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Voto de senen:
7
Voto de senen:
7
7,6
119.705
Drama
Nina (Natalie Portman), una brillante bailarina que forma parte de una compañía de ballet de Nueva York, vive completamente absorbida por la danza. La presión de su controladora madre (Barbara Hershey), la rivalidad con su compañera Lily (Mila Kunis) y las exigencias del severo director (Vincent Cassel) se irán incrementando a medida que se acerca el día del estreno. Esta tensión provoca en Nina un agotamiento nervioso y una confusión ... [+]
2 de marzo de 2011
2 de marzo de 2011
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No soy un fan de Aronofsky, pues solo dos películas de el me impactaron verdaderamente:
Una fue Pi: El orden del Caos, y la otra Cisne Negro. La genialidad en Pi es evidente (la búsqueda de la verdad, la agonía de no poder encontrarla, y una vez encontrada, la incapacidad de comprenderla) pero Cisne Negro tiene una majestuosidad más oclusiva y oscura.
Nina es perfecta, en el más ético y estético de los sentidos, es el paradigma de virtud aristotélica: bella, educada, honesta, frágil y delicada, ejecuta los pasos con rigor canónico, es una buena hija que vive con su madre ofreciéndole cariño, y representando la realización de sus truncados sueños de bailarina (irónicamente por el alumbramiento de Nina), totalmente dedicada a su arte .Una actitud perfecta para un arte que lo que pide es perfección. En definitiva, Nina ha sido capaz de dar a su vida el aporte fantasmático, fantástico que a “todos nos” gustaría poseer: el de la pureza, el de sentirse el Gran otro al que todos querríamos prender. ¿Son estas condiciones de pulcritud y asepsia una “bendición”?. Para nada. Todo concurre con normalidad hasta que se topa con el gran elemento traumático (interpretado por Cassel): este representa un punto de inflexión para Nina, es el golpe de realidad, el que rompe la seguridad de su fantasía, el que le muestra que “la perfección es aburrida”…. imperfecta, que solo representa una parte (el cisne blanco) incompleta. Así Lily aparece en escena como la” otra” realidad, el ello freudiano: radical, obscena, violenta, extrovertida, oscura, impulsiva… natural (el cisne negro) . Es entonces cuando entra en una brutal competencia, no solo entre bailarinas, si no en el seno de la propia psiqué de Nina, es cuando se enzarzan en batalla abierta el superyó que siempre la dominó, y el ello que empieza a surgir con ímpetu incontrolabre. Nina comenza a experimentar su propia totalidad: la niña de mama, empieza a sentir su poca hegemonía como objeto de deseo (de cassel, y el “público”), comprendiendo que para re-tomar su posición debe contactar, o mejor dicho, dejar que contacte, con su propia obscenidad. Ello la llevará al caos personal, a la indecisión, a enfrentar su interioridad casi a la locura. No es un proceso fácil.(Continua en spoiler).
Una fue Pi: El orden del Caos, y la otra Cisne Negro. La genialidad en Pi es evidente (la búsqueda de la verdad, la agonía de no poder encontrarla, y una vez encontrada, la incapacidad de comprenderla) pero Cisne Negro tiene una majestuosidad más oclusiva y oscura.
Nina es perfecta, en el más ético y estético de los sentidos, es el paradigma de virtud aristotélica: bella, educada, honesta, frágil y delicada, ejecuta los pasos con rigor canónico, es una buena hija que vive con su madre ofreciéndole cariño, y representando la realización de sus truncados sueños de bailarina (irónicamente por el alumbramiento de Nina), totalmente dedicada a su arte .Una actitud perfecta para un arte que lo que pide es perfección. En definitiva, Nina ha sido capaz de dar a su vida el aporte fantasmático, fantástico que a “todos nos” gustaría poseer: el de la pureza, el de sentirse el Gran otro al que todos querríamos prender. ¿Son estas condiciones de pulcritud y asepsia una “bendición”?. Para nada. Todo concurre con normalidad hasta que se topa con el gran elemento traumático (interpretado por Cassel): este representa un punto de inflexión para Nina, es el golpe de realidad, el que rompe la seguridad de su fantasía, el que le muestra que “la perfección es aburrida”…. imperfecta, que solo representa una parte (el cisne blanco) incompleta. Así Lily aparece en escena como la” otra” realidad, el ello freudiano: radical, obscena, violenta, extrovertida, oscura, impulsiva… natural (el cisne negro) . Es entonces cuando entra en una brutal competencia, no solo entre bailarinas, si no en el seno de la propia psiqué de Nina, es cuando se enzarzan en batalla abierta el superyó que siempre la dominó, y el ello que empieza a surgir con ímpetu incontrolabre. Nina comenza a experimentar su propia totalidad: la niña de mama, empieza a sentir su poca hegemonía como objeto de deseo (de cassel, y el “público”), comprendiendo que para re-tomar su posición debe contactar, o mejor dicho, dejar que contacte, con su propia obscenidad. Ello la llevará al caos personal, a la indecisión, a enfrentar su interioridad casi a la locura. No es un proceso fácil.(Continua en spoiler).

Natalie Portman & Vincent Cassel
A nivel técnico es supina, el juego de la oscurad y la luz según el momento, el movimiento de la camara que parce bailar al compas de la coreografía, una escenificación necesariamente austera y casi intimista (en algún sentido) y el montage de sonido impecable.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Cuando la perfecta nina se desmelena, y empieza a comprender el sentido de gozar y de vivir, de que ambas secciones , son dos caras de una misma moneda, cuando llega al gran choque final entre los "dos cisnes" que son uno, se encuentra cara a cara con su propia conclusión, de ahí la frase final: Ya está, me he sentido perfecta. Ahora conoce el orden caótico, ahora está en paz, ha sabido congeniar su bulgaridad intrínsica con su perfección estética-social.Débil pero brutal. Es entonces cuando el final se acopla perfectamente a la necesidad subyacente a la situación: ya vivió en sus carnes el contacto con la totalidad de su ser, ya se completó, ahora solo le queda una cosa.... morir.
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