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6
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6
5.3
369
27 de octubre de 2017
27 de octubre de 2017
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Antonioni, Kubrick, Allen..., Benjamin Dickinson ha visto cine. Tiene influencias y las maneja. El hecho de mezclarlas sin que la cosa sea un engendro ya tiene su merito, aunque los maestros citados solo queden en eso, en referencias. Hay que reconocerle además que con poco presupuesto ha sabido crear con contados detalles de tecnología una atmósfera futurible creíble, aunque esta esté acotada a una determinada y privilegiada "clase media tecnológica". Todo ello redondeado con una excelente fotografía en blanco y negro de Adam Newport-Berra y un hábil contrapunto en la bso entre la música clásica y la popular. Aparte de la historia de amor o desamor que sirve de subtrama o Mcguffin, la "moraleja" en la linea de otras propuestas con desigual acierto como "Her" (Spike Jonzer / 2013) "Don Jon" (Joseph Gordon-Levitt / 2013) o incluso "S1m0ne" (Andrew Niccol / 2002), es oportuna y ambiciosa.
El nuevo mundo digital nos conecta en la misma forma que nos desconecta. Nos hace ser más individuales, más egoístas, más cómodos creándonos un sentimiento de privacidad que a la postre es todo lo contrario. Las relaciones de pareja están disminuyendo y entre las mismas se hay menos sexo. El poder de nuestra propia mente y sus fantasías es "el dorado" que nos ofrece la era digital, una falsa realidad a medida, virtual, tan frustrante y tan satisfactoria como la realidad con la que puede competir sin tener que quitarte las zapatillas.
De todo ello nos habla Dickinson con buenas intenciones y ambición en esta cinta que no es como hemos dicho la primera ni será la última sobre el tema, pero le falta carisma en la narración y en los personajes, sobre todo el protagonista interpretado por el propio director que también guioniza. Le falta tono, adopta un perfil bajo sin conseguir el equilibrio entre lo que quiere denunciar y una "comedia" neoyorquina de hispster y en definitiva acaba imponiéndose la forma sobre el esquemático tratamiento del fondo.
cineziete.wordpress.com
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El nuevo mundo digital nos conecta en la misma forma que nos desconecta. Nos hace ser más individuales, más egoístas, más cómodos creándonos un sentimiento de privacidad que a la postre es todo lo contrario. Las relaciones de pareja están disminuyendo y entre las mismas se hay menos sexo. El poder de nuestra propia mente y sus fantasías es "el dorado" que nos ofrece la era digital, una falsa realidad a medida, virtual, tan frustrante y tan satisfactoria como la realidad con la que puede competir sin tener que quitarte las zapatillas.
De todo ello nos habla Dickinson con buenas intenciones y ambición en esta cinta que no es como hemos dicho la primera ni será la última sobre el tema, pero le falta carisma en la narración y en los personajes, sobre todo el protagonista interpretado por el propio director que también guioniza. Le falta tono, adopta un perfil bajo sin conseguir el equilibrio entre lo que quiere denunciar y una "comedia" neoyorquina de hispster y en definitiva acaba imponiéndose la forma sobre el esquemático tratamiento del fondo.
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