Altas capacidades
2026 

5.7
3,920
Comedia
Alicia y Gonzalo, una pareja de clase media, se encuentran con la oportunidad de matricular a su hijo Fer en un colegio laico de élite. Para los padres supone asomar la cabeza en la clase alta, nuevas amistades, mayores ingresos, ventajas incontables. Dicen hacerlo por su hijo. En esta maravillosa contradicción entre los miedos y los principios morales, las aspiraciones de la pareja se llevarán por delante lo que, hasta entonces, creían incuestionable. [+]
29 de marzo de 2026
29 de marzo de 2026
65 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
ARGUMENTO
Alicia y Gonzalo acuden a una cita con el director del colegio de su hijo. Les han convocado porque al chaval, Fer, le ha dado por enseñarles sus partes a sus compañeros. Y compañeras. La pareja no sabe cómo abordar con su pequeño tan insólita situación, así que tiran por la calle de en medio: apuestan por sacarlo de ese colegio público para intentar meterlo en un prestigio centro privadio… aprovechando que una tragedia puede dejar una plaza libre.
DESDE MI PUNTO DE VISTA
No suelo ver comedias.
Hay explicaciones para ello tanto de índole cinematográfica como personal. Por un lado, prefiero los contenidos dramáticos, son los que suelen llenarme, los que más posibilidades tienen de provocarme mis tan buscados orgasmos cinéfilos. Pero, aparte, late en mí un lado grinch que suele violentarse con las comedietas, las feel good movies, las historias de superación y los musicales emotivos.
Pero, más allá de mis filias y fobias, hay otra causa por la que escapo de las propuestas cómicas del cine actual. Y es el tipo de humor que se estila en nuestros tiempos, caracterizado por exacerbar las situaciones hasta el infinito y más allá, por convertir a los personajes en seres profundamente imbéciles, por subir siempre la apuesta del caos y el delirio, y por incluir indefectiblemente un buen ramillete de gritos, malentendidos y procacidades. No veo comedias, en definitiva, porque el mero trailer suele provocarme sudores fríos.
Alicia y Gonzalo acuden a una cita con el director del colegio de su hijo. Les han convocado porque al chaval, Fer, le ha dado por enseñarles sus partes a sus compañeros. Y compañeras. La pareja no sabe cómo abordar con su pequeño tan insólita situación, así que tiran por la calle de en medio: apuestan por sacarlo de ese colegio público para intentar meterlo en un prestigio centro privadio… aprovechando que una tragedia puede dejar una plaza libre.
DESDE MI PUNTO DE VISTA
No suelo ver comedias.
Hay explicaciones para ello tanto de índole cinematográfica como personal. Por un lado, prefiero los contenidos dramáticos, son los que suelen llenarme, los que más posibilidades tienen de provocarme mis tan buscados orgasmos cinéfilos. Pero, aparte, late en mí un lado grinch que suele violentarse con las comedietas, las feel good movies, las historias de superación y los musicales emotivos.
Pero, más allá de mis filias y fobias, hay otra causa por la que escapo de las propuestas cómicas del cine actual. Y es el tipo de humor que se estila en nuestros tiempos, caracterizado por exacerbar las situaciones hasta el infinito y más allá, por convertir a los personajes en seres profundamente imbéciles, por subir siempre la apuesta del caos y el delirio, y por incluir indefectiblemente un buen ramillete de gritos, malentendidos y procacidades. No veo comedias, en definitiva, porque el mero trailer suele provocarme sudores fríos.

Natalia Reyes & Marián Álvarez
Entonces, ¿por qué me atreví con ‘Altas capacidades’?
No había catado ninguno de los trabajos anteriores de Víctor García León, pero sí he consumido varias de las obras escritas y/o dirigidas por Borja Cobeaga. Y, aunque ninguna de ellas me ha llevado al éxtasis, no le considero un autor cuyas creaciones se definan por los rasgos que he descrito un par de párrafos atrás. Podía fiarme de él, que co-escribe esta historia a cuatro manos con el director. Como, además, el trailer no me espantó y las críticas profesionales eran positivas (incluso el hater de Boyero admitía haber disfrutado), tomé la muy riesgosa decisión de comprar una entrada.
Y ahí empezaron las sorpresas positivas de la noche. Entré en la web del cine hora y pico antes del comienzo de la sesión, y ya estaban vendidas la gran mayoría de las butacas. Afortunadamente, me gusta sentarme muy adelante, y ésas eran la filas aún disponibles, así que, lejos de disgustarme, la notable afluencia sirvió para confirmarme la sensación que vengo teniendo en los últimos meses, y que me reconforta: tengo la impresión de que la gente está volviendo a ir al cine. No me baso en estadísticas, sino en la mera experiencia, en lo que veo a mi alrededor cuando acudo a una sala. No suelo contribuir a engordar las cifras de recaudación de los blockbusters, y además hace ya tiempo que solo veo cine en versión original, así que he acudido, sobre todo desde 2020 para aquí, a multitud de proyecciones casi desiertas. No me llega con los dedos de las manos y los pies para contar las veces que mi culo era el único que ocupaba una butaca en estos últimos años. Ni siquiera mi proverbial misantropía, que me hace estar feliz en ambientes desangelados, me permitía disfrutar esas experiencias, tanto por empatía hacia los cines como, sobre todo, por la creciente sensación de que eso de ver películas en pantalla grande empezaba a ser una actividad crepuscular. Sin embargo, hace ya bastante que no asisto a una velada cinematográfica en solitud, y a cambio he experimentado últimamente muchas sorpresas ante auditorios muy concurridos para asistir a proyecciones que consideraba condenadas a míseras cosechas. Durante la hora restante hasta el comienzo de ‘Altas capacidades’, las pocas butacas disponibles terminaron de venderse. Y así, cuando se apagaron las luces, no salía de mi asombro ante tan inesperado sold out.
No había catado ninguno de los trabajos anteriores de Víctor García León, pero sí he consumido varias de las obras escritas y/o dirigidas por Borja Cobeaga. Y, aunque ninguna de ellas me ha llevado al éxtasis, no le considero un autor cuyas creaciones se definan por los rasgos que he descrito un par de párrafos atrás. Podía fiarme de él, que co-escribe esta historia a cuatro manos con el director. Como, además, el trailer no me espantó y las críticas profesionales eran positivas (incluso el hater de Boyero admitía haber disfrutado), tomé la muy riesgosa decisión de comprar una entrada.
Y ahí empezaron las sorpresas positivas de la noche. Entré en la web del cine hora y pico antes del comienzo de la sesión, y ya estaban vendidas la gran mayoría de las butacas. Afortunadamente, me gusta sentarme muy adelante, y ésas eran la filas aún disponibles, así que, lejos de disgustarme, la notable afluencia sirvió para confirmarme la sensación que vengo teniendo en los últimos meses, y que me reconforta: tengo la impresión de que la gente está volviendo a ir al cine. No me baso en estadísticas, sino en la mera experiencia, en lo que veo a mi alrededor cuando acudo a una sala. No suelo contribuir a engordar las cifras de recaudación de los blockbusters, y además hace ya tiempo que solo veo cine en versión original, así que he acudido, sobre todo desde 2020 para aquí, a multitud de proyecciones casi desiertas. No me llega con los dedos de las manos y los pies para contar las veces que mi culo era el único que ocupaba una butaca en estos últimos años. Ni siquiera mi proverbial misantropía, que me hace estar feliz en ambientes desangelados, me permitía disfrutar esas experiencias, tanto por empatía hacia los cines como, sobre todo, por la creciente sensación de que eso de ver películas en pantalla grande empezaba a ser una actividad crepuscular. Sin embargo, hace ya bastante que no asisto a una velada cinematográfica en solitud, y a cambio he experimentado últimamente muchas sorpresas ante auditorios muy concurridos para asistir a proyecciones que consideraba condenadas a míseras cosechas. Durante la hora restante hasta el comienzo de ‘Altas capacidades’, las pocas butacas disponibles terminaron de venderse. Y así, cuando se apagaron las luces, no salía de mi asombro ante tan inesperado sold out.

Borja Cobeaga, Juan Diego Botto, Israel Elejalde, Marián Álvarez, Natalia Reyes & Víctor García León
Y lo mejor estaba por llegar.
La primera escena ya la comparten los dos protagonistas con uno de los numerosos personajes secundarios magníficos que van a ir desfilando por la pantalla. En este caso, es el director del colegio, que me resulta hilarante pese a que no suelta ni un chiste, ni un berrido, ni un exabrupto. Acaba de empezar una comedia en la que nadie se tira un pedo. Habráse visto semejante disrupción…
La trama ideada por García León y Cobeaga me resulta interesante y divertida a partes iguales, que es lo que debería caracterizar a toda comedia. Solo el 50% de esos dos ingredientes no bastan, han de conjugarse para conformar una buena película. Y aquí lo hacen. Provocan curiosidad el desarrollo de los acontecimientos, los tejemanejes del guión, unas pirivueltas narrativas que incluyen planteamiento, nudo y desenlace. Y, por el camino, puedes sonreír constantemente, y reirte de vez en cuando. Eso es lo que le pido a una obra de este género. ¿Tan alto pongo el listón?
Uno de los principales méritos que encuentro en ‘Altas capacidades’ alude a lo bien que está todo el elenco. No hay uno solo de los intérpretes que me chirríe, ni siquiera los niños, cuya presencia en el metraje está muy bien medida. La pareja de protagonistas resulta magnífica, tanto ella como él, sin derrapar una sola vez, coherentes en todo momento con sus personajes, cómicos sin desbarrar. Estupendos.
La primera escena ya la comparten los dos protagonistas con uno de los numerosos personajes secundarios magníficos que van a ir desfilando por la pantalla. En este caso, es el director del colegio, que me resulta hilarante pese a que no suelta ni un chiste, ni un berrido, ni un exabrupto. Acaba de empezar una comedia en la que nadie se tira un pedo. Habráse visto semejante disrupción…
La trama ideada por García León y Cobeaga me resulta interesante y divertida a partes iguales, que es lo que debería caracterizar a toda comedia. Solo el 50% de esos dos ingredientes no bastan, han de conjugarse para conformar una buena película. Y aquí lo hacen. Provocan curiosidad el desarrollo de los acontecimientos, los tejemanejes del guión, unas pirivueltas narrativas que incluyen planteamiento, nudo y desenlace. Y, por el camino, puedes sonreír constantemente, y reirte de vez en cuando. Eso es lo que le pido a una obra de este género. ¿Tan alto pongo el listón?
Uno de los principales méritos que encuentro en ‘Altas capacidades’ alude a lo bien que está todo el elenco. No hay uno solo de los intérpretes que me chirríe, ni siquiera los niños, cuya presencia en el metraje está muy bien medida. La pareja de protagonistas resulta magnífica, tanto ella como él, sin derrapar una sola vez, coherentes en todo momento con sus personajes, cómicos sin desbarrar. Estupendos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
A su alrededor, además, revolotean secundarios que, sin duda beneficiados por el buen guión, tienen la oportunidad de lucirse, y la aprovechan. No puedo, en este punto, evitar expresar mi postración ante el trabajo de Juan Diego Botto. Es verdad que le miro de forma venial, porque me cae estupendamente y me parece un gran actor. Pero en esta película en particular considero que está especialmente brillante, graciosísimo, genial. Los mejores momentos del metraje transcurren con él en primer plano. Si he de quedarme con una sola escena de ‘Altas capacidades’, lo tengo claro: ese cumpleaños infantil que deviene en cinco maromos apiñados en el baño despotricando contra la maldad de los narcos mientras dan cuenta de la farlopa del anfitrión. Qué grande ese rulo sin retorno…
‘Altas capacidades’ demuestra, además, que es perfectamente compatible valerse de la comedia para poner el dedo en ciertas llagas nada cómicas. Porque así, como quien no quiere la cosa, resulta que el guión da voz a los personajes para que expresen criterios y opiniones sobre un tema nada liviano como el de la educación. ¿Qué son los colegios públicos de hoy? ¿El centro escolar más próximo a tu casa, en el que tu hijo no solo aprende sino que además hace amigos y comunidad? ¿O apeaderos en los que confluyen inmigrantes de toda procedencia junto con las proles de las familias que no pueden permitirse un centro concertado o privado? A buen seguro, un vasco como Cobeaga sabrá que hay familias alérgicas al euskera que matriculan a sus vástagos en el Modelo E (con la lengua autóctona como vehicular) porque saben que así los alejan de «moros» y «sudacas». Uno de los participantes en la conversación emite argumentos en defensa de la escuela pública que suenan quijotescos, casi heroicos. ¿De verdad hemos llegado a ese punto? ¿Qué será lo siguiente? ¿Un Quirón generalizado?
‘Altas capacidades’ demuestra, además, que es perfectamente compatible valerse de la comedia para poner el dedo en ciertas llagas nada cómicas. Porque así, como quien no quiere la cosa, resulta que el guión da voz a los personajes para que expresen criterios y opiniones sobre un tema nada liviano como el de la educación. ¿Qué son los colegios públicos de hoy? ¿El centro escolar más próximo a tu casa, en el que tu hijo no solo aprende sino que además hace amigos y comunidad? ¿O apeaderos en los que confluyen inmigrantes de toda procedencia junto con las proles de las familias que no pueden permitirse un centro concertado o privado? A buen seguro, un vasco como Cobeaga sabrá que hay familias alérgicas al euskera que matriculan a sus vástagos en el Modelo E (con la lengua autóctona como vehicular) porque saben que así los alejan de «moros» y «sudacas». Uno de los participantes en la conversación emite argumentos en defensa de la escuela pública que suenan quijotescos, casi heroicos. ¿De verdad hemos llegado a ese punto? ¿Qué será lo siguiente? ¿Un Quirón generalizado?

Juan Diego Botto
Otro melón con el que se atreve el texto es el de la tontería que tienen cada vez más padres y madres en torno a sus hijos. Apuesto a que en unas cuantas de las butacas abarrotadas que me rodeaban las sonrisas se quedaron congeladas al verse reflejadas en las actitudes ridículas de los personajes. Si todos los escolares cuyos padres así lo creen fueran superdotados, lo realmente extraordinario sería ser «estándar». Hay muy mala baba en el título elegido de las ‘altas capacidades’, y también en las alusiones que van apareciendo durante el metraje sobre necesidades especiales, ratios, extraescolares elitistas, carestías inasumibles pero asumidas…
Quizá mi mayor sorpresa con esta película es que topo con un par de escenas que se alejan de la comedia para penetrar en el inesperado género del terror. Y es que eso es lo que me invade, el más irrefrenable de los pánicos, cuando veo a la pobre Alicia deambular por la fiesta de cumpleaños de la hija del jefe de Gonzalo. Esa reunión de padres y madres pijos que la desprecian, y en la que ella intenta desesperadamente encontrar acomodo. Se acumulan conversaciones incómodas, muecas de superioridad, intentos risibles de ingenio… En mi butaca, me congratulo de no exponerme jamás a trámites tan desasosegantes. Mi vello vuelve a erizarse cuando veo a Gonzalo arrastrándose ante su jefe, reaccionando patéticamente a sus humillaciones, rebajándose en busca de unas migajas que, por supuesto, no le caerán… Vuelvo a congratularme, en este caso por mi autónoma condición laboral.
Y así, entre sonrisas, alguna risotada, gran comodidad y ciertos sustos, la proyección llega a su fin. Y, mientras trato de otear los títulos de crédito entre el gentío que abandona la sala, entiendo por qué no suelo ver comedias: básicamente, porque no son como ‘Altas capacidades’.
https://alliayeraquiahora.wordpress.com/2026/03/28/critica-de-cine-altas-capacidades/
Quizá mi mayor sorpresa con esta película es que topo con un par de escenas que se alejan de la comedia para penetrar en el inesperado género del terror. Y es que eso es lo que me invade, el más irrefrenable de los pánicos, cuando veo a la pobre Alicia deambular por la fiesta de cumpleaños de la hija del jefe de Gonzalo. Esa reunión de padres y madres pijos que la desprecian, y en la que ella intenta desesperadamente encontrar acomodo. Se acumulan conversaciones incómodas, muecas de superioridad, intentos risibles de ingenio… En mi butaca, me congratulo de no exponerme jamás a trámites tan desasosegantes. Mi vello vuelve a erizarse cuando veo a Gonzalo arrastrándose ante su jefe, reaccionando patéticamente a sus humillaciones, rebajándose en busca de unas migajas que, por supuesto, no le caerán… Vuelvo a congratularme, en este caso por mi autónoma condición laboral.
Y así, entre sonrisas, alguna risotada, gran comodidad y ciertos sustos, la proyección llega a su fin. Y, mientras trato de otear los títulos de crédito entre el gentío que abandona la sala, entiendo por qué no suelo ver comedias: básicamente, porque no son como ‘Altas capacidades’.
https://alliayeraquiahora.wordpress.com/2026/03/28/critica-de-cine-altas-capacidades/
7 de marzo de 2026
7 de marzo de 2026
39 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
La comedia española Altas capacidades parte de una premisa tan incómoda como reconocible: el miedo de muchos padres a que sus hijos se queden atrás. Alicia y Gonzalo, un matrimonio de clase media, reciben una advertencia del colegio público de su hijo tras un comportamiento bastante inapropiado del niño. A partir de ahí se abre ante ellos una tentación: llevarlo a un prestigioso colegio privado donde, supuestamente, podrá desarrollar todo su potencial.
Pero el cambio de colegio no es solo una cuestión educativa. También implica entrar en un mundo de padres adinerados, apariencias sociales y juegos de poder que pronto empiezan a envolver a la pareja. La presión se multiplica cuando uno de esos padres resulta ser el jefe de Gonzalo y le empuja a participar en una maniobra bastante turbia: ayudar a expulsar al hijo de un hombre sospechoso de narcotráfico para mantener “limpia” la reputación del centro.
La película juega con un humor ácido y situaciones de enredo que ponen en evidencia las contradicciones de la clase media aspiracional. En ese ambiente de elitismo educativo, todos parecen defender valores impecables… mientras maniobran sin demasiados escrúpulos para proteger su posición social. La sátira funciona especialmente bien cuando apunta a esa hipocresía colectiva y al estrés competitivo que rodea hoy a la educación de los hijos.
Pero el cambio de colegio no es solo una cuestión educativa. También implica entrar en un mundo de padres adinerados, apariencias sociales y juegos de poder que pronto empiezan a envolver a la pareja. La presión se multiplica cuando uno de esos padres resulta ser el jefe de Gonzalo y le empuja a participar en una maniobra bastante turbia: ayudar a expulsar al hijo de un hombre sospechoso de narcotráfico para mantener “limpia” la reputación del centro.
La película juega con un humor ácido y situaciones de enredo que ponen en evidencia las contradicciones de la clase media aspiracional. En ese ambiente de elitismo educativo, todos parecen defender valores impecables… mientras maniobran sin demasiados escrúpulos para proteger su posición social. La sátira funciona especialmente bien cuando apunta a esa hipocresía colectiva y al estrés competitivo que rodea hoy a la educación de los hijos.

Marián Álvarez & Israel Elejalde
Sin embargo, la película también deja la sensación de que su idea central daba para un relato más conciso. Algunas situaciones se estiran más de lo necesario y el desarrollo resulta por momentos previsible, lo que resta algo de fuerza al ritmo de la comedia.
Aun así, Altas capacidades ofrece una mirada irónica y bastante reconocible sobre las obsesiones educativas y el deseo de ascenso social. No es una sátira devastadora, pero sí una comedia con suficiente mala leche como para provocar más de una sonrisa incómoda… y quizá alguna reflexión entre padres preocupados por el futuro académico de sus hijos.
Manuel - Ricar. Destino Arrakis.com
Aun así, Altas capacidades ofrece una mirada irónica y bastante reconocible sobre las obsesiones educativas y el deseo de ascenso social. No es una sátira devastadora, pero sí una comedia con suficiente mala leche como para provocar más de una sonrisa incómoda… y quizá alguna reflexión entre padres preocupados por el futuro académico de sus hijos.
Manuel - Ricar. Destino Arrakis.com
24 de marzo de 2026
24 de marzo de 2026
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Altas capacidades", dirigida por Víctor García León y escrita junto a Borja Cobeaga, plantea en clave de comedia una premisa muy actual: la obsesión de unos padres ante la posibilidad de que su hijo tenga altas capacidades. A partir de este escenario, el relato explora cómo emergen miedos, inseguridades, obcecaciones y contradicciones tanto en los padres como en el entorno educativo a la hora de tratar con niños considerados “especiales”.
La película entretiene y ofrece una mirada crítica —casi de denuncia social— sobre la educación contemporánea, centrada especialmente en la sobreprotección. Se plasma con acierto cómo algunos padres son capaces de todo tipo de estratagemas para garantizar el éxito académico y el buen desarrollo de sus hijos, excepto lo más esencial: comunicarse con ellos. En este sentido, el filme pone el foco en una realidad muy identificable de la clase media-alta actual, que pone de manifiesto cómo el deseo de ofrecer lo mejor a los hijos puede derivar en actitudes obsesivas e incluso moralmente cuestionables.
No obstante, el tono humorístico, muy característico de Cobeaga, juega a veces en contra de la historia. Los diálogos tienden a forzarse excesivamente y, en muchas ocasiones, resultan inverosímiles. Esta búsqueda del efecto cómico acaba provocando que se diluya el núcleo emocional del relato. Falta cierta moderación que permita conectar de forma más empática con los personajes, cuya complejidad queda eclipsada por lo artificial del tono.
Pese a ello, el reparto ofrece interpretaciones sólidas que sostienen la cinta y elevan muchas de sus escenas. El discurso de fondo sigue siendo relevante y necesario: una crítica a un modelo educativo donde el poder adquisitivo y la ambición pueden sustituir al tiempo, la atención y el diálogo, elementos fundamentales en la educación. La película acierta al mostrar cómo, en ese contexto, los hijos pueden crecer rodeados de privilegios materiales, pero carentes de una verdadera conexión emocional con sus padres. Por ello, "Altas capacidades" deja una reflexión pertinente sobre la paternidad actual y el modo en que se plantea hoy la educación.
www.contraste.info
La película entretiene y ofrece una mirada crítica —casi de denuncia social— sobre la educación contemporánea, centrada especialmente en la sobreprotección. Se plasma con acierto cómo algunos padres son capaces de todo tipo de estratagemas para garantizar el éxito académico y el buen desarrollo de sus hijos, excepto lo más esencial: comunicarse con ellos. En este sentido, el filme pone el foco en una realidad muy identificable de la clase media-alta actual, que pone de manifiesto cómo el deseo de ofrecer lo mejor a los hijos puede derivar en actitudes obsesivas e incluso moralmente cuestionables.
No obstante, el tono humorístico, muy característico de Cobeaga, juega a veces en contra de la historia. Los diálogos tienden a forzarse excesivamente y, en muchas ocasiones, resultan inverosímiles. Esta búsqueda del efecto cómico acaba provocando que se diluya el núcleo emocional del relato. Falta cierta moderación que permita conectar de forma más empática con los personajes, cuya complejidad queda eclipsada por lo artificial del tono.
Pese a ello, el reparto ofrece interpretaciones sólidas que sostienen la cinta y elevan muchas de sus escenas. El discurso de fondo sigue siendo relevante y necesario: una crítica a un modelo educativo donde el poder adquisitivo y la ambición pueden sustituir al tiempo, la atención y el diálogo, elementos fundamentales en la educación. La película acierta al mostrar cómo, en ese contexto, los hijos pueden crecer rodeados de privilegios materiales, pero carentes de una verdadera conexión emocional con sus padres. Por ello, "Altas capacidades" deja una reflexión pertinente sobre la paternidad actual y el modo en que se plantea hoy la educación.
www.contraste.info
29 de marzo de 2026
29 de marzo de 2026
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película de Víctor García León relata dos historias paralelas. La que constituye el eje fundamental de la cinta es la del matrimonio de Alicia y Gonzalo, una pareja de clase media con una vida y una economía equiparable a la de cualquier familia trabajadora. A raíz de un pequeño incidente ocurrido en el colegio público en el que estudia su hijo se plantean matricular a este en un colegio privado en el que pueda recibir una educación más elitista y donde pueda desarrollar mejores contactos que le resulten de utilidad para promocionar socialmente.
El problema es que sus ingresos no alcanzan para pagar las tasas de un centro de este nivel.
Ahí comienza el calvario de tener buscar recursos económicos en el entorno familiar y soportar humillaciones y demandas poco éticas por parte de su jefe inmediato (las hijas de este estudian en ese colegio), en la creencia de que de esa forma se va a ganar su simpatía y va a obtener ayuda para prosperar en el escalafón de su empresa.
La decepción es inevitable: pronto caen en la cuenta de que los ricos admiten en sus círculos a otros ricos o a personas que han sido capaces de enriquecerse por sus propios medios. A los humildes los utilizan, se sirven de ellos, pero no los aceptan ni los ayudan.
Además del interés de la trama, la película está dirigida con auténtica maestría técnica. Son memorables los planos de las escenas que se desarrollan en el cuarto de baño de la casa del jefe y en el mostrador de la churrería. Para no perdérselos. Dignos de los mejores maestros.
Las interpretaciones son buenas en general, pero alcanzan la excelencia las de Marián Álvarez y las de Juan Diego Botto.
La historia que sutilmente describe la personalidad del niño añade un excelente condimento a la película aumentando su interés. Pero esta en el espóiler.
El problema es que sus ingresos no alcanzan para pagar las tasas de un centro de este nivel.
Ahí comienza el calvario de tener buscar recursos económicos en el entorno familiar y soportar humillaciones y demandas poco éticas por parte de su jefe inmediato (las hijas de este estudian en ese colegio), en la creencia de que de esa forma se va a ganar su simpatía y va a obtener ayuda para prosperar en el escalafón de su empresa.
La decepción es inevitable: pronto caen en la cuenta de que los ricos admiten en sus círculos a otros ricos o a personas que han sido capaces de enriquecerse por sus propios medios. A los humildes los utilizan, se sirven de ellos, pero no los aceptan ni los ayudan.
Además del interés de la trama, la película está dirigida con auténtica maestría técnica. Son memorables los planos de las escenas que se desarrollan en el cuarto de baño de la casa del jefe y en el mostrador de la churrería. Para no perdérselos. Dignos de los mejores maestros.
Las interpretaciones son buenas en general, pero alcanzan la excelencia las de Marián Álvarez y las de Juan Diego Botto.
La historia que sutilmente describe la personalidad del niño añade un excelente condimento a la película aumentando su interés. Pero esta en el espóiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El comportamiento del niño en el colegio público es comentado por las autoridades del centro a los padres. Estos de entrada no se lo creen del todo y en otras ocasiones lo infravaloran pensando que se trata de chiquilladas normales. A medida que transcurre la acción, esas actitudes problemáticas se van reiterando y haciéndose más patentes, sin que lleguen a causar alarma. Al final la situación no deja lugar a dudas. El niño es un psicópata en potencia.
Los padres de los alumnos se empeñan en expulsar del colegio elitista al niño colombiano hijo de un narcotraficante, por la mala imagen y lo problemático que pueda resultar la convivencia de este con sus hijos… Y el hijo del narco es un niño normal, un buen chico.
Lo sustituyen por el hijo de una buena familia, de trabajadores de origen nacional, que es una bomba de relojería.
Atención al final. No perderse detalle.
Los padres de los alumnos se empeñan en expulsar del colegio elitista al niño colombiano hijo de un narcotraficante, por la mala imagen y lo problemático que pueda resultar la convivencia de este con sus hijos… Y el hijo del narco es un niño normal, un buen chico.
Lo sustituyen por el hijo de una buena familia, de trabajadores de origen nacional, que es una bomba de relojería.
Atención al final. No perderse detalle.
30 de marzo de 2026
30 de marzo de 2026
17 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recomendación
No la recomiendo. Entiendo la sátira y la aplaudo; como reivindicación, la apoyo, y reconozco el esfuerzo con un tema reconocible y actual. Pero quiero aclarar que, además de señalar la hipocresía, también hay que disfrutar del cine, y ahí, para mí, se queda a medio camino. Le falta, le falta… ya me entiendes.
Cinematografía, actores y fotografía
Coincido en que el reparto es una buena propuesta. Está el papel odioso de Botto, y también esa moral que transmiten Álvarez y Elejalde, aunque quizá, como pareja, se quedan ahí, sin más: lo hacen y punto, pero no terminan de venderse del todo. Los noto como una pareja gris, ambiciosa y moralmente tambaleante.
La fotografía es uniforme, con luz estable, por decirlo así. Está claro que Eva Díaz Iglesia está al servicio del enfoque social y del mensaje que se busca mostrar: luz en su sitio, sin demasiada espectacularidad.
Ya adelanto que la peli no termina de cuajar.
Reflexión
Si Pepe habla de Juan, habla más de Pepe que de Juan, y esta peli quizá habla más de padres que de niños; menos de talento, menos de educación, menos de preocupación real, y más de no pertenecer, de escalar socialmente. "Martin Heidegger, con su concepto del 'Dasein', nos definía en parte con bastante acierto."
El mundo del cole queda en la diana de las aspiraciones paternas: cruel y hasta de risa en su incomodidad.
Reconozco la intención y los posibles aciertos del mensaje, pero quiero aclarar que, además de pinchar, también hay que hacer un cine que emocione, y esta no termina de cuajar.
“Pincha, pero no emociona.”
No la recomiendo. Entiendo la sátira y la aplaudo; como reivindicación, la apoyo, y reconozco el esfuerzo con un tema reconocible y actual. Pero quiero aclarar que, además de señalar la hipocresía, también hay que disfrutar del cine, y ahí, para mí, se queda a medio camino. Le falta, le falta… ya me entiendes.
Cinematografía, actores y fotografía
Coincido en que el reparto es una buena propuesta. Está el papel odioso de Botto, y también esa moral que transmiten Álvarez y Elejalde, aunque quizá, como pareja, se quedan ahí, sin más: lo hacen y punto, pero no terminan de venderse del todo. Los noto como una pareja gris, ambiciosa y moralmente tambaleante.
La fotografía es uniforme, con luz estable, por decirlo así. Está claro que Eva Díaz Iglesia está al servicio del enfoque social y del mensaje que se busca mostrar: luz en su sitio, sin demasiada espectacularidad.
Ya adelanto que la peli no termina de cuajar.
Reflexión
Si Pepe habla de Juan, habla más de Pepe que de Juan, y esta peli quizá habla más de padres que de niños; menos de talento, menos de educación, menos de preocupación real, y más de no pertenecer, de escalar socialmente. "Martin Heidegger, con su concepto del 'Dasein', nos definía en parte con bastante acierto."
El mundo del cole queda en la diana de las aspiraciones paternas: cruel y hasta de risa en su incomodidad.
Reconozco la intención y los posibles aciertos del mensaje, pero quiero aclarar que, además de pinchar, también hay que hacer un cine que emocione, y esta no termina de cuajar.
“Pincha, pero no emociona.”
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