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Así es la vida

Comedia. Drama. Romance Narra la historia de una pareja de Nueva York, Ned (Liev Schreiber) y Jeannie (Helen Hunt), cuyo matrimonio está en crisis. (FILMAFFINITY)
Críticas 3
Críticas ordenadas por utilidad
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6
7 de marzo de 2011
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amena película que retrata el día a día de Ned (Liev Schreiber) y Jeannie (Helen Hunt), un matrimonio con dos hijos cuya tranquila y plácida vida se vé alterada cuando Jeannie decide llevar a su anciano y gruñón padre a vivir con ellos. Es un matrimonio que se quiere pero que ha olvidado como demostrárselo. Como una planta que se deja de regar por pereza u olvido, sus lazos amorosos se van marchitando por culpa de la monotonía y aquello que se siente pero no se dice para no molestar al otro: el dañino silencio que araña el suelo hasta crear el abismo entre dos seres.
Ella quiere a su marido y adora a sus hijos, pero se siente vacía y amargada por esa monotonía que le chupa la energía pero a la que se resiste a renunciar, aunque ni ella misma sabe porqué. Él no acepta que uno de sus hijos sea gay y detesta su trabajo: ser uno de los guionistas de una serie brutal y violenta; además su fuente de inspiración se encuentra seca según el jefe, que quiere cosas "impactantes", violaciones, mutilaciones y demás. Ned siente la asfixia de la monotonía más fuertemente que su esposa, sobre todo por trabajar con la extrovertida Robin (Carla Gugino), una atractiva y talentosa compañera por la que siente admiración y atracción a la vez.
Lo mejor de esta película es que retrata una familia en situaciones creíbles, sin llegar al dramatismo ni al histrionismo. Esta historia es una lección de realidad humana, que nos muestra que lo que realmente queremos está mucho más cerca de lo que pensamos. Solo hay que saber mirar y ser sincero con uno mismo y con los demás.
7
4 de agosto de 2013
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tierna, encantadora y, a la vez, dura y cruel película sobre el día a día, sobre una rutina que, con conciencia inevitable, va comiendo por dentro todas las entrañas de una posible y buscada -incluso merecida- felicidad; el matrimonio, cuidado de los padres ancianos, crianza de los hijos, frustraciones personales, sueños perdidos, añoranza de una mitificada diversión sin ataduras, trabajo..., todo lo que quieras añadir para un guión muy elaborado, con un relato muy cercano, vivido intensamente, con interpretaciones naturales y honestamente sencillas, impresionantes sentimientos mostrados sin pudor, sin decoración que oculte aquello que no nos gusta..., una acertada mezcla de sentimientos y sensaciones magníficamente combinados en esta espléndida historia que gusta por ser próxima, afín a una vida que todos estamos viviendo. Impresionable y afectiva, cariñosa pero implacable en esos mismos términos, un relato que te impresiona, te penetra y corta para acabar con una sensación de consuelo, de dejar pasar la vida sin controlarla y, en aquello que puedas, poder disfrutarla. Vida establecida, ilusión establecida, importante rutina que mantiene el equilibrio, un día a día necesario, que debe mantenerse o tirarse a la basura; pero, sin términos medios que puedan consolarnos. La vas a disfrutar por su sencillez, naturalidad y franqueza, por la afinidad con los personajes, por las buenas interpretaciones, por el acertado guión, por los sufridos sentimientos, por las esperadas alegrías..., por mostrar una vida; tan sencillo como eso.
7
12 de abril de 2026 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brian Dennehy (Ernie) es un anciano impedido y amargado, -normal, con un sarpullido en el glande y con los huevos blandos no es para menos- que lleva deprimido desde los años cincuenta', -en palabras de su hija, una sarcástica Helen Hunt- y que mantiene una postura de recelo con todo el mundo, y con razón. Porque ha visto de todo y sabe mucho de la vida, de como es la gente, se espera lo peor o al menos se dispone para ello, así nada le pilla de sorpresa. Está convencido de que si su vecina de 83 años, consigue vender su añorada silla eléctrica, que no se pudo traer en avión por motivos logísticos, él no verá un céntimo. Porque tenía calada a esa vieja, que detrás de su fina capa de falsa cortesía y presunta amabilidad no era de fiar, ¿sino de qué le preguntaría cómo estaba, siempre que se cruzaba con él en el ascensor y lo veía en su silla de ruedas, cuando sabía que no podía hacer nada por él ni ayudarle de ninguna manera? Pues eso, una hipócrita.

Helen se muestra disgustada con su presencia nada más instalarlo. "No me gusta.' 'Debería de haberlo dejado ahí.' 'Es tóxico.' 'Esta tarde he pasado más tiempo con él que en los últimos treinta años y ya me estoy arrepintiendo'.

Ernie sabe que está acabado. Le gustaba ser percusionista, la música, vivir la vida. Recuerda con tristeza su timidez de antaño al no haber saludado a un ídolo. Ahora no puede hacer nada, solo recurrir a los recuerdos, emborracharse y soñar, imaginarse escenas. Y luego otra vez cagarse encima y llenar el suelo de vómito. (Y Helen es a la que le toca limpiar otra vez.) Tiene impulsos suicidas pero a la vez le da miedo morir solo.

Liev tiene un hijo gay adolescente, un crío cansino, un trabajo de guionista de un culebrón macabro que le aburre y un jefe frívolo y amanerado que es otro suplicio. La vida lo supera y el no se rebela, solo parece reaccionar cuando trata de evitar que a su hijo lo vaya a detonar alguien mayor que él. La verdad que es un poco parado el hombre. Si la compañera se rollo alternativo y liberal se fija en él es porque es guapo y le apetece probarlo. Vino, marihuana, cocaína y sexo extramatrimonial en la piscina es lo que ella entiende por recordatorio a un hombre abrumado y frustrado de lo que es la diversión, de lo que es vivir realmente la vida. Luego cuando viene el ex se olvida de ti y te quedas solo, plantado y con cara de bobo, pero al menos te sirve para despertar, reaccionar y mandar a tomar por culo tanto a la golfa esa como al soplagaitas de tu jefe. Y entonces vuelves a hacer el amor con tu mujer mucho tiempo después. Y entonces a veces sucede ese fenómeno extraño e inexplicable en el que parece que la propia vida te ayuda y confabula a tu favor, pero solo cuando pones de tu parte. Y es que de repente el viejo, que era una carga pasa a una mejor vida, y por fin deja de sufrir y amargar la vida al resto. Su existencia era un martirio tanto para él como para todos y la residencia donde seguro que lo iban a acabar metiendo por mucho que dijeran lo contrario, le costaría a Liev cuatro mil putos dólares mensuales (Helen solo podía poner otros tres) y se había acabado de auto despedir. Se ha rebelado contra lo que no le gustaba, se cansó de tragar, le echó huevos y le fue bien.
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