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Anatomía de un asesinato

Drama Frederick Manion (Ben Gazzara), un teniente del ejército, asesina fríamente al presunto violador de su mujer (Lee Remick). Ella contrata como abogado defensor a Paul Biegler (James Stewart), un honrado hombre de leyes. Durante el juicio se reflejarán todo tipo de emociones y pasiones, desde los celos a la rabia. Uno de los dramas judiciales más famosos de la historia del cine. (FILMAFFINITY)
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7
5 de diciembre de 2009
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las mejores películas del subgénero judicial de todos los tiempos.

Llama la atención oír hablar de violaciones, bragas y esperma en una película de los años 50. Debe de ser de las primeras películas de la historia de Hollywood en usar ese tipo de vocabulario. Al menos yo no recuerdo ninguna otra película de allí anterior a ésta donde salieran dichos términos u otros similares. O justo me he perdido las películas en que aparecían o era tabú, ya que hasta entonces, al igual que el sexo, si ocurría algo así en una película simplemente se sugería.

Anécdotas aparte, un guión muy bueno con un reparto aún mejor encabezado por James Stewart ayudan a Otto Preminger a firmar uno de los mejores (si no el mejor) títulos de su filmografía, que con más de 2 horas y media de duración no se hace pesado en ningún momento.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Ah, y el personaje de Stewart me da la razón en algo que yo he pensado siempre. En un momento en que hace una pregunta improcedente y el juez ordena que se retire del acta y que el jurado no la tenga en cuenta, cuando el acusado le pregunta cómo puede el jurado olvidar algo que ya ha oído él responde, simplemente, "no puede".
8
3 de mayo de 2010
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cine de juicios, del bueno, con algunas particularidades. Como espectadores asistimos a una batalla para justificar el ojo por ojo. La justicia es lo de menos. Por un lado la chica violada y el acusado de asesinato son extremadamente ambiguos, nunca se sabe lo que se están diciendo con las miradas, si mienten, si fue violada, si fue consentido todo y al abogado tampoco parece importarle como si de una partida de ajedrez se tratase, al abogado solo le interesa ganar, le da igual si su defendido es inocente o culpable.
Por otro lado no es realista, un juicio no es así, con cachondeo, rabietas, parece un debate escolar en muchos momentos, y el juez el primo de Ghandi.
Eso si, uno espera los acontecimientos con sumo interés, los diálogos y réplicas son brillantes y los actores están bien todos. Un clásico entretenido, apasionante que no ha caducado, para reflexionar sobre la ley y la justicia.
9
14 de noviembre de 2009 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película gira en torno a los roles dentro de la justicia, y hay pequeños detalles al respecto que tienen un gran valor: McCarthy confía en la valía de Biegle, pero sabe que ha trabajado 10 años como fiscal y que su actividad como abogado se ha reducido a algunos casos poco importantes. Teme que olvide que el OBJETIVO DE UN ABOGADO NO ES BUSCAR EL DERECHO CONCRETO sino ayudar a su cliente. McCarthy representa la experiencia vital y admite que todos los asuntos pueden ser ganados si se llevan con habilidad (y es aquí donde entra en liza la expresión "impurezas del derecho"), que es posible ganar un pleito por haber sido defendido por un buen abogado. Cito al Dr. Alejandro Nieto, haciendo referencia a lo expuesto: El derecho debe manejarse con la cabeza humana, combinando la inteligencia y el sentimiento de justicia".

Siguiendo con esos exquisitos detalles, en un momento determinado se utiliza la expresión "percha legal". ¿A qué se refiere con ello?. Biegle, para conseguir un veredicto favorable, sabe que Manion se ha de declarar culpable y ha de utilizar la violación de su mujer para despertar simpatías en el jurado. A partir de esta teoría su trabajo va a ser justificar a posteriori este veredicto del que ha partido. Biegle le expone al teniente las posibilidades que existen para su defensa y ambos eligen la única posible (esta parte sería la parte dogmática jurídica) y el abogado la hace admisible al jurado jurado con argumentos y con jurisprudencia. Éste va a ser el trabajo técnico y a la vez ético del abogado: encontrar en el ordenamiento jurídico la respuesta que le interesa a su cliente.
James Stewart & Lee Remick
Me gustaría también hacer mención a los peritos psiquiatras. Son llamados por la fiscalía y la defensa respectivamente. Esta circunstancia hace que deban realizar, también, un informe a posteriori, partiendo de si el proceso mental transitorio era eximente (o no) de la responsabilidad del teniente Manion. Para McCarthy (que como ya he dicho antes creo que representa la experiencia) el que su perito sea joven es un factor negativo porque al jurado puede darle la impresión de menor respetabilidad que el psiquiatra del fiscal (antes de declarar este último se lle un breve currículo suyo). Llama la atención que sus informes se contradigan, pero en realidad la función de estos peritos es explicar (teorizar) unos hechos empíricamente verificables y es posible la corrección de ambos aún siendo contradictorios.

Podría seguir desglosando la película y los problemas doctrinales que van apareciendo, pero creo que vale mucho la pena verla y que cada uno vea como funcionaba todo el sistema jurídico de los años 50.
8
27 de noviembre de 2010 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algo que me ha llamado la atención de esta película es su larga duración, pero creo que no fue por el hecho de que había mucho material y no pudo recortar o reducirlo, sino creo más bien, que no quiso que el espectador se perdiese ningún solo detalle del juicio al completo. Pocas películas en la historia del cine, han sido capaces de presentar tantos minutos en la sala de un juicio, ( 12 hombres sin piedad se reúnen en la sala del jurado, con lo cual no cuenta ).

La trama es la mar de interesante, un abogado casi sin casos de relevancia y el cual ha perdido el puesto de fiscal, se encuentra con un trabajo muy difícil de defender, dejar libre a un militar que acaba de asesinar al hombre que violó a su mujer. Parece un caso complicado, pero con ayuda de un ex-abogado amante del alcohol y su fiel secretaria, tirarán hacia adelante con todas las consecuencias.
Los personajes están bien tratados y el director consigue a pesar de la larga duración de la película, que mantengamos la intriga hasta el final, desconfiando de los protagonistas y esa historia que han llevado a juicio. Una mujer violada, que sigue coqueteando y exhibiéndose a la primera oportunidad que se le presenta. Un marido que habiendo echo lo que creía su deber, parece mantener un cierto tipo de rencor hacia su esposa. Un abogado que a base de ironías va caminando con pies de plomo, en un caso complicado. Un fiscal que cuenta con el apoyo de un ayudante famoso y los cuales entran en disputas constantementes durante el juicio, intentando de esta forma, poder influir sobre el jurado y el público. Y por último un juez con mucha experiencia, el cual actúa de forma muy permisiva, dando a demostrar su gran paciencia.
James Stewart & Ben Gazzara
En el aire siempre planea quien es el mentiroso y quien dice la verdad. La colocación de la cámara es espectacular, utilizando en el mismo plano el doble fondo, donde vemos en primera línea al que lleva la acción, pero a la vez observamos en segunda línea, lo que hace la otra parte. Muy inteligente.

Un gran trabajo de Otto Preminger, intriga, curiosidades, desconfianzas, todo reunido en un menú de calidad para los amantes del cine.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El juez que lleva el caso, no es actor, es precisamente un juez verdadero.
8
14 de octubre de 2013 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
O al menos la mejor que he visto. Y al no saber nada sobre ella, más me ha sorprendido que esto se hiciese en 1959, sobre todo comparándola con ''Testigo de cargo'', por ejemplo. Ésta última es muy buena película, pero pierde por goleada en la comparación. Con ''Anatomía de un asesinato'' hablamos de un film poco convencional en su época y contexto. A ritmo de jazz se nos presentan unos personajes y un caso judicial: un militar que mata al tipo que violó a su mujer. Un caso de asesinato, o sea, algo serio y de envergadura. Pero aquí no hay juicios morales, y pareciera que esta historia intenta desembarazarse de ellos, dejando ese asunto al espectador. Aquí no se trata de una trama que deba girar y retorcerse, para sorprender al espectador finalmente, como casi todas las películas de juicios - como la citada ''Testigo de cargo'', tan influyente en el género -; aquí el peso no radica en eso, sino en en mostrar un drama humano, una historia completa de un proceso judicial, de una forma en cierto modo cruda y realista. Y pese a ello, no es un ''drama'', pues la narración fluye como... como una canción de jazz, imagino. No soy precisamente un entendido en jazz, pero creo que no es casualidad que ésta sea la banda sonora elegida para encadenar el film. El humor sarcástico del protagonista, que hace bromas con los momentos aparentemente más serios, es el propio tono de la película. Los pequeños pro acertados injertos de humor aportan ese aire muy particular, a veces incluso cínico, de novela negra, que dota a esta película de una personalidad encomiable.
James Stewart
El abogado defensor y principal protagonista - James Stewart - es un rara avis: brillante y culto señor de leyes que descuida su profesión para profundizar en sus hobbies y pasiones culturales: el jazz, principálmente (lo vemos tocando mano a mano con Duke Ellington, que hace un cameo en la peli, al ser el compositor de la banda sonora), la pesca y la lectura sosegada y nocturna. Un tipo poco convencional y no precisamente un ejemplo americano, dándose la contradicción de que sea fracasado en sus negocios y trabajo, por desidia o decisión propia. El simple hecho de relacionarse con la música de negros y vivir esa vida desordenada lo alejan del modelo ideal. Por la contra, su rival es un fiscal mediocre y de poca cultura que ha trepado sociálmente más alto que Stewart (en su primera aparición, demuestra su incultura confundiendo una obra de Picasso. Pero la broma no se ofrece mascada al espectador). Esta ácida crítica social impregna todo el film. Tenemos además a una mujer voluptuosa, un personaje muy bien creado e interpretado, que nos dará que pensar y por la que sentiremos desde cariño inicial, atracción, rechazo, desprecio o lo que usted sienta. Y así unos cuantos personajes importantes que no es necesario destripar aquí.
James Stewart, George C. Scott & Lee Remick
El juicio se sirve descarnado de todo artificio, y se muestra con una mirada que puede interpretarse como pesimista, o quizás de un humor agridulce. El espectador se pone de parte de la defensa por pura simpatía e identificación con el protagonista, aunque sabe que la razón la lleva la fiscalía, por muy mal que nos caiga. Ética, estética, retórica, humor, drama... todo puede tener cabida en este original film donde cada elemento parece ser una nota de jazz, pues lo importante es el conjunto y no cada nota por sí misma. Una peli de juicios, sí... Pero los juicios los emite el espectador, no la película. Stewart parece estar defendiendo a un culpable inequívoco. ¿Inequívoco? En fin, eso es cosa de ustedes.

Lo mejor: El comienzo. El final. Lo de en medio. El guión. La dirección. La banda sonora. Las interpretaciones. La travesura de saltarse las normas de la época al tocar temas y palabras tabú, muy inusuales en el cine americano de los 50's.

Lo peor: Nada, en realidad. En todo caso, mencionar que la peli es larga, pero no se hace larga en ningún momento.
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