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Voto de Migue Muñoz:
8
Voto de Migue Muñoz:
8
Drama Nina (Natalie Portman), una brillante bailarina que forma parte de una compañía de ballet de Nueva York, vive completamente absorbida por la danza. La presión de su controladora madre (Barbara Hershey), la rivalidad con su compañera Lily (Mila Kunis) y las exigencias del severo director (Vincent Cassel) se irán incrementando a medida que se acerca el día del estreno. Esta tensión provoca en Nina un agotamiento nervioso y una confusión ... [+]
18 de febrero de 2011 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Digamos que la resonancia con 'Repulsión' en la película del director de 'Pi: Fe en el caos', nacido en Brooklyn pero descendiente como Polanski de judios polacos, es evidente, así como podríamos aventurarnos a decir que cierta angustia, inquietud y curiosidad por querer conocer más por parte del espectador se asemejaría al punto de vista repleto de fascinante desasosiego de 'Blow-Up' (otra perturbadora película de mediados de los 60 rodada en pleno Swinging London como lo fue 'Repulsión'). Digamos que la historia de Nina (un registro angustiosamente endeble y en estado insano por parte de Natalie Portman), una bailarina de una compañía de ballet de la ciudad de Nueva York cuya vida, como la de todos los de su profesión, está completamente absorbida por la danza, compartiendo rutina hogareña con su madre Erica, una bailarina ya retirada que apoya con febril rectitud y entusiasmo la ambición profesional de su hija; abre otra resonancia hacia películas como '¿Qué fue de Baby Jane?' (Robert Aldrich, 1962) o 'Carrie' (Brian De Palma, 1976), donde las relaciones familiares (sean fraternales o paternales) acumulan tanto amor como desprecio, tantos sueños rotos y envidias como esperanzas depositadas hacia el éxito.
La ocularización apenas se despega de Nina y el espectador se angustia ante los trastornos (¿reales o figurados?) de una mente que se agrieta por momentos y un cuerpo adiestrado para mutilarse en aras del éxito artístico en plena capital mundial de la moda, el ocio, la cultura y las artes: Nueva York.

Aronofsky, con dos de sus trabajos más reconocidos: 'Réquiem por un sueño' y 'El luchador' ya demostró valía para contemplar de cerca la autolesión y el deterioro físico, así como no tuvo reparos para seguir de cerca de esos personajes, pegándose a sus espaldas, literalmente, para acercar corazón y mente al espectador. Con 'Cisne negro' vuelve a realizar una notable utilización diegética de steadicam al perseguir el cuerpo de Nina por los recovecos interiores de las habitaciones donde se mueve, acercando al que visualiza diversas filias y fobias, deseos sexuales y miedos con fondo oculto homicida.

Si Stanley Kubrick popularizó el uso de la steadicam para sugerir y mostrar con más ímpetu la paranoica demencia de Jack Torrance y los interiores que lo atormentaban en 'El resplandor' (1980), Aronofsky se pega a sus personajes para jugar insanamente con la dicotomía realidad-alucinación y proyectar grietas mentales que inquietan y juegan dentro del género de terror psicológico. 'Cisne negro' no está tan lejos de un hipotético remake de 'Las zapatillas rojas' (Michaell Powell y Emeric Pressburger, 1948) si antes hubiese sido editada como novela gráfica ilustrada por David Mazzucchelli, coloreada por Richmond Lewis y con guión de Stephen King. 'Cisne negro' se formula con índices de locura, lirismo, oscuridad, carnalidad y arte inquietantemente insano.
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