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El kimono escarlata

Drama. Cine negro. Intriga Dos agentes de Los Ángeles, uno estadounidense y otro japonés, que fueron compañeros en la guerra de Corea, deben investigar el asesinato de una bailarina de streaptease. Su amistad se verá puesta a prueba por culpa de una pintora implicada en el caso. (FILMAFFINITY)
Críticas 5
Críticas ordenadas por utilidad
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6
11 de junio de 2013
19 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película es de Samuel Fuller al 100%, con sus pros y sus contras, asi que quien tenga criterio formado respecto de su relación con este director ya conoce a priori si le gustará la película o no. Entre los pros está el excelente uso de la fotografía y el realismo que se desprende de la pantalla. Las recurrentes imagenes de Los Angeles por la noche con persecución y crimen incluido son francamente interesantes. También suma la valiente mezcla de géneros que efectúa, cine noir con un drama social al que se accede a través de una relación romántica y otra de amistad; pero también es aqui, a mi juicio, donde está el mayor problema de la película y del cine de Fuller en general.
Como se suele decir, quien mucho abarca poco aprieta y esto es lo que sucede, que no cuaja ninguna de las propuestas del director. La trama políciaca no avanza ya que va cediendo el testigo a la historia de amor y posteriormente al trasfondo racial de la historia con la única consecuencia de que todo queda finalmente desdibujado, resultando que este es el principal defecto que para mi, en general, ofrece un director como Samuel Fuller al cual considero sobrevalorado. No hay duda de que es un buen artesano que ha tocado de forma realista y original varios géneros, pero en modo alguno llega a los niveles que se le conceden habitualmente. "40 pistolas", "Uno rojo", o "Bajos Fondos" son películas que agradan pero no llenan y esta situación de "coitus interruptus", de parece que puede llegar pero no lo hace, es recurrente en el cine de Fuller, quizás con la excepción de "la casa de bambú".
Es esta una opinión personal y por lo tanto cuestionable, pero no deja de ser la misma sensación que me embarga cuando veo "el kimono rojo" y pienso que, sin dejar de ser interesante, podría haber dado bastante más de si.
8
25 de agosto de 2013
13 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando se habla de su director, Sam Fuller, se suele hacer hincapié en la fuerza explosiva de su cine. En cambio, a mí lo que me maravilla es su elegancia. Hay que rascar muy alto para encontrar a cineastas que superen sus movimientos de cámara y la plasticidad de sus puestas en escena. "El kimono rojo" es una buena muestra de ello. Las pequeñas carencias y brusquedades que podrían encontrarse en el desarrollo de la historia quedan sobradamente compensadas por esas cualidades formales. Si hubiera puntuado "a ciegas", le habría puesto un 8; pero ver que la media de puntuaciones es de 6,6 me ha hecho ponerle un 10, como hago siempre que me parece que una película está infravalorada.

Francisco López Martín
7
21 de diciembre de 2022 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los inicios de las películas de Fuller son espectaculares. No sabes qué ocurre ni por qué pero sí sabes que va a ser una historia interesante. La forma de rodar tiene algo de Nouvelle Vague, cámara al hombre y seguimiento en la calle, sin planos preparados ni escenarios artificiales.
El tratamiento de los planos tan cercanos a los rostros es algo muy característico de Fuller, al menos me lo parece a mi.
La historia, sin embargo, no tiene mucho juego, y no está del todo bien desarrollada Pero funciona. Al menos por un rato. El racismo no es una cuestión fácil de manejar en el cine. No siempre se consigue el tono lírico necesario para expresar lo que se quiere decir. En este caso la cuestión se complica porque no es un racismo típico. Además el momento en el que se produce la historia es recién acabada la guerra de Korea en 1950, sólo cinco años desde el fin de la II GM, y no hay ninguna referencia previa a esta cuestión.
Son muy interesantes, muy propios y característicos los planos iniciales y finales de las calles de Los Ángeles, llenas de coches, cines y locales de espectáculos. Seguramente con eso nos quiere decir que todo sigue igual, que nada cambia, que nada importa.
El libro de Fuller que estoy leyendo me anima a terminar de ver por segunda vez las obras más importantes suyas. Al final las terminaré viendo todas, que tampoco son tantas.
8
8 de marzo de 2025 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aquí más que nunca hay que poner entre paréntesis las puntuaciones que traducen nuestra impresión de las películas como si fueran ejercicios escolares. Las de Sam Fuller son casi siempre imperfectas, y esta no es una excepción. Un juicio equilibrado incluiría sin duda no pocos reparos. Pero hay algo en el cine de Fuller, como en el de Nicholas Ray, que está más allá de ese tipo de juicios. Tratando de ser justos, hacemos injusticia a lo más esencial de unas películas que juegan con el desequilibrio sin pretender esquivarlo. Hay un momento en "The Crimson Kimono" en que un hombre le dice a una mujer que siente que ella está como al borde de un volcán. Quizá ella no lo ha pensado nunca con esas palabras, pero asiente conmovida ante su intuición. Es como si él la hubiera visto desnuda, sin ninguna protección, con más claridad de la que ella es capaz de proyectar sobre sí misma. Es también una buena definición del cine de Fuller, cuando consigue mover nuestras emociones. ¿O sólo hemos estado sentados al borde de una butaca?

En "The Crimson Kimono", el rojo profundo del título, que evoca la sangre de las víctimas, la bandera de Japón y ciertos sentimientos incontrolables, refulge misteriosamente entre las imágenes grises iluminadas por Sam Leavitt. Es una película de tesis que no tiene prisa en plantear sus argumentos, y esto no por timidez, circunspección o sutileza. La intriga policial va perdiendo interés a medida que los personajes adquieren espesor. Su ley constructiva es la del contraste, tanto en el plano narrativo como en el formal: mezcla de planos muy largos y muy fragmentados, combinación de encuadres amplios y extremadamente cercanos (desde la inmensa cuadrícula nocturna de Los Angeles vista desde el aire, hasta primeros planos en que se atisban los poros de la piel).

Su tesis no se articula mediante bellos discursos, sino a través de la estructura circular de la narración: al verse reflejado en las vivencias de otro personaje, el protagonista descubre su propia neurosis. «Sólo verás en mi cara lo que quieras ver», repite al final, y sólo entonces comprende el sentido de esas palabras. Para conocer a los demás no bastan la intuición ni el amor ingenuo. «Conócete a ti mismo», nos sigue repitiendo Fuller. Los peores engaños vienen del ego, cuando se debate entre un concepto de sí demasiado alto y demasiado bajo. Pintoras y detectives (y cineastas-cronistas como Sam Fuller) tienen un objetivo común: sacar a la luz una verdad que está a la vista, pero permanece oculta. La lucidez conseguida mediante la experiencia, ahogando continuamente la vanidad en alcohol, la encarna desde el principio Mac (la fordiana Anna Lee, como una nueva Thelma Ritter). Confidente de todos, y dueña de las últimas palabras, Mac no elude los problemas; es un personaje más ritual que realista, que contribuye a sostener el entramado sin ambigüedad y sin miedo.

Navegandohaciamoonfleet.wordpress.com
3
31 de julio de 2013
8 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Flojito drama de intriga con romance incorporado en el que lo más interesante resulta asistir al análisis acerca de los posibles prejuicios racistas a causa de la relación entre un policía americano de origen japonés y una mujer blanca. La trama del asesinato de una corista ni se sostiene ni interesa lo más mínimo y la del romance mencionado sólo funciona a ratos. Está plagada además de topicazos del género en las relaciones hombre y mujer que resultan hoy paródicos y ridículos. Ha envejecido ciertamente mal.

Las apariciones de una pintora alcohólica que a pesar de estar bebiendo whisky durante todo el día, resulta siempre lúcida y sabia le confiere además a la película una etiqueta de apología del alcoholismo peligrosa además de absurda.

Muy prescindible.
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