Cantando en las azoteasDocumental
6.6
168
Documental
Gilda Love / Eduardo, famosa drag queen y transformista del barrio chino de Barcelona, sobrevive con una mísera pensión mientras intenta seguir actuando en los escenarios. Sus prioridades se ven alteradas con la llegada a su vida de Chloe y de su madre, Hanna, con quienes tendrá la oportunidad de formar la familia que nunca ha tenido.
3 de julio de 2022
3 de julio de 2022
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras el bello título de "Cantando en las azoteas" se descubre un sencillo e intimista documental que se acerca al día a día de la artista Gilda Love, de evidente avanzada edad aunque en la peli no parece tanta como luego he leído. ¡Tiene 96-97 años! increíble como aguanta aún haciendo bolos para sacarse unos eurillos. Por cierto, indignante que una persona de esta edad tenga que ir suplicando bolos para poder pagar su vivienda, y al que no se lo parezca que se lo haga mirar.
Lástima que dure muy poco y queden muchas posibilidades por explorar.
Gustará a: transformistas, el Raval, Federico García Lorca
No gustará a: Beatles, gerontófobos, Federico Martínez Losantos
Lástima que dure muy poco y queden muchas posibilidades por explorar.
Gustará a: transformistas, el Raval, Federico García Lorca
No gustará a: Beatles, gerontófobos, Federico Martínez Losantos
12 de agosto de 2023
12 de agosto de 2023
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
A veces no es necesario un argumento o una meta determinada hacia dónde queremos caminar, solo hay que detenerse lo suficiente para mirar con atención aquello que nos provoca sensaciones, emociones y nos invita a imaginar una historia, a suponer o inventar un relato sobre los rescoldos de la historia real que se desvanece como todo.
El rostro y la figura de Eduardo / Gilda Love en su novena década invitan a ello y se mimetizan con el barrio chino de Barcelona; aún resisten con humildad y precariedad en los ecos que si prestas atención aún resuenan entre el laberinto de sus casas y azoteas libertarias.
Es cierto que el director Enric Ribes condiciona la mirada bajo un prisma estético del que su directora de fotografía Anna Franquesa Solano saca buen partido.
En mi caso aflora la sensación del paso del tiempo, de la corta distancia entre esa niña y el anciano, de lo efímero de la existencia, del apurar la vida cada segundo, arremangarse el pasado brillante y doloroso, pintarse el corazón y tomando prestado a Lorca, como buen mariquita cantar en las azoteas, mientras los vecinos sonreímos en nuestras ventanas postreras y la tarde se pone extraña de peines y enredaderas.
El rostro y la figura de Eduardo / Gilda Love en su novena década invitan a ello y se mimetizan con el barrio chino de Barcelona; aún resisten con humildad y precariedad en los ecos que si prestas atención aún resuenan entre el laberinto de sus casas y azoteas libertarias.
Es cierto que el director Enric Ribes condiciona la mirada bajo un prisma estético del que su directora de fotografía Anna Franquesa Solano saca buen partido.
En mi caso aflora la sensación del paso del tiempo, de la corta distancia entre esa niña y el anciano, de lo efímero de la existencia, del apurar la vida cada segundo, arremangarse el pasado brillante y doloroso, pintarse el corazón y tomando prestado a Lorca, como buen mariquita cantar en las azoteas, mientras los vecinos sonreímos en nuestras ventanas postreras y la tarde se pone extraña de peines y enredaderas.
cineziete
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