El universo de Óliver
2022 

5.3
567
Drama
Año 1985. Óliver, un niño con una imaginación desbordante, se muda con su familia al rincón más al sur de Europa, justo cuando está a punto de pasar el Cometa Halley. Estos acontecimientos marcarán un antes y un después en la vida emocional de Óliver, que buscará en las estrellas la solución a sus problemas en el nuevo colegio, en el barrio y en casa. Para colmo, su abuelo, apodado “el majara”, se anima a ayudarle a interpretar el ... [+]
25 de noviembre de 2022
25 de noviembre de 2022
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alexis Morante, director algecireño, decide hacer una película de su tierra natal desde la mirada vendida hacia el exterior del Campo de Gibraltar. Me apena que un campogibraltareño decida juntar un poco de fácil cultura popular ochentera de superventas con la misma imagen del narcotráfico que deja una lectura peligrosa: lo que se dicen en esos barrios del narcotráfico es la verdad, pues lo hacen ''por necesidad''. Claro, por necesidad. A un linense no le cuentes milongas. Y menos que me cuentes que los ''buenos vecinos'' tiran piedras a los malos para cambiarme la historia a los 20 minutos porque necesitas unos golpes de efecto dentro de una película VACÍA.
¿Dónde está la trama que se presuponía? ¿El cometa qué pinta aquí y cómo aumenta a un personaje tan plano y soso como el que encarna Rubén Fulgencio? Porque, al final, hay una mezcolanza de temas que no aportan nada, que poco tiene que ver con lo que nos han vendido y que te deja un regusto muy malo. No es una película creativa porque da la sensación de haberlo visto todo antes. En los largos minutos finales empiezan a tirar de retórica y sensiblería propia de alguien que no tiene nada que decir, para acabar con una pachanguita donde está... ¿Mágico González? ¿Y esta apropiación? En la capital -de la que tanto reniega el pueblo del director- estarán contentísimos. Claro, porque aquí solo salimos adelante siendo narcos o futbolistas. Por cierto, antes de elegir a un jugador del Cádiz CF que ni les va ni les viene, ¿por qué no visibilizar uno de los derbis más calientes de España entre la Real Balompédica Linense y el Algeciras CF? ¿Por qué siempre se pierde la mínima oportunidad para mostrar lo nuestro?
Quizá lo mejor de la película es recoger la pasión por el fútbol de la zona y la manera tan especial (de nada) de hablar que tenemos en la comarca. El personaje de Salva Reina duró únicamente una hora, pero qué buena hora, exponiendo fielmente las penas de las personas que se quedan y de las que deben volver a la comarca respecto al trabajo. Ahora bien, lo que sigue, destroza todo lo bueno (y que no olvidemos que no es su película, es de Óliver...). Todos los actores están dirigidos de fábula y aporta muchísima similitud con la forma de actuar y hablar de las personas ''de aquí''.
En fin, deseo algún día poder ver una historia normal y de personas normales ambientadas en nuestra olvidada y maltratada tierra, que por estos lares tanto he defendido y tanto me queda porque ni los nuestros harán cosas valiosas por nosotros en sus posiciones de privilegio. Aunque suene mal: las historias campogibraltareñas importan tanto como las historias negras, lgtbi+ o demás. Pero como somos nosotros...
¿Dónde está la trama que se presuponía? ¿El cometa qué pinta aquí y cómo aumenta a un personaje tan plano y soso como el que encarna Rubén Fulgencio? Porque, al final, hay una mezcolanza de temas que no aportan nada, que poco tiene que ver con lo que nos han vendido y que te deja un regusto muy malo. No es una película creativa porque da la sensación de haberlo visto todo antes. En los largos minutos finales empiezan a tirar de retórica y sensiblería propia de alguien que no tiene nada que decir, para acabar con una pachanguita donde está... ¿Mágico González? ¿Y esta apropiación? En la capital -de la que tanto reniega el pueblo del director- estarán contentísimos. Claro, porque aquí solo salimos adelante siendo narcos o futbolistas. Por cierto, antes de elegir a un jugador del Cádiz CF que ni les va ni les viene, ¿por qué no visibilizar uno de los derbis más calientes de España entre la Real Balompédica Linense y el Algeciras CF? ¿Por qué siempre se pierde la mínima oportunidad para mostrar lo nuestro?
Quizá lo mejor de la película es recoger la pasión por el fútbol de la zona y la manera tan especial (de nada) de hablar que tenemos en la comarca. El personaje de Salva Reina duró únicamente una hora, pero qué buena hora, exponiendo fielmente las penas de las personas que se quedan y de las que deben volver a la comarca respecto al trabajo. Ahora bien, lo que sigue, destroza todo lo bueno (y que no olvidemos que no es su película, es de Óliver...). Todos los actores están dirigidos de fábula y aporta muchísima similitud con la forma de actuar y hablar de las personas ''de aquí''.
En fin, deseo algún día poder ver una historia normal y de personas normales ambientadas en nuestra olvidada y maltratada tierra, que por estos lares tanto he defendido y tanto me queda porque ni los nuestros harán cosas valiosas por nosotros en sus posiciones de privilegio. Aunque suene mal: las historias campogibraltareñas importan tanto como las historias negras, lgtbi+ o demás. Pero como somos nosotros...
25 de marzo de 2022
25 de marzo de 2022
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El debut de Alexis Morante en el cine no es para nada soprendente si has venido siguiendo la carrera de un director que ya apuntaba maneras en el mundo del documental, cuidando detalles y creciendo a cada proyecto.
Nos encontramos ante una ópera prima rodada con gusto, con muchos guiños al cine ochentero pero, sobre todo, con alma. Una historia que trasciende a la típica comedia española, para convertirse en un film con el que ries bastante, pero que mantiene un transfondo muy trabajado e incluso desgarrador por momentos. Muy cuidados esos contrastes de género, y para nada es fácil manejar los tonos en un film para que no queden viradas impostadas o cutres. Y aquí se consigue que todo funcione. Tocando temas como el racismo, los conflictos familiares y mezclándolos muy bien con la fantasía de un Óliver que, poco a poco va abandonando su niñez y adentrándose en la adolescencia.
Sin entrar en spoilers, un film humilde que denota mucho amor, el director logra tocar la patata con esta historia ambientada en las tierras del sur y se nota la pasión que se ha puesto en este trabajo.
Aunque los adultos están muy bien en sus respectivos papeles, sorprende el trabajo realizado con el elenco infantil, donde Morante ha dejado patente que controla mucho en dirección de actores. Mención especial al trabajo de casting.
Banda sonora muy bien integrada, profunda y envolvente que, sin presentar ningún tema que vaya a quedar para el recuerdo, si consigue el propósito de acompañar a la narración y ayudar a potenciar las sensaciones de cada secuencia. No cae el compositor en lo fácil, en la esperable sonoridad ochentera tan de moda en la actualidad, si no que trabaja para el texto, sin destacar, pero sumando, como debe ser. Bunbury, al que Alexis Morante ha dirigido varios documentales y videoclips, no podía faltar en esta primera película y presenta un nuevo tema para la ocasión, que llega como acompañamiento a los créditos.
En definitiva un debutante en el mundo del largometraje que derrocha tanto arte como la tierra de donde procede. Este trabajo huele a Goya.
Nos encontramos ante una ópera prima rodada con gusto, con muchos guiños al cine ochentero pero, sobre todo, con alma. Una historia que trasciende a la típica comedia española, para convertirse en un film con el que ries bastante, pero que mantiene un transfondo muy trabajado e incluso desgarrador por momentos. Muy cuidados esos contrastes de género, y para nada es fácil manejar los tonos en un film para que no queden viradas impostadas o cutres. Y aquí se consigue que todo funcione. Tocando temas como el racismo, los conflictos familiares y mezclándolos muy bien con la fantasía de un Óliver que, poco a poco va abandonando su niñez y adentrándose en la adolescencia.
Sin entrar en spoilers, un film humilde que denota mucho amor, el director logra tocar la patata con esta historia ambientada en las tierras del sur y se nota la pasión que se ha puesto en este trabajo.
Aunque los adultos están muy bien en sus respectivos papeles, sorprende el trabajo realizado con el elenco infantil, donde Morante ha dejado patente que controla mucho en dirección de actores. Mención especial al trabajo de casting.
Banda sonora muy bien integrada, profunda y envolvente que, sin presentar ningún tema que vaya a quedar para el recuerdo, si consigue el propósito de acompañar a la narración y ayudar a potenciar las sensaciones de cada secuencia. No cae el compositor en lo fácil, en la esperable sonoridad ochentera tan de moda en la actualidad, si no que trabaja para el texto, sin destacar, pero sumando, como debe ser. Bunbury, al que Alexis Morante ha dirigido varios documentales y videoclips, no podía faltar en esta primera película y presenta un nuevo tema para la ocasión, que llega como acompañamiento a los créditos.
En definitiva un debutante en el mundo del largometraje que derrocha tanto arte como la tierra de donde procede. Este trabajo huele a Goya.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Pese a sus casi dos horas de metraje, no diría que le sobre en exceso. Quiza en algún punto concreto se le podrían recortar algunos minutos. Personalmente se me hace solo un pelín larga la parte del partido. Pero quizá debería contrastarlo en un segundo visionado.
8 de enero de 2024
8 de enero de 2024
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pese a lo convencional y trillado y amable a toda costa, a marchas forzadas, a machamartillo, que quiere ser, es una película un tanto extraña (les ha salido una cosa chunga), gélida, como a distancia hecha o realizada, especialmente en su primera parte, la mejor, simpática sórdidamente picaresca fracasada oda, Salva Reina (ella tampoco está nada mal) en ese aspecto lo borda, tiene gracia como tierna social escoria, chusma cariñosa amorosa, no es tanto lo que esperábamos y se agradece, y, sobre todo, el personaje principal, el, se supone o da por descontado, de la función en ciernes héroe es un primaveras membrillo miserable mediocre de no te menees que solo da disgustos y descerraja miserias sin cuento o cutreces de miedo a toda hora, se mea, roba, agrede, se caga en Mágico González (hasta ahí podíamos llegar, eso sí que no, eso no se toca, nene), se comporta de la peor de las maneras con su amada o novia (no tenemos la más mínima idea de por qué ella la vida le perdona a cada rato o aurora y se digna a hablarle siquiera o incluso lo elige, ama o quiere, misterios del amor y de la ciencia, de entre todos*) y no tiene ninguna virtud, talento o gracia conocidos (no ayuda nada a todo este triste respecto la interpretación sosa desangelada estreñida del pobre zagal). Todo lo cual, esa grisura cómica patética penosa, es una buena, aunque fuera lograda involuntariamente, por error o equivocación, por no darse cuenta, por chapuza o falta de criterio, noticia, sorpresa, sorpresa, más o menos.
Pero falla en otros ámbitos o temas (casi que) deseas que cojan la dichosa nave especial o máquina del tiempo y manta y carretera, a tomara por culo las bicicletas, una lástima, que no lo hicieran, que jugaran con eso, con esa idea, te ponen la miel en la boca, y después nada, te vas de vacío, cero a cero, de hecho, esa, digamos, ocurrencia, fantasía, escapada o escapatoria, no pega mucho o nada con el resto, el corazón del guerrero, está con calzador metida la maravilla, desaprovechada, tibia, y no porque el contraste sea malo o la necesidad de escapar o huir como alma que lleva el diablo con imaginación a raudales o del modo que se pueda de una fea realidad sea algo anormal o malo (artísticamente), mira Leolo, Léaud, The butcher boy y tantos otros, pero tal y como está mostrada es un pegote sin fundamento ni fuste, o coges el toro por los cuernos o para dejarla en la estacada de buenas a primeras esa ansia o anhelo, a su suerte abandonada, para eso mejor no tocar(la), no menealla, si no sabes torear, déjala estar, let it be, pa' qué te metes, majadero.
Y la parte realista costumbrista conflictiva tampoco, le pierde el afán conciliador/consolador (to er mundo é güeno) forzoso a última hora que no hay quién se crea así de esa tonta manera, el buenismo conservador sin venir a cuento, puesto por el ayuntamiento, la tontería mansa, una pena.
Por lo tanto, no maneja bien la relación entre los diferentes temas, vías (de agua) o posibilidades, el actor/personaje protagonista falla, es desagradable, la parte social es bastante desastrosa tontorrona roma como de cuota o pega, revolucionario impuesto, argamasa, cemento armado (ya que aquí no tenemos tantos negros que echarnos a la boca con los que rasgarnos las vestiduras y apuntarnos un tanto, somos los más concienciados, metemos gitanos y a correr, tira, anda, venga), el resultado es flojo y desigual, irregular, pero lo ya dicho, comienza bien, los acercamientos/coqueteos/roces científicos espaciales siderales (el tiempo, años luz, sirve para medir el espacio, la distancia; y vemos ilusiones o espejismos en el cielo o estrellado firmamento, emanaciones de estrellas muertas hace ya tanto tiempo que nos hacen creer/confundir/mezclar, otra vez, el espacio y el tiempo, o las explicaciones de los veintinueve de febrero, de los años bisiestos, trescientos sesenta y cinco días y un poco, un pico), aunque mínimos, son chulos, y el tono es discreto y relajado, nada histérico ni tan subrayado, de puntillas se pasa por todo, y, en general, hay un buen hacer, mimo, dedicación, trabajo, cuidado, cariño, esmero.
Pero falla en otros ámbitos o temas (casi que) deseas que cojan la dichosa nave especial o máquina del tiempo y manta y carretera, a tomara por culo las bicicletas, una lástima, que no lo hicieran, que jugaran con eso, con esa idea, te ponen la miel en la boca, y después nada, te vas de vacío, cero a cero, de hecho, esa, digamos, ocurrencia, fantasía, escapada o escapatoria, no pega mucho o nada con el resto, el corazón del guerrero, está con calzador metida la maravilla, desaprovechada, tibia, y no porque el contraste sea malo o la necesidad de escapar o huir como alma que lleva el diablo con imaginación a raudales o del modo que se pueda de una fea realidad sea algo anormal o malo (artísticamente), mira Leolo, Léaud, The butcher boy y tantos otros, pero tal y como está mostrada es un pegote sin fundamento ni fuste, o coges el toro por los cuernos o para dejarla en la estacada de buenas a primeras esa ansia o anhelo, a su suerte abandonada, para eso mejor no tocar(la), no menealla, si no sabes torear, déjala estar, let it be, pa' qué te metes, majadero.
Y la parte realista costumbrista conflictiva tampoco, le pierde el afán conciliador/consolador (to er mundo é güeno) forzoso a última hora que no hay quién se crea así de esa tonta manera, el buenismo conservador sin venir a cuento, puesto por el ayuntamiento, la tontería mansa, una pena.
Por lo tanto, no maneja bien la relación entre los diferentes temas, vías (de agua) o posibilidades, el actor/personaje protagonista falla, es desagradable, la parte social es bastante desastrosa tontorrona roma como de cuota o pega, revolucionario impuesto, argamasa, cemento armado (ya que aquí no tenemos tantos negros que echarnos a la boca con los que rasgarnos las vestiduras y apuntarnos un tanto, somos los más concienciados, metemos gitanos y a correr, tira, anda, venga), el resultado es flojo y desigual, irregular, pero lo ya dicho, comienza bien, los acercamientos/coqueteos/roces científicos espaciales siderales (el tiempo, años luz, sirve para medir el espacio, la distancia; y vemos ilusiones o espejismos en el cielo o estrellado firmamento, emanaciones de estrellas muertas hace ya tanto tiempo que nos hacen creer/confundir/mezclar, otra vez, el espacio y el tiempo, o las explicaciones de los veintinueve de febrero, de los años bisiestos, trescientos sesenta y cinco días y un poco, un pico), aunque mínimos, son chulos, y el tono es discreto y relajado, nada histérico ni tan subrayado, de puntillas se pasa por todo, y, en general, hay un buen hacer, mimo, dedicación, trabajo, cuidado, cariño, esmero.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hubiera sido mucho mejor que hubiese metido la moneda (rusa tenía que ser, simbólica, armagedónica, por la revolución definitiva eterna bendecida) y que hubiera empezado a salir dinero (calderilla infinita) hasta el fin de los tiempos sin parar de cagar metal la cabrona, hasta la ruina o caída total y absoluta, ya era hora, babilonia, del susodicho, vuelta la burra al trigo, capitalismo, por lo que se abriría una nueva línea (no solo láctea) axial de realidad abismal en la que el comunismo o marxismo no hubiera desaparecido a ojos vista, la carcoma, tan material y concreta históricamente, y ahora mismo sería la reina de los mares y de la fiesta, miss mundo universo gibraltareña, capitán pescanova, la ama de mundo, la que más pita, chifla o mama sin llorar siquiera y en la que los yanquis sería sus adláteres, esclavos o esbirros, barro en sus manos, mierda, ¿utopía?, ¡distopía?, ¿final feliz?, ¡horror?, ¡descojonación?, ¿deflagración?, ¡depauperación?, ¿descalzaperros?, ¿austrohúngaro imperio?
Tú verás.
El fin de la historia.
Vuela, vuela.
¿Qué fue de Amara Carmona, alma gitana?
Los exploradores conocen al Vaquilla y al Torete mientras se toman un tinto de milagro y se hacen amiguitos, claro, el nuevo y el primer mundo, acabamos ya mismo que se nos hace tarde con el himno patrio de fondo sonando de madrugada, en la alborada, cómo hemos cambiado, arriba España, de la mejor de las maneras, haciendo tiempo, ambiente, atmósfera, siempre, del suelo alzados, qué tiempos aquellos, maravillosos, en los que, muerto el dictador felón, llegaron sus hijos con ansias renovadas dispuestos cambiarlo todo por casi nada, sin casi notarlo, virgen y ya embarazada, gol de penalti, por la escuadra (y cartabón).
* Pocas cosas vi más inauditas o atroces, cobardes y absurdas que el momento, espantoso, no me lo creo, si no lo veo, en el que el mozalbete tira a la chica de la bici como si fuera Valentino Rossi, Márquez, Mesala en la carrera de cuádrigas, Yo, Tonya o el que más te/os guste, del consumidor (como si el Quijote hubiera escupido en la cara a Dulcinea del Toboso y se hubiera quedado tan tranquilo o campante, ¡estamos locos?, como si Tristán le hubiera robado el bocata en un descuido a la pobre Isolda en mitad del recreo aprovechando cualquier lamentable suceso, punto de no retorno, cruzamos el rubicón de la abyección, me cago en toda la nación y su próxima generación) y ella como si nada, ahí me las den todas, ahora sí que me enamorado de todos tus grandes valores, de tu bella alma, de tu entretela, maromo, manolo.
Tú verás.
El fin de la historia.
Vuela, vuela.
¿Qué fue de Amara Carmona, alma gitana?
Los exploradores conocen al Vaquilla y al Torete mientras se toman un tinto de milagro y se hacen amiguitos, claro, el nuevo y el primer mundo, acabamos ya mismo que se nos hace tarde con el himno patrio de fondo sonando de madrugada, en la alborada, cómo hemos cambiado, arriba España, de la mejor de las maneras, haciendo tiempo, ambiente, atmósfera, siempre, del suelo alzados, qué tiempos aquellos, maravillosos, en los que, muerto el dictador felón, llegaron sus hijos con ansias renovadas dispuestos cambiarlo todo por casi nada, sin casi notarlo, virgen y ya embarazada, gol de penalti, por la escuadra (y cartabón).
* Pocas cosas vi más inauditas o atroces, cobardes y absurdas que el momento, espantoso, no me lo creo, si no lo veo, en el que el mozalbete tira a la chica de la bici como si fuera Valentino Rossi, Márquez, Mesala en la carrera de cuádrigas, Yo, Tonya o el que más te/os guste, del consumidor (como si el Quijote hubiera escupido en la cara a Dulcinea del Toboso y se hubiera quedado tan tranquilo o campante, ¡estamos locos?, como si Tristán le hubiera robado el bocata en un descuido a la pobre Isolda en mitad del recreo aprovechando cualquier lamentable suceso, punto de no retorno, cruzamos el rubicón de la abyección, me cago en toda la nación y su próxima generación) y ella como si nada, ahí me las den todas, ahora sí que me enamorado de todos tus grandes valores, de tu bella alma, de tu entretela, maromo, manolo.
10 de mayo de 2022
10 de mayo de 2022
6 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Detrás de una aparente película de aventuras con hechuras ochenteras, el algecireño Alexis Morante hace su esperado estreno en el largometraje de ficción con un canto a la vida que, a modo de muñeca rusa, encierra otros cantos. 'El Universo de Óliver' habla de esa infancia que linda con el primer beso, de la importancia de la familia, amigos incluidos, y hasta de una realidad social que tristemente perdura. Y de otras cosas, de muchas y con distintas profundidades. Un multiverso de mensajes, temas, situaciones, géneros y personajes dentro de un universo: esa Algeciras y el Campo de Gibraltar de costumbrismo mágico de Óliver, que es el de Alexis.
No era fácil controlar todos esos ingredientes en la coctelera y, sin embargo, aunque no sin esfuerzo, la película termina por despegar. Porque la cinta, que unos 600 privilegiados pudieron ver ayer en la premier del teatro Florida de Algeciras, va increscendo. Puede que no atrape desde el principio, posiblemente porque nunca pretende ser la película facilonga que podría pensarse, y porque se resiste a destaparse antes de que todas las piezas estén sobre el tablero, pero, una vez dentro, la historia tiene alma y es fácil empatizar con los personajes. Incluso con todos a la vez. No hay malos y buenos, solo personas y sus circunstancias. Algo que ya estaba en los cortos del realizador de San José Artesano.
María León y Salva Reina están magníficos en ese matrimonio de dificultades. Hay química. Alexis Morante se mueve con brillantez en el drama, y en concreto en el social y familiar, incluso más y mejor que en la aventura. Ahí hay un universo interesante que explorar para el director algecireño. La historia del abuelo (interpretado por Pedro Casablac) y el joven Óliver (Rubén Fulgencio) vibra en una frecuencia distinta al resto de la película, y luego sabemos por qué. La verdadera aventura de los pequeños y las dos bandas es más interior que exterior. No hay grandes alardes. A cambio, la última media hora larga se entrega a la acción y a la emoción, al más puro estilo futbolero.
La opera prima del director algecireño es, a la vez, el final un camino de años asentando los bases con exitosos y premiados cortos y documentales, y el inicio de una nueva etapa. Es un Alexis más que listo para cotas mayores.
Una comarca omnipresente
Semanas atrás, en una entrevista en 8Directo, Alexis Morante habló de su intención de hacer una película “de lo local a lo universal”. El dorado para muchos creadores. Eso qué hace mágicamente universal a una bulería de Camarón, una historia neoyorquina de Woody Allen, o una novela de Stephen King desarrollada en su particular Maine. Aunque podría estar ambientada en cualquier otro rincón del mundo y contar una historia similar, 'El Universo de Óliver' se desarrolla íntegramente en el Campo de Gibraltar. Desde el marco que es esa comarca de mediados de los 80 a decenas de pequeños detalles costumbristas y materiales -un escudo del Algeciras CF, por ejemplo-.
La novela en la que se basa la película es del algecireño Miguel Ángel González, amigo de la infancia del director, y otro nacido en la ciudad es el guionista Raúl Santos. Incluso, en una arriesgada apuesta, Alexis y su equipo eligió para secundarios de peso, en un buen trabajo de castin, a niños de Algeciras que se estrenan en la actuación y que dotan de naturalismo a la historia, y de acento, que lo tiene sin complejos.
Todo comenzó en Algeciras y eso nunca deja de verse en la pantalla: lenguaje, expresiones, colegios, calles, plazas, playas, puerto, búnkeres, industria… 'El Universo de Óliver' es una película recomendable para cualquiera de cualquier edad y punto geográfico pero para un campogibraltareño lo es mucho más. El 13 de mayo llega a los cines
No era fácil controlar todos esos ingredientes en la coctelera y, sin embargo, aunque no sin esfuerzo, la película termina por despegar. Porque la cinta, que unos 600 privilegiados pudieron ver ayer en la premier del teatro Florida de Algeciras, va increscendo. Puede que no atrape desde el principio, posiblemente porque nunca pretende ser la película facilonga que podría pensarse, y porque se resiste a destaparse antes de que todas las piezas estén sobre el tablero, pero, una vez dentro, la historia tiene alma y es fácil empatizar con los personajes. Incluso con todos a la vez. No hay malos y buenos, solo personas y sus circunstancias. Algo que ya estaba en los cortos del realizador de San José Artesano.
María León y Salva Reina están magníficos en ese matrimonio de dificultades. Hay química. Alexis Morante se mueve con brillantez en el drama, y en concreto en el social y familiar, incluso más y mejor que en la aventura. Ahí hay un universo interesante que explorar para el director algecireño. La historia del abuelo (interpretado por Pedro Casablac) y el joven Óliver (Rubén Fulgencio) vibra en una frecuencia distinta al resto de la película, y luego sabemos por qué. La verdadera aventura de los pequeños y las dos bandas es más interior que exterior. No hay grandes alardes. A cambio, la última media hora larga se entrega a la acción y a la emoción, al más puro estilo futbolero.
La opera prima del director algecireño es, a la vez, el final un camino de años asentando los bases con exitosos y premiados cortos y documentales, y el inicio de una nueva etapa. Es un Alexis más que listo para cotas mayores.
Una comarca omnipresente
Semanas atrás, en una entrevista en 8Directo, Alexis Morante habló de su intención de hacer una película “de lo local a lo universal”. El dorado para muchos creadores. Eso qué hace mágicamente universal a una bulería de Camarón, una historia neoyorquina de Woody Allen, o una novela de Stephen King desarrollada en su particular Maine. Aunque podría estar ambientada en cualquier otro rincón del mundo y contar una historia similar, 'El Universo de Óliver' se desarrolla íntegramente en el Campo de Gibraltar. Desde el marco que es esa comarca de mediados de los 80 a decenas de pequeños detalles costumbristas y materiales -un escudo del Algeciras CF, por ejemplo-.
La novela en la que se basa la película es del algecireño Miguel Ángel González, amigo de la infancia del director, y otro nacido en la ciudad es el guionista Raúl Santos. Incluso, en una arriesgada apuesta, Alexis y su equipo eligió para secundarios de peso, en un buen trabajo de castin, a niños de Algeciras que se estrenan en la actuación y que dotan de naturalismo a la historia, y de acento, que lo tiene sin complejos.
Todo comenzó en Algeciras y eso nunca deja de verse en la pantalla: lenguaje, expresiones, colegios, calles, plazas, playas, puerto, búnkeres, industria… 'El Universo de Óliver' es una película recomendable para cualquiera de cualquier edad y punto geográfico pero para un campogibraltareño lo es mucho más. El 13 de mayo llega a los cines
17 de mayo de 2022
17 de mayo de 2022
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Oliver es una chico de 12 años que llega a Algeciras en 1985 a la casa del abuelo paterno, desde Madrid y con un padre perseguido por las deudas. Se trata de un regreso a los orígenes forzado por las circunstancias y no deseado. La adaptación del chico a un nuevo barrio, una nueva escuela, nuevas amistades con su primer amor incluido y el descubrimiento de las aficiones y relatos del abuelo se convertirán en una especie de aventura repleta de infortunios diversos con una situación familiar complicada por la falta de trabajo y perspectivas.
Con una ambientación de los ochenta bien conseguida y unas claras referencias autobiográficas el director Alexis Morante elabora un relato muy bien encajado que gira en torno a las vivencias más íntimas del Óliver aunque también se enriquece de forma coral de todo lo que rodea: la familia y su pasado, el grupo y las problemáticas racistas del barrio, la escuela o las dificultades laborales del momento. Al mismo tiempo se impregna todo de una atmósfera mágica que se hace coincidir de forma emblemática con la llegada del cometa Halley, una supuesta maldición en la familia o la aparición especial de aquel jugador del Cádiz de nombre "mágico González" que por la zona todavía hoy es una auténtica institución. Salvando las distancias y magnitud sería el equivalente a Maradona en la ciudad de Nápoles.
Para redondearlo todo, las interpretaciones están a suficiente altura como para que los personajes tengan el tono y la intensidad necesarias para no chirriar en medio de este universo. Mención destacada merece la madre Carmela interpretada por Maria León y un experto Pedro Casablanc en el papel del abuelo Gabriel.
"El universo de Óliver" es de esas películas de las que no esperas gran cosa y logran zambullirte dentro de un imaginario especial cargado de emotivos simbolismos, vivencias irrepetibles y transmitir la dificultad casi traumática que supone crecer para hacer el primero vistazo a una incipiente madurez y, a la vez, un entorno social delirante.(7)
Con una ambientación de los ochenta bien conseguida y unas claras referencias autobiográficas el director Alexis Morante elabora un relato muy bien encajado que gira en torno a las vivencias más íntimas del Óliver aunque también se enriquece de forma coral de todo lo que rodea: la familia y su pasado, el grupo y las problemáticas racistas del barrio, la escuela o las dificultades laborales del momento. Al mismo tiempo se impregna todo de una atmósfera mágica que se hace coincidir de forma emblemática con la llegada del cometa Halley, una supuesta maldición en la familia o la aparición especial de aquel jugador del Cádiz de nombre "mágico González" que por la zona todavía hoy es una auténtica institución. Salvando las distancias y magnitud sería el equivalente a Maradona en la ciudad de Nápoles.
Para redondearlo todo, las interpretaciones están a suficiente altura como para que los personajes tengan el tono y la intensidad necesarias para no chirriar en medio de este universo. Mención destacada merece la madre Carmela interpretada por Maria León y un experto Pedro Casablanc en el papel del abuelo Gabriel.
"El universo de Óliver" es de esas películas de las que no esperas gran cosa y logran zambullirte dentro de un imaginario especial cargado de emotivos simbolismos, vivencias irrepetibles y transmitir la dificultad casi traumática que supone crecer para hacer el primero vistazo a una incipiente madurez y, a la vez, un entorno social delirante.(7)
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