no favorecía en absoluto. De hecho, no es casualidad que la película se plantee con uno de nuestros protagonistas, Kôji Kobayashi (Minoru Chiaki), empleado para la Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón (casualmente, creada en 1954), yendo a explorar una isla bajo la jurisdicción japonesa ocupada por el monstruo.
Oda sabe lo que quiere su público, y Oda lo ofrece en bandeja de plata. Invita a un viejo amigo de Godzilla a su fiesta de belicismo y destrucción, un inmenso monstruo prehistórico llamado Angilas y cuyo diseño es espectacular, al que sabiamente nos presenta desde el planteamiento para hacer ver a su público las megalómanas dimensiones que augura una lucha sin parangón. Las escenas que comparten plano son sencillamente inmensas, arropadas con sumo cuidado por el diseño de producción de Takeo Kita y Teruaki Abe que presentan suma calidad en la recreación del urbanismo de Tokio a través de las cuidadísimas maquetas que sus criaturas aniquilan. Esta acción es sufragada por una tendencia al frenetismo en ocasiones desconcertante. Las escalas que maneja Oda no son verosímiles en más de una ocasión, así como los movimientos de sus engendros a la hora de combatir, más parecidos al de dos luchadores de lucha libre que al de dos dinosaurios gigantes y a los que el montaje no termina de favorecer del todo.
La profundidad bélica y política de su predecesora está absolutamente marginada en pos de la acción descontrolada, condicionada enteramente por la nula complejidad de sus personajes. De hecho, Kyohei Yamane, personaje de suma actividad e importancia en la obra de Honda, parece ser utilizado exclusivamente como reclamo para la audiencia al estar interpretado, nuevamente, por el legendario actor Takashi Shimura en su mejor década cinematográfica. Los personajes no tienen una personalidad definida, entregados de forma plena al heroísmo del kaijū, y sus relaciones están tan desdibujadas que no tiene mayor interés que un sinuoso aporte dramático que justifique las acciones de los personajes principales, de los que el ya nombrado Kobayashi es la pieza angular de la narración. El implacable leitmotiv que Ifukube diseñó para Godzilla. Japón bajo el terror del monstruo no es alcanzable, ni por mínima casualidad, por la banda sonora con la que Masaru Satô adorna pobremente el fragor de la batalla.
La gran resolución, el punto álgido del desenlace, cuando la batalla debe alcanzar su mayor pico de espectacularidad y tensión es cuando Oda se muestra terriblemente holgazán, destrozando la fantástica puesta en escena que consigue. Literalmente, repite hasta el cansancio las mismas secuencias aéreas una y otra vez en un tortuoso bucle de aviones, misiles y cargas banzai que dejan mucho que desear respecto a lo anteriormente visto en la película. No es posible decir mucho sobre las interpretaciones, ya que sus personajes son tan planos que es imposible hacer mucho con ellos más allá de cumplir con su deber, de los que Minoru Chiaki se lleva todas las condecoraciones posibles. Godzilla contraataca (El rey de los monstruos) es puro entretenimiento, y expande correctamente el universo del icono japonés, pero con un guion más elaborado que continuara explotando los conflictos de su predecesora podría haber logrado un resultado más convincente.
A pesar del bajón técnico respecto a su predecesora, Oda consigue anotarse un buen resultado parafraseando los esquemas empleados por Honda e inundándolos de acción y épica en favor de ese ensalzamiento patriótico en el que crea una vítrea aura de costumbrismo capaz de recrear, con facilidad, la mentalidad nipona a través de la gestión del país sobre una catástrofe de estas características basándose en el esfuerzo, la perseverancia y el trabajo. Todo ello condensado en una película puramente comercial que rivaliza con las grandes producciones americanas en cuanto a la construcción del héroe; un hombre que lo da todo por su país, que renuncia a todo por su país, y que tan vigente estaba por la sombra de la Segunda Guerra Mundial a pesar del tratado de paz, del tratado de San Francisco, firmado por ambas potencias, pero al que la tensión por la posesión de la isla de Okinawa no favorecía en absoluto. De hecho, no es casualidad que la película se plantee con uno de nuestros protagonistas, Kôji Kobayashi (Minoru Chiaki), empleado para la Fuerza Aérea de Autodefensa de Japón (casualmente, creada en 1954), yendo a explorar una isla bajo la jurisdicción japonesa ocupada por el monstruo.
Oda sabe lo que quiere su público, y Oda lo ofrece en bandeja de plata. Invita a un viejo amigo de Godzilla a su fiesta de belicismo y destrucción, un inmenso monstruo prehistórico llamado Angilas y cuyo diseño es espectacular, al que sabiamente nos presenta desde el planteamiento para hacer ver a su público las megalómanas dimensiones que augura una lucha sin parangón. Las escenas que comparten plano son sencillamente inmensas, arropadas con sumo cuidado por el diseño de producción de Takeo Kita y Teruaki Abe que presentan suma calidad en la recreación del urbanismo de Tokio a través de las cuidadísimas maquetas que sus criaturas aniquilan. Esta acción es sufragada por una tendencia al frenetismo en ocasiones desconcertante. Las escalas que maneja Oda no son verosímiles en más de una ocasión, así como los movimientos de sus engendros a la hora de combatir, más parecidos al de dos luchadores de lucha libre que al de dos dinosaurios gigantes y a los que el montaje no termina de favorecer del todo.
La profundidad bélica y política de su predecesora está absolutamente marginada en pos de la acción descontrolada, condicionada enteramente por la nula complejidad de sus personajes. De hecho, Kyohei Yamane, personaje de suma actividad e importancia en la obra de Honda, parece ser utilizado exclusivamente como reclamo para la audiencia al estar interpretado, nuevamente, por el legendario actor Takashi Shimura en su mejor década cinematográfica. Los personajes no tienen una personalidad definida, entregados de forma plena al heroísmo del kaijū, y sus relaciones están tan desdibujadas que no tiene mayor interés que un sinuoso aporte dramático que justifique las acciones de los personajes principales, de los que el ya nombrado Kobayashi es la pieza angular de la narración. El implacable leitmotiv que Ifukube diseñó para Godzilla. Japón bajo el terror del monstruo no es alcanzable, ni por mínima casualidad, por la banda sonora con la que Masaru Satô adorna pobremente el fragor de la batalla.
La gran resolución, el punto álgido del desenlace, cuando la batalla debe alcanzar su mayor pico de espectacularidad y tensión es cuando Oda se muestra terriblemente holgazán, destrozando la fantástica puesta en escena que consigue. Literalmente, repite hasta el cansancio las mismas secuencias aéreas una y otra vez en un tortuoso bucle de aviones, misiles y cargas banzai que dejan mucho que desear respecto a lo anteriormente visto en la película. No es posible decir mucho sobre las interpretaciones, ya que sus personajes son tan planos que es imposible hacer mucho con ellos más allá de cumplir con su deber, de los que Minoru Chiaki se lleva todas las condecoraciones posibles. Godzilla contraataca (El rey de los monstruos) es puro entretenimiento, y expande correctamente el universo del icono japonés, pero con un guion más elaborado que continuara explotando los conflictos de su predecesora podría haber logrado un resultado más convincente.
13 de enero de 2017
13 de enero de 2017
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El éxito en Japón del primer Godzilla fue impresionante, más de 9 millones de espectadores vieron el film, superando incluso a "Los Siete Samuráis" de Akira Kurosawa, así que por supuesto, la secuela no se hizo esperar. Cinco meses después del estreno del primer film, "Godzilla Contraataca" irrumpía las pantallas, esta vez sin Ishiro Honda detrás de las cámaras, el cual no pudo ocuparse del proyecto por problemas de agenda; en su lugar, el desconocido Motoyoshi Oda se hizo con la dirección. Estas prisas en la producción del film se notaron y mucho en el montaje final, haciendo un film fantástico y muy entretenido en sus primeros 45 minutos, e insoportable en sus 40 minutos restantes.
La historia se inicia con el descubrimiento en una isla de un nuevo Godzilla luchando contra otro monstruo gigante, Anguirus. La batalla entre los dos monstruos llegará hasta la ciudad de Osaka.
Siguiendo las influencias de films clásicos como "King Kong" (1933) o "El mundo perdido" (1925) y sus famosas escenas de batalla entre seres colosales, se añade un elemento que acabaría siendo imprescindible en el futuro del kaiju-eiga como es introducir una batalla colosal entre dos monstruos gigantes mientras destrozan los detallados decorados de las ciudades japonesas. Aquí, el primer enemigo de Godzilla es el citado Anguirus, una especie de dinosaurio cuadrúpedo similar al anquilosaurio pero con una coraza llena de pinchos (dicho monstruo aparecería en futuras entregas de la saga aunque esta vez como aliado del saurio).
A pesar de tener un inicio muy prometedor, el film tiene unos problemas muy graves de ritmo. En su primera mitad todo está muy conseguido: la tensión, la acción, las apariciones de los monstruos son fantásticas, los efectos especiales brillan en muchos momentos...pero una vez Godzilla (no hay explicación alguna sobre el por qué regresa si su cuerpo fue reducido a la nada en la anterior. Regresa y punto) deja fuera de combate a Anguirus, tenemos que aguantar más de media hora de diálogos aburridos entre unos personajes que no nos importan nada y sin chispa hasta llegar a su aceptable final, en el que acorralan a Godzilla en una isla de hielo y ahí lo sepultan entre la nieve. El único personaje que repite de la anterior entrega es el profesor Yamane, interpretado por Takashi Shimura, el cual aparece 5 minutos con cierto aire paródico para intentar aclarar la inexplicable aparición de este segundo Godzilla con un gracioso aire de superioridad: “Ya sabía yo que aparecería otro Godzilla”.
Los efectos especiales, obra otra vez de Eiji Tsuburaya, tienen momentos geniales en las secuencias de destrucción de Osaka y especialmente las batallas entre los monstruos realizados a cámara rápida (según dicen por un error técnico aunque como les gustó el resultado lo dejaron tal y como está), dando un resultado quizás algo ridículo vistos hoy en día pero realista al mostrar a los monstruos como animales rabiosos. La batalla en plena ciudad entre Godzilla y Anguirus es sin duda, la mejor escena del film.
Así, el film contiene imágenes con mucha fuerza aprovechando el, otra vez, siniestro blanco y negro, como esa escena en la que un personaje mira por la ventana hacia la ciudad y ve un hongo atómico o la fantástica batalla contra Anguirus que decía antes. También, a pesar de que resultan hasta cierto punto insoportables, los últimos 40 minutos del film pueden acabar siendo interesantes ya que retratan la reconstrucción de una ciudad y el volver a empezar tras la destrucción por parte de los personajes, rodados de una forma esperanzadora de cara al espectador japonés, que aún sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial (otra cosa es que estos momentos resultan aburridos).
El film repitió éxito en Japón, con 8.340.000 espectadores, y para su venta internacional, al igual que pasó con la anterior, se realizó un horroroso remontaje americano. Se tituló "Gigantis, the fire monster", bautizando a Godzilla como Gigantis. Haciendo un doblaje tremendamente ridículo y cómico, se le añadió una innecesaria e insoportable voz en off, stock shots de films de serie Z como "Robot Monster" e incomprensibles escenas de misiles en los créditos iniciales, además se eliminó la banda sonora original sustituyéndola por música de otros films de ciencia ficción. Por supuesto el engendro recibió pésimas críticas.
Godzilla Contraataca es una película curiosa aunque no excesivamente destacable, entretenida en su primera mitad pero fallida en el resto. Las prisas le hicieron mucho daño a este film. El saurio radiactivo no volvería a las pantallas hasta 1962 con el clásico "King Kong contra Godzilla".
(https://orientparadiso.blogspot.com/)
La historia se inicia con el descubrimiento en una isla de un nuevo Godzilla luchando contra otro monstruo gigante, Anguirus. La batalla entre los dos monstruos llegará hasta la ciudad de Osaka.
Siguiendo las influencias de films clásicos como "King Kong" (1933) o "El mundo perdido" (1925) y sus famosas escenas de batalla entre seres colosales, se añade un elemento que acabaría siendo imprescindible en el futuro del kaiju-eiga como es introducir una batalla colosal entre dos monstruos gigantes mientras destrozan los detallados decorados de las ciudades japonesas. Aquí, el primer enemigo de Godzilla es el citado Anguirus, una especie de dinosaurio cuadrúpedo similar al anquilosaurio pero con una coraza llena de pinchos (dicho monstruo aparecería en futuras entregas de la saga aunque esta vez como aliado del saurio).
A pesar de tener un inicio muy prometedor, el film tiene unos problemas muy graves de ritmo. En su primera mitad todo está muy conseguido: la tensión, la acción, las apariciones de los monstruos son fantásticas, los efectos especiales brillan en muchos momentos...pero una vez Godzilla (no hay explicación alguna sobre el por qué regresa si su cuerpo fue reducido a la nada en la anterior. Regresa y punto) deja fuera de combate a Anguirus, tenemos que aguantar más de media hora de diálogos aburridos entre unos personajes que no nos importan nada y sin chispa hasta llegar a su aceptable final, en el que acorralan a Godzilla en una isla de hielo y ahí lo sepultan entre la nieve. El único personaje que repite de la anterior entrega es el profesor Yamane, interpretado por Takashi Shimura, el cual aparece 5 minutos con cierto aire paródico para intentar aclarar la inexplicable aparición de este segundo Godzilla con un gracioso aire de superioridad: “Ya sabía yo que aparecería otro Godzilla”.
Los efectos especiales, obra otra vez de Eiji Tsuburaya, tienen momentos geniales en las secuencias de destrucción de Osaka y especialmente las batallas entre los monstruos realizados a cámara rápida (según dicen por un error técnico aunque como les gustó el resultado lo dejaron tal y como está), dando un resultado quizás algo ridículo vistos hoy en día pero realista al mostrar a los monstruos como animales rabiosos. La batalla en plena ciudad entre Godzilla y Anguirus es sin duda, la mejor escena del film.
Así, el film contiene imágenes con mucha fuerza aprovechando el, otra vez, siniestro blanco y negro, como esa escena en la que un personaje mira por la ventana hacia la ciudad y ve un hongo atómico o la fantástica batalla contra Anguirus que decía antes. También, a pesar de que resultan hasta cierto punto insoportables, los últimos 40 minutos del film pueden acabar siendo interesantes ya que retratan la reconstrucción de una ciudad y el volver a empezar tras la destrucción por parte de los personajes, rodados de una forma esperanzadora de cara al espectador japonés, que aún sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial (otra cosa es que estos momentos resultan aburridos).
El film repitió éxito en Japón, con 8.340.000 espectadores, y para su venta internacional, al igual que pasó con la anterior, se realizó un horroroso remontaje americano. Se tituló "Gigantis, the fire monster", bautizando a Godzilla como Gigantis. Haciendo un doblaje tremendamente ridículo y cómico, se le añadió una innecesaria e insoportable voz en off, stock shots de films de serie Z como "Robot Monster" e incomprensibles escenas de misiles en los créditos iniciales, además se eliminó la banda sonora original sustituyéndola por música de otros films de ciencia ficción. Por supuesto el engendro recibió pésimas críticas.
Godzilla Contraataca es una película curiosa aunque no excesivamente destacable, entretenida en su primera mitad pero fallida en el resto. Las prisas le hicieron mucho daño a este film. El saurio radiactivo no volvería a las pantallas hasta 1962 con el clásico "King Kong contra Godzilla".
(https://orientparadiso.blogspot.com/)
6 de septiembre de 2025
6 de septiembre de 2025
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Segunda película de la saga Godzilla, solo un año después del estreno de la primera parte. Centrándonos en esta segunda parte he de decir que me ha parecido muy aburrida en sus 3 primeros cuartos de película, ya que la historia me ha parecido muy plana, al igual que la mayoría de actuaciones con unos diálogos intrascendentes y lo único que se salva en ese tramo es la pelea con Angirus y aun así vista a día de hoy deja mucho que desear, lo demás Godzilla echando fuego y quemando pueblos y más fuego y otra vez fuego.. De verdad que ese tramo se hace eterno y pese al ruido de los aviones que intentan destruirlo, la película invita a echar una cabezadita. (Sigo en spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Pero bien, entonces llega el último tramo y de repente nos encontramos con un majestuoso final. El protagonista al que llaman el solterón y que todo hacía parecer que acabaría siendo el héroe (de echo lo es) y se acabaría llevando a la chica, de repente se estrella con su avión perdiendo su vida, pero eso sí indicando el camino que el resto debería hacer para acabar con Godzilla.
No la apruebo porque no me gustó nada todo su transcurso, pero solo por la parte final merece la pena ver la película.
No la apruebo porque no me gustó nada todo su transcurso, pero solo por la parte final merece la pena ver la película.
4 de julio de 2016
4 de julio de 2016
4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sería de esperar que si fuera a ver la parte treinta y ocho de la saga, "Godzilla contra las Supernenas" o lo que fuera, la película fuera a ser un exploit, no cuando vas a ver la primera secuela. Pero sí, ni siquiera tiene historia secundaria (en la primera parte los dos hilos narrativos eran, de hecho, igual de importantes).
Comienza cuando Kobayashi rompe el motor de su hidroavión y tiene que detenerse en una rocosa y yerma isla en medio del mar. Cuando llega su rescatador, en lugar de irse inmediatamente, se ponen a encender un fuego con ramas encontradas no se sabe donde, ya que además la pequeña playa acaba en un abrupto acantilado. Bueno, puede que si se sepa por qué se quedan en la isla, porque le viene muy bien al guión, justo en este momento es cuando se encuentran con Godzilla, que no estaba muerto, estaba de parranda, y Angila, que se deben deber pasta o algo, no paran de pelear porque sí. De esta forma tan poco forzada se nos da el planteamiento de la película.
Aquí no acaba el chapucero guión, toca hablar de como le van a vencer ¿para que usar el destructor de oxígeno que ya sabemos que funciona? Ah, claro es que no queda nada de él porque el guión es así, usemos bombas luminicas que lo mismo le hacen algo, o lo mismo solo ponen moreno al mounstruo.
La parte de destruccción tampoco da en la tecla, siendo el mismo moñeco no hacen ningún esfuerzo por ocultar su gomosa naturaleza, en la primera jugaban fantásticamente bien con las distancias y las sombras para dar el pego, aquí ni lo intentan.
En fín, una secuela que sólo recupera la acción de la primera y no cuenta nada realmente, muy al estilo de Tiburón 2.
Más en el spoiler.
Comienza cuando Kobayashi rompe el motor de su hidroavión y tiene que detenerse en una rocosa y yerma isla en medio del mar. Cuando llega su rescatador, en lugar de irse inmediatamente, se ponen a encender un fuego con ramas encontradas no se sabe donde, ya que además la pequeña playa acaba en un abrupto acantilado. Bueno, puede que si se sepa por qué se quedan en la isla, porque le viene muy bien al guión, justo en este momento es cuando se encuentran con Godzilla, que no estaba muerto, estaba de parranda, y Angila, que se deben deber pasta o algo, no paran de pelear porque sí. De esta forma tan poco forzada se nos da el planteamiento de la película.
Aquí no acaba el chapucero guión, toca hablar de como le van a vencer ¿para que usar el destructor de oxígeno que ya sabemos que funciona? Ah, claro es que no queda nada de él porque el guión es así, usemos bombas luminicas que lo mismo le hacen algo, o lo mismo solo ponen moreno al mounstruo.
La parte de destruccción tampoco da en la tecla, siendo el mismo moñeco no hacen ningún esfuerzo por ocultar su gomosa naturaleza, en la primera jugaban fantásticamente bien con las distancias y las sombras para dar el pego, aquí ni lo intentan.
En fín, una secuela que sólo recupera la acción de la primera y no cuenta nada realmente, muy al estilo de Tiburón 2.
Más en el spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Como no se preocupan de meter una historia humana desde el principio tienen que hacerlo de golpe a media película, además eso queda en nada y sólo sirve de puente para el último ataque a Godzilla, media hora de pepinazos, que podría haber durado más o menos a conveniencia de lo que llevaran rodado. O les daba igual el guión o no planificaron nada.
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