Calibre
6,4
5 840
10 de octubre de 2018
10 de octubre de 2018
4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra pequeña sorpresa del 2018, la primera fue la original 'Upgrade', y ahora Netflix nos trae 'Calibre'.
Es una película que va "in crescendo" hasta llegar a los 40 minutos finales que son de infarto. Es una lástima que el resto del metraje no alcance el mismo nivel porque de hacerlo, podríamos haber hablado de una de las películas del año.
Una buena ambientación, junto a una fotografía y estética conseguida añaden puntos para disfrutar esta estupenda opera prima.
Es una película que va "in crescendo" hasta llegar a los 40 minutos finales que son de infarto. Es una lástima que el resto del metraje no alcance el mismo nivel porque de hacerlo, podríamos haber hablado de una de las películas del año.
Una buena ambientación, junto a una fotografía y estética conseguida añaden puntos para disfrutar esta estupenda opera prima.
15 de octubre de 2019
15 de octubre de 2019
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Últimamente se polarizo el tema de las originales de Netflix, porque en general son de mala calidad narrativa con guiones muy genéricos. Y como sucede en internet surgen los contra tendencias, criticando a los que critican en vez de criticar la película como lo estoy escribiendo ahora mismo.
La verdad es que cuesta encontrar algo de calidad en los originales de Netflix, esta es una de esas pelis que resaltan entre toda esa poqueria. Te mantiene en un estado de tensión en toda la película y plantea una problemática ética interesante.
Recomendable para ver.
La verdad es que cuesta encontrar algo de calidad en los originales de Netflix, esta es una de esas pelis que resaltan entre toda esa poqueria. Te mantiene en un estado de tensión en toda la película y plantea una problemática ética interesante.
Recomendable para ver.
3 de enero de 2021
3 de enero de 2021
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Calibre
“Calibre” es una realización de la factoría Netflix filmada hace dos años y que este cronista acaba de descubrir. Porque fisgonear guiado por la curiosidad es uno de mis hobbys favoritos y, de cuando en cuando, la diosa Fortuna premia a aquellos que, como yo, pierden su tiempo en la búsqueda de pequeños tesoros. Y “Calibre” es uno de esos hallazgos sobrevenidos de mi testaruda tenacidad, una película capaz de absorber toda nuestra atención y sumergirnos en su asfixiante trama durante algo más de hora y media de metraje.
El autor de tan sobresaliente trabajo es el británico Matt Palmer, director y guionista de ésta su ópera prima, más propia de un veterano cineasta que de un joven principiante. Palmer maneja admirablemente los hilos de la narración, cimentada en un guion muy bien escrito. Tiene la virtud de crear una atmósfera inquietante que inexorablemente se transforma en irrespirable. Lo que parecía ser el excitante fin de semana de dos amigos en una jornada de caza por las Tierras Altas de Escocia, se convertirá, tras un incidente, en una angustiosa experiencia que no hubieran imaginado ni en el peor de sus sueños.
Martin McCann en el papel de Marcus y Jack Londen como su amigo Vaughn, se muestran sobrios y convincentes para imprimir a sus respectivos personajes toda la fuerza dramática que esta opresiva película reclama.
Palmer no se anda por las ramas, desnuda la historia de todo ropaje superfluo, su estilo narrativo es lineal, directo, va al grano, no pierde el tiempo en artificios que no aportan nada al relato y no hacen sino confundir al espectador en inútiles circunloquios.
Es innegable la destreza del director, conoce las pulsiones que afectan a la naturaleza humana, con implacable crudeza escarba en sus debilidades y en las decisiones que un hombre puede tomar ante una situación en la que jamás imaginó verse inmerso. El miedo, el instinto que preserva la supervivencia, la agónica percepción del desastre y la feroz respuesta de la jauría humana cuando se siente protegida por la impunidad más absoluta, son algunos de los ingredientes que componen esta espeluznante historia que les aconsejaría, mis improbables lectores, no perderse.
Emilio Castelló Barreneche
“Calibre” es una realización de la factoría Netflix filmada hace dos años y que este cronista acaba de descubrir. Porque fisgonear guiado por la curiosidad es uno de mis hobbys favoritos y, de cuando en cuando, la diosa Fortuna premia a aquellos que, como yo, pierden su tiempo en la búsqueda de pequeños tesoros. Y “Calibre” es uno de esos hallazgos sobrevenidos de mi testaruda tenacidad, una película capaz de absorber toda nuestra atención y sumergirnos en su asfixiante trama durante algo más de hora y media de metraje.
El autor de tan sobresaliente trabajo es el británico Matt Palmer, director y guionista de ésta su ópera prima, más propia de un veterano cineasta que de un joven principiante. Palmer maneja admirablemente los hilos de la narración, cimentada en un guion muy bien escrito. Tiene la virtud de crear una atmósfera inquietante que inexorablemente se transforma en irrespirable. Lo que parecía ser el excitante fin de semana de dos amigos en una jornada de caza por las Tierras Altas de Escocia, se convertirá, tras un incidente, en una angustiosa experiencia que no hubieran imaginado ni en el peor de sus sueños.
Martin McCann en el papel de Marcus y Jack Londen como su amigo Vaughn, se muestran sobrios y convincentes para imprimir a sus respectivos personajes toda la fuerza dramática que esta opresiva película reclama.
Palmer no se anda por las ramas, desnuda la historia de todo ropaje superfluo, su estilo narrativo es lineal, directo, va al grano, no pierde el tiempo en artificios que no aportan nada al relato y no hacen sino confundir al espectador en inútiles circunloquios.
Es innegable la destreza del director, conoce las pulsiones que afectan a la naturaleza humana, con implacable crudeza escarba en sus debilidades y en las decisiones que un hombre puede tomar ante una situación en la que jamás imaginó verse inmerso. El miedo, el instinto que preserva la supervivencia, la agónica percepción del desastre y la feroz respuesta de la jauría humana cuando se siente protegida por la impunidad más absoluta, son algunos de los ingredientes que componen esta espeluznante historia que les aconsejaría, mis improbables lectores, no perderse.
Emilio Castelló Barreneche
5 de julio de 2021
5 de julio de 2021
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estupendo “thriller” a cargo de una cinematografía, la escocesa, que no acostumbra a inundar de títulos las salas de cine ni las plataformas audiovisuales —se trata, de hecho, de un original de Netflix—. A la vista del “savoir faire” que evidencian los responsables de “Calibre”, tan escasa presencia se antoja una lástima.
Porque la cinta de Matt Palmer, director y guionista —sólo le falta protagonizarla, y componer la BSO— constituye una gratísima sorpresa, un ejemplo de sabio manejo del “tempo” narrativo en unos días en que priman la inmediatez idiota y las idioteces inmediatas, el orden de los factores no altera el (sub) producto. Si bien cabría censurarle un desenlace demorado en exceso, no es menos cierto que ese aterrador plano a guisa de epílogo, con reminiscencias de Polanski y “La semilla del diablo” (Rosemary´s Baby”, 1968), nos deja con un delicioso mal cuerpo. Atravesada de una electricidad insalubre, “Calibre” somete al espectador a una tensión constante y creciente, salpicada de picos de angustia que dejarán las uñas de más de uno a ras de nudillo. Para algún que otro crítico a sueldo, se trata de una reedición en clave “highlander” de “Defensa” (“Deliverance”, 1973). A mí, que no he visto la película de John Boorman —anotada queda—, en ocasiones me ha retrotraído a “Perros de paja” (“Straw Dogs”, 1971).
La ferocidad de los paisajes de las Tierras Altas, y la de sus hirsutos lugareños, fotografiada por Márk Gyõri con pulso igual de implacable, si no más, coadyuva a que durante hora y media larga no nos llegue la camisa al cuerpo —y si lo hace, que se nos quede pegada, empapada en un sudor helado—, sabedores, lo mismo que sus acongojados —por no recurrir a un término casi homófono, pero de mayor grosor semántico— protagonistas, de que algo no va bien en absoluto.
Porque la cinta de Matt Palmer, director y guionista —sólo le falta protagonizarla, y componer la BSO— constituye una gratísima sorpresa, un ejemplo de sabio manejo del “tempo” narrativo en unos días en que priman la inmediatez idiota y las idioteces inmediatas, el orden de los factores no altera el (sub) producto. Si bien cabría censurarle un desenlace demorado en exceso, no es menos cierto que ese aterrador plano a guisa de epílogo, con reminiscencias de Polanski y “La semilla del diablo” (Rosemary´s Baby”, 1968), nos deja con un delicioso mal cuerpo. Atravesada de una electricidad insalubre, “Calibre” somete al espectador a una tensión constante y creciente, salpicada de picos de angustia que dejarán las uñas de más de uno a ras de nudillo. Para algún que otro crítico a sueldo, se trata de una reedición en clave “highlander” de “Defensa” (“Deliverance”, 1973). A mí, que no he visto la película de John Boorman —anotada queda—, en ocasiones me ha retrotraído a “Perros de paja” (“Straw Dogs”, 1971).
La ferocidad de los paisajes de las Tierras Altas, y la de sus hirsutos lugareños, fotografiada por Márk Gyõri con pulso igual de implacable, si no más, coadyuva a que durante hora y media larga no nos llegue la camisa al cuerpo —y si lo hace, que se nos quede pegada, empapada en un sudor helado—, sabedores, lo mismo que sus acongojados —por no recurrir a un término casi homófono, pero de mayor grosor semántico— protagonistas, de que algo no va bien en absoluto.
14 de septiembre de 2022
14 de septiembre de 2022
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Cada tanto, Netflix puede sorprendernos para bien, cuando en su catálogo aparece una cinta con un guion sólido y una ejecución que se condice con este.
'Calibre', ambientada en Escocia, trata sobre dos amigos que van de caza y terminan envueltos en un episodio durísimo que cambiará sus vidas para siempre.
Matt Palmer, director de esta pieza inquietante y cargada de un suspenso que dice presente prácticamente en todas las escenas, nos pasea por varios dilemas morales.
Grandes interpretaciones, eventos incómodos que nos dejan sin uñas y giros por doquier son las especialidades de la casa, en un film que nos invita a reflexionar sobre el instinto de supervivencia y la ética, mostrándonos las miserias humanas.
8 Alancitos Escondedores sobre 10
'Calibre', ambientada en Escocia, trata sobre dos amigos que van de caza y terminan envueltos en un episodio durísimo que cambiará sus vidas para siempre.
Matt Palmer, director de esta pieza inquietante y cargada de un suspenso que dice presente prácticamente en todas las escenas, nos pasea por varios dilemas morales.
Grandes interpretaciones, eventos incómodos que nos dejan sin uñas y giros por doquier son las especialidades de la casa, en un film que nos invita a reflexionar sobre el instinto de supervivencia y la ética, mostrándonos las miserias humanas.
8 Alancitos Escondedores sobre 10
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