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Sonrisas de una noche de verano

Comedia. Romance El abogado Fredrik Egerman (Gunnar Björnstrand) es un hombre maduro que vive una relación platónica con Anne (Ulla Jacobsson), su joven y virginal esposa. Henrik, hijo de un matrimonio anterior, persigue a Petra (Harriet Andersson), la doncella de la familia. Una actriz llamada Desiree (Eva Dahlbeck), antigua amante de Fredrik, está en la ciudad y él la visita, pero ahora ella tiene un nuevo amante, el Conde Malcom, casado con ... [+]
Críticas 29
Críticas ordenadas por utilidad
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8
14 de junio de 2020 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cualquier director hubiese firmado esta brillante comedia, sus diálogos son increíbles, punzantes, agudos y divertidos. Pero claro, cuando hablamos de Bergman se nos hace difícil reconocerle en un género que no sea el drama.

Acostumbrado a verle tratando temas como la condición del ser humano, su fe, su religión, la existencia de Dios o la vida tras la muerte, no es fácil verle rodar escenas casi vacías de contenido más allá de los diálogos, sobre amores platónicos que se suceden entre todos los personajes como si fuera una merienda de negros, creo que no es lo suyo.

No me extraña que no le gustasen esta clase de películas e hiciese pocas. Mejor hacer lo que se te da mejor claramente.

De todas maneras, a pesar de todo, como he dicho la película está muy bien rodada, estructurada perfectamente, aunque el guión cojea un poco, bastante previsible todo, incluso el final, aunque creo que no le importaba mucho a Bergman, prefirió mostrar otras cosas antes.
Pero bueno, no todas las películas del genio sueco nos tienen que enamorar, alguna vez tenía que pasar que encontrara alguna que no lo hiciera.
7
22 de marzo de 2021 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la línea habitual de I. Bergman, esta producción de 1955 posee características análogas a tantas otras obras del autor.
Reseñemos cuanto antes que los personajes parecen estereotipos y dicen su texto sin convicción, como loritos recitando lo que se han aprendido a pesar de que la trama es interesante y los diálogos encierran un notable sentido de realidad.
Pero al director sueco nunca le ha importado demasiado que sus películas carezcan de capacidad de fabulación y sus incondicionales -entre quienes no me cuento- afirman que ni falta que hace.
La ambientación y la fotografía son excelentes, de alta escuela cinematográfica, y también el ritmo se adecua perfectamente a las exigencias del guión.
7
30 de marzo de 2021 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con la llegada del verano, las pasiones florecen, los viejos amores renacen de las cenizas del invierno y la picadura de la lujuria deja mella en la piel de aquellos que deciden entregarse a su mágico hechizo.
Pero no olviden que el amor es un juego de malabarismo continuo, con tres pelotas: corazón, palabras y cuerpo.

Casi diez años de carrera llevaba Ingmar Bergman y quince obras que la cimentaban; sin embargo, como cualquier cineasta, había saboreado las mieles del éxito al tiempo que las hieles del fracaso. Tras ir ganando prestigio su primera obra moderna ("Un Verano con Monika") gracias al favor de algunos críticos franceses, el director siguió dejando patente su versatilidad en títulos un tanto menores: "Una Lección de Amor" o "Sueños"; por aquellas fechas, y como si fuera costumbre o un sino inevitable, su vida no estaba atravesando una buena racha...
A los consabidos problemas estomacales que tanto le hacían sufrir, se unía el poco éxito obtenido por sus últimas obras y la relación que mantenía con Harriet Andersson cuyo final fue desastroso; ya había iniciado ese momento, y sin que nadie lo supiera, una aventura con la joven Bibi Andersson, futura musa de su cine a quien conoció unos años antes y que acabó regalándole un pequeño papel en el film que nos ocupa, cuya incapacidad para las relaciones sentimentales darían pie a que escribiera su guión. Los señores de Svensk Filmindustri le impusieron por si acaso un ultimátum: si este proyecto tampoco tenía éxito, dejarían de financiarle.
Eva Dahlbeck, Gunnar Björnstrand, Jarl Kulle, Margit Carlqvist & Ulla Jacobsson
Debatiéndose entre el intento de éxito o el suicidio, vuelve a descolgarse por el humor dejando atrás sus más turbias tragedias; aunque esto sólo fue en parte. La trama nos sitúa a principio de un siglo XX sofisticado y refinado (el ambiente preferido de Bergman para la comedia, tan heredado del teatro) y en la vida de Fredrik, un prestigioso abogado que oculta a la sociedad su verdadera condición de escurridizo casanova más preocupado de sí mismo que de los sentimientos de todos aquellos que le rodean, incluida su jovencísima esposa Anne y su hijo Henrik.
Y por supuesto la situación no mejora cuando es revelado el amor que todavía siente aquél por una antigua amante, la presuntuosa y dominante actriz de teatro Desiree. Bergman empieza a perfilar las esquinas de un por ahora pentágono amoroso donde también viene a inmiscuirse una seductora criada (Petra); con su sutileza, elegancia, puesta en escena y superficial análisis, la obra podría afincarse en los terrenos de una comedia "screwball" o de época propia del canon hollywoodiense y más cerca del cine de George Cukor, Ernst Lubitsch, quizás de H.C. Potter o George Stevens, a lo mejor de Vicente Minnelli, pero el sueco esconde intenciones mucho más oscuras bajo estos atractivos oropeles.
Ulla Jacobsson & Björn Bjelvenstam
En realidad los personajes que aquí hallamos no se alejan mucho de los que suelen poblar sus trabajos más graves y reflexivos. La bella Anne todavía presa de la virginidad por su recelo, el atormentado Henrik deseando convertirse en pastor e invadido por el pecado o esa Desiree colmada de malvados rencores. Sin embargo todos están tocados por la gracia de la mordacidad, de la cómica frivolidad; un nombre pronunciado en la situación menos oportuna y una obra de teatro que expone la esencia de la historia son los resortes para que nazca una gran farsa cuyos simpáticos enredos se alimentan de los peores sentimientos.

(CONTINÚA LA CRÍTICA EN ZONA SPOILER)

Sobran, eso sí, otros ilógicos e incongruentes momentos que se producen sin ninguna explicación, recalcándose la alegría del sinsentido (¿porque a qué venía, por ejemplo, lo de Anne y Petra revolcándose por la cama?...). Aun así la obra termina siendo un éxito y con ella, aplaudida en Cannes sin que Bergman supiese que iba a ser proyectada en el festival, no sólo recupera su prestigio, sino que logra que el público internacional considere más seriamente el cine europeo.
Y ahora que dispone del favor de su productora y del público se decide a preparar algo más grande. Por eso, la próxima vez que se ponga tras la cámara será para filmar "El Séptimo Sello"...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La clase alta y los adultos (Desiree, Fredrik, el conde Carl y su esposa Charlotte, quienes harán del pentágono amoroso un heptágono) se ven devorados por la indiferencia, el desprecio, el odio, la hipocresía, la cobardía, el cinismo y la obstinada soberbia.

Mientras tanto, los más humildes y jóvenes (Petra, Henrik, Anne, Frid) se rinden a su debilidad consustancial por la tentación, la impaciencia, el libertinaje y, como siempre le ha gustado celebrar al cineasta, el puro placer del amor carnal, ideal que todas sus comedias presentan. En este caso el humor ligero, dado por diálogos de lo más afilados, actuaciones frescas y escenas muy divertidas, se ve acompañado de una amarga sensación de tristeza y soledad.
Insatisfacción asfixiante es lo que transmiten las interacciones entre Carl y Charlotte, y Desiree y Fredrik, cuyas palabras se lanzan como cuchillos de hoja fría, sin la más mínima emoción; de ahí que ninguno de estos protagonistas se gane nuestra simpatía. El último acto con todos reunidos en la mansión de Desiree se escora hacia un realismo mágico que encuentra en su apropiado ambiente bucólico los destellos de Shakespeare. El vino afrodisíaco ofrecido por la madre de la anterior (no sólo el mejor personaje del film sino de los mejores inventados por el sueco, a quien da vida una soberbia Naima Wifstrand) desata los sentimientos profundos de los presentes.
Gunnar Björnstrand & Eva Dahlbeck
En un sentido más amplio, el primer sorbo de vino es lo que provoca a Henrik liberarse de su mutismo y proclamar a viva voz aquello que nosotros mismos deseábamos; y si bien la idea de la muerte cruza por la mente de algunos, la dulce presencia del amor servirá de parche reparador. El maravilloso Gunnar Björnstrand, Margit Carlqvist, Eva Dahlbeck, Ulla Jacobsson, ese impagable Jarl Kulle, habitual del género (y vaya si lo demuestra con creces...), y una Andersson hipnótica en su morbosa criada se entregan a la diversión y la frivolidad de una forma magnífica.
Su talento brilla en instantes como el primer encuentro entre el conde y Fredrik, la truculenta cena o el duelo con la pistola, la secuencia más intensa y elaborada (y donde mejor sobresalen la fotografía de Gunnar Fischer y la habilidad del director para llenar sus primeros planos de angustia), que haría enrojecer a Lang o al mismísimo Hitchcock.
7
14 de diciembre de 2023 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una simpática y sátira a las relaciones de pareja, Bergman toma las bases par hacer una especie de comedia de enredos, algo desenfada y shakesperiana pero también muy superficial y con altibajos en algunas actuaciones. Hay momentos muy divertidos pero pensé que el tramo final iba ser más mordaz. La fidelidad , el mito de la virginidad , el amor inocente y el erotismo son temas que se notan en el filme. Su tratamiento es un tanto melodramático (apelando a la comedia) pero en síntesis es una propuesta divertida.
8
8 de enero de 2026 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con Sonrisas de una noche de verano Ingmar Bergman se aparta de los dramas sombríos para rodar una comedia vodevilesca. Ambientada a principios del siglo XX, su exquisita puesta en escena parece referirse al cine de Max Ophüls e incluso al de Jean Renoir, y observa a una serie de personajes vinculados directa o indirectamente por diferentes amoríos que finalmente obtendrán lo que se merecen. Bergman reflexiona nuevamente sobre la condición humana, especialmente sobre las relaciones de pareja, con su celebrada lucidez; es fácilmente advertible su irónica y divertida mirada omnisciente a las idas y venidas sentimentales del abogado, su mujer virgen y su hijo aspirante a pastor evangélico pero entretenido con la criada, de la antigua amante actriz del abogado y la actual pareja de esta, un conde también casado…. El director sueco rodó esta película como entretenimiento cuando estaba pasando por difíciles momentos personales y había sopesado suicidarse. En el reparto aparecen habituales del cine bergmaniano, como Gunnar Björnstrand, Eva Dahlbeck y Harriet Anderson, todos ellos muy eficaces en papeles más ligeros de los que les eran habituales, al menos, en el cine de Bergman.
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