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España España · Málaga
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Voto de Kaori:
3
Voto de Kaori:
3
Drama La aburrida vida en un pueblo de Salamanca de Don Alejandro, un antiguo director de orquesta viudo, escéptico y solitario, da un vuelco cuando conoce a Goyita, una niña de trece años inteligente, imaginativa y sensible. Se trata de un amor platónico, pero que no obstante incomoda a algunos vecinos influyentes. (FILMAFFINITY)
23 de agosto de 2013
15 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mirad, me están dando tanto asco, y digo tal cual lo pienso, algunas críticas que estoy leyendo que ni siquiera sé lo que voy a escribir. He entrado en ese estado de bloqueo donde quisiera hablar mucho, contestar a todo el mundo y decirle, también, a la Academia de Hollywood que se lucieron de lo lindo nominando esta chapuza como mejor película. Voy a tomar aire. Sigo.

Lo primero que voy a decir es lo espantosa que está Ana Torrent. Una película con una actriz principal tan nefasta, dañina e incompetente no puede tomarse con seriedad. No hay palabras para describir lo mal, mal, mal, mal que interpreta, recitando los diálogos de carrerilla, sin inflexiones, sin transmitir nada, sin control sobre sí misma, con menos cero naturalidad. Encima, esta tal Goyita es una repelente absoluta. No es que sea sólo sosa, no, es que de esas personalidades que desesperan, que irritan, que producen una tirria insoportable. Una niñata como ella, que es inexpresiva, que es borde, que es depresiva, que es sin gracia, que además tiene un punto de psicópata, que no demuestra ni una sola virtud que agrade, que despierte simpatías, ternura... nada. Es, en una palabra, odiosa. Por no despertar, ni siquiera despierta pasión, porque Torrent es tirando a regular como Lolita conquistadora, así que no me cabe en la cabeza que Alejandro se enamore tan perdidamente de un ser como Goya, a quien dan unas ganas enormes de mandar a freír espárragos cada vez que se pone mandona. Del anciano Alejandro, creo que el cura ya dice todo lo que hay que decir de él: que es un gili, un demente y, además, un pervertido, así que allá él con su falta de voluntad y sus disimulados calentones.
Ana Torrent & Héctor Alterio
Porque esa es otra. Hay que ver, comentáis muchos, que la gente no comprende la relación tan pura entre Goya y Alejandro; que carcas, que «ceporros», que prejuiciosos y represivos, ¿no? Llegados a este punto, sólo puedo interpretar estas opiniones como una manifestación de ciertas tendencias sexuales delictivas o, en su defecto, de una ingenuidad rayana en la bobería. La relación entre Goya y Alejandro es claramente amorosa, aunque no haya dado tiempo a los tocamientos, que parece que es lo único que importa a estas mentes tan liberadas. Alejandro confiesa en un momento dado que la desea, que le gusta como mujer, justo lo que ella quiere y busca, así que no me vengáis con cuentos y nos queráis hacer creer, a este pueblo de «El nido» y a los espectadores que vemos con ojos de espanto esta relación entre una niña y un anciano, que es lo más normal y poético del mundo, porque no es así. Ya quisiera ver a vuestras hijas (es un decir, porque realmente no deseo eso para nadie) metidas todo el día en casa de ese vecino que le triplica la edad, yendo al campo a dar paseítos y haciéndose promesas de amor eterno.
Ana Torrent & Héctor Alterio
Por todo esto, «El nido» produce un gran desagrado, aumentado si cabe por los mediocres aspectos técnicos, con un Jaime de Armiño a la cabeza que se esfuerza en buscar la naturalidad de lo cotidiano y cae de lleno en la completa artificialidad, lo brusco y lo imberbe, desde un punto de vista artístico y cinematográfico. El desenlace pone la puntilla a una película que tiene cierto interés a medida que la trama se va desarrollando pero que, por la visión que hay de fondo y por el continente, hace imposible la empatía y la comprensión.
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