Lucky
7,1
8.884
29 de octubre de 2018
29 de octubre de 2018
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El encuadre fijo vuelve todo más lento, le da tiempo al espectador para percatarse de que el aludido es un anciano casi centenario y según el texto de los créditos es el propio actor Harry Dean Stanton, aunque todos en el pueblo lo conocen como Lucky.
Somos testigos de su rutina. Desierto de Texas, panorámica de la casa, enciende un cigarrillo y sintoniza la radio. El reloj marca las 12:00, el tiempo se ha detenido, alguien de cien años ya no puede escapar. Un primer plano lo muestra fumando con el cielo azul a sus espaldas y un travelling evocando imágenes de Paris, Texas sigue sus pasos por calles desiertas. Lo acompaña una música texana y el letrero de estacionamiento vuelve a recordarnos al filme de Wim Wenders.
En la cafetería resuelve un puzle, acude al almacén por leche, siempre muy amable con la gente que lo reconoce en forma recíproca. Desayuna en casa y enciende el televisor, un programa de concursos reafirma sus conocimientos de fechas y palabras. «Realismo» de verdad existe, acepta su situación y pretende estar preparado para afrontarla. La memoria y la curiosidad siguen intactas, el puzle no ha terminado.
Somos testigos de su rutina. Desierto de Texas, panorámica de la casa, enciende un cigarrillo y sintoniza la radio. El reloj marca las 12:00, el tiempo se ha detenido, alguien de cien años ya no puede escapar. Un primer plano lo muestra fumando con el cielo azul a sus espaldas y un travelling evocando imágenes de Paris, Texas sigue sus pasos por calles desiertas. Lo acompaña una música texana y el letrero de estacionamiento vuelve a recordarnos al filme de Wim Wenders.
En la cafetería resuelve un puzle, acude al almacén por leche, siempre muy amable con la gente que lo reconoce en forma recíproca. Desayuna en casa y enciende el televisor, un programa de concursos reafirma sus conocimientos de fechas y palabras. «Realismo» de verdad existe, acepta su situación y pretende estar preparado para afrontarla. La memoria y la curiosidad siguen intactas, el puzle no ha terminado.

Al día siguiente se desmaya y el doctor dice que dejar de fumar le haría más mal que bien. Lucky es único, una anomalía científica que fuma una cajetilla todos los días. Debes aceptar que eres viejo, le dice, es importante a esa edad.
Una armónica estridente le permite reanudar el travelling por el pueblo. La tercera noche, Dean Stanton les recuerda a todos en el bar que «venimos solos y nos vamos solos» y David Lynch comunica que ha dejado sus pertenencias y posesiones a su tortuga. Lucky discute con el abogado que prepara ese testamento y se entrevera en un duelo. Encuentra salida internándose en una habitación surrealista de tonos rojos. Despierta a medianoche y el teléfono rojo no responde. Paris, Texas no ofrece respuestas como tampoco el otro lado de la línea telefónica. Mientras fuma escucha la voz cansada de Johnny Cash. Busca explicarse lo que vendrá y solamente observa oscuridad. Siempre ha conocido el rumbo, pero es inevitable esa oscuridad que se va apoderando de su mente. Descansa en su cama, resignado, esperando que algo lo rescate al final, su mirada escéptica conoce la verdad del universo. Todo va a desaparecer en la oscuridad y en el vacío, sólo deberá aceptarlo.
Una armónica estridente le permite reanudar el travelling por el pueblo. La tercera noche, Dean Stanton les recuerda a todos en el bar que «venimos solos y nos vamos solos» y David Lynch comunica que ha dejado sus pertenencias y posesiones a su tortuga. Lucky discute con el abogado que prepara ese testamento y se entrevera en un duelo. Encuentra salida internándose en una habitación surrealista de tonos rojos. Despierta a medianoche y el teléfono rojo no responde. Paris, Texas no ofrece respuestas como tampoco el otro lado de la línea telefónica. Mientras fuma escucha la voz cansada de Johnny Cash. Busca explicarse lo que vendrá y solamente observa oscuridad. Siempre ha conocido el rumbo, pero es inevitable esa oscuridad que se va apoderando de su mente. Descansa en su cama, resignado, esperando que algo lo rescate al final, su mirada escéptica conoce la verdad del universo. Todo va a desaparecer en la oscuridad y en el vacío, sólo deberá aceptarlo.

Lucky tiene miedo, sabe que el camino se acaba. El abogado dice que los testamentos son para eludir a la burocracia de la muerte, pero Lucky le responde que no cambian el hecho de estar muerto. «Nada es para siempre», repite acariciando a un perro mientras la armónica suena melancólica. Un infante de marina le cuenta de su incursión contra los japoneses. No puede olvidar a una niña de siete años que le sonrió en ese entonces. Ella suponía que la iban a asesinar, era budista y simplemente le sonreía al destino.
Acude a una fiesta mexicana. Ha entonado en español que ha llegado el momento de perder… Desearía renacer… «Volver, a tus brazos otra vez». Intuye que su tiempo se acaba y en el bar rompe las reglas. «La autoridad es arbitraria», Lucky se irá bajo sus propios términos. «Nada… es todo lo que hay», repite y su escepticismo desconcierta a los asiduos bebedores. Preguntan cómo enfrentar a esa nada y Lucky les dice que simplemente deben sonreír. Enciende el cigarrillo frente al letrero de no fumar y abandona la escena con una sonrisa.
Las calles desiertas se verán distintas sin Lucky. No más travellings, sólo planos fijos. Lo expulsaron del jardín del edén, antes maldecía, ahora sonríe mientras desciende la colina, da una última pitada y nos da la espalda. De fondo, la música texana despide a esta tortuga que finaliza su viaje.
Las escenas y los encuadres son bellos y significantes. Los parlamentos, poéticos y sobrios, reflejando los avatares de un alma inquieta y a la vez escéptica. Los paralelismos con Paris, Texas son innumerables, los parajes desérticos, el teléfono rojo y su diálogo monologado. «Hay una diferencia entre sentirse solo y estar solo», concluye Dean Stanton.
Acude a una fiesta mexicana. Ha entonado en español que ha llegado el momento de perder… Desearía renacer… «Volver, a tus brazos otra vez». Intuye que su tiempo se acaba y en el bar rompe las reglas. «La autoridad es arbitraria», Lucky se irá bajo sus propios términos. «Nada… es todo lo que hay», repite y su escepticismo desconcierta a los asiduos bebedores. Preguntan cómo enfrentar a esa nada y Lucky les dice que simplemente deben sonreír. Enciende el cigarrillo frente al letrero de no fumar y abandona la escena con una sonrisa.
Las calles desiertas se verán distintas sin Lucky. No más travellings, sólo planos fijos. Lo expulsaron del jardín del edén, antes maldecía, ahora sonríe mientras desciende la colina, da una última pitada y nos da la espalda. De fondo, la música texana despide a esta tortuga que finaliza su viaje.
Las escenas y los encuadres son bellos y significantes. Los parlamentos, poéticos y sobrios, reflejando los avatares de un alma inquieta y a la vez escéptica. Los paralelismos con Paris, Texas son innumerables, los parajes desérticos, el teléfono rojo y su diálogo monologado. «Hay una diferencia entre sentirse solo y estar solo», concluye Dean Stanton.
5 de abril de 2021
5 de abril de 2021
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más que un viaje de descubrimiento podría decirse que esta película se trata de asumir una dosis de realidad: el final de una vida se acerca. Como dice Lucky: "nada es eterno". Y no lo podemos controlar, tan solo tratar de afrontarlo de la mejor manera posible.
Y es que, en contra de películas vistas con un prisma similar, esta me ha generado bastante decepción y un vacío interior. Más allá de algunos actos de compasión, reflexiones (muy subjetivas) de algunos de los personajes que se van topando con Lucky y la BSO como aspectos más reseñables, el film te mantiene a la espera de que pase algo más. De que termine de explotar definitivamente. Y nunca sucede.
Muy plana, ritmo muy lento, tratando de buscar simbologías con la que asociar ciertos momentos e incluso (siempre a mi modo de ver) con el actor protagonista pudiendo transmitir más, bien sea por cómo ha orientado el director la escasa trama o por su expresividad artística. Aún me mantiene más incrédulo al ver las nominaciones a tanto premio.
Y es que, en contra de películas vistas con un prisma similar, esta me ha generado bastante decepción y un vacío interior. Más allá de algunos actos de compasión, reflexiones (muy subjetivas) de algunos de los personajes que se van topando con Lucky y la BSO como aspectos más reseñables, el film te mantiene a la espera de que pase algo más. De que termine de explotar definitivamente. Y nunca sucede.
Muy plana, ritmo muy lento, tratando de buscar simbologías con la que asociar ciertos momentos e incluso (siempre a mi modo de ver) con el actor protagonista pudiendo transmitir más, bien sea por cómo ha orientado el director la escasa trama o por su expresividad artística. Aún me mantiene más incrédulo al ver las nominaciones a tanto premio.
En definitiva, Lucky en mi caso ha terminado por ser Unlucky. Una mala decisión, aunque entiendo a quién le pueda transmitir más este tipo de producciones.
8 de mayo de 2018
8 de mayo de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película dirigida por John Carroll Lynch con Harry Dean Stanton como protagonista de este casi su testamento cinematográfico personal. Lucky nos coloca ante la extrema senectud pues el personaje y el actor se encuentran en la novena década de sus vidas. Simone de Beauvoir afirmaba que uno de los problemas de la vejez es que el anciano se queda sin interlocutores contemporáneos. Sobrevivir a todos es quedarse sin nadie. Lucky está solo pero no aislado pues mantiene una red social de amistades que lo estiman. Otro tema que nos hace meditar es el desfase que vive el anciano entre un yo que no envejece, que permanece joven amante de la vida, y un organismo decrépito que no responde al deseo y tampoco lo despierta. Es muy bella la escena de la fiesta mexicana cuando Stanton canta con brillo en los ojos “Volver, volver a tus brazos otra vez”. Es esta conciencia despierta y atenta tanto al mundo interior como al exterior, la que marca nuestra vida y la que tiene que enfrentar la muerte. Lucky confiesa que tiene miedo. Las respuestas a esta pregunta, ¿Por qué nos asusta la muerte?, es múltiple y rica de acuerdo a las perspectivas desde las que contestemos. Si miramos a la naturaleza todos los seres vivos temen la muerte violenta y precipitada y se defienden de ella con angustia y terror. Sin embargo observamos que los animales mueren de viejos sin miedo aparente. Para la mayor parte de los humanos perder la vida y la conciencia de estar vivos es muy doloroso porque abandonar este hermoso espectáculo no es fácil. Sin embargo, para algunos el espectáculo no merece la pena y buscan la muerte como solución. Morimos en un contexto de creencias religiosas e ideológicas que influyen decididamente en el modo de enfrentar este trance. Lucky es ateo, intenta sujetarse estoicamente a la realidad de su próxima extinción de la que le llegan señales frecuentes. Pero tiene miedo. En el mundo occidental cristiano la amenaza del infierno intranquiliza muchas conciencias en este delicado momento. Pero no es el caso de Lucky, el teme la extinción. Unamuno afirmaba que tenía más terror a la nada que al infierno, a dejar de ser que ser sufriendo. No sé. Lucky encuentra cierta paz en asumir, como los niños budistas ante las invasiones tenebrosas de las guerras, la muerte con una sonrisa de resignación que vuelve al ser en sí, sin conciencia. El ladrón en la cruz quiere una paz que provenga del encuentro con un padre celestial en el paraíso. No renuncia a un ser con conciencia. Sugestiva película para seguir hablando de la vida y de la muerte.
8 de mayo de 2018
8 de mayo de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película en la que cuesta discernir entre realidad y ficción, pues da la sensación de que estamos, en ocasiones, ante un documental de la propia vida de Harry Dean Stanton quien parece que se encarna a sí mismo a través de Lucky. Se habla de la muerte de una manera voraz, alejando el tema de todo convencionalismo social y de toda corrección política, no intenta esperanzar a nadie de nada, pues habla más de aspectos asociados a la madurez como "afrontar". No hay en ella palabrería, ni asomo de vacío alguno, solo una narración visual potente que sirve como despedida de un actor cuyos silencios han dicho más que sus palabras, lo más difícil.
14 de mayo de 2018
14 de mayo de 2018
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película Lucky es de esas películas que me gustan. Cine modesto, sin recursos ni fuegos de artificio, pero de una humanidad profunda, incluso de una mística ordinaria, humilde diría yo, la de un anciano de más de 90 años que se asoma a lo insondable.
'Lucky' es el apodo de nuestro protagonista, una palabra que en inglés significa ‘suerte’. La historia se centra en las rutinas, en la vida de este singular nonagenario escéptico, iconoclasta, ‘outsider’ y entrañable. Vive en un pequeño pueblo próximo a la frontera con México y, tras sufrir un desmayo en su casa, despierta del sueño de la inmortalidad y su existencia da un giro. Lucky necesita encontrar la paz espiritual ante el inminente viaje sin retorno del que ha tomado conciencia. Él, que ha ha sobrevivido a sus contemporáneos, ahora se ve al borde del precipicio. Nuestro protagonista, ateo, parece iniciar un itinerario espiritual, va en pos de cierto autodescubrimiento cuya meta quiere devenir iluminación.
'Lucky' es el apodo de nuestro protagonista, una palabra que en inglés significa ‘suerte’. La historia se centra en las rutinas, en la vida de este singular nonagenario escéptico, iconoclasta, ‘outsider’ y entrañable. Vive en un pequeño pueblo próximo a la frontera con México y, tras sufrir un desmayo en su casa, despierta del sueño de la inmortalidad y su existencia da un giro. Lucky necesita encontrar la paz espiritual ante el inminente viaje sin retorno del que ha tomado conciencia. Él, que ha ha sobrevivido a sus contemporáneos, ahora se ve al borde del precipicio. Nuestro protagonista, ateo, parece iniciar un itinerario espiritual, va en pos de cierto autodescubrimiento cuya meta quiere devenir iluminación.

Esta es la primera película que dirige el veterano actor John Carroll Lynch y a fe que hace un gran trabajo en eso que se denomina cine independiente. Lynch hace un afectuoso y sensible tratamiento de la historia de Lucky, casi como dejando que sea la propia cámara la que vaya acompañando sin interrupciones y a su ritmo al personaje, una cámara que no turba su emocionante periplo crepuscular. Como el propio director del film declara: “Es el personaje perfecto para una película como esta, que trata acerca de cómo vivir teniendo en cuenta la propia mortalidad y haciéndolo con una cierta alegría […] El hecho de que sea ateo significa que la muerte para él es algo definitivo: no puede contemplar la posibilidad de una resurrección”.
La autoría del guión viene de otros dos actores, Logan Sparks y Drago Sumonja. Se trata de un libreto sencillo pero profundo desde lo cotidiano, y que encierra más contenido de alta complejidad, de lo que pudiera aparecer. Hay episodios con mucha miga, como ese en el cual Lucky, en un cumpleaños de un niño mexicano comienza a cantar en español con acento y con cierto desentone y una carga de soterrada melancolía la famosa canción “Volver, volver” (https://www.youtube.com/watch?v=TOIQQqdv87Q) ante la admirada y entrañable mirada de los asistentes: “Este amor apasionado, anda todo alborotado/ Por volver/ Voy camino a la locura y aunque todo me tortura / Se querer… Resulta emocionante esta improvisación de un Lucky que canta con gran sentimiento acompañado por los mariachis, como si fuera lo último fuera a hacer. Hasta dan ganas de llorar de pura emoción.
La autoría del guión viene de otros dos actores, Logan Sparks y Drago Sumonja. Se trata de un libreto sencillo pero profundo desde lo cotidiano, y que encierra más contenido de alta complejidad, de lo que pudiera aparecer. Hay episodios con mucha miga, como ese en el cual Lucky, en un cumpleaños de un niño mexicano comienza a cantar en español con acento y con cierto desentone y una carga de soterrada melancolía la famosa canción “Volver, volver” (https://www.youtube.com/watch?v=TOIQQqdv87Q) ante la admirada y entrañable mirada de los asistentes: “Este amor apasionado, anda todo alborotado/ Por volver/ Voy camino a la locura y aunque todo me tortura / Se querer… Resulta emocionante esta improvisación de un Lucky que canta con gran sentimiento acompañado por los mariachis, como si fuera lo último fuera a hacer. Hasta dan ganas de llorar de pura emoción.
Atractiva música de Elvis Kuehn que incluye música popular del oeste americano. Muy buena la fotografía de Tim Suhrstedt que reviste de luz y credibilidad la historia.
El reparto es ante todo un antológico y minimalista Harry Dean Stanton (Stanton deviene volcán expresivo en asordinada erupción) que además de hacer un trabajo de excelencia, se encuentra, ya durante el rodaje, en precarias condiciones de salud, y apenas acabado el rodaje fallecería, poco antes del estreno. De modo que incluso hay un paralelismo entre la realidad personal del propio actor y el personaje que interpreta, quien en una escena finalizando el film confiesa a una joven de color que lo acompaña en su casa: “Tengo miedo” (así es la vida a la hora del final). Quizá por eso, además de por su reconocido nivel como actor (un verdadero icono del cine moderno e independiente desde los años ‘60), Stanton hace un trabajo de enorme valor, bien trabado, con mirada mortecina y silencios que dicen mucho; Stanton derrocha socarronería, humanidad y bonhomía, un personaje, parco en palabras pero de hondas reflexiones. El film está centrado casi exclusivamente sobre el protagonista, pero éste está arropado por una brillante galería de actores-personajes secundarios, que son claves en el transcurso del relato y en cómo evoluciona el propio Lucky en la trama. Actores y actrices como Ed Begley Jr. (magnífico), Beth Grant, James Darren, Barry Shabaka Henley, Yvonne Huff o un magnífico David Lynch, actor de categoría y comediante, él parece haber escrito sus propios surrealistas diálogos: “El galápago planeaba su huida desde hace días”: gran trabajo.
El reparto es ante todo un antológico y minimalista Harry Dean Stanton (Stanton deviene volcán expresivo en asordinada erupción) que además de hacer un trabajo de excelencia, se encuentra, ya durante el rodaje, en precarias condiciones de salud, y apenas acabado el rodaje fallecería, poco antes del estreno. De modo que incluso hay un paralelismo entre la realidad personal del propio actor y el personaje que interpreta, quien en una escena finalizando el film confiesa a una joven de color que lo acompaña en su casa: “Tengo miedo” (así es la vida a la hora del final). Quizá por eso, además de por su reconocido nivel como actor (un verdadero icono del cine moderno e independiente desde los años ‘60), Stanton hace un trabajo de enorme valor, bien trabado, con mirada mortecina y silencios que dicen mucho; Stanton derrocha socarronería, humanidad y bonhomía, un personaje, parco en palabras pero de hondas reflexiones. El film está centrado casi exclusivamente sobre el protagonista, pero éste está arropado por una brillante galería de actores-personajes secundarios, que son claves en el transcurso del relato y en cómo evoluciona el propio Lucky en la trama. Actores y actrices como Ed Begley Jr. (magnífico), Beth Grant, James Darren, Barry Shabaka Henley, Yvonne Huff o un magnífico David Lynch, actor de categoría y comediante, él parece haber escrito sus propios surrealistas diálogos: “El galápago planeaba su huida desde hace días”: gran trabajo.
Película centrada sin solemnidad en reflexionar sobre la muerte y aquello que vale la pena llevarse de la vida, un drama de principios filosóficos por encima de cualquier moral. Obra que aborda sin pudor y frontalmente el peso de la vejez y lo inexorable de la finitud de la vida. Hay una secuencia memorable en la cual el protagonista pone en escena uno de los manifiestos existencialistas y ateos más terminantes del cine americano. Es la escena en el Bar, junto a sus amigos. Entre unas y otras él viene a decirles que lo único cierto es que todos están abocados a desaparecer para siempre, que no esperen nada más que el vacío de la muerte, y que cuando llegue hay que hacerlo tirando de entrañas y con una risa en la boca. Una claudicación convertida en pura luz por la sonrisa de Stanton, un gesto que merecería figurar como Patrimonio de la Humanidad.
Hemos de dar las gracias a John Carroll Lynch quien con una claridad expositiva lúcida y una asombrosa escasez de medios ha perpetrado un debut de solidez incontestable, de los que aparecen pocos en décadas. Y muy importante, habiendo dado oportunidad para que nuestro superlativo Harry Dean Stanton redacte un testamento verídico, pues no solamente nos obsequia con uno de sus mejores trabajos como actor (lo cual ya es decir), sino que lamentablemente no pudo visionar la película terminada al fallecer en Septiembre de 2017 a los 91 años de edad. Una pieza de coleccionismo extra-cinematográfico que tendrá su hueco en el corazón de muchos cronistas y aficionados al buen cine. Descanse en paz.
Hemos de dar las gracias a John Carroll Lynch quien con una claridad expositiva lúcida y una asombrosa escasez de medios ha perpetrado un debut de solidez incontestable, de los que aparecen pocos en décadas. Y muy importante, habiendo dado oportunidad para que nuestro superlativo Harry Dean Stanton redacte un testamento verídico, pues no solamente nos obsequia con uno de sus mejores trabajos como actor (lo cual ya es decir), sino que lamentablemente no pudo visionar la película terminada al fallecer en Septiembre de 2017 a los 91 años de edad. Una pieza de coleccionismo extra-cinematográfico que tendrá su hueco en el corazón de muchos cronistas y aficionados al buen cine. Descanse en paz.
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