Por cien millonesMiniserie
2026 

Oriol Capel (Creador), Nacho G. Velilla (Creador) ...
6.1
2,231
Serie de TV. Thriller. Comedia. Drama
Miniserie de TV. 3 episodios. En 1981, tres mecánicos de Zaragoza, Alfonso, Jorge y Salva, agobiados por las deudas y tras meses sin trabajo, deciden secuestrar al máximo goleador de la Liga, Enrique Castro 'Quini', el delantero del F.C. Barcelona. A cambio de su liberación piden 100 millones de pesetas. Pero pronto descubren, y por las malas, que la vida no es como las películas. Y que ser malo, cuando eres bueno, no es nada fácil.
26 de marzo de 2026
26 de marzo de 2026
26 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Parte de uno de esos sucesos que parecen escritos por un guionista con sentido del humor negro, el secuestro de Enrique Castro 'Quini' en 1981, pero lo interesante no es tanto el hecho en sí, sino quién lo comete, ahí está el gran acierto de la serie, convertir un hecho dramático en algo que se mueve constantemente entre la tensión y lo absurdo.
Porque desde el momento en que el secuestro se pone en marcha, todo empieza a torcerse, no porque haya un gran plan que falla, sino porque nunca hubo realmente un plan. La serie juega muy bien con esa idea de gente normal haciendo algo extraordinariamente estúpido y eso genera situaciones que, sin dejar de ser tensas, tienen un punto casi tragicómico.
El problema es que, siendo una miniserie de solo tres episodios, da la sensación de que no termina de exprimir todo su potencial, hay momentos donde el ritmo decae, donde la historia podría haber sido más incisiva, más incómoda.
Oriol Capel y Nacho G. Velilla optan por un tono muy particular, ni thriller puro, ni comedia abierta, ese equilibrio es, a la vez, su mayor virtud y su mayor problema, por un lado, evita que la serie caiga en el dramatismo excesivo, por otro, hace que nunca termine de ser realmente tensa, siempre hay una ligera distancia, una sensación de que todo está siendo observado con cierta ironía.
Porque desde el momento en que el secuestro se pone en marcha, todo empieza a torcerse, no porque haya un gran plan que falla, sino porque nunca hubo realmente un plan. La serie juega muy bien con esa idea de gente normal haciendo algo extraordinariamente estúpido y eso genera situaciones que, sin dejar de ser tensas, tienen un punto casi tragicómico.
El problema es que, siendo una miniserie de solo tres episodios, da la sensación de que no termina de exprimir todo su potencial, hay momentos donde el ritmo decae, donde la historia podría haber sido más incisiva, más incómoda.
Oriol Capel y Nacho G. Velilla optan por un tono muy particular, ni thriller puro, ni comedia abierta, ese equilibrio es, a la vez, su mayor virtud y su mayor problema, por un lado, evita que la serie caiga en el dramatismo excesivo, por otro, hace que nunca termine de ser realmente tensa, siempre hay una ligera distancia, una sensación de que todo está siendo observado con cierta ironía.

La recreación de los años 80 está bien trabajada, sin caer en el exceso de nostalgia fácil, hay una intención clara de mostrar ese contexto social, crisis, desempleo, desesperación que explica, en parte, la decisión de los protagonistas. En lo narrativo, la serie no arriesga demasiado, sigue un camino bastante convencional, sin grandes sorpresas en la forma de contar.
El reparto funciona precisamente porque no busca el exceso, los tres protagonistas están construidos desde la normalidad, desde esa sensación de que podrían ser vecinos, conocidos, gente corriente y eso es clave, porque hace que todo resulte más creíble y también más incómodo. No hay caricatura, no son "los tontos del crimen", son personas que toman una mala decisión y se ven superadas por ella.
El tratamiento de Quini también es interesante, no se le convierte en un mero objeto del secuestro, sino que tiene presencia, humanidad, eso equilibra la historia, evita que se convierta en un simple relato desde el punto de vista de los secuestradores.
El reparto funciona precisamente porque no busca el exceso, los tres protagonistas están construidos desde la normalidad, desde esa sensación de que podrían ser vecinos, conocidos, gente corriente y eso es clave, porque hace que todo resulte más creíble y también más incómodo. No hay caricatura, no son "los tontos del crimen", son personas que toman una mala decisión y se ven superadas por ella.
El tratamiento de Quini también es interesante, no se le convierte en un mero objeto del secuestro, sino que tiene presencia, humanidad, eso equilibra la historia, evita que se convierta en un simple relato desde el punto de vista de los secuestradores.

La ambientación es uno de los puntos fuertes de la serie, ese Zaragoza de principios de los 80 está bien reconstruido, coches, vestuario, espacios, todo contribuye a crear una atmósfera creíble sin necesidad de subrayar constantemente la época. La fotografía apuesta por tonos algo apagados, que encajan bien con ese contexto de crisis y precariedad.
El ritmo es irregular, hay momentos donde la tensión funciona, pero otros donde la narración se alarga más de lo necesario, quizá el formato de tres episodios juega en su contra, ni es lo suficientemente breve para ser un golpe directo, ni lo bastante largo para desarrollar todo con profundidad.
Tiene una base estupenda, un caso real fascinante, personajes muy reconocibles y un tono que, sobre el papel, podía haber dado mucho juego y en parte lo consigue, es entretenida, tiene momentos interesantes y una mirada distinta sobre un suceso muy conocido, pero le falta algo más de riesgo, más mala leche, más tensión, más profundidad en lo que plantea.
El ritmo es irregular, hay momentos donde la tensión funciona, pero otros donde la narración se alarga más de lo necesario, quizá el formato de tres episodios juega en su contra, ni es lo suficientemente breve para ser un golpe directo, ni lo bastante largo para desarrollar todo con profundidad.
Tiene una base estupenda, un caso real fascinante, personajes muy reconocibles y un tono que, sobre el papel, podía haber dado mucho juego y en parte lo consigue, es entretenida, tiene momentos interesantes y una mirada distinta sobre un suceso muy conocido, pero le falta algo más de riesgo, más mala leche, más tensión, más profundidad en lo que plantea.
12 de marzo de 2026
12 de marzo de 2026
30 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
El delantero asturiano Enrique Castro, Quini, ganador de varios trofeos Pichichi cuando militó en el F.C. Barcelona, fue secuestrado el 1 de marzo de 1981 después de un encuentro contra el Hércules C.F. en el que marcó dos goles. Dos individuos lo encañonaron con una pistola y pidieron un rescate de cien millones de pesetas que tardaría 25 días en ser entregado.
Los secuestradores eran tres mecánicos de Zaragoza con grandes problemas económicos y un taller de motos sin clientes. En la serie Por cien millones, Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara interpretan a ese trío que se mete en un follón demasiado grande. La historia se sitúa en 1981, poco después del intento de golpe de Estado de Tejero, con la Brigada Anti atracos de Barcelona y el Grupo 12 de Zaragoza centrados en el caso.
La serie recrea de forma muy real la historia, con investigación sobre familiares, abogados y policías, además de lugares reales como el portal del secuestro, el bar donde compraban bocadillos para Quini o el zulo que construyeron. Los secuestradores nunca habían delinquido antes ni lo hicieron después, y la serie muestra sus penurias económicas y conflictos.
Los secuestradores eran tres mecánicos de Zaragoza con grandes problemas económicos y un taller de motos sin clientes. En la serie Por cien millones, Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara interpretan a ese trío que se mete en un follón demasiado grande. La historia se sitúa en 1981, poco después del intento de golpe de Estado de Tejero, con la Brigada Anti atracos de Barcelona y el Grupo 12 de Zaragoza centrados en el caso.
La serie recrea de forma muy real la historia, con investigación sobre familiares, abogados y policías, además de lugares reales como el portal del secuestro, el bar donde compraban bocadillos para Quini o el zulo que construyeron. Los secuestradores nunca habían delinquido antes ni lo hicieron después, y la serie muestra sus penurias económicas y conflictos.

Por cien millones presenta una historia que mezcla drama y comedia, humanizando a los personajes. Quini, excelente persona, los perdonó públicamente y comprendió que lo hicieron por necesidad. Movistar Plus+ acierta con esta miniserie de tres capítulos que convierte el secuestro de 1981 en una historia donde todos eran buena gente.
Resumen de la crítica escrita por Irene Abecia Navarro
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
Resumen de la crítica escrita por Irene Abecia Navarro
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
1 de abril de 2026
1 de abril de 2026
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aver... leí mucho sobre este peculiar secuestro, yo no había nacido aún pero con el paso de los años y sus efemérides respectivas me interesó mucho como se gestó, como se llevó a cabo, y su final.
Creo que aunque evidentemente no fueran 3 secuestradores "profesionales" para mí aquí los ponen de bufones y parecen tricicle todo el rato, son bastante ridículos sus personajes, imagino que no eran tan así los reales.
Raúl Arévalo es el que menos desentona, pero vamos... los otros 2 son patéticos y sus actuaciones son muy forzadas.
La historia del guaperas con la camarera es un relleno tremendo, y lo peculiar que es el "rizos" a veces se pasa de patético.
Dicho esto, si te lo tomas en plan humor a veces te ríes y todo, pero en el fondo es un secuestro.
Los secundarios como la policía con algún rostro conocido, la mujer de Quini que no le pega nada y el resto muy justitos, sin embargo el actor que hace de Quini está muy creíble y es muy parecido al de aquella época.
Creo que aunque evidentemente no fueran 3 secuestradores "profesionales" para mí aquí los ponen de bufones y parecen tricicle todo el rato, son bastante ridículos sus personajes, imagino que no eran tan así los reales.
Raúl Arévalo es el que menos desentona, pero vamos... los otros 2 son patéticos y sus actuaciones son muy forzadas.
La historia del guaperas con la camarera es un relleno tremendo, y lo peculiar que es el "rizos" a veces se pasa de patético.
Dicho esto, si te lo tomas en plan humor a veces te ríes y todo, pero en el fondo es un secuestro.
Los secundarios como la policía con algún rostro conocido, la mujer de Quini que no le pega nada y el resto muy justitos, sin embargo el actor que hace de Quini está muy creíble y es muy parecido al de aquella época.

De muy mala calidad los planos de pega en muchas de las escenas, le resta muchísimo. Y se podría haber condensado en formato película en unos 100 minutos. 160 minutos en 3 episodios aprox. me ha parecido innecesario.
Al menos se hace entretenida eso sí. Pasable.
5.
Al menos se hace entretenida eso sí. Pasable.
5.
26 de marzo de 2026
26 de marzo de 2026
16 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
'Por cien millones' esconde un doble fondo y lo que te encuentras sorprende, porque su enfoque cómico tiene más truco que un fuera de juego de aquellos cuando el VAR se pone creativo... y sí, vale el símil futbolero, aunque en los 80 era todo más analógico, como el alma de esta película disfrazada de miniserie.
Sobre el papel es una comedia… pero se parece bastante a un thriller social con resaca histórica, apuntes de humor negro, esperpento y mucho caos ochentero. La historia es tan irresistible como real: tres mecánicos de Zaragoza, con pocas luces, problemas económicos y un taller vacío, deciden secuestrar a 'El Brujo' Quini, el mítico delantero asturiano del F.C. Barcelona y varias veces Pichichi.
Parecía imposible, pero lo intentaron: cien millones de pesetas de rescate, en plena España post-Tejero de 1981, con la Brigada Anti atracos de Barcelona y la élite de los cuerpos policiales de la época pisándoles los talones. Ni expertos criminales, ni maestros del disfraz: solo tres tipos desesperados.
El trío funciona. Raúl Arévalo aporta ese aire de tipo corriente que da la sensación de que va a petar en cualquier momento. Vito Sanz se harta de robar planos y se merienda trama como un 'bollicao' en un patio de EGB y Gabriel Guevara pone el toque caótico con un punto empanado y sí, te lo crees porque son villanos muy humanos… y ahí está el truco.
La serie juega con la memoria y la crónica sociológica. Se nota en el guion, en los ambientes recreados, que dan la sensación de cápsula del tiempo vista con la resolución que permita tu pantalla... y también en el uso puntual de imágenes de archivo y escenarios reales: la reconstrucción del momento del secuestro, el bar donde le compraban los bocadillos o el zulo donde Quini estaba retenido.
Para acabar de adobar el conjunto, se suman —sin entrar en spoilers— referencias pop ochenteras bien encajadas, una banda sonora potente y algunas coreografías inesperadas que funcionan como un plus y un buen condimento. Todo está ahí para recordarnos que esta España corría a toda máquina… y no esperaba a nadie.
Los secundarios orbitan en modo satélite, sin demasiado margen de acción y cumplen su papel. Y el humor, aunque aparece atropellado por momentos, funciona... pero te está recordando que esto no es una comedia pura, si es que eso existe. Cuando baja el tono cómico y se concentra en las emociones y en el relato, la serie respira mejor.
La humanización de los secuestradores es la base de la trama —sus penurias, conflictos y decisiones desesperadas— y la forma en que Quini los perdonó públicamente forma parte de una historia real. Da gusto ver cómo la serie la procesa desde el respeto a todos sus protagonistas, dándole un matiz cálido y humano que no se percibe impostado. Ahí es donde la miniserie brilla.
Al final, 'Por cien millones' juega a dos bandas: no es la comedia que parecía, pero sí un retrato gamberro y entrañable de una España que corría demasiado rápido, unos tipos que solo querían sobrevivir... y un gol imposible que, por suerte, terminó en historia sin tragedia.
Sobre el papel es una comedia… pero se parece bastante a un thriller social con resaca histórica, apuntes de humor negro, esperpento y mucho caos ochentero. La historia es tan irresistible como real: tres mecánicos de Zaragoza, con pocas luces, problemas económicos y un taller vacío, deciden secuestrar a 'El Brujo' Quini, el mítico delantero asturiano del F.C. Barcelona y varias veces Pichichi.
Parecía imposible, pero lo intentaron: cien millones de pesetas de rescate, en plena España post-Tejero de 1981, con la Brigada Anti atracos de Barcelona y la élite de los cuerpos policiales de la época pisándoles los talones. Ni expertos criminales, ni maestros del disfraz: solo tres tipos desesperados.
El trío funciona. Raúl Arévalo aporta ese aire de tipo corriente que da la sensación de que va a petar en cualquier momento. Vito Sanz se harta de robar planos y se merienda trama como un 'bollicao' en un patio de EGB y Gabriel Guevara pone el toque caótico con un punto empanado y sí, te lo crees porque son villanos muy humanos… y ahí está el truco.
La serie juega con la memoria y la crónica sociológica. Se nota en el guion, en los ambientes recreados, que dan la sensación de cápsula del tiempo vista con la resolución que permita tu pantalla... y también en el uso puntual de imágenes de archivo y escenarios reales: la reconstrucción del momento del secuestro, el bar donde le compraban los bocadillos o el zulo donde Quini estaba retenido.
Para acabar de adobar el conjunto, se suman —sin entrar en spoilers— referencias pop ochenteras bien encajadas, una banda sonora potente y algunas coreografías inesperadas que funcionan como un plus y un buen condimento. Todo está ahí para recordarnos que esta España corría a toda máquina… y no esperaba a nadie.
Los secundarios orbitan en modo satélite, sin demasiado margen de acción y cumplen su papel. Y el humor, aunque aparece atropellado por momentos, funciona... pero te está recordando que esto no es una comedia pura, si es que eso existe. Cuando baja el tono cómico y se concentra en las emociones y en el relato, la serie respira mejor.
La humanización de los secuestradores es la base de la trama —sus penurias, conflictos y decisiones desesperadas— y la forma en que Quini los perdonó públicamente forma parte de una historia real. Da gusto ver cómo la serie la procesa desde el respeto a todos sus protagonistas, dándole un matiz cálido y humano que no se percibe impostado. Ahí es donde la miniserie brilla.
Al final, 'Por cien millones' juega a dos bandas: no es la comedia que parecía, pero sí un retrato gamberro y entrañable de una España que corría demasiado rápido, unos tipos que solo querían sobrevivir... y un gol imposible que, por suerte, terminó en historia sin tragedia.
2 de abril de 2026
2 de abril de 2026
10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El tema de la serie, el secuestro del futbolista internacional español ENRIQUE
CASTRO "QUINI" hermano del que con el tiempo sería un héroe de la raza
humana, no había sido tocado por el cine ni la tele ni de refilón creo.
Pero esta tragicomedia absurda con tres zopencos discapacitados no es ni medio
normal, no es de recibo por mucho que la mayoría de los que lo vivieron sean muy
ancianos o hayan muerto ( núñez, el propio quini, su hermano jesús el guardameta
del sporting )
Aunque siendo un suceso español siempre puede darse el caso que todo sea tal como
pasó en realidad y que la policía y la benemérita no les pudo encontrar.
El tono de humor, de humor triste, es el que más tira de espaldas; y no es que los tres
mecánicos ( uno no lo era realmente y vivía en Barcelona y el tercero era electricista en
la vida real ) no estén bien dibujados, clase baja, o media en muchos apuros y pobreza
económica que fue el detonante del secuestro
Arévalo está bastante correcto, Vito Sanz parece Álvaro Vitali y tampoco es algo que quede
mal y el tercero, el travoltillo da el pego; las actrices, más secundarias lo bordan, todas y
aparecen viejas glorias como teresa rabal o josele román.
Mención especial para el casting pues Agustín Otón, con su peinado perfecto, es en varias
escenas un calco del llorado Quini. Quzás debiera haber engorda cinco o seis kilos
Bien ambientada, musicalmente perfecta ¡¡¡ ese juanjo javierre dios absoluto de la música
soul española en los 80 con Mestizos !!!
Es ligera y con pocas aristas pero desde luego el presidente culé Núñez queda muy mal
en todas las escenas, bien es cierto que el personaje era deplorable pero en un relato en
el que todos salen bien librados es el único señalado
CASTRO "QUINI" hermano del que con el tiempo sería un héroe de la raza
humana, no había sido tocado por el cine ni la tele ni de refilón creo.
Pero esta tragicomedia absurda con tres zopencos discapacitados no es ni medio
normal, no es de recibo por mucho que la mayoría de los que lo vivieron sean muy
ancianos o hayan muerto ( núñez, el propio quini, su hermano jesús el guardameta
del sporting )
Aunque siendo un suceso español siempre puede darse el caso que todo sea tal como
pasó en realidad y que la policía y la benemérita no les pudo encontrar.
El tono de humor, de humor triste, es el que más tira de espaldas; y no es que los tres
mecánicos ( uno no lo era realmente y vivía en Barcelona y el tercero era electricista en
la vida real ) no estén bien dibujados, clase baja, o media en muchos apuros y pobreza
económica que fue el detonante del secuestro
Arévalo está bastante correcto, Vito Sanz parece Álvaro Vitali y tampoco es algo que quede
mal y el tercero, el travoltillo da el pego; las actrices, más secundarias lo bordan, todas y
aparecen viejas glorias como teresa rabal o josele román.
Mención especial para el casting pues Agustín Otón, con su peinado perfecto, es en varias
escenas un calco del llorado Quini. Quzás debiera haber engorda cinco o seis kilos
Bien ambientada, musicalmente perfecta ¡¡¡ ese juanjo javierre dios absoluto de la música
soul española en los 80 con Mestizos !!!
Es ligera y con pocas aristas pero desde luego el presidente culé Núñez queda muy mal
en todas las escenas, bien es cierto que el personaje era deplorable pero en un relato en
el que todos salen bien librados es el único señalado
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