el Regreso de King Kong
Ciencia ficción
El comandante Nelson, del submarino Explorer, estudia el mito de King Kong, que le fascina, y aprovechando unas reparaciones se acerca a la isla de Mondo, donde según sus investigaciones debe habitar Kong. Mientras, en el Polo Norte, el pérfido Doctor Who tiene una base secreta, en la cual ha construido un émulo robótico de Kong, Mechanikong. (FILMAFFINITY)
22 de diciembre de 2009
22 de diciembre de 2009
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
King Kong es raptado por el pérfido Dr. Wu para extraer material radiactivo del subsuelo del Polo Norte, algo que no puede hacer su réplica metálica Mecanikong por exceso de radiación. El monopolio del material radiactivo dará la supremacía en la carrera armamentística a un pequeño país para dominar el mundo. Pero King Kong se escapa y huye… de la civilización.
King Kong, es un personaje con fuerte identidad en el cine fantástico, un monstruo como Godzilla, Drácula, el monstruo de Frankenstein, el hombre lobo, la momia o Paco Martínez Soria. Este King Kong es más inteligente de lo usual ya que comprende básicamente el lenguaje humano y es manipulado, drogado, hipnotizado y explotado laboralmente. En esta película se enfrentan King Kong y Mecanikong y aparece el repertorio clásico del género: científicos malvados, planes para dominar el mundo, armas atómicas, laboratorios secretos pop, robots, errores científicos, rubias que se tropiezan, espías asiáticas, japoneses rocker, héroes acartonados, amores a primera vista imposibles, islas misteriosas, reptiles gigantes, destrucción de ciudades, escalada a edificios singulares (en este caso la antigua torre de comunicaciones de Tokio), etc. Como en la mayoría de las películas de monstruos se pasa de lo real (de la biología a lo social) a lo irreal, sin pasar por lo imaginado (los perfiles psicológicos). Por tanto, no hay que esperar demasiado de la película, a no ser que se sea un fan de este tipo de cine o que se viera la película de niño en la década de los 70 en un cine de verano.
La película se realizó en un periodo de expansión económica en Japón (1966-1969), la elevación del nivel de vida culminó con la exposición internacional de Osaka en la que Japón se presentó como la 3º potencia mundial, superando en P.I.B. a la R.F.A. No obstante este clima de esperanza no redujo la relación del japonés con las películas de catástrofes. El cine de Kaijus (monstruos) a través de Tokusatsus (efectos especiales) seguía siendo muy popular sobre todo a través de los Estudios Toho, con Tsuburaya en el maquetismo y transparencias y Honda, amigo y un año menor que Kurosawa, en la dirección.
La indefensión ante las catástrofes es el tema principal de las películas japonesas de monstruos y está fundamentada en dos fenómenos sufridos: los terremotos y la destrucción nuclear. Esta posición debilitada de las personas ante la amenaza que surge desde dentro de la tierra (los terremotos) y desde el cielo (las bombas nucleares) les comprime. El gran terremoto de Kanto y la aniquilación de las ciudades de Tokio, Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial, estas dos últimas causadas por el único ataque nuclear de la historia (de EE.UU contra Japón, ordenadas por Truman) dejó una huella atroz en esa generación. King Kong es la amenaza de la naturaleza, latente, dormida y Mecanikong es la amenaza tecnológica, radioactiva, fruto de la ambición y crueldad humanas.
King Kong, es un personaje con fuerte identidad en el cine fantástico, un monstruo como Godzilla, Drácula, el monstruo de Frankenstein, el hombre lobo, la momia o Paco Martínez Soria. Este King Kong es más inteligente de lo usual ya que comprende básicamente el lenguaje humano y es manipulado, drogado, hipnotizado y explotado laboralmente. En esta película se enfrentan King Kong y Mecanikong y aparece el repertorio clásico del género: científicos malvados, planes para dominar el mundo, armas atómicas, laboratorios secretos pop, robots, errores científicos, rubias que se tropiezan, espías asiáticas, japoneses rocker, héroes acartonados, amores a primera vista imposibles, islas misteriosas, reptiles gigantes, destrucción de ciudades, escalada a edificios singulares (en este caso la antigua torre de comunicaciones de Tokio), etc. Como en la mayoría de las películas de monstruos se pasa de lo real (de la biología a lo social) a lo irreal, sin pasar por lo imaginado (los perfiles psicológicos). Por tanto, no hay que esperar demasiado de la película, a no ser que se sea un fan de este tipo de cine o que se viera la película de niño en la década de los 70 en un cine de verano.
La película se realizó en un periodo de expansión económica en Japón (1966-1969), la elevación del nivel de vida culminó con la exposición internacional de Osaka en la que Japón se presentó como la 3º potencia mundial, superando en P.I.B. a la R.F.A. No obstante este clima de esperanza no redujo la relación del japonés con las películas de catástrofes. El cine de Kaijus (monstruos) a través de Tokusatsus (efectos especiales) seguía siendo muy popular sobre todo a través de los Estudios Toho, con Tsuburaya en el maquetismo y transparencias y Honda, amigo y un año menor que Kurosawa, en la dirección.
La indefensión ante las catástrofes es el tema principal de las películas japonesas de monstruos y está fundamentada en dos fenómenos sufridos: los terremotos y la destrucción nuclear. Esta posición debilitada de las personas ante la amenaza que surge desde dentro de la tierra (los terremotos) y desde el cielo (las bombas nucleares) les comprime. El gran terremoto de Kanto y la aniquilación de las ciudades de Tokio, Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial, estas dos últimas causadas por el único ataque nuclear de la historia (de EE.UU contra Japón, ordenadas por Truman) dejó una huella atroz en esa generación. King Kong es la amenaza de la naturaleza, latente, dormida y Mecanikong es la amenaza tecnológica, radioactiva, fruto de la ambición y crueldad humanas.
28 de septiembre de 2012
28 de septiembre de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película curiosa, muy ingenua en cierto modo, y con momentos divertidos. Sin duda es un tipo de "cine de barrio" al estilo japonés, con maquetas y efectos especiales muy cutres, pero con un encanto entre "naif" y "camp", a lo que ayudan la fotografía en color, y los decorados. Mechanikong es como el lado oscuro de King Kong. Es un mundo con claras conexiones con el "manga" y el "anime" de esos mismos años. Un mundo situado en el centro de la cultura popular, "pop" si se quiere, del Japón de entonces (junto con Ultraman y otros personajes archiconocidos).
Se puede destacar la presencia en el reparto de actores estadounidenses (como Rhodes Reason) entre los actores japoneses, lo que se explica por el hecho de ser una coproducción entre Japón y los Estados Unidos. Supongo que la versión que he visto es la japonesa, con todos los actores, incluidos los norteamericanos, hablando en japonés, lo que no deja de ser insólito.
Se puede destacar la presencia en el reparto de actores estadounidenses (como Rhodes Reason) entre los actores japoneses, lo que se explica por el hecho de ser una coproducción entre Japón y los Estados Unidos. Supongo que la versión que he visto es la japonesa, con todos los actores, incluidos los norteamericanos, hablando en japonés, lo que no deja de ser insólito.
28 de agosto de 2017
28 de agosto de 2017
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Son muchos los que han conocido a King Kong gracias a la moderna adaptación de Peter Jackson, dejando relegado por desgracia el gran clásico de Schoedsack y Cooper...
Y seguro que aún menos conocen aquellas aventuras del rey de Skull Island por tierras japonesas. Aunque visto lo visto hubiera sido mejor no conocerlas nunca.
Pero ésta no es la primera de ellas. Ciertamente el simio no es que haya ocupado una saga tan larga como sus otros colegas monstruosos de profesión; de hecho la segunda vez que el cine vio a Kong fue en "King Kong contra Godzilla", y ya habían pasado casi tres décadas desde su primera aparición. Pero Toho compró sus derechos y mandó a su mejor hombre en cuestión de películas de entretenimiento plagadas de bichos gigantes, el sr. Ishiro Honda, quien ya se había dedicado a destruir el Mundo muchas veces con ellos (Mosura, Radon, Dogora o Ghidorah figuraban en la lista de los más famosos).
Pasan unos años, el director se dedica a otras cosas, sigue dándole dolores de cabeza a Godzilla (que ahora es querido por todos...fíjense cómo degeneró el lagarto atómico)...y entonces vienen los chiflados de la productora y deciden retomar el concepto del anime de corta vida de Hiroshi Ikeda, donde Kong es amigo de un niño y va por ahí embarcándose en múltiples peripecias. En fin, para una serie infantil de dibujos la idea resulta incluso entrañable, pero no para ser llevada al cine, y menos de la forma en que la quisieron llevar; de primeras nos encontramos con una revisión un tanto particular de la obra original, donde un submarino americano quiere ir a la isla a encontrarse con el simio.
En este caso la joven inocente Ann Darrow es sustituida por Susan, una enfermera o teniente, no se sabe muy bien (rubia, por supuesto); hasta ahí todo parecería normal. Sin embargo, en otra parte se nos presenta una trama que empieza a descolocarlo todo y a llevarnos a terrenos un tanto especiales; porque la inclusión de un científico malvado llamado Dr. "Who" (que nada tiene que ver con el personaje de la mítica serie británica) cuyo objetivo es apoderarse de un elemento químico destructivo (o algo así) gracias a un robot gigante hecho a imagen de Kong y siendo financiado por una misteriosa y glamurosa agente de un país desconocido ("Piranha")...resulta cuando menos especial.
Todo esto alcanza unos niveles de esperpento y ridículo difíciles de superar; así que por un lado tenemos este batiburrillo de coloridas intrigas de espías con genios malvados y chicas exóticas al más puro estilo Bond (para más inri, ésta última es la preciosa Mie Hama, quien acababa de encarnar a la agente Suzuki en "Sólo se Vive dos Veces" (¡y la primera actriz japonesa en aparecer en el Playboy!) ), y por otro los fundamentos clásicos de "King Kong", aquí reducidos drásticamente y optando Honda por el rápido encariñamiento del simio con la chica, lo que también aporta algunas de las más patéticas secuencias de la película.
Lo malo es cuando los dos argumentos confluyen debido a los continuos errores del supuesto genio maléfico (ese esplendorosamente repulsivo Hideyo Amamoto más cercano a un Fu Manchu tecnológico), y el caos narrativo campará a sus anchas. Mal explicado y tratado, se nos sugiere que el comandante del submarino (Nelson) y "Who" saben el uno del otro e incluso se han cruzado en un par de ocasiones, como si todo formase parte de una saga ya existente; por ello es aún más confusa el cómo acaba uno implicado en la historia del otro. Pues esto sucede, y sin explicaciones, ni pareciera que al veterano Takeshi Kimura le importe tres narices...
Aparte de que los personajes resultan irritantes y sus interacciones nada creíbles, el desarrollo del guión es un constante "ir de aquí para allá" y situaciones inverosímiles e inútiles; todo cae en el descontrol después de que "Who" secuestre a Kong y de rebote al trío principal (donde está el oficial japonés Nomura). Hay amenazas, hay torturas, incluso hay ocasiones en que el simio se enfada, pero Honda rueda esto sin sentido de la tensión, ni del suspense, sobre todo al hacer a "Who" más penoso que terrible...así que no se nos antoja el que dichos protagonistas corran verdadero peligro.
Hay que esperar mucho, muchísimo, para llegar a la ciudad y ver como todo ese desastre argumental se convierte en el clásico "kaiju-eiga", con los ciudadanos correteando, edificios destruidos y una singular batalla entre Kong y su doble robótico (¡el "Mechani-Kong"!) que puede pasar sin problemas a los anales del cine "freak"; el Empire State será entonces reemplazado por la torre de Tokyo.
Pero ni los combates en la isla entre aquél y un dinosaurio que puede saltar (se me partió un pulmón tras contemplar tal disparate) podrían dar algo de valor a esta cara coproducción américo-japonesa la cual para nada cubrió el presupuesto invertido...y es que ni tan siquiera muchos de los implicados tenía esperanzas de éxito. Pasaría otra década hasta que Kong volviera a aparecer, y sería de la mano de John Guillermin en la mediocre revisión con Jeff Bridges y Jessica Lange que todos conocemos...
Y seguro que aún menos conocen aquellas aventuras del rey de Skull Island por tierras japonesas. Aunque visto lo visto hubiera sido mejor no conocerlas nunca.
Pero ésta no es la primera de ellas. Ciertamente el simio no es que haya ocupado una saga tan larga como sus otros colegas monstruosos de profesión; de hecho la segunda vez que el cine vio a Kong fue en "King Kong contra Godzilla", y ya habían pasado casi tres décadas desde su primera aparición. Pero Toho compró sus derechos y mandó a su mejor hombre en cuestión de películas de entretenimiento plagadas de bichos gigantes, el sr. Ishiro Honda, quien ya se había dedicado a destruir el Mundo muchas veces con ellos (Mosura, Radon, Dogora o Ghidorah figuraban en la lista de los más famosos).
Pasan unos años, el director se dedica a otras cosas, sigue dándole dolores de cabeza a Godzilla (que ahora es querido por todos...fíjense cómo degeneró el lagarto atómico)...y entonces vienen los chiflados de la productora y deciden retomar el concepto del anime de corta vida de Hiroshi Ikeda, donde Kong es amigo de un niño y va por ahí embarcándose en múltiples peripecias. En fin, para una serie infantil de dibujos la idea resulta incluso entrañable, pero no para ser llevada al cine, y menos de la forma en que la quisieron llevar; de primeras nos encontramos con una revisión un tanto particular de la obra original, donde un submarino americano quiere ir a la isla a encontrarse con el simio.
En este caso la joven inocente Ann Darrow es sustituida por Susan, una enfermera o teniente, no se sabe muy bien (rubia, por supuesto); hasta ahí todo parecería normal. Sin embargo, en otra parte se nos presenta una trama que empieza a descolocarlo todo y a llevarnos a terrenos un tanto especiales; porque la inclusión de un científico malvado llamado Dr. "Who" (que nada tiene que ver con el personaje de la mítica serie británica) cuyo objetivo es apoderarse de un elemento químico destructivo (o algo así) gracias a un robot gigante hecho a imagen de Kong y siendo financiado por una misteriosa y glamurosa agente de un país desconocido ("Piranha")...resulta cuando menos especial.
Todo esto alcanza unos niveles de esperpento y ridículo difíciles de superar; así que por un lado tenemos este batiburrillo de coloridas intrigas de espías con genios malvados y chicas exóticas al más puro estilo Bond (para más inri, ésta última es la preciosa Mie Hama, quien acababa de encarnar a la agente Suzuki en "Sólo se Vive dos Veces" (¡y la primera actriz japonesa en aparecer en el Playboy!) ), y por otro los fundamentos clásicos de "King Kong", aquí reducidos drásticamente y optando Honda por el rápido encariñamiento del simio con la chica, lo que también aporta algunas de las más patéticas secuencias de la película.
Lo malo es cuando los dos argumentos confluyen debido a los continuos errores del supuesto genio maléfico (ese esplendorosamente repulsivo Hideyo Amamoto más cercano a un Fu Manchu tecnológico), y el caos narrativo campará a sus anchas. Mal explicado y tratado, se nos sugiere que el comandante del submarino (Nelson) y "Who" saben el uno del otro e incluso se han cruzado en un par de ocasiones, como si todo formase parte de una saga ya existente; por ello es aún más confusa el cómo acaba uno implicado en la historia del otro. Pues esto sucede, y sin explicaciones, ni pareciera que al veterano Takeshi Kimura le importe tres narices...
Aparte de que los personajes resultan irritantes y sus interacciones nada creíbles, el desarrollo del guión es un constante "ir de aquí para allá" y situaciones inverosímiles e inútiles; todo cae en el descontrol después de que "Who" secuestre a Kong y de rebote al trío principal (donde está el oficial japonés Nomura). Hay amenazas, hay torturas, incluso hay ocasiones en que el simio se enfada, pero Honda rueda esto sin sentido de la tensión, ni del suspense, sobre todo al hacer a "Who" más penoso que terrible...así que no se nos antoja el que dichos protagonistas corran verdadero peligro.
Hay que esperar mucho, muchísimo, para llegar a la ciudad y ver como todo ese desastre argumental se convierte en el clásico "kaiju-eiga", con los ciudadanos correteando, edificios destruidos y una singular batalla entre Kong y su doble robótico (¡el "Mechani-Kong"!) que puede pasar sin problemas a los anales del cine "freak"; el Empire State será entonces reemplazado por la torre de Tokyo.
Pero ni los combates en la isla entre aquél y un dinosaurio que puede saltar (se me partió un pulmón tras contemplar tal disparate) podrían dar algo de valor a esta cara coproducción américo-japonesa la cual para nada cubrió el presupuesto invertido...y es que ni tan siquiera muchos de los implicados tenía esperanzas de éxito. Pasaría otra década hasta que Kong volviera a aparecer, y sería de la mano de John Guillermin en la mediocre revisión con Jeff Bridges y Jessica Lange que todos conocemos...
20 de noviembre de 2024
20 de noviembre de 2024
Sé el primero en valorar esta crítica
Cuando la casposidad de lo cutre se une a la belleza de lo mítico, surgen productos como estos, tan inclasificables como divertidos dentro de su estética de cartón piedra. Adorable mojonazo en lo visual pero cautivador en lo puramente sentimental, ishiro Honda saca a relucir nuevamente la gomaespuma de King Kong que cuatro años antes vio la luz en "King Kong Vs Godzilla" a la vez que pare por primera vez la figura no menos artificial de un MechaniKong listo para ser enfundado sobre carne humana. En "King Kong escapa" hay algo de melancolía y alivio por haber podido recuperar por fin al mito del gorila que llevaba 30 años en el frigorífico desde el fracaso estrepitoso de aquella cosa titulada "El Hijo de Kong" que hicieron con delito y alevosía atentando sobre el gran clásico del 33 de Merian Cooper y Ernest Schoedsack. Pero también hay claros signos de querer interconectar el mundo original más puro y salvaje de Kong con ese mundo más mutante y atómico y menos terrenal de los kaijus encabezados por Godzilla y Ghidorah. En este sentido de querer desempolvar el mito del gorila gigante americano de 1933 y establecer serios vínculos con los kaijus japoneses para así darle por el C*LO a los americanos y medio apropiarse al mono para cambiarlo de bando y juntarlo con los monstruos japoneses en señal de venganza por los estragos occidentales que en Japón sufrieron durante la Segunda Guerra Mundial, "King-Kong VS Godzilla" y este "King Kong escapa" caminan juntos pero no revueltos.
Y ahí tenemos a un MechaniKong, más falso que Judas Iscariote, al que hasta donde yo sé, ya no volveremos a ver más en la historia del cine después de esta peli (al menos hasta la fecha en la que está escrita esta humilde crítica) y que es la fiel representación de todas las malas artes y peores intenciones de un ser humano obsesionado por tener el control absoluto sobre todas las cosas. Ya saben, aquello de que quien posea el control del poder nuclear tomará el cetro del poder en el mundo. Nada más infame y rastrero que basarse en el auténtico Kong para pretender copiarlo, revestirlo de acero, mejorarlo y darle poderes de mando para someter y esclavizar laboralmente al mono de carne y hueso (!!Cava, hijo de p*ta, CAVA!!). Lo que nadie sabía era que este King Kong que llevaba 30 años castigado fuera de onda por culpa de su puñetero hijo albino (siempre me quedará la duda de si el gorila amigo de Dwayne Johnson en "Proyecto Rampage" fue fruto de una secreta lascivia bastarda), aquí nos saldría por peteneras de la desobediencia y la revolución del proletariado. Porque King Kong escapa no porque esté enamorado de la rubia de turno (mero elemento ornamental para mantener cierta melancolía original) sino porque está hasta los cojones de trabajar explotado para Fu Manchu y los suyos. A él en el fondo lo que le va es el rollo de la bresca salvaje contra gorosaurios de espuma de poliuretano y anguilas hechas con el material que rellena las almohadas. Por eso, tal como le dice Rhodes Reason en un momento dado a la rubia ornamental, "King Kong parece estar harto de lo que nosotros llamamos civilización".
Este último gran momento de lucidez, que uno no sabe si tomarlo como un profundo mensaje filosófico o como un mero momento guasón del guionista, responde al tono general de la historia, estúpidamente profunda (todo lo profunda que puede ser una peli de monstruos atizándose) pero divertida. Divertida por ver cómo unos señores disfrazados hacen como que se dan de ostias mientras hacen como que suben por la Torre de Tokio o como que se tiran y revuelcan entre decorados que no disimulan la chusquedad en miniatura de su embuste visual. Pero también profunda por su concepción del poder nuclear como arma para que el ser humano se destruya a sí mismo si cae en manos de quien no debe (No olvidemos que esta peli es japonesa y que en Japón aún se recuerda la aniquilación de Hiroshima y Nagasaki). Siempre ha habido un respeto y un temor casi lírico hacia el poder nuclear en todas las pelis del género "kaiju eiga". Una especie de admiración hacia esa fuerza incontrolable y destructiva que parece no tener límite ni techo. Godzilla fue la representación máxima de esa terrorífica admiración. MechaniKong lo es en esta película como lo ha sido tantas otras veces el lagarto gigante. No es lo mismo, estamos de acuerdo, pero quiere decir lo mismo.
Para fanáticos de lo cutre, adictos a las pelis que apestan a Serie B y para aquellos que como yo, vimos esta peli siendo unos niños y nos dejamos llevar por la esencia de su olor a plástico y gomaespuma baratita. Es una caquita, estamos de acuerdo, pero es una caquita respetable para ver de vez en cuando.
Y ahí tenemos a un MechaniKong, más falso que Judas Iscariote, al que hasta donde yo sé, ya no volveremos a ver más en la historia del cine después de esta peli (al menos hasta la fecha en la que está escrita esta humilde crítica) y que es la fiel representación de todas las malas artes y peores intenciones de un ser humano obsesionado por tener el control absoluto sobre todas las cosas. Ya saben, aquello de que quien posea el control del poder nuclear tomará el cetro del poder en el mundo. Nada más infame y rastrero que basarse en el auténtico Kong para pretender copiarlo, revestirlo de acero, mejorarlo y darle poderes de mando para someter y esclavizar laboralmente al mono de carne y hueso (!!Cava, hijo de p*ta, CAVA!!). Lo que nadie sabía era que este King Kong que llevaba 30 años castigado fuera de onda por culpa de su puñetero hijo albino (siempre me quedará la duda de si el gorila amigo de Dwayne Johnson en "Proyecto Rampage" fue fruto de una secreta lascivia bastarda), aquí nos saldría por peteneras de la desobediencia y la revolución del proletariado. Porque King Kong escapa no porque esté enamorado de la rubia de turno (mero elemento ornamental para mantener cierta melancolía original) sino porque está hasta los cojones de trabajar explotado para Fu Manchu y los suyos. A él en el fondo lo que le va es el rollo de la bresca salvaje contra gorosaurios de espuma de poliuretano y anguilas hechas con el material que rellena las almohadas. Por eso, tal como le dice Rhodes Reason en un momento dado a la rubia ornamental, "King Kong parece estar harto de lo que nosotros llamamos civilización".
Este último gran momento de lucidez, que uno no sabe si tomarlo como un profundo mensaje filosófico o como un mero momento guasón del guionista, responde al tono general de la historia, estúpidamente profunda (todo lo profunda que puede ser una peli de monstruos atizándose) pero divertida. Divertida por ver cómo unos señores disfrazados hacen como que se dan de ostias mientras hacen como que suben por la Torre de Tokio o como que se tiran y revuelcan entre decorados que no disimulan la chusquedad en miniatura de su embuste visual. Pero también profunda por su concepción del poder nuclear como arma para que el ser humano se destruya a sí mismo si cae en manos de quien no debe (No olvidemos que esta peli es japonesa y que en Japón aún se recuerda la aniquilación de Hiroshima y Nagasaki). Siempre ha habido un respeto y un temor casi lírico hacia el poder nuclear en todas las pelis del género "kaiju eiga". Una especie de admiración hacia esa fuerza incontrolable y destructiva que parece no tener límite ni techo. Godzilla fue la representación máxima de esa terrorífica admiración. MechaniKong lo es en esta película como lo ha sido tantas otras veces el lagarto gigante. No es lo mismo, estamos de acuerdo, pero quiere decir lo mismo.
Para fanáticos de lo cutre, adictos a las pelis que apestan a Serie B y para aquellos que como yo, vimos esta peli siendo unos niños y nos dejamos llevar por la esencia de su olor a plástico y gomaespuma baratita. Es una caquita, estamos de acuerdo, pero es una caquita respetable para ver de vez en cuando.
15 de septiembre de 2025
15 de septiembre de 2025
Sé el primero en valorar esta crítica
Sin duda esta película es de las mejores en cuanto a época y estilo japonés de aquel momento, tiene una de las mejores historias y guion y la película he de reconocer que está muy entretenida y se pasa volando, el problema es que yo la valoro vista a día de hoy y claro las maquetas, los juguetes y las actuaciones sobreactuadas hacen que esta película haya envejecido muy mal.
Aun así, si eres amante del género merece la pena verla, las peleas están bastante mejoradas en cuanto a otras del estilo y de años anteriores.
Un clásico desconocido.
Aun así, si eres amante del género merece la pena verla, las peleas están bastante mejoradas en cuanto a otras del estilo y de años anteriores.
Un clásico desconocido.
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